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domingo, 13 de octubre de 2019

El mayor peligro del cristianismo en el momento presente no radica en ser minoritario, sino en ser insignificante - Mons. José Ignacio Munilla


Entrevista en el Diario La Rioja (08-10-2019), con motivo de la Conferencia de Mons Munilla «Ser creyente en una sociedad postcristiana. ¿Es posible el diálogo?», organizada por la Bitácora XXI, e impartida en el Centro Cultural de Ibercaja de Logroño (La Rioja), el mismo martes, 8 de octubre de 2019.

«EL MAYOR PELIGRO HOY PARA EL CRISTIANISMO NO ES SER MINORITARIO, SINO INSIGNIFICANTE»


1.    ¿Cuál debería ser la actitud del creyente en una sociedad laica, beligerante o conformista?
En la carta de San Pablo a los Romanos leemos: «Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente» (Rom 12, 2). Lo cual no supone que haya que estar peleándose con todo el mundo.  Lo que sí me atrevo a afirmar es que El mayor peligro del cristianismo en el momento presente no radica en ser minoritario, sino en ser insignificante. El conformismo lleva inevitablemente a la insignificancia y a la irrelevancia. Decía Chesterton que solamente el que está vivo es capaz de remar contra corriente.

2.    ¿Es posible establecer un diálogo entre la fe y la razón o hablan idiomas diferentes?

viernes, 22 de junio de 2018

Santo Tomás Moro eligió servir primero a Dios -. Benedicto XVI


ENCUENTRO CON
REPRESENTANTES DE LA SOCIEDAD BRITÁNICA
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Westminster Hall - City of Westminster
Viernes 17 de septiembre de 2010


Señor Orador:
Gracias por sus palabras de bienvenida en nombre de esta distinguida asamblea. Al dirigirme a ustedes, soy consciente del gran privilegio que se me ha concedido de poder hablar al pueblo británico y a sus representantes en Westminster Hall, un edificio de significación única en la historia civil y política del pueblo de estas islas. Permítanme expresar igualmente mi estima por el Parlamento, presente en este lugar desde hace siglos y que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de los gobiernos democráticos entre las naciones, especialmente en la Commonwealth y en el mundo de habla inglesa en general. Vuestra tradición jurídica —“common law”— sirve de base a los sistemas legales de muchos lugares del mundo, y vuestra visión particular de los respectivos derechos y deberes del Estado y de las personas, así como de la separación de poderes, siguen inspirando a muchos en todo el mundo.

Al hablarles en este histórico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de británicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, el gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un “buen servidor”, pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político.

martes, 26 de julio de 2016

CARTA ENCÍCLICA HUMANI GENERIS - Pío XII

CARTA ENCÍCLICA
HUMANI GENERIS

DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XII

SOBRE LAS FALSAS OPINIONES
CONTRA LOS FUNDAMENTOS
DE LA DOCTRINA CATÓLICA

Las disensiones y errores del género humano en cuestiones religiosas y morales han sido siempre fuente y causa de intenso dolor para todas las personas de buena voluntad, y principalmente para los hijos fieles y sinceros de la Iglesia; pero en especial lo son hoy, cuando vemos combatidos aun los principios mismos de la civilización cristiana.
INTRODUCCIÓN
1. Ni es de admirar que siempre haya habido disensiones y errores fuera del redil de Cristo. Porque, aun cuando la razón humana, hablando absolutamente, procede con sus fuerzas y su luz natural al conocimiento verdadero y cierto de un Dios único y personal, que con su providencia sostiene y gobierna el mundo y, asimismo, al conocimiento de la ley natural, impresa por el Creador en nuestras almas; sin embargo, no son pocos los obstáculos que impiden a nuestra razón cumplir eficaz y fructuosamente este su poder natural. Porque las verdades tocantes a Dios y a las relaciones entre los hombres y Dios se hallan por completo fuera del orden de los seres sensibles; y, cuando se introducen en la práctica de la vida y la determinan, exigen sacrificio y abnegación propia.
2. Ahora bien: para adquirir tales verdades, el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los sentidos o imaginación, ya por las malas concupiscencias derivadas del pecado original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuadan ser falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero. Por todo ello, ha de defenderse que la revelación divina es moralmente necesaria, para que, aun en el estado actual del género humano, con facilidad, con firme certeza y sin ningún error, todos puedan conocer las verdades religiosas y morales que de por sí no se hallan fuera del alcance de la razón[1].
Más aún; a veces la mente humana puede encontrar dificultad hasta para formarse un juicio cierto sobre la credibilidad de la fe católica, no obstante que Dios haya ordenado muchas y admirables señales exteriores, por medio de las cuales, aun con la sola luz de la razón se puede probar con certeza el origen divino de religión cristiana. De hecho, el hombre, o guiado por prejuicios o movido por las pasiones y la mala voluntad, puede no sólo negar la clara evidencia de esos indicios externos, sino también resistir a las inspiraciones que Dios infunde en nuestra almas.
3. Dando una mirada al mundo moderno, que se halla fuera del redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen la hipótesis monista y panteísta de un mundo sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar de las almas toda idea de Dios.
La falsas afirmaciones de semejante evolucionismo, por las que se rechaza todo cuanto es absoluto, firme e inmutable, han abierto el camino a las aberraciones de una moderna filosofía , que, para oponerse al Idealismo, al Inmanentismo y a lPragmatismo se ha llamado a sí misma Existencialismo, porque rechaza las esencias inmutables de las cosas y sólo se preocupa de la existencia de los seres singulares.

martes, 26 de agosto de 2014

Fe y razón y el diálogo con el Islam - Benedicto XVI en Ratisbona


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MUNICH, ALTÖTTING Y RATISBONA
(9-14 DE SEPTIEMBRE DE 2006)
 

ENCUENTRO CON EL MUNDO DE LA CULTURA

DISCURSO DEL SANTO PADRE
EN LA UNIVERSIDAD DE RATISBONA

Martes 12 de septiembre de 2006 

Fe, razón y universidad.
Recuerdos y reflexiones

 

Eminencias,
Rectores Magníficos,
Excelencias,
Ilustres señoras y señores:

Para mí es un momento emocionante encontrarme de nuevo en la universidad y poder impartir una vez más una lección magistral. Me hace pensar en aquellos años en los que, tras un hermoso período en el Instituto Superior de Freising, inicié mi actividad como profesor en la universidad de Bonn. Era el año 1959, cuando la antigua universidad tenía todavía profesores ordinarios. No había auxiliares ni dactilógrafos para las cátedras, pero se daba en cambio un contacto muy directo con los alumnos y, sobre todo, entre los profesores. Nos reuníamos antes y después de las clases en las salas de profesores. Los contactos con los historiadores, los filósofos, los filólogos y naturalmente también entre las dos facultades teológicas eran muy estrechos. Una vez cada semestre había un dies academicus, en el que los profesores de todas las facultades se presentaban ante los estudiantes de la universidad, haciendo posible así una experiencia de Universitas —algo a lo que hace poco ha aludido también usted, Señor Rector—; es decir, la experiencia de que, no obstante todas las especializaciones que a veces nos impiden comunicarnos entre nosotros, formamos un todo y trabajamos en el todo de la única razón con sus diferentes dimensiones, colaborando así también en la común responsabilidad respecto al recto uso de la razón: era algo que se experimentaba vivamente. Además, la universidad se sentía orgullosa de sus dos facultades teológicas. Estaba claro que también ellas, interrogándose sobre la racionabilidad de la fe, realizan un trabajo que forma parte necesariamente del conjunto de la Universitas scientiarum, aunque no todos podían compartir la fe, a cuya correlación con la razón común se dedican los teólogos. Esta cohesión interior en el cosmos de la razón no se alteró ni siquiera cuando, en cierta ocasión, se supo que uno de los profesores había dicho que en nuestra universidad había algo extraño: dos facultades que se ocupaban de algo que no existía: Dios. En el conjunto de la universidad estaba fuera de discusión que, incluso ante un escepticismo tan radical, seguía siendo necesario y razonable interrogarse sobre Dios por medio de la razón y que esto debía hacerse en el contexto de la tradición de la fe cristiana.

Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte, publicada por el profesor Theodore Khoury (Münster), del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. 1 Probablemente fue el mismo emperador quien anotó ese diálogo durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402. Así se explica que sus razonamientos se recojan con mucho más detalle que las respuestas de su interlocutor persa. 2 El diálogo abarca todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero también, cada vez más y necesariamente, en la relación entre las «tres Leyes», como se decía, o «tres órdenes de vida»: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. No quiero hablar ahora de ello en este discurso; sólo quisiera aludir a un aspecto —más bien marginal en la estructura de todo el diálogo— que, en el contexto del tema «fe y razón», me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre esta materia.

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia), editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la yihad, la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: «Ninguna constricción en las cosas de fe». Según dice una parte de los expertos, es probablemente una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa. Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el «Libro» y los «incrédulos», con una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable, se dirige a su interlocutor llanamente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: «Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba». 3 El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. «Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (συ ν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas... Para convencer a un alma racional no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona».4

viernes, 5 de julio de 2013

Lumen Fidei - Primera Encíclica del Papa Francisco

CARTA ENCÍCLICA
LUMEN FIDEI

DEL SUMO PONTÍFICE
FRANCISCO

A LOS OBISPOS
A LOS PRESBÍTEROS Y A LOS DIÁCONOS
A LAS PERSONAS CONSAGRADAS
Y A TODOS LOS FIELES LAICOS

SOBRE LA FE
 
          1. La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta  expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). En el mundo pagano, hambriento de luz, se había desarrollado el culto al Sol, al Sol invictus, invocado a su salida. Pero, aunque renacía cada día, resultaba claro que no podía irradiar su luz sobre toda la existencia del hombre. Pues el sol no ilumina toda la realidad; sus rayos no pueden llegar hasta las sombras de la muerte, allí donde los ojos humanos se cierran a su luz. « No se ve que nadie estuviera dispuesto a morir por su fe en el sol »[1], decía san Justino mártir. Conscientes del vasto horizonte que la fe les abría, los cristianos llamaron a Cristo el verdadero sol, « cuyos rayos dan la vida »[2]. A Marta, que llora la muerte de su hermano Lázaro, le dice Jesús: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios? » (Jn 11,40). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El Edicto de Milán y la libertad religiosa hoy - Card. Angelo Scola

El Edicto di Milán:
Initium Libertatis
En su XVII centenario

Discurso del  Arzobispo de Milán, pronunciado el 6 de diciembre 2012, dando el sentido que tendrán, durante el año 2013, las conmemoraciones relativas a este hito histórico de la libertad religiosa en la arquidiócesis que dirige, en cuyo territorio se materializó hace 1700 años.

          «El Edicto de Milán del año 313 tiene un significado histórico, porque marca el initium libertatis del hombre moderno»1. Esta afirmación de un ilustre cultor del derecho romano, el difunto Gabrio Lombardi, permite poner de relieve que las medidas, firmadas por los dos Augustos, Constantino y Licinio, determinaron no sólo el fin progresivo de las persecuciones contra los cristianos sino, sobre todo, el acta de nacimiento de la libertad religiosa. En cierto sentido, con el Edicto de Milán aparecen por primera vez en la historia las dos dimensiones que hoy llamamos “libertad religiosa” y “laicidad del Estado”. Son dos aspectos decisivos para la buena organización de la sociedad política. 
          Una interesante confirmación de este dato la encontramos en dos significativas enseñanzas de san Ambrosio. Por una parte, el arzobispo nunca dudó en recordar a los cristianos que debían ser leales respecto a la autoridad civil, la cual, a su vez —he aquí la segunda enseñanza— debía garantizar a los ciudadanos libertad en el plano personal y social. Se reconocía así el horizonte del bien público al cual están llamados a contribuir ciudadanos y autoridad. 
          No se puede negar, sin embargo, que el Edicto de Milán fue una especie de “inicio frustrado”. En efecto, los acontecimientos sucesivos abrieron una historia larga y atormentada.
          La histórica e indebida conmixtión entre el poder político y la religión puede representar una clave de lectura útil de las distintas fases que ha atravesado la historia de la práctica de la libertad religiosa. 

martes, 21 de mayo de 2013

La naturaleza de Dios y su obrar

La manera que tenemos
de conocer a Dios y su acción
LA NATURALEZA DE DIOS Y SU OBRAR
1 LA NATURALEZA DE DIOS
1.1 Cómo podemos conocerlo
Podemos conocer a Dios por la razón y por la revelación.
En este capítulo se estudian aquellas realidades de la naturaleza divina susceptibles de ser alcanzadas por la razón. A partir del capítulo siguiente el principal apoyo en los desarrollos explicativos será el conocimiento a través de la Revelación.
La razón nos da a conocer la naturaleza de Dios de dos modos:
a) Por acción, atribuyéndole todas las perfecciones que encontramos en las criaturas, y todas las que podamos concebir.
b) Por remoción, removiendo de El todo cuanto las criaturas tienen de limitado e imperfecto.
Esta forma de conocer se llama analógica, es decir, según un grado de semejanza (Dios es bueno ya que vemos que las criaturas son buenas) y otro de desemejanza (Dios no es bueno del mismo modo ni en el mismo grado de las criaturas). A la analogía se sigue la eminencia: Dios es bueno, pero bueno infinitamente.
Así, pues, para el conocimiento racional de la naturaleza divina el punto de partida es la naturaleza de las criaturas y en particular la naturaleza humana: las perfecciones que ésta posee las trasladamos por analogía a la naturaleza divina, elevadas al infinito.
Y así, podemos atribuir a Dios la inteligencia, el poder, la bondad, la ciencia, la belleza, etc. Esta forma de proceder se apoya en un clarísimo texto de San Pablo (Rom. 1, 20-2 1): ". . . las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad, se han hecho visibles después de la creación del mundo, por el conocimiento que de ellas nos dan las criaturas".

viernes, 17 de mayo de 2013

La fe sobrenatural, creo en Dios

La fe es la respuesta o aceptación
del hombre a todo aquello
que Dios le ha revelado

LA FE SOBRENATURAL: CREO EN DIOS
Tratamos ahora de la fe, inmediatamente después de haber hablado de la Revelación. Este orden perfectamente lógico pues la fe es la respuesta o aceptación del hombre a todo aquello que Dios le ha revelado.
1 NATURALEZA DE LA FE
1.1 Noción general
Fe en general es admitir por cierto lo que otro nos dice. Por ejemplo, cuando creo un hecho que me lo cuenta una persona que merece crédito. Así, lo que caracteriza a la fe es admitir una cosa porque otro la dice; o lo que es lo mismo, admitirla por el testimonio del otro.
"Cuando Dios revela, se le debe la "obediencia de la fe" (Rom. 16, 26; cfr. Rom. 1, 5; Cor. lo, 5-6), por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 5).

lunes, 28 de enero de 2013

La profundidad del pensamiento de santo Tomás de Aquino brotaba de su fe viva y de su piedad fervorosa - Benedicto XVI


BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 16 de junio de 2010

Santo Tomás de Aquino (2)

          Queridos hermanos y hermanas:
          Hoy quiero continuar la presentación de santo Tomás de Aquino, un teólogo de tan gran valor que el estudio de su pensamiento fue explícitamente recomendado por el concilio Vaticano II en dos documentos, el decreto Optatam totius, sobre la formación al sacerdocio, y la declaración Gravissimum educationis, que trata sobre la educación cristiana. Por lo demás, ya en 1880 el Papa León XIII, gran estimador suyo y promotor de estudios tomistas, declaró a santo Tomás patrono de las escuelas y de las universidades católicas.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

San Alberto Magno: Uno de los maestros más grandes de la teología medieval - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de marzo de 2010

San Alberto Magno

          Queridos hermanos y hermanas:
          Uno de los maestros más grandes de la teología medieval es san Alberto Magno. El título de "grande" (magnus), con el que pasó a la historia, indica la vastedad y la profundidad de su doctrina, que unió a la santidad de vida. Ya sus contemporáneos no dudaban en atribuirle títulos excelentes; un discípulo suyo, Ulrico de Estrasburgo, lo definió "asombro y milagro de nuestra época".
          Nació en Alemania a principios del siglo XIII, y todavía muy joven se dirigió a Italia, a Padua, sede de una de las universidades más famosas del Medioevo. Se dedicó al estudio de las llamadas "artes liberales": gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, manifestando el típico interés por las ciencias naturales que muy pronto se convertiría en el campo predilecto de su especialización. Durante su estancia en Padua, frecuentó la iglesia de los Dominicos, a los cuales después se unió con la profesión de los votos religiosos. Las fuentes hagiográficas dan a entender que Alberto maduró esta decisión gradualmente. La intensa relación con Dios, el ejemplo de santidad de los frailes dominicos, la escucha de los sermones del beato Jordán de Sajonia, sucesor de santo Domingo en el gobierno de la Orden de los Predicadores, fueron los factores decisivos que lo ayudaron a superar toda duda, venciendo también resistencias familiares. Con frecuencia, en los años de la juventud, Dios nos habla y nos indica el proyecto de nuestra vida. Como para Alberto, también para todos nosotros la oración personal alimentada por la Palabra del Señor, la participación frecuente en los sacramentos y la dirección espiritual de hombres iluminados son medios para descubrir y seguir la voz de Dios. Recibió el hábito religioso de manos del beato Jordán de Sajonia.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La teología deriva totalmente de la fe, y se ejerce en constante dependencia de la fe

Mensaje de la
Comisión Teológica Internacional
con ocasión
del Año de la fe

          Fides quaerens intellectum, la teología sólo existe en relación con el don de la fe. Presupone la verdad de la fe y se propone manifestar su «insondable riqueza» (Ef 3, 8), para la alegría espiritual de toda la comunidad de los creyentes y el servicio a su misión evangelizadora.
          La Comisión teológica internacional acoge con gratitud la invitación a celebrar el Año de la fe, que Benedicto XVI hizo en la carta apostólica Porta fidei (11 de octubre de 2011). Cada miembro de la Comisión teológica internacional estará disponible para las diversas iniciativas que harán de este Año de la fe un signo fuerte. Pero en cuanto comunidad de fe, también la Comisión teológica internacional, en su conjunto, desea significar su especial atención al mensaje de conversión de este Año de la fe, renovando y profundizando su compromiso al servicio de la Iglesia. Con tal fin, el 6 de diciembre de 2012, con ocasión de su sesión plenaria anual y bajo la guía de su presidente, el arzobispo Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, la Comisión teológica internacional realizará una peregrinación a la basílica papal de Santa María la Mayor para encomendar su trabajo, y el de todos los teólogos católicos, a la Virgen fiel, proclamada «bienaventurada por haber creído» (Lc 1, 45), modelo de los creyentes y pilar de la fe verdadera.

lunes, 29 de octubre de 2012

LA MISIÓN DEL INTELECTUAL CATÓLICO HOY - P. Alfredo Sáenz S.J.

Conferencia pronunciada
por el
P. Alfredo Sáenz
al recibir el
Doctorado
Honoris Causa
en la Universidad Católica
de La Plata
22 de octubre de 2012

         Confrontados a una situación inédita, el católico de hoy, sobre todo el intelectual católico, tiene una misión inédita y debe, por consiguiente, dar una respuesta inédita. Antes de abocarnos al contenido de tal respuesta, no dejará de ser útil un sucinto análisis histórico de las distintas etapas de la cultura, para considerar la diversidad de reacciones que caracterizaron a los católicos.
         Es indudable que la Edad Media conoció una admirable Weltanschauung, una cosmovisión muy esplendorosa del mundo. Durante esa época, el orden natural y el orden sobrenatural eran, sí, órdenes distintos, pero en modo alguno divorciados. Así como en Cristo la naturaleza humana y la divina se unen en la Persona divina sin dejar de distinguirse, así lo temporal se unió con lo eterno, lo carnal con lo espiritual, lo visible con lo invisible, sin perder cada ámbito su límite de autonomía.

lunes, 8 de octubre de 2012

Estar dispuestos a renovar nuestro anuncio, con viva fe, firme convicción y gozoso testimonio - Card. Wuerl

CARD. DONALD WILLIAM WUERL,
ARZOBISPO DE WASHINGTON (EEUU)

Relator General del Sínodo
La nueva evangelización
para la transmisión
de la fe cristiana
(Roma - 8 de octubre de 2012)
 

Es para mí un gran honor hacer de Relator General en este Sínodo y doy las gracias a nuestro Santo Padre por este privilegio. Estamos a punto de empezar nuestros trabajos sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana, y quiero tocar algunos puntos que espero contribuyan a focalizar nuestro debate y a proporcionar algunos temas de reflexión.

Ninguno de nosotros ha llegado a este Sínodo sin una preparación anterior, recogida en nuestro ministerio pastoral y alimentada a su vez también por el trabajo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, que ha producido en primer lugar las Lineas de Orientación con las sugerencias y las propuestas de las Conferencias Episcopales, de los Sínodos de las Iglesias Católicas sui iuris, de los Dicasterios de la Curia Romana, de los obispos sin conferencia episcopal y de la Unión de los Superiores Generales. También han llegado las observaciones de algunos obispos, mujeres y hombres de vida consagrada y laicos, sin olvidar los movimientos y las organizaciones eclesiales. Recientemente hemos sido los beneficiarios del Documento de trabajo, que proporciona una atenta reflexión sobre la Nueva Evangelización. El Instrumentum ya ofrece un esquema de referencia para gran parte del debate del Sínodo y tengo la intención de evidenciar algunas partes que pueden ser desarrolladas más profundamente. Durante esta presentación haré referencia al Documento de trabajo.

En mis observaciones quiero incluir los siguientes puntos:
1) Qué y a Quién proclamamos - la Palabra de Dios;
2) recursos recientes para ayudarnos en nuestra tarea;
3) circunstancias especiales de nuestro tiempo que hacen necesario este Sínodo;
4) elementos de la Nueva Evangelización;
5) fundamentos teológicos para la Nueva Evangelización
6) cualidades de los nuevos evangelizadores y, por último,
7) carismas de la Iglesia de hoy que asisten en la tarea de la Nueva Evangelización.

jueves, 27 de septiembre de 2012

"Señales de peligro" - Card. Josph Ratzinger

«Una teología individualista» - Una catequesis hecha añicos -Quiebra del vínculo entre Iglesia y Escritura - «El Hijo reducido, el Padre olvidado» - Dar su lugar al pecado original

 

«Una teología individualista»

          De la crisis de la fe en la Iglesia como misterio, donde el Evangelio vive, confiado a una jerarquía querida por el mismo Cristo, el cardenal ve descender, como lógica consecuencia, la crisis de confianza en el dogma propuesto por el Magisterio:
          «Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera.  De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que tiene poco que ver con las bases de la tradición común.  Parece que ahora el teólogo quiere ser a toda costa “creativo”; pero su verdadero cometido es profundizar, ayudar a comprender y a anunciar el depósito común de la fe, no “crear”.  De otro modo, la fe se desintegra e n una serie de escuelas y corrientes a menudo contrapuestas, con grave daño para el desconcertado pueblo de Dios.           En estos años, la teología se ha dedicado enérgicamente a armonizar la fe con los signos de los tiempos, a fin de descubrir nuevos caminos para la transmisión del cristianismo.  Muchos, sin embargo, han llegado a convencerse de que estos esfuerzos han contribuido frecuentemente más a agravar la crisis que a resolverla.  Sería injusta generalizar esta afirmación, pero sería también falso negarla pura y simplemente».
          Dice, continuando su diagnóstico: «En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador.  Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios.  Los dogmas —ha dicho alguien— no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito».

jueves, 30 de agosto de 2012

Galileo Galilei y la Iglesia (1)

Vittorio Messori

(En Leyendas negras
de la Iglesia)

          Según una encuesta del Consejo de Europa realizada entre los estudiantes de ciencias de todos los países de la Comunidad, casi el 30 % de ellos tiene el convencimiento de que Galileo Galilei fue quemado vivo en la hoguera por la Iglesia. Casi todos (el 97 %), de cualquier forma, están convencidos de que fue sometido a torturas. Los que —realmente, no muchos— tienen algo más que decir sobre el científico pisano, recuerdan como frase «absolutamente histórica», un «Eppur si muove!», fieramente arrojado, después de la lectura de la sentencia, contra los inquisidores convencidos de poder detener el movimiento de la Tierra con los anatemas teológicos.
          Estos estudiantes se sorprenderían si alguien les dijera que estamos ahora en la afortunada situación de poder datar con precisión por lo menos este último falso detalle: la «frase histórica» fue inventada en Londres en 1757 por Giuseppe Baretti, periodista tan brillante como a menudo muy poco fehaciente.

martes, 28 de agosto de 2012

San Agustín - armonía entre fe y razón - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 30 de enero de 2008

San Agustín (3)
Armonía entre fe y razón

Queridos amigos:
Después de la Semana de oración por la unidad de los cristianos volvemos hoy a hablar de la gran figura de san Agustín. Mi querido predecesor Juan Pablo II le dedicó, en 1986, es decir, en el decimosexto centenario de su conversión, un largo y denso documento, la carta apostólica Augustinum Hipponensem (cf. L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 14 de septiembre de 1986, pp. 15-21). El mismo Papa definió ese texto como «una acción de gracias a Dios por el don que hizo a la Iglesia, y mediante ella a la humanidad entera, gracias a aquella admirable conversión» (n. 1).
Sobre el tema de la conversión hablaré en una próxima audiencia. Es un tema fundamental, no sólo para su vida personal, sino también para la nuestra. En el evangelio del domingo pasado el Señor mismo resumió su predicación con la palabra:  "Convertíos". Siguiendo el camino de san Agustín, podríamos meditar en lo que significa esta conversión:  es algo definitivo, decisivo, pero la decisión fundamental debe desarrollarse, debe realizarse en toda nuestra vida.

martes, 31 de julio de 2012

La Revelación Divina. Apuntes sobre la Constitución dogmática Dei Verbum - Concilio Vaticano II


Conferencia dictada en el ciclo de conferencias
Vigencia y Proyección del Concilio Vaticano II - A 30 años

Card. Augusto Vargas Alzamora
Arzobispo de Lima y Primado del Perú

Lima 26 de enero de 1996

La Dei Verbum su historia y su doctrina – La Revelación su naturaleza y su transmisión - La inspiración divina y la verdad de la Sagrada Escritura - La interpretación de la Sagrada Escritura – Antiguo y Nuevo testamentos – La sagrada Escritura en la vida de la Iglesia - Perspectivas para el tiempo adveniente

1. Introducción

Ante todo deseo saludar a los asistentes y expresar mis felicitaciones a los organizadores de este importante ciclo de conferencias sobre el Concilio Vaticano II, que se desarrolla a poco de haberse conmemorado el trigésimo aniversario de la culminación de sus labores.
La fundamental importancia del Concilio para la vida del Pueblo de Dios es inocultable. La Iglesia vive hoy desde la perspectiva conciliar, desde aquel recogimiento del que hablaba Pablo VI, «para, viviendo en sí misma y por medio del Espíritu Santo, comprender mejor la Palabra eficaz de Cristo, para escrutar más profundamente el misterio, es decir, la presencia y el plan de Dios junto a sí y en su interior, y para alimentar cada vez más en sí el fuego de la fe, que es la fuerza misteriosa en la que se apoya su firmeza y su sabiduría, y el fuego del amor, que le impulsa a cantar las alabanzas de Dios sin interrupción» 1 . Hoy se ve claro que el Concilio no ha sido sólo un acontecimiento eclesial decisivo, sino que además él vive en la vida y misión de la Iglesia de estos tiempos de Nueva Evangelización.

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