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sábado, 19 de octubre de 2019
jueves, 20 de abril de 2017
La familia y la escuela al servicio de la formación de la persona humana - Eduardo Ortiz
CONGRESO
LA FAMILIA CRISTIANA Y LA ESCUELA
CATÓLICA
MINORÍAS CREATIVAS
MINORÍAS CREATIVAS
PARA LA RENOVACIÓN DE LA SOCIEDAD
Palacio Arzobispal de Alcalá de
Henares (España)
10, 11 y 12 de marzo del Año del Señor de 2017
10, 11 y 12 de marzo del Año del Señor de 2017
LA FAMILIA Y LA ESCULA
AL SERVICIO DE LA FORMACIÓN
DE LA PERSONA HUMANA
La antropología adecuada frente a los desafíos de las ideologías (el
relativismo cultural y tecno-nihilismo, la ideología de género, las teorías “queer
y ciborg”, el transhumanismo y el posthumanismo) que atentan contra el designio
de Dios: creación- encarnación-redención.
Eduardo Ortiz
Catedrático de filosofía
Universidad Católica de Valencia y
Profesor del Pontificio Instituto
Juan pablo II
martes, 26 de julio de 2016
CARTA ENCÍCLICA HUMANI GENERIS - Pío XII
CARTA ENCÍCLICA
HUMANI GENERIS
HUMANI GENERIS
DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XII
SOBRE LAS FALSAS
OPINIONES
CONTRA LOS FUNDAMENTOS
DE LA DOCTRINA CATÓLICA
DE LA DOCTRINA CATÓLICA
Las disensiones y errores del género
humano en cuestiones religiosas y morales han sido siempre fuente y causa de
intenso dolor para todas las personas de buena voluntad, y principalmente para
los hijos fieles y sinceros de la Iglesia; pero en especial lo son hoy, cuando
vemos combatidos aun los principios mismos de la civilización cristiana.
INTRODUCCIÓN
1. Ni es de admirar que siempre haya
habido disensiones y errores fuera del redil de Cristo. Porque, aun cuando la
razón humana, hablando absolutamente, procede con sus fuerzas y su luz natural
al conocimiento verdadero y cierto de un Dios único y personal, que con su
providencia sostiene y gobierna el mundo y, asimismo, al conocimiento de la ley
natural, impresa por el Creador en nuestras almas; sin embargo, no son pocos
los obstáculos que impiden a nuestra razón cumplir eficaz y fructuosamente este
su poder natural. Porque las verdades tocantes a Dios y a las relaciones entre
los hombres y Dios se hallan por completo fuera del orden de los seres sensibles;
y, cuando se introducen en la práctica de la vida y la determinan, exigen
sacrificio y abnegación propia.
2. Ahora bien: para adquirir tales
verdades, el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los
sentidos o imaginación, ya por las malas concupiscencias derivadas del pecado
original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuadan
ser falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero. Por todo ello, ha de
defenderse que la revelación divina es moralmente necesaria, para que, aun en
el estado actual del género humano, con facilidad, con firme certeza y sin
ningún error, todos puedan conocer las verdades religiosas y morales que de por
sí no se hallan fuera del alcance de la razón[1].
Más aún; a veces la mente humana puede
encontrar dificultad hasta para formarse un juicio cierto sobre la credibilidad de
la fe católica, no obstante que Dios haya ordenado muchas y admirables señales
exteriores, por medio de las cuales, aun con la sola luz de la razón se puede
probar con certeza el origen divino de religión cristiana. De hecho, el hombre,
o guiado por prejuicios o movido por las pasiones y la mala voluntad, puede no
sólo negar la clara evidencia de esos indicios externos, sino también resistir
a las inspiraciones que Dios infunde en nuestra almas.
3. Dando una mirada al mundo moderno,
que se halla fuera del redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales
direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y
sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo
campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden
que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen
la hipótesis monista y panteísta de un mundo
sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas
para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar
de las almas toda idea de Dios.
La falsas afirmaciones de semejante
evolucionismo, por las que se rechaza todo cuanto es absoluto, firme e
inmutable, han abierto el camino a las aberraciones de una moderna filosofía ,
que, para oponerse al Idealismo, al Inmanentismo y
a lPragmatismo se ha llamado a sí misma Existencialismo,
porque rechaza las esencias inmutables de las cosas y sólo se preocupa de la existencia de
los seres singulares.
martes, 15 de julio de 2014
Itinerario de la mente a Dios - San Buenaventura
PRÓLOGO DEL ITINERARIO DEL ALMA A DIOS
1. En el principio invoco
al primer Principio, de quien descienden todas las iluminaciones como del Padre
de las luces, de quien viene toda dádiva preciosa y todo don perfecto, es
decir, al Padre eterno por su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, a fin de que con
la intercesión de la Santísima Virgen María, madre del mismo Dios y Señor
nuestro, Jesucristo, y con la del bienaventurado Francisco, nuestro guía y
padre, tenga a bien iluminar los ojos de nuestra mente para dirigir nuestros
pasos por el camino de aquella paz que sobrepuja a todo entendimiento. Paz que
evangelizó y dio Nuestro Señor Jesucristo, de cuya predicación fue repetidor
nuestro padre Francisco, quien en todos sus discursos, tanto al principio como
al fin, anunciaba la paz en todos sus saludos deseaba la paz, y en todas sus
contemplaciones suspiraba por la paz extática, como ciudadano de aquella
Jerusalén, de la que dice el varón aquel de la paz, que era pacífico con los
que aborrecían la paz: Pedid los bienes de la paz para Jerusalén. Porque sabía
que e trono de Salomón está asentado en la paz, según está escrito: Fijó su
habitación en la paz y su morada en Sión.
2. En vista de esto,
buscando, con vehementes deseos esta paz, a imitación del bienaventurado padre
Francisco yo pecador que, aunque indigno, soy, sin embargo, su séptimo sucesor
en el gobierno de los frailes, aconteció que a los treinta y tres años después
de la muerte del glorioso Patriarca, me retiré, por divino impulso, al monte
Alverna como a lugar de quietud, con ansias de buscar la paz del alma. Y
estando allí, a tiempo que disponía en mi interior ciertas elevaciones
espirituales a Dios, vínome a la memoria, entre otras cosas, aquella maravilla
que en dicho lugar sucedió al mismo bienaventurado Francisco, a saber: la
visión que tuvo del alado Serafín, en figura del Crucificado. Consideración en
la que me pareció al instante que tal visión manifestaba tanto la suspensión
del mismo Padre, mientras contemplaba, como el camino por donde se llega a ella.
3. Porque por las seis alas
bien pueden entenderse seis iluminaciones suspensivas, las cuales, a modo de
ciertos grados o jornadas, disponen el alma para pasar a la paz, por los
extáticos excesos de la sabiduría cristiana. Y el camino no es otro que el
ardentísimo amor al Crucificado, el cual de tal manera transformó en Cristo a
San Pablo, arrebató hasta el tercer cielo, que vino a decir: Clavado estoy en
la cruz junto con Cristo: yo vivo, o más bien, no soy yo el que vivo, sino que
Cristo vive en mí; amor que así absorbió también el alma de Francisco, que la
puso manifiesta en la carne, mientras, por un bienio antes de la muerte, llevó
en su cuerpo las sacratísimas llagas de la Pasión. Así que la figura de las
seis alas seráficas da a conocer las seis iluminaciones escalonadas que
empiezan en las criaturas y llevan hasta Dios, en quien nadie entra rectamente
sino por el Crucificado Y en verdad, que no entra por la puerta, sino que sube
por otra parte, el tal es ladrón y salteador. Mas quien por esta puerta
entrare, entrará y saldrá y hallará pastos. Por lo cual dice San Juan en el
Apocalipsis: Bienaventurados los que lavan sus vestiduras en la sangre del
Cordero para tener derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas de la
ciudad Como si dijera: No puede penetrar uno por la contemplación en la
Jerusalén celestial, si no es entrando por la sangre del Cordero como por la
puerta. Nadie, en efecto, está dispuesto en manera alguna para las
contemplaciones divinas que llevan a los excesos mentales, si no es, con
Daniel, varón de deseos. Y los deseos se inflaman en nosotros de dos modos: por
el clamor de la oración, que exhala en alaridos los gemidos del corazón, y por
el resplandor de la especulación, por la que el alma directísima e
intensísimamente se convierte a los rayos de la luz.
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