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jueves, 20 de abril de 2023

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (51) - «María y la resurrección de Cristo»

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 21 de mayo de 1997


"María y la resurrección de Cristo"

 

1. Después de que Jesús es colocado en el sepulcro, María «es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección» (Catequesis durante la audiencia general del 3 de abril de 1996, n. 2: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 5 de abril de 1996, p. 3). La espera que vive la Madre del Señor el Sábado santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve el universo, ella confía plenamente en el Dios de la vida y, recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.

Los evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Este silencio no debe llevarnos a concluir que, después de su resurrección, Cristo no se apareció a María; al contrario, nos invita a tratar de descubrir los motivos por los cuales los evangelistas no lo refieren.

Suponiendo que se trata de una «omisión», se podría atribuir al hecho de que todo lo que es necesario para nuestro conocimiento salvífico se encomendó a la palabra de «testigos escogidos por Dios» (Hch 10, 41), es decir, a los Apóstoles, los cuales «con gran poder» (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Antes que a ellos, el Resucitado se apareció a algunas mujeres fieles, por su función eclesial: «Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).

Si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe.

lunes, 6 de junio de 2022

«Madre, que no nos cansemos» Oración de San Manuel González




¡Madre! ¡Qué no nos cansemos!

¡Madre Inmaculada! ¡Qué no nos cansemos! ¡Madre nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos!

Si, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie, aunque nos falten el dinero y los auxilios humano, aunque vinieran al suelo nuestras obras y tuviéramos que empezar de nuevo… ¡Madre querida!... ¡Que no nos cansemos!

Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús que está en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha señalado Dios.

¡Nada de volver la cara atrás!, ¡Nada de cruzarse de brazos!, ¡Nada de estériles lamentos! Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazón, un poco de fuerza en nuestras manos o en nuestros pies, que puedan  servir para dar gloria a Él y a Ti y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos… ¡Madre mía, por última vez! ¡Morir antes que cansarnos!

 


martes, 25 de mayo de 2021

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (50) - «He ahí a tu madre»

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA

Miércoles 7 de mayo de 1997

 

«He ahí a tu madre»

 


1. Jesús, después de haber confiado el discípulo Juan a María con las palabras: «Mujer, he ahí a tu hijo», desde lo alto de la cruz se dirige al discípulo amado, diciéndole: «He ahí a tu madre» (Jn 19, 26-27). Con esta expresión, revela a María la cumbre de su maternidad: en cuanto madre del Salvador, también es la madre de los redimidos, de todos los miembros del Cuerpo místico de su Hijo.

La Virgen acoge en silencio la elevación a este grado máximo de su maternidad de gracia, habiendo dado ya una respuesta de fe con su «sí» en la Anunciación.

Jesús no sólo recomienda a Juan que cuide con particular amor de María; también se la confía, para que la reconozca como su propia madre.

Durante la última cena, «el discípulo a quien Jesús amaba» escuchó el mandamiento del Maestro: «Que os améis los unos a los otros como yo os he amado » (Jn 15, 12) y, recostando su cabeza en el pecho del Señor, recibió de él un signo singular de amor. Esas experiencias lo prepararon para percibir mejor en las palabras de Jesús la invitación a acoger a la mujer que le fue dada como madre y a amarla como él con afecto filial.

Ojalá que todos descubran en las palabras de Jesús: «He ahí a tu madre», la invitación a aceptar a María como madre, respondiendo como verdaderos hijos a su amor materno.

2. A la luz de esta consigna al discípulo amado, se puede comprender el sentido auténtico del culto mariano en la comunidad eclesial, pues ese culto sitúa a los cristianos en la relación filial de Jesús con su Madre, permitiéndoles crecer en la intimidad con ambos.

El culto que la Iglesia rinde a la Virgen no es sólo fruto de una iniciativa espontánea de los creyentes ante el valor excepcional de su persona y la importancia de su papel en la obra de la salvación; se funda en la voluntad de Cristo.

Las palabras: «He ahí a tu madre» expresan la intención de Jesús de suscitar en sus discípulos una actitud de amor y confianza en María, impulsándolos a reconocer en ella a su madre, la madre de todo creyente.

En la escuela de la Virgen, los discípulos aprenden, como Juan, a conocer profundamente al Señor y a entablar una íntima y perseverante relación de amor con él. Descubren, además, la alegría de confiar en el amor materno de María, viviendo como hijos afectuosos y dóciles.

La historia de la piedad cristiana enseña que María es el camino que lleva a Cristo y que la devoción filial dirigida a ella no quita nada a la intimidad con Jesús; por el contrario, la acrecienta y la lleva a altísimos niveles de perfección.

Los innumerables santuarios marianos esparcidos por el mundo testimonian las maravillas que realiza la gracia por intercesión de María, Madre del Señor y Madre nuestra.

Al recurrir a ella, atraídos por su ternura, también los hombres y las mujeres de nuestro tiempo encuentran a Jesús, Salvador y Señor de su vida.

Sobre todo los pobres, probados en lo más íntimo, en los afectos y en los bienes, encontrando refugio y paz en la Madre de Dios, descubren que la verdadera riqueza consiste para todos en la gracia de la conversión y del seguimiento de Cristo.

3. El texto evangélico, siguiendo el original griego, prosigue: «Y desde aquella hora el discípulo la acogió entre sus bienes» (Jn 19, 27), subrayando así la adhesión pronta y generosa de Juan a las palabras de Jesús, e informándonos sobre la actitud que mantuvo durante toda su vida como fiel custodio e hijo dócil de la Virgen.

La hora de la acogida es la del cumplimiento de la obra de salvación. Precisamente en ese contexto, comienza la maternidad espiritual de María y la primera manifestación del nuevo vínculo entre ella y los discípulos del Señor.

Juan acogió a María «entre sus bienes ». Esta expresión, más bien genérica, pone de manifiesto su iniciativa, llena de respeto y amor, no sólo de acoger a María en su casa, sino sobre todo de vivir la vida espiritual en comunión con ella.

En efecto, la expresión griega, traducida al pie de la letra «entre sus bienes», no se refiere a los bienes materiales, dado que Juan —como observa san Agustín (In Ioan. Evang. tract., 119, 3)— «no poseía nada propio», sino a los bienes espirituales o dones recibidos de Cristo: la gracia (Jn 1, 16), la Palabra (Jn 12, 48; 17, 8), el Espíritu (Jn 7, 39; 14, 17), la Eucaristía (Jn 6, 32-58)... Entre estos dones, que recibió por el hecho de ser amado por Jesús, el discípulo acoge a María como madre, entablando con ella una profunda comunión de vida (cf. Redemptoris Mater, 45, nota 130).

Ojalá que todo cristiano, a ejemplo del discípulo amado, «acoja a María en su casa» y le deje espacio en su vida diaria, reconociendo su misión providencial en el camino de la salvación.

 

jueves, 11 de febrero de 2021

Desde la primera de sus dieciocho apariciones en Lourdes, la Virgen orientó su mensaje hacia Jesucristo - Mons. Antonio Marino

 

“Feliz de ti por haber creído”

(Lc 1,45)

 

Homilía en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

Mar del Plata, Gruta de Lourdes, 11 de febrero de 2013

Queridos hermanos:

 

Convocados por la Virgen Inmaculada, bajo su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, estamos celebrando la Eucaristía en este lugar privilegiado para la fe de los marplatenses. Son también muy numerosos los peregrinos que, venidos de muy diversas partes, acuden hoy con devoción a esta gruta, donde anhelan renovar sus fuerzas espirituales y llevarse un mensaje de esperanza cristiana. ¡Bienvenidos todos a esta mesa eucarística donde ofrecemos a Dios la hostia divina y nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre del Hijo de Dios, que el Espíritu Santo formó en el seno de María!

 

Cuando el 11 de febrero de 1858 la Virgen se apareció a Bernardita, niña pobre y analfabeta, ella ignoraba aún quién era esa joven mujer que le sonreía y la invitaba. Bernardita sintió temor, y como por instinto, llevó su mano al bolsillo para extraer su rosario, que era la única oración que ella conocía, aunque todavía de manera imperfecta, pues no sabía nombrar los misterios. Al querer comenzar persignándose, trazando la señal de la cruz sobre su cuerpo, sintió que su brazo se resistía y le era imposible dominar su movimiento. Hasta que, de pronto, la joven mujer con un rosario blanco en su mano hace el signo de la cruz, y entonces puede hacerlo también ella, lo cual le disipó el temor y le dejó una gran alegría. Las avemarías del rosario transcurrieron sin fatiga y con gozo, en un tiempo distinto al habitual.

 

Desde la primera de sus dieciocho apariciones, la Virgen orientó su mensaje hacia Jesucristo. La señal de la Cruz, por donde todo comienza, es un resumen de la fe cristiana, pues allí al mismo tiempo que evocamos el misterio pascual, proclamamos también el misterio de la Trinidad. Sabemos, en efecto, que las tres divinas personas, han actuado y se han revelado en la cruz redentora de Cristo y en su resurrección gloriosa.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Catequesis Marianas de San Juan Pablo II (37) - María, Madre de Dios

 

SAN JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 27 de noviembre de 1996

María, Madre de Dios


(Lectura: evangelio de san Lucas, capítulo 1, versículos 34-35)

1. La contemplación del misterio del nacimiento del Salvador ha impulsado al pueblo cristiano no sólo a dirigirse a la Virgen santísima como a la Madre de Jesús, sino también a reconocerla como Madre de Dios. Esa verdad fue profundizada y percibida, ya desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la fe de la Iglesia, hasta el punto de que fue proclamada solemnemente en el año 431 por el concilio de Éfeso.

En la primera comunidad cristiana, mientras crece entre los discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, resulta cada vez más claro que María es la Theotokos, la Madre de Dios. Se trata de un título que no aparece explícitamente en los textos evangélicos, aunque en ellos se habla de la "Madre de Jesús" y se afirma que él es Dios (Jn 20, 28, cf. 5, 18; 10, 30. 33). Por lo demás, presentan a María como Madre del Emmanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Mt 1, 22­23).

Ya en el siglo III, como se deduce de un antiguo testimonio escrito, los cristianos de Egipto se dirigían a María con esta oración: "Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita" (Liturgia de las Horas). En este antiguo testimonio aparece por primera vez de forma explícita la expresión Theotokos, "Madre de Dios".

En la mitología pagana a menudo alguna diosa era presentada como madre de algún dios. Por ejemplo, Zeus, dios supremo, tenía por madre a la diosa Rea. Ese contexto facilitó, tal vez, en los cristianos el uso del título Theotokos, "Madre de Dios", para la madre de Jesús. Con todo, conviene notar que este título no existía, sino que fue creado por los cristianos para expresar una fe que no tenía nada que ver con la mitología pagana, la fe en la concepción virginal, en el seno de María, de Aquel que era desde siempre el Verbo eterno de Dios.

domingo, 18 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 200

 

Domingo de la 29ª semana

ANUNCIACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 

I. Fue conveniente se anunciase a la Bienaventurada Virgen que concebiría a Cristo.

 

1º) Para que se guardase el orden conveniente de la unión del Hijo de Dios con la Virgen, es decir, para que su espíritu lo supiera antes que lo concibiese en la carne. Por lo cual dice San Agustín: "Más dichosa es María percibiendo la fe de Cristo que concibiendo la carne de Cristo". Y después añade: "De nada hubiera aprovechado a María su cualidad de Madre, si no hubiese llevado más felizmente a Cristo en su corazón que en su cuerpo"*.

 

2º) Para que tuviera más cierta noticia de este misterio una vez que ya había sido instruida de él por parte de Dios.

 

3º) Para que ofreciese a Dios el presente voluntario de su obediencia, a lo que se ofreció dispuesta, diciendo: He aquí la esclava del Señor (Lc 1, 38). Y da ejemplo de recibir la fe, porque la anunciación, que es por la predicación de la fe, según aquello: la fe es por el oído (Rom 10, 17), precedió a la concepción espiritual de Cristo, que es por la fe.

lunes, 12 de octubre de 2020

Bienaventurada Virgen María del Pilar - Himnos litúrgicos

 


Laudes

Santa María del Pilar, escucha
nuestra plegaria, al celebrar tu fiesta,
Madre de Dios y Madre de los hombres,
Reina y Señora.

Tú, la alegría y el honor del pueblo,
eres dulzura y esperanza nuestra:
desde tu trono, miras, guardas, velas,
Madre de España.

Árbol de vida, que nos diste a Cristo,
fruto bendito de tu seno virgen,
ven con nosotros hasta que lleguemos
contigo al puerto.

Gloria a Dios Padre, Creador del mundo,
gloria a Dios Hijo, Redentor de todos,
gloria al Espíritu que nos santifica:
al Trino y Uno. Amén.

 
Vísperas

miércoles, 7 de octubre de 2020

Las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium" se incluirán en las letanías lauretanas - Congregación para el Culto Divino

 

Carta del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los presidentes de las Conferencias Episcopales sobre las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium" que se incluirán en las letanías lauretanas.

 20.06.2020

 

CARTA A LOS PRESIDENTES DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES

SOBRE LAS INVOCACIONES "MATER MISERICORDIAE", "MATER SPEI", Y "SOLACIUM MIGRANTIUM"...

PARA SU INCLUSIÓN EN LAS LETANÍAS LAURETANAS

 

Desde el Vaticano, 20 de junio de 2020

Memoria del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María

Eminencia,

Excelencia,

    Peregrina hacia la Santa Jerusalén del cielo, para gozar de la inseparable comunión con Cristo, su Esposo y Salvador, la Iglesia recorre los caminos de la historia encomendándose a Aquella que creyó en la palabra del Señor. Sabemos por el Evangelio que los discípulos de Jesús aprendieron, desde el principio, a alabar a la "bendita entre las mujeres" y a contar con su intercesión maternal. Son innumerables los títulos e invocaciones que la piedad cristiana, a lo largo de los siglos, ha dedicado a la Virgen María, camino privilegiado y seguro para el encuentro con Cristo. También en el tiempo presente, atravesado por motivos de incertidumbre y desconcierto, el recurso devoto a ella, lleno de afecto y confianza, es particularmente sentido por el pueblo de Dios.

    Como intérprete de este sentimiento, el Sumo Pontífice FRANCISCO, acogiendo los deseos expresados, ha dispuesto que en el formulario de las letanías de la Bienaventurada Virgen María, llamadas "Lauretanas", se inserten las invocaciones "Mater misericordiae", "Mater spei" y "Solacium migrantium".

    La primera invocación se colocará después de "Mater Ecclesiae", la segunda después de "Mater divinae gratiae", la tercera después de "Refugium peccatorum".

Letanías lauretanas completas en latín y en español con las invocaciones agregadas por el Papa Francisco

 


LETANÍAS DE LA VIRGEN

ESPAÑOL

 

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, 
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, 
Dios, Espíritu Santo, 
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, 
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia,

Madre de la Misericordia,
Madre de la divina gracia,

Madre de la Esperanza,
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Madre de misericordia, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo,

Estrella de la mañana, 
Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores,

jueves, 24 de septiembre de 2020

Gozos a la Virgen de la Merced

 

GOZOS A LA VIRGEN DE LA MERCED

Versión tradicional

 

Virgen Madre de Mercedes, Reina de Cielos y Tierra;

En la vida y en la muerte ampáranos, Madre Nuestra.

 

Cándido Iirio del valle

Pura y fragante azucena

Esbelta palma que cubres

con dulce sombra la tierra,

fuente de límpidas aguas

que nos da la vida eterna.

 

Virgen Madre de Mercedes, Reina de Cielos y Tierra;

En la vida y en la muerte ampáranos, Madre Nuestra.

 

Madre piadosa, que siempre

el ser madre desempeñas,

en los conflictos prestando

Mercedes a manos llenas;

y en tu santo escapulario

armas, escudo y defensa.

martes, 22 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 174

 

Martes de la 25ª semana

VISITACIÓN DE LA BIENAVENTURADA

VIRGEN MARÍA

La Visitación - Francisco Rizi
 

Se lee que la Bienaventurada Virgen María hizo tres cosas, después de la concepción de Cristo, que señalan en sentido místico lo que debe imitar toda alma piadosa después de concebir espiritualmente al Verbo de Dios: subió a la montaña, saludó a Isabel y glorificó magníficamente al Señor. Por lo primero se significa la perfección de las virtudes; por lo segundo, el amor fraterno; por lo tercero, la alabanza y la alegría.

 

1º) Levantándose María, fue con prisa a la montaña (Lc 1, 39). Dice la Glosa: "Recibido el consentimiento de la Virgen, se va a los cielos el ángel, a quien imita la Virgen al marchar a la montaña. Del mismo modo el alma, que concibió (espiritualmente) al Verbo de Dios, sube a las cumbres de las virtudes progresando en el amor, para penetrar en la ciudad de Judá, esto es, en la fortaleza de la confesión y de la alabanza, y morar en ella unos tres meses hasta la perfección de la fe, de la esperanza y de la caridad." En esta subida hay tres cosas.: el valle dcl temor y de la humildad, la subida del trabajo y de la dificultad, la cima del amor o caridad. Por eso dice San Bernardo: "La virtud quiere ser enseñada con humildad, ser adquirida con trabajo, ser poseída con amor." Y como estas tres cosas le pertenecen de derecho, no puede ser enseñada, adquirida o poseída de otra manera.

 

2º) Y entró en la casa de Zacarías, y saludó a Isabel (Lc 1, 40). El saludo es deseo de salud; desear salud al prójimo corresponde al amor fraterno; pues ésta es la forma verdadera de amar al prójimo, expresada en San Mateo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (22, 39). El alma santa, después de haber concebido espiritualmente al Verbo de Dios, debe insistir en ese amor, pues se dice en San Juan: Si nos amamos los unos a los otros, Dios está en nosotros, y su caridad es perfecta en nosotros (1 Jn 4, 12). Y San Agustín dice: "Bienaventurado es el que te ama, ¡oh Dios mío!, y al amigo en ti, y al enemigo por ti". Y en otro lugar dice el mismo escritor: "¿Qué puede faltar donde está el verdadero amor? ¿Qué ventaja puede haber donde no hay amor?"

lunes, 21 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 173

 

Lunes de la 25ª semana

LA PUREZA DE LA

BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 

Gracia sobre gracia la mujer santa y pundonorosa (Eccli 26, 19).

 

I. La Bienaventurada Virgen fue tal que no sólo poseyó la gracia común a todos, sino que sobre esa gracia poseyó la gracia santificante, que la santificó durante su vida y aun en el seno de su madre. San Agustín dice*: "Cuando se trata de pecados, no quiero que haya cuestión alguna acerca de la madre del Señor. Exceptuada ella, si se reuniesen todos los santos y santas y se les preguntase si estaban sin pecado, ¿qué otra cosa podrían responder sino lo que dice la primera epístola de San Juan (1, 8): Si dijéremos que no tenernos pecado, nosotros mismos nos engañamos, y no hay verdad en nosotros? Por consiguiente, sólo ella puede decir de sí misma aquellas palabras del libro de Job (27, 6): Mi corazón nada me remuerde en toda mi vida."

 

En este don no podemos imitarla, porque así como somos concebidos en pecado, también nacemos del mismo modo. Mas debemos considerar que quien preservó el seno de la virgen exige una morada limpia, no manchada, como dice el Profeta: A tu casa conviene santidad, Señor (Sal 92, 5). La casa de Dios es nuestra alma, que en todo debe ser limpia y santa, para que no se diga de nosotros: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones (Mat 21, 13).

(Sal. ang. expos., II)

 

II. La Bienaventurada Virgen María supera aun a los Ángeles en pureza; porque no sólo es pura en sí misma, sino que también es fuente de la pureza para los demás; pues ella fue purísima en cuanto a la culpa, ya que no incurrió ni en pecado original, ni mortal, ni venial.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 170

 

Viernes de la 24ª semana

LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

 

Bendita tú entre las mujeres (Lc 1, 28).

 

I. Eres bendecida por Dios Padre, porque comunicas con él en el mismo Hijo; por el Hijo porque le preparas digna morada; por el Espíritu Santo, porque por la acción de él engendras al Salvador del mundo.

 

II. Por los Ángeles, porque inicias en la tierra su vida, reparas su ruina y te humillas ante su mensaje.

 

III. Por los pecadores, porque los libras de sus angustias, les ayudas en los peligros, y les alcanzas el perdón de sus pecados.

 

IV. Por los justos, pues los escuchas en sus plegarias, los libras en las tentaciones, y les acrecientas la gracia por las virtudes.

 

V. Por las mujeres, porque las libras de sus enemigos. En efecto, a causa del pecado eran retenidas por el diablo, y despreciadas por Dios; mas la Bienaventurada Virgen las libró de los enemigos, ya que Cristo, su hijo, destruyó al diablo.

 

Las excusas ante el varón. Si el varón dice: "por ti soy condenado", la mujer puede responder: "por mí eres salvado".

martes, 15 de septiembre de 2020

La memoria de los dolores de la Santísima Virgen María - San Juan Pablo II

 

SAN JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 15 de septiembre de 1991


 

1. "Stabat Mater dolorosa...", "la Madre dolorosa estaba junto a la cruz y lloraba mientras el Hijo pendía".

Hoy, 15 de septiembre en el calendario litúrgico se celebra la memoria de los dolores de la Santísima Virgen María. Esta fiesta fue precedida por la de la Exaltación de la Santa Cruz que celebramos ayer.

¡Qué desconcertante es el misterio de la cruz! Después de haber meditado largamente en él san Pablo escribió a los cristianos de Galacia "En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo" (Ga 6, 14).

También la Santísima Virgen podría haber repetido —¡y con mayor verdad!— esas mismas palabras. Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la "gloria" de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de la redención. Además, había comprendido que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo crucificado, adquiría un valor inestimable.

2. Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el plan divino de la redención.

Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico "asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (Lumen gentium 58). Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca a quien sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.

En aquel cuerpo martirizado está la única respuesta convincente para las preguntas que se elevan imperiosamente desde el corazón. Y con la respuesta se recibe también la fuerza necesaria para desempeñar el propio papel en la lucha que —como escribí en la carta apostólica Salvifici doloris — opone las fuerzas del bien a las del mal (cf. n. 27). Y agregué: "Los que participan en los sufrimientos de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás" (ib.).

lunes, 14 de septiembre de 2020

La fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y la memoria de la Virgen de los Dolores - Benedicto XVI

 

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Palacio Pontificio de Castelgandolfo
Domingo 17 de septiembre de 2006


Queridos hermanos y hermanas:

…

Ahora, antes de la oración mariana, deseo referirme a dos recientes e importantes conmemoraciones litúrgicas: la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, celebrada el 14 de septiembre, y la memoria de la Virgen de los Dolores, celebrada al día siguiente. Estas dos celebraciones litúrgicas se pueden resumir visiblemente en la tradicional imagen de la crucifixión, que representa a la Virgen María al pie de la cruz, según la descripción del evangelista san Juan, el único de los Apóstoles que permaneció junto a Jesús moribundo. Pero ¿qué sentido tiene exaltar la cruz? ¿Acaso no es escandaloso venerar un patíbulo infamante? Dice el apóstol san Pablo: "Nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles" (1 Co 1, 23). Pero los cristianos no exaltan una cruz cualquiera, sino la cruz que Jesús santificó con su sacrificio, fruto y testimonio de inmenso amor. Cristo en la cruz derramó toda su sangre para librar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte. Por tanto, de signo de maldición la cruz se ha transformado en signo de bendición, de símbolo de muerte en símbolo por excelencia del Amor que vence el odio y la violencia y engendra la vida inmortal. "O Crux, ave spes unica!", "¡Oh cruz, única esperanza!". Así canta la liturgia.

Narra el evangelista: junto a la cruz estaba María (cf. Jn 19, 25-27). Su dolor forma un todo con el de su Hijo. Es un dolor lleno de fe y de amor. La Virgen en el Calvario participa en la fuerza salvífica del dolor de Cristo, uniendo su "fiat", su "sí", al de su Hijo.

sábado, 12 de septiembre de 2020

El santísimo nombre de María - Himnos litúrgicos

 

Oficio de lectura

I

Nuestra esperanza, María, alégrate.

Tierna y llena de piedad, alégrate.

Llena de gracia y bondad, alégrate.

 

Eres Virgen singular, alégrate.

Porque señal tuya es

la zarza que vio Moisés.

 

Rosa en Tallo de Jesé, alégrate;

cuyo Fruto con su amor

quebrantó nuestro dolor.

 

Oh, qué santa, qué apacible,

benigna y encantadora,

eres tú, nuestra Señora.

 

Por ti los cielos se abren,

la esclavitud va de huida

pues das libertad y vida.

 

Agradecidos cantemos

a la Santa Trinidad,

por ser María el camino

que más derecho a Dios va. Amén.

 

II

Para bordar vuestro Nombre

en mi bandera,

Dulce Madre de Jesús,

me falta seda.

martes, 8 de septiembre de 2020

Natividad de la Virgen María - Poesías de Lope de Vega

 



Hoy nace una clara estrella

Hoy nace una clara estrella
tan divina y celestial,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.

De Ana y de Joaquín oriente
de aquesta estrella divina
sale su luz clara y dina
de ser pura eternamente:
el Alba más clara y bella
no le puede ser igual,
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.

No le iguala lumbre alguna
de cuantas bordan el cielo,
porque es el humilde suelo
de sus pies la blanca luna:
nace en el suelo tan bella,
y con luz tan celestial;
que con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace della.

 

Canten hoy, pues nacéis vos

La Festividad de la Natividad de la Virgen María es toda una invitación a la alegría - San Juan Pablo II

 

DE LA HOMILÍA DEL SANTO PADRE

SAN JUAN PABLO II

EN LA VISITA PASTORAL A FRASCATI

Lunes 8 de septiembre de 1980

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

…estamos reunidos para proclamar el alegre mensaje de la esperanza cristiana porque —como hemos escuchado en la liturgia— celebramos hoy "con alegría el nacimiento de María, la Virgen: de Ella salió el Sol de Justicia, Cristo, nuestro Dios".

Esta festividad mariana es toda ella una invitación a la alegría, precisamente porque con el nacimiento de María Santísima Dios daba al mundo como la garantía concreta de que la salvación era ya inminente: la humanidad que, desde milenios, en forma más o menos consciente, había esperado algo o alguien que la pudiese liberar del dolor, del mal, de la angustia, de la desesperación, y que dentro del Pueblo elegido había encontrado, especialmente en los Profetas, a los portavoces de la Palabra de Dios, confortante y consoladora, podía mirar finalmente, conmovida y emocionada, a María "Niña", que era el punto de convergencia y de llegada de un conjunto de promesas divinas, que resonaban misteriosamente en el corazón mismo de la historia.

Precisamente esta Niña, todavía pequeña y frágil, es la "Mujer" del primer anuncio de la redención futura, contrapuesta por Dios a la serpiente tentadora: "Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le morderás a él el calcañal" (Gén 3, 15).

Precisamente esta Niña es la "Virgen" que "concebirá y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir 'Dios con nosotros'" (cf. Is 7, 14; Mt 1, 23). Precisomente esta Niña es la "Madre" que parirá en Belén "a aquel que señoreará en Israel" (cf. Miq 5, 1 s.).

La liturgia de hoy aplica a María recién nacida el pasaje de la Carta a los Romanos, en el que San Pablo describe el designio misericordioso de Dios en relación con los elegidos: María es predestinada por la Trinidad a una misión altísima; es llamada; es santificada; es glorificada.

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