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miércoles, 12 de agosto de 2020

Carta a los Jóvenes Card. Norberto Rivera Carrera (3) Buscamos ser felices

 

Buscamos ser felices

 

Tercera Carta del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, a los jóvenes de la Arquidiócesis de México como preparación para el Jubileo del Año 2000.

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tiene hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros" (Mt 5, 3-12)

Querido joven:

Tú, como todo ser humano, seguramente buscas ser feliz. Basta darse una vuelta por la ciudad, un viernes por la tarde, para percatarse de cuántos de ustedes salen anhelantes y llenos de ilusiones buscando divertirse. Esperan horas en la puerta de una disco o un bar de moda con la esperanza de pasar un buen rato de alegría y olvidarse de todo lo que les preocupa. Los mayores también buscan ser felices. Muchos buscan medios sanos y buenos que les hacen crecer como personas; otros encauzan sus anhelos de felicidad lejos del Evangelio y de Cristo; olvidan la ley de Dios y construyen un proyecto de felicidad al margen de los cauces que Dios nos marca. A ti te puede pasar lo mismo, y puede ser que, a lo mejor, alguna vez hayas buscado la felicidad no donde Dios la ha puesto para ti, sino donde tu creías que estaba, y por eso no la encontraste. Un ejemplo claro de esta actitud del hombre que quiere construir su mundo feliz al margen de Dios lo hayamos en el capítulo 3 del Génesis. En él se narra el pecado original, que es, en el fondo, el drama de todo hombre que desobedece a Dios y escucha al enemigo del alma. Este enemigo pone en marcha en el ser humano un mecanismo de exaltación de la soberbia y la independencia frente a Dios. Con ello rompe su inocencia y el estado de felicidad original en la que vivía en comunicación directa con Dios.

El enemigo del alma exalta la bondad del proyecto de vida al margen de Dios. No quiere que cuentes con Dios en tu vida. Y muchas veces te convence. El engaño surte efecto: "y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomo de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió" (v. 6). Desobedece. Un acto de un breve lapso de tiempo rompió el plan eterno de felicidad que Dios había dispuesto para el hombre al que había creado por amor. Eso es el pecado: romper en un instante un plan eterno de amor de Dios. Sin embargo, aunque el hombre perdió la felicidad Dios no dejo de amarlo. En lugar de recriminarlo, lo busca: "Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estas?" (v. 9). Así actúa contigo cuando te alejas de Él. Pero el hombre tiene miedo de Dios por eso se aleja y se esconde: "Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo: por eso me escondí" (v. 10). Esta situación se repite muy a menudo en la vida del hombre presa del pecado: se aleja de Dios, se excusa y se refugia en una disculpa para eludir su responsabilidad. Las consecuencias del pecado destruyen la vida del hombre, son imprevisibles, construyen un mundo de desconfianza. Pero Dios sigue mostrándote su amor a ti que te ha creado por amor, sigue ofreciéndote su amistad y ayudándote. Por eso no hay que desconfiar. "Yahve Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y los vistió" (v. 21).

La felicidad no está en huir de Dios, sino en acercarte plenamente a Él. El ser humano necesita de Dios, de su amor, sin Él no es nada. Aunque muchas veces no lo percibas, sin embargo es así: no podemos construir un verdadero proyecto de felicidad sin contar con Dios, sin buscarlo a Él por encima de todo. Una vez, hablando con un joven, me decía: "Dios no me llena, no me hable más de Dios". Le respondí con franqueza: "¿Cómo te va a llenar Dios si estás lleno de ti mismo? Y ahí no cabe nadie más: ni tu familia, ni Dios, ni nada que no sirva para llenarte aún más de ti mismo". El muchacho reaccionó muy bien y solucionó muchos problemas de su vida dejando a un lado su egoísmo.

domingo, 10 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 29





 Quinto Domingo de Pascua


LOS PREMIOS DE LAS BIENAVENTURANZAS



1º) Los premios de las tres primeras bienaventuranzas se toman según aquellas cosas que algunos buscan en la dicha terrena; pues los hombres buscan en la cosas exteriores, como en las riquezas y en los honores, cierta excelencia y abundancia, cosas ambas incluidas en el reino de los cielos, por el cual consigue el hombre la excelencia y abundancia de bienes en Dios. Por eso el Señor prometió a los pobres de espíritu el reino de los cielos.

Los hombres feroces y crueles pretenden por medio de litigios y guerras adquirir para sí seguridad, destruyendo a sus enemigos; por eso el Señor prometió a los mansos posesión segura y tranquila de la tierra de los vivientes, por la cual se significa la estabilidad de los bienes eternos.

Buscan los hombres en las concupiscencias y deleites del mundo tener consuelo contra los trabajos de la vida presente; y por eso el Señor prometió la consolación de la vida a los que lloran..

sábado, 9 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 28


Sábado de la cuarta semana de Pascua

NÚMERO DE LAS BIENAVENTURANZAS


Algunos establecieron una triple bienaventuranza; porque unos la cifraron en la vida voluptuosa, otros en la vida activa, y otros en la vida contemplativa. Por eso el Señor señaló algunas bienaventuranzas como destructoras del obstáculo de la felicidad voluptuosa.

I. La vida voluptuosa consiste en dos cosas:

1.ª) En la afluencia de los bienes exteriores, sean riquezas u honores; de los que el hombre se retrae por la virtud, que le aconseja usar de ellos con moderación; mas por el don, de un modo más excelente, despreciándolos totalmente el hombre. Por eso se pone como primera bienaventuranza: Bienaventurados los pobres de espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 3), lo cual puede referirse al desprecio de las riquezas o al desprecio de los honores; y sé hace por la humildad.

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