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viernes, 1 de noviembre de 2019

La vocación de los laicos a la santidad - San Juan Pablo II


SAN JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 24 de noviembre de 1993

La vocación de los laicos a la santidad

Imagen relacionada

(Lectura:1ra. carta de san Pedro, capítulo 1, versículos 14-16)

1. La Iglesia es santa y todos sus miembros están llamados a la santidad. Los laicos participan en la santidad de la Iglesia, al ser miembros con pleno derecho de la comunidad cristiana; y esta participación, que podríamos definir ontológica, en la santidad de la Iglesia, se traduce también para los laicos en un compromiso ético personal de santificación. En esta capacidad y en esta vocación de santidad, todos los miembros de la Iglesia son iguales (cf. Ga 3, 28).

El grado de santidad personal no depende de la posición que se ocupa en la sociedad o en la Iglesia, sino únicamente del grado de caridad que se vive (cf. I Co 13). Un laico que acepta generosamente la caridad divina en su corazón y en su vida es más santo que un sacerdote o un obispo que la aceptan de modo mediocre.

2. La santidad cristiana tiene su raíz en la adhesión a Cristo por medio de la fe y del bautismo. Este sacramento es la fuente de la comunión eclesial en la santidad. Es lo que pone de relieve el texto paulino: «Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4, 5), citado por el concilio Vaticano II, que de ahí deduce la afirmación sobre la comunión que vincula a los cristianos en Cristo y en la Iglesia (Lumen gentium, 32). En esta participación en la vida de Cristo mediante el bautismo se injerta la santidad ontológica, eclesiológica y ética de todo creyente, sea clérigo o laico.

lunes, 3 de julio de 2017

Los retos de la familia en el contexto actual - Mons. Juan Antonio Reig Pla

LOS RETOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL



Mons. Juan Antonio Reig Pla 
Obispo de Alcalá de Henares
Vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II
para estudios sobre el matrimonio y la familia 
(Sección Española)
Mayo de 2017

INTRODUCCIÓN
El texto que publicamos fue pronunciado como conferencia el 8 de mayo de 2017 en la sede de la Universidad Católica San Vicente mártir de Valencia. En esta fecha tuvo lugar la conmemoración anual de la fiesta de la Virgen de Fátima, patrona del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia.

La conferencia se titula «Los retos de la familia en el contexto actual». Se entiende la palabra reto en la doble acepción: como desafío y como tarea. Para situar tanto los desafíos de la familia y las tareas de la Pastoral Familiar he querido ofrecer un análisis de la situación del matrimonio y de la familia desde la reflexión del Concilio Vaticano II (Gaudium et spes, 47-52), pasando por los pontificados de Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI, hasta la Exhortación Apostólica del Papa Francisco Amoris laetitia.

Después de este breve recorrido histórico en el que a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, y a la publicación de la Encíclica Humanae vitae de Pablo VI, han seguido tres Sínodos sobre la familia, pretendo poner en relieve los nuevos desafíos que los cambios vertiginosos de la historia plantean a la familia y que no han sido objeto de un tratamiento exhaustivo en ninguno de los Sínodos mencionados. Nos enfrentamos, en efecto, ante una verdadera revolución cultural, técnica y jurídica que subvierte todo el orden humano promovido por la civilización cristiana. Lo nuevo de esta revolución que atenta contra la antropología cristiana (llamada “antropología adecuada” por el Papa San Juan Pablo II) es que teniendo su origen en ciertas escuelas filosóficas ha sido asumida por minorías radicales alentadas por fundaciones de carácter agenésico y promovidas por la ONU, el Parlamento Europeo y los gobiernos nacionales presionados por multitud de ONG inspiradas en la “perspectiva de género”. Todo ha sido muy rápido y silencioso pero hoy han logrado la hegemonía cultural, el cambio de la legislación sobre la vida humana, el matrimonio y la familia; ocupar la enseñanza, la sanidad y ser difundida masivamente por los medios de comunicación con la aquiescencia de las agrupaciones sociales y los partidos políticos. Lo que empezó con la introducción de la palabra “gender” se ha visto desarrollado como la ideología de género, a la que ha seguido las teorías “queer” y “cyborg” que se ven sobrepasadas por las propuestas transhumanista y posthumanista.

Frente al concepto de “naturaleza de la persona humana” hoy la nueva tesis que se propone es negar la identidad humana o hablar de “identidades inconclusas” que serán alcanzadas en su perfección por la tecnología que se presenta como un ideal de redención. Se trata de la tecno-redención que va unida al capitalismo tecno-nihilista. Resulta curioso que la dialéctica de los sexos propuesta por Engels como origen y expresión de la primera lucha de clases (núcleo del marxismo), se haya desarrollado en la ideología de género y, a su vez, mediante un proceso de ingeniería social, haya sido asumida también por el pensamiento liberal.

Este cóctel de marxismo-liberalismo ha ido alimentando la revolución sexual y hoy se presenta como un desafío colosal frente a la antropología cristiana y las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Para responder a esta nueva situación necesitamos una pastoral familiar renovada que promueva, junto a la gestación del sujeto cristiano mediante una lúcida “iniciación cristiana”, la formación de familias cristianas conscientes de su misión. Para ello es necesario desarrollar nuevas tareas que describo en la tercera parte de esta conferencia y promover un laicado bien formado en las cuestiones de Bioética, pastoral familiar, Doctrina Social de la Iglesia y conocedor del debate cultural sobre la antropología, el matrimonio y la familia. A ello responde el Pontificio Instituto Juan Pablo II, erigido en el mismo día en el que el Santo apóstol de la familia sufrió el atentado en la plaza de San Pedro.

Dadas las circunstancias actuales y el proceso invivible de la “globalización de la indiferencia”, no se puede responder a este desafío desde una llamada al comunitarismo que privatiza la religión. Los católicos laicos están llamados a ser, como decía Benedicto XVI, minorías creativas para la renovación de la sociedad. Esta creatividad, sin embargo, debe alcanzar el nivel de la política. Sin el respeto a las realidades humanas originales (dignidad de la vida humana, matrimonio natural entre un hombre y una mujer, familias abiertas a la vida, estructuras sociales sanas, medios de comunicación según la verdad, leyes justas, etc.), sin el apoyo de una verdadera cultura cristiana, se hace muy difícil, cuando no imposible, mantener los contenidos de la antropología adecuada y el bien de las familias. Por eso es urgente una nueva pastoral familiar, la promoción de auténticas comunidades cristianas, asociaciones de familias y políticos que estén dispuestos a promover el bien común y los demás aspectos de la Doctrina Social de la Iglesia.

Lo que se propone en esta conferencia no es más que un esbozo, o si queréis criterios para la acción. Pido a la Virgen de Fátima que suscite verdaderos laicos dispuestos a testimoniar la belleza del amor conyugal, la bondad social de la familia cristiana y la edificación de una sociedad a la medida de los hijos de Dios.

+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares

LOS RETOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL
ÍNDICE I. UNA MIRADA A LA HISTORIA RECIENTE
1. El Concilio Vaticano II
2. La crisis de la encíclica “Humanae vitae” y la revolución sexual
3. El Pontificado del Papa Juan Pablo II
4. El avance de la revolución sexual y la ideología de género
5. El Pontificado del Papa Benedicto XVI
6. La verdad del amor humano
7. La Exhortación “Amoris laetitia” del Papa Francisco

II. LOS RETOS-DESAFÍOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL
1. La soberanía de la voluntad al margen de la verdad y del
2. El intento de hacer inútil la encarnación y la pasión-muerte-resurrección de Cristo. “La tecno-redención de identidades inconclusas”: los presupuestos marxistas al servicio del capitalismo tecno-nihilista
3. Nos encontramos ante un ataque planificado, científica y sistemáticamente, contra el orden de la creación y de la redención
4. El método de destrucción del matrimonio, de la familia y de la vida: el constructivismo filosófico
III. LOS RETOS-TAREAS DE LA PASTORAL FAMILIAR RENOVADA
1. La gestación del sujeto
2. Itinerarios de maduración de la masculinidad y la feminidad
3. La educación afectivo-sexual
4. La preparación del matrimonio
5. La preparación inmediata a la celebración del sacramento del matrimonio
6. La formación del laicado
7. Escuela de padres
8. Los Centros de Orientación Familiar
9. Revalorización de la “institución familiar”
10. La sacramentalidad del matrimonio
11. La validez del sacramento y los procesos de separación y nulidad
12. El cuidado de las personas en situación irregular
13. Matrimonio, Eucaristía y Doctrina Social de la Iglesia
14. Una última palabra: no es legítima la separación Verdad-Estado

LOS RETOS DE LA FAMILIA EN EL CONTEXTO ACTUAL
I. UNA MIRADA A LA HISTORIA RECIENTE

Tradicionalmente la doctrina católica sobre el matrimonio recogía la enseñanza de San Agustín que él mismo sistematizó en torno a los bienes del matrimonio: el bien de la prole (bonum prolis), el bien de la fidelidad (bonum fidei) y el bien del sacramento (bonum sacramenti). El matrimonio era visto como un contrato singular cuyas notas características son la unidad y la indisolubilidad. Los fines propios de esta institución natural eran descritos como la procreación y la educación de los hijos, la ayuda mutua entre los esposos y el remedio de la concupiscencia1 .

 En las décadas anteriores a la celebración del Concilio Vaticano II, desde perspectivas más personalistas, se reclamaba una revisión de los fines del matrimonio y se abogaba por incidir más en la relevancia del amor conyugal: se insistía en la necesidad de revisar el término contrato y la división entre fin primario (procreación) y fines secundarios.

1. El Concilio Vaticano II
Con este contexto inmediato, el Concilio Vaticano II al afrontar los temas del matrimonio y de la familia en la Gaudium et spes los trata como el primero de los problemas y necesidades urgentes en el mundo actual (GS 46). En expresión del mismo Concilio “la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (GS 47). Después de describir las sombras que oscurecen la dignidad de esta institución, se propone exponer la doctrina sobre la dignidad del matrimonio y de la familia (GS 48).

En este apartado de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual (GS 48) el Concilio ofrece una síntesis en la que se guarda un equilibrio entre el carácter institucional del matrimonio y los nuevos acentos que venían propiciados por la corriente personalista. En primer lugar llama la atención la descripción que se hace del matrimonio como “íntima comunidad de vida y amor conyugal”. La expresión “íntima comunidad” y la referencia directa al “amor conyugal” son una clara expresión de la perspectiva en la que se sitúa el Concilio. Esta “íntima comunidad”, continua el Concilio, esta “fundada por el Creador y provista de leyes propias” que no se especifican. El término “contrato” es sustituido por la palabra “alianza” (foedus) de mayor relevancia bíblica y que hace referencia al consentimiento matrimonial: “esta comunidad […] se establece con la alianza del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal irrevocable” (GS 48).

El Concilio hace compatible estas nuevas expresiones con el lenguaje más tradicional: “Así, por el acto humano con el que los cónyuges se entregan y aceptan mutuamente nace una institución estable por ordenación divina, también ante la sociedad” (Ibíd). La palabra “institución” es completada con el término “vínculo sagrado” que apunta a la esencia del matrimonio: “este vínculo sagrado, con miras al bien tanto de los cónyuges y de la prole como de la sociedad, no depende del arbitrio humano” (Ibíd).

sábado, 29 de abril de 2017

No caer en el falso misticismo de la acción - Beato Pablo VI

CARTA DEL DEL SANTO 
PADRE PABLO VI,
FIRMADA POR EL CARDENAL 
SECRETARIO DE ESTADO,
AL ENCUENTRO DE LOS CONSILIARIOS
DE ACCIÓN CATÓLICA PORTUGUESA

Excelentísimo y reverendísimo señor [1]:
He de comunicar a vuestra excelencia reverendísima que el Santo Padre acogió con la mayor satisfacción la noticia del “Encuentro” que, del 26 al 29 de julio próximo, van a realizar los consiliarios de Acción Católica portuguesa a los pies de Nuestra Señora, en el Santuario de Fátima. Este encuentro ofrece la oportunidad para transmitir a todos los participantes los cordiales saludos y una palabra de estímulo y de orientación del Augusto Pontífice, de quien me hago humilde intérprete.
Los temas que van a ser estudiados: “La naturaleza, necesidad y actualidad de la Acción Católica”, “La espiritualidad del seglar de Acción Católica”, “Misión del consiliario eclesiástico en la formación espiritual y apostólica de los afiliados”, etc. —de tan relevante importancia para el incremento y fecundidad de este movimiento, ya encuadrado en la vida constitucional de la Iglesia, y por ella tan insistentemente propuesto y encarecido—, demuestran cómo la Iglesia en Portugal pone en la Acción Católica gran esperanza y pretende, con empeño, infundirle mayor vitalidad y nuevas energías.
A este propósito, es oportuno recordar las palabras que Su Santidad dirigió a los delegados de los obispos de la Acción Católica italiana sobre la posición de la Acción Católica en la Iglesia: “Diremos ahora lo que ninguno, así lo pensamos, habrá puesto en duda: Nos deseamos que la Acción Católica viva y se mantenga conforme fue delineada por la autoridad y sabiduría de nuestros venerables predecesores en estos últimos decenios. Ella pertenece ahora a la constitución de la Iglesia. Varias son sus formas, según los diversos países; varias sus tradiciones; varias sus exigencias; varios sus frutos; pero su definición de colaboración de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia... permanece como deber de quien tiene la responsabilidad de promover la cura pastoral y la educación de los seglares para la actividad apostólica de la Iglesia. Permanece, sobre todo, como vocación ofrecida a los mismos seglares de pasar de la concepción inerte y pasiva de la vida cristiana a la concepción consciente y activa de la misma; del estado de cristianos, más de nombre que de hecho, extraños a la comprensión y a la participación de los problemas de la Iglesia, al estado de fieles convencidos de poder y deber también ellos compartir su plenitud comunitaria, su responsabilidad operativa, su doloroso y glorioso testimonio, su caridad misionera” (L'Osservatore Romano del 27 de julio de 1963).

jueves, 27 de febrero de 2014

La Acción Católica ha de ser gimnasio de santidad - Benedicto XVI

MENSAJE DEL
SANTO PADRE

BENEDICTO XVI

A LOS PARTICIPANTES
EN LA ASAMBLEA NACIONAL
DE LA ACCIÓN CATÓLICA ITALIANA

6 de mayo de 2011

 
 
Queridos amigos de la Acción Católica Italiana

Estáis reunidos en vuestra asamblea general sobre el tema: «Vivir la fe, amar la vida. El compromiso educativo de la Acción católica», para reafirmar vuestro amor a Cristo y a la Iglesia y renovar el camino de vuestra asociación, con el compromiso de asumir plenamente vuestra responsabilidad laical al servicio del Evangelio. Sois muchachos, jóvenes y adultos que se ponen a disposición del Señor en la Iglesia con un compromiso solemne, público, en comunión con los pastores, para dar un buen testimonio en todos los ámbitos de la vida. Vuestra presencia es capilar en las parroquias, en las familias, en los barrios, en los ambientes sociales: una presencia que vivís en la cotidianidad y en la aspiración a la santidad. Vuestros niños y muchachos, adolescentes y jóvenes quieren ser activos y felices, generosos y valientes, como el beato Pier Giorgio Frassati. Tenéis el impulso de dedicaros a la construcción de la ciudad de todos y la valentía de servir en las instituciones, como Vittorio Bachelet, como el beato Alberto Marvelli y como Giuseppe Toniolo, que pronto será proclamado beato. En vuestro proyecto de formación humana y cristiana queréis ser amigos fieles de Cristo, como las beatas Pierina Morosini y Antonia Mesina, como la venerable Armida Barelli. Queréis reavivar nuestras comunidades con niños fascinantes por la pureza de su corazón, como Antonietta Meo, capaces de atraer también a sus padres a Jesús. Cuando recibo a vuestros muchachos con ocasión de la Navidad o del mes de la paz, quedo siempre admirado de la autenticidad con la que comunican la alegría del Señor.

En octubre del año pasado me reuní con vuestros adolescentes y jóvenes, comprometidos y alegres, amantes de la verdadera libertad que los lleva a una vida generosa, a un apostolado directo. Tienen ante sí el ejemplo de hombres y mujeres contentos con su fe, que quieren acompañar a las nuevas generaciones con amor, con sabiduría y con la oración, que pretenden construir con paciencia tejidos de vida comunitaria y afrontar los problemas más urgentes de la vida cotidiana de la familia: la defensa de la vida, el sufrimiento de las separaciones y del abandono, la solidaridad en las desgracias, la acogida de los pobres y de los que no tienen patria. Os acompañan consiliarios que saben bien lo que significa educar en la santidad. En las diócesis estáis llamados a colaborar con vuestros obispos, de manera constante, fiel y directa, en la vida y en la misión de la Iglesia. Todo esto no nace espontáneamente, sino con una respuesta generosa a la llamada de Dios a vivir con plena responsabilidad el Bautismo, la dignidad del ser cristianos. Por eso formáis parte de una asociación con ideales y cualidades precisas como los indica el concilio ecuménico Vaticano II: una asociación que tiene la finalidad apostólica de la Iglesia, que colabora con la jerarquía, que se manifiesta como cuerpo orgánico y que recibe de la Iglesia un mandato explícito (cf. Apostolicam actuositatem, 20). Queridos amigos, sobre la base de lo que sois, siguiendo los pasos de mis venerados predecesores, quiero confiaros algunas indicaciones de compromiso.

1. La perspectiva educativa

En la línea marcada por los obispos para las Iglesias que están en Italia, estáis llamados de modo especial a valorar vuestra vocación educativa. La Acción católica es una fuerza educativa cualificada, sostenida por buenos instrumentos, por una tradición más que centenaria. Sabéis educar a los niños y a los muchachos con vuestra asociación, sabéis llevar a cabo itinerarios educativos con adolescentes y jóvenes, sois capaces de una formación permanente para los adultos. Vuestra acción será más incisiva si, como ya hacéis, trabajáis aún más entre vosotros con una perspectiva profundamente unitaria y favorecéis la colaboración con otras fuerzas educativas tanto eclesiales como civiles. Para educar es necesario ir más allá de la ocasión, del momento inmediato, y construir, con la colaboración de todos, un proyecto de vida cristiana fundado en el Evangelio y en el magisterio de la Iglesia, poniendo en el centro una visión integral de la persona. Vuestro proyecto formativo es válido para muchos cristianos y hombres de buena voluntad, sobre todo si pueden ver en vosotros modelos de vida cristiana, de compromiso generoso y gozoso, de interioridad profunda y de comunión eclesial.

martes, 10 de diciembre de 2013

Oración, sacrificio, formación y acción - Pablo VI

Del discurso de Pablo VI
en la Asamblea de la
Acción Católica Italiana
23 de septiembre de 1973

 
Valor de la oración: Ella es “el alma de todo apostolado” y, por tanto, si faltase, la Acción Católica quedaría privada de su espina dorsal. Tened, por ende, una sólida vida litúrgica y sacramental, centrada en torno a la piedad eucarística y a la asidua participación en la Misa. Pero no olvidéis, tampoco, las formas tradicionales, que tantos frutos han dado en la formación de los grupos dirigentes y las filas de los miembros de la Acción Católica: ejercicios y retiros espirituales, horas de adoración, rosario diario para expresar la propia límpida y viril devoción mariana.
 
Necesidad del sacrificio: en un momento en que la mentalidad permisiva y hedonista parece haber debilitado la voluntad con la exaltación del instinto y del capricho, es necesario recordar el compromiso común – y especialmente de los jóvenes, tan generosos por naturaleza- con respecto al significado del sacrificio como valor formativo de la persona humana. La Acción Católica italiana ha tenido el gran mérito en el pasado de formar como una mentalidad y una escuela de fuertes voluntades, templadas en el dominio de sí; ha enseñado un amor al sacrificio que no tiene nada que ver con los postulados, por altos que sean, de ciertas filosofías antiguas y modernas y de nobilísimas religiones no cristianas, sino que se comprende únicamente a la luz de la Cruz, en la aplicación del paulino adimpleo ea quae desunt passionum Chrsti (Col. 1, 24) (completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo): es decir, en un amor ardiente y silencioso, dulce y apasionado, a Cristo crucificado, que nos ha redimido con su don de amor.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Solemnidad de Cristo Rey (ciclo c) Juan Pablo II

MISA PARA LOS LAICOS
DE LA DIÓCESIS DE ROMA
QUE TRABAJAN EN
EL APOSTOLADO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II

Solemnidad de Cristo Rey
Domingo 23 de noviembre de 1980

1. Regnavit a ligno Deus!

El texto evangélico de San Lucas, que se acaba de proclamar, nos lleva con el pensamiento a la escena altamente dramática que se desarrolla en el "lugar llamado Calvario" (Lc 23, 33) y nos presenta, en torno a Jesús crucificado, tres grupos de personas que discuten diversamente sobre su "figura" y sobre su "fin". ¿Quién es en realidad el que está allí crucificado? Mientras la gente común y anónima permanece más bien incierta y se limita a mirar, los príncipes, en cambio se burlaban, diciendo: A otros salvó, sálvese a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido". Como se ve, su arma es la ironía negativa y demoledora. Pero también los soldados —el segundo grupo lo escarnecían y, como en tono de provocación y desafío, le decían: "Si eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo", partiendo, quizá, de las palabras mismas de la inscripción, que veían puesta sobre su cabeza. Estaban, además, los dos malhechores, en contraste entre sí, al juzgar al compañero de pena: mientras uno, blasfemaba de él, recogiendo y repitiendo las expresiones despectivas de los soldados y de los jefes, el otro declaraba abiertamente que Jesús "nada malo había hecho" y, dirigiéndose a El, le imploraba así: "Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu reino".

He aquí como, en el momento culminante de la crucifixión, precisamente cuando la vida del Profeta de Nazaret está para ser suprimida, podemos recoger, incluso en lo vivo de las discusiones y contradicciones, estas alusiones arcanas al rey y al reino.

2. Esta escena os es bien conocida, hermanos e hijos queridísimos, y no necesita otros comentarios. Pero es muy oportuno y significativo y, diría, es muy justo y necesario que esta fiesta de Cristo-Rey se enmarque precisamente en el Calvario. Podemos decir, sin duda, que la realeza de Cristo, como la celebramos y meditamos también hoy, debe referirse siempre al acontecimiento que se desarrolla en ese monte, y debe ser comprendida en el misterio salvífíco, que allí realiza Cristo: me refiero al acontecimiento y al misterio de la redención del hombre. Cristo Jesús —debemos ponerlo de relieve— se afirma rey precisamente en el momento en que, entre los dolores y los escarnios de la cruz, entre las incomprensiones y las blasfemias de los circunstantes, agoniza y muere. En verdad, es una realeza singular la suya, tal que sólo pueden reconocerla los ojos de la fe: Regnavit a ligno Deus!

lunes, 5 de agosto de 2013

"La Acción Católica es la mediación adecuada para el lío que pide el Papa" Card. Rouco Varela


Tras la oración, el cardenal ha introducido la presentación de la Asamblea D. Higinio Junquera, presidente de la ACG, destacando que esta segunda Asamblea General es la primera para muchos de los asistentes, que se han incorporado a la ACG en los 4 años que han transcurrido desde la Asamblea fundacional de Cheste. Se trata de la «primera generación de una nueva ACG», pero deben ser muchos más los que vengan.
«La ACG es una propuesta única e integral para todas las edades, para todas las personas, para toda la familia, para todos los que pasan un tiempo con nosotros». La tarea que la ACG tiene por delante es preciosa, aunque no sea poca. Ha recordado unas palabras del Papa Francisco en la JMJ de Río de Janeiro: «Espero lío, quiero lío en las diócesis».
Afirmó que la ACG es la mediación adecuada para este «lío», el cauce habitual para la mayoría de los laicos.

domingo, 7 de julio de 2013

DOmingo XIV (ciclo c) - Vaticano II

Concilio Vaticano II
Decreto
Apostolicam Actuositatem
Capítulo I
Vocación de los laicos al apostolado

Participación de los laicos en la misión de la Iglesia
2. La Iglesia ha nacido con el fin de que, por la propagación del Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre, todos los hombres sean partícipes de la redención salvadora, y por su medio se ordene realmente todo el mundo hacia Cristo. Toda la actividad del Cuerpo Místico, dirigida a este fin, se llama apostolado, que ejerce la Iglesia por todos sus miembros y de diversas maneras; porque la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Como en la complexión de un cuerpo vivo ningún miembro se comporta de una forma meramente pasiva, sino que participa también en la actividad y en la vida del cuerpo, así en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, “todo el cuerpo crece según la operación propia, de cada uno de sus miembros” (Ef., 4,16).Y por cierto, es tanta la conexión y trabazón de los miembros en este Cuerpo (Cf. Ef., 4,16), que el miembro que no contribuye según su propia capacidad al aumento del cuerpo debe reputarse como inútil para la Iglesia y para sí mismo.
En la Iglesia hay variedad de ministerios, pero unidad de misión. A los Apóstoles y a sus sucesores les confirió Cristo el encargo de enseñar, de santificar y de regir en su mismo nombre y autoridad. Mas también los laicos hechos partícipes del ministerio sacerdotal, profético y real de Cristo, cumplen su cometido en la misión de todo el pueblo de Dios en la Iglesia y en el mundo.
En realidad, ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres. Pero siendo propio del estado de los laicos el vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, ellos son llamados por Dios para que, fervientes en el espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento.

sábado, 6 de julio de 2013

Domingo XIV (ciclo c) - Juan Pablo II

 De la homilía de
JUAN PABLO II
en Bucaramanga Colombia
el 6 de julio de 1986

Los laicos convocados a una nueva evangelización
"La gracia y la paz sea con vosotros de parte de Dios Padre y de Nuestro Señor Jesucristo" (Gal 1,3).
En la narración del evangelista San Lucas que acabamos de oír, el Señor designa y envía setenta y dos discípulos a todos los pueblos y lugares donde Él pensaba ir. Además de los Apóstoles y siguiendo su testimonio, muchos otros son llamados y enviados por el Señor para que, a lo largo de los siglos y hasta nuestros días, fueran precursores, mensajeros y testigos que anuncien la presencia y llegada de Cristo y proclamen el advenimiento del Reino de Dios.
Vosotros formáis parte de esa multitud ininterrumpida de discípulos que, de generación en generación, y en todos los pueblos y ciudades, en todas las culturas, ambientes y naciones, son testigos y pregoneros de la cercanía de ese reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz (cfr. Lumen Gentium, 36).

lunes, 1 de julio de 2013

La Iglesia tiene necesidad de una Acción Católica que forme laicos completamente fieles - Mons. Giampaolo Crepaldi

Entrevista a
Monseñor Giampaolo Crepaldi
Arzobispo de Trieste
Excelencia, en su homilía durante la clausura de la procesión del Corpus Christi del domingo 2 de junio, tuvo duras palabras hacia la aprobación de leyes que pueden «poner en peligro los pilares de nuestra existencia humana: la vida, la familia, y nuestra libertad. Ahora, ¿cuál debe ser el alcance del compromiso de los fieles laicos. Su discurso fue una llamada a los laicos?
No hay duda de que este debe ser el tiempo de los laicos. Pero por desgracia, al laicado católico no se le oye. Tal vez por eso luego se quejan de que los obispos hablan demasiado.
¿Por qué, en su opinión, ésta es la hora de los laicos?
Ciertamente cada hora es la hora de los laicos, porque no hay un momento en el que el hombre no tenga, por su bautismo, la misión de orientar a Dios los asuntos temporales. Pero esta es la hora de los laicos en particular: La política y las leyes están metiendo la mano en el orden de la creación, la naturaleza de la familia y las relaciones naturales básicas, la que existe entre los padres y entre padres e hijos. Es algo nuevo y sorprendente que requiere una presencia particularmente convencida y activa.
¿Por qué dice que los laicos católicos no se hacen sentir?
Hay muchos católicos laicos en la familia, en el trabajo, en la sociedad, encarnando con lealtad su fe cristiana. Esto se hace, sin embargo, solamente en la vida cotidiana. Lo que se echa en falta es una presencia claramente coordinada y unificada en la sociedad civil y un testimonio coherente y claro en la política, la vida jurídica y las instituciones públicas.

domingo, 19 de mayo de 2013

El Espíritu Santo es el alma de la misión - Papa Francisco

SANTA MISA CON LOS
MOVIMIENTOS ECLESIALES
EN LA SOLEMNIDAD
DE PENTECOSTÉS
HOMILÍA DEL
SANTO PADRE
FRANCISCO
Domingo 19 de mayo de 2013

          Queridos hermanos y hermanas:
          En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.
          Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».
          A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

martes, 29 de enero de 2013

Uno de los obstáculos más temibles de nuestra misión pastoral es la ignorancia del contenido de la fe - Benedicto XVI

DISCURSO DEL
SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
AL TERCER GRUPO
 DE OBISPOS FRANCESES
EN VISITA «AD LIMINA»

Viernes 30 de noviembre de 2012
Señor cardenal,
queridos hermanos en el episcopado:
Conservo siempre vivo el recuerdo de mi viaje apostólico a Francia con ocasión de las celebraciones por el 150° aniversario de las apariciones en Lourdes de la Inmaculada Concepción. Sois los últimos de los tres grupos de obispos de Francia en visita ad limina. Le agradezco, eminencia, sus cordiales palabras. Dirigiéndome a cuantos os han precedido, he abierto una especie de tríptico, cuya indispensable apoyo podría ser el discurso que os dirigí en Lourdes en 2008. El examen de este conjunto inescindible os será ciertamente útil y guiará vuestras reflexiones.
Sois responsables de regiones donde la fe cristiana se ha radicado muy pronto y ha dado frutos admirables. Regiones ligadas a nombres ilustres que han trabajado mucho por el arraigo y el crecimiento del Reino de Dios en este mundo: mártires como Potino y Blandina, grandes teólogos como Ireneo y Vicente de Lérins, maestros de espiritualidad cristiana como Bruno, Bernardo, Francisco de Sales y muchos más. La Iglesia en Francia se inscribe en una larga estirpe de santos, doctores, mártires y confesores de la fe. Sois herederos de una gran experiencia humana y de una inmensa riqueza espiritual que, sin ninguna duda, son por tanto para vosotros una fuente de inspiración en vuestra misión de pastores.

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