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martes, 15 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 167

 

Martes de la 24ª semana

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA


Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 3).

 

Es absolutamente necesario para la salvación aquello sin lo cual nadie puede alcanzar a ésta, como la Gracia de Cristo y el sacramento del Bautismo, por el que uno renace en Cristo. El sacramento de la Penitencia es necesario hipotéticamente porque no es necesario a todos, sino únicamente a los que están sujetos al pecado, pues se dice que el pecado, cuando es consumado, engendra muerte (Stgo. 1, 15). Y por consiguiente es necesario para la salvación del pecador que el pecado sea apartado de él, lo cual no puede verificarse sin el sacramento, en el que obra la virtud de la Pasión de Cristo por la absolución del sacerdote juntamente con la obra del penitente que coopera con la gracia a la destrucción del pecado; pues, como dice San Agustín: "El que te crió sin ti, no te justificará sin ti"*. Es, por lo tanto, evidente que el sacramento de la Penitencia es necesario a la salvación después del pecado, como la medicina corporal, después que el hombre cae en una enfermedad peligrosa.

 

Rectamente dice San Jerónimo que la penitencia es la segunda tabla después del naufragio. Porque así como el primer remedio para los que pasan el mar está en que se mantengan dentro de la nave íntegra, y el segundo remedio, después de destrozada la nave, es adherirse a una tabla, así también el primer remedio en el mar de esta vida es que el hombre conserve la integridad; y el segundo es que, si por el pecado hubiere perdido la integridad, la recobre por la penitencia.

sábado, 12 de septiembre de 2020

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía! - Card. Robert Sarah

 

¡Volvemos con alegría a la Eucaristía!

Carta a los presidentes de las

Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica

sobre la celebración de la liturgia

durante y después de la pandemia del COVID 19

 

         La pandemia debida al virus Covid 19 ha producido alteraciones no solo en las dinámicas sociales, familiares, económicas, formativas  y laborales, sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica. Para impedir el contagio del virus ha sido necesario un rígido distanciamiento social, que ha tenido repercusión sobre un aspecto fundamental de la vida cristiana: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18,20); “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y tenían un todo en común” (Hch. 2,42.44)

         La dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Trinidad Santísima; crea al hombre en la complementariedad relacional entre hombre y mujer porque “no es bueno que el hombre este solo” (Gén. 2,18), se relaciona con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él: como bien intuyó San Agustín, nuestro corazón está inquiero hasta que encuentra a Dios y descansa e Él (cf. Confesiones, 1,1). El Señor Jesús inició su ministerio público llamando a un grupo de discípulos para que compartieran con Él la vida y el anuncio del Reino; de este pequeño rebaño nace la Iglesia. Para describir la vida eterna, la Escritura usa la imagen de una ciudad; la Jerusalén del cielo (cf. Ap. 21); una ciudad es una comunidad de personas que comparten valores, realidades humanas y espirituales fundamentales, lugares, tiempos y actividades organizadas, que concurren en la construcción del bien común. Mientras los paganos construían templos dedicados a la divinidad, a los que las personas no tenían acceso, los cristianos, apenas gozaron de la libertad de culto, rápidamente edificaron lugares que fueran domus Dei, el Domus eclesiae, donde los fieles pudieran reconocerse como comunidad de Dios, pueblo convocado para el culto y constituido en asamblea santa. Por eso, Dios puede proclamar: “Yo seré vuestro Dios y tú serás mi pueblo” (cf. Éx. 6,7; Dt. 14,2). El Señor se mantiene fiel a su Alianza (cf. Dt7,9) e Israel se convierte, por tanto, en Morada de Dios, lugar santo de su presencia en el mundo (cf. Éx 29,45; Lev. 26,11-12). Por eso, la casa del Señor supone la presencia de familia de los hijos de Dios:

jueves, 11 de junio de 2020

Expresiones que le dejan a uno helado - Mons. Héctor Aguer



PANDEMIA, CUARENTENA, FUNCIONARIOS, PASTORES
UNA REFLEXIÓN INCÓMODA

Por Mons. Héctor Aguer


La palabra pandemia, como tantas otras de nuestra lengua, procede del griego. Platón y Aristóteles utilizan pandēmía, con el significado de "el pueblo entero"; el adjetivo pandēmios designa lo que es común a todo el pueblo, lo mismo que pándēmos. El Diccionario de la Real Academia Española define el sustantivo: enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. En este lejano sur estamos sufriendo lo mismo que padecen otros países de diferentes latitudes, pero la limitativa cuarentena, que cercena libertades y derechos, es impuesta diversamente en ellas. Los argentinos tenemos que hacer valer nuestra originalidad, ¡faltaría más!. ¡Somos los mejores...!.


En otras oportunidades he dicho y escrito que el Estado Argentino se caracteriza por una genética inclinación al autoritarismo, que con facilidad puede encaminarse al totalitarismo. El partido gobernante puede exhibir antecedentes históricos que apenas se recata en disimular.

jueves, 21 de mayo de 2020

Una sociedad que pierde el sentido de lo sagrado corre el riesgo de regresar a la barbarie. El sentido de grandeza de Dios es el corazón de toda civilización. Card. Robert Sarah


Artículo del Card. Robert Sarah


publicado en Il Foglio

El 7 de mayo de 2020



En muchos países, la práctica del culto cristiano se interrumpió por la pandemia de Covid-19. Los fieles no pueden reunirse en las iglesias, no pueden participar sacramentalmente en el sacrificio eucarístico.

Esta situación es fuente de gran sufrimiento. También es una oportunidad que Dios ofrece para comprender mejor la necesidad y el valor del culto litúrgico. Como cardenal prefecto de la congregación para el Culto divino y la disciplina de los sacramentos, pero sobre todo en comunión profunda en el humilde servicio de Dios y de su Iglesia, deseo ofrecer esta meditación a mis hermanos en el episcopado y en el sacerdocio y al pueblo de Dios para tratar de aprender algunas lecciones de esta situación.

A veces se ha dicho que debido a la epidemia y al confinamiento ordenado por las autoridades civiles, se suspendió el culto público. Esto es incorrecto. El culto público es el culto hecho a Dios por todo el cuerpo místico, la cabeza y los miembros, como lo recuerda el Concilio Vaticano II: “Efectivamente para realizar una obra tan grande, por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres son santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y Él tributa culto al Padre eterno. Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y cada uno a su manera realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (Sacrosanctum Concilium 7). “Este culto se tributa cuando se ofrece en nombre de la Iglesia por las personas legítimamente designadas y mediante aquellos actos aprobados por la autoridad de la Iglesia” (Código de Derecho Canónico, c 834).

Por lo tanto, cada vez que un sacerdote celebra la misa o la liturgia de las horas, incluso si está solo, ofrece el culto público y oficial de la Iglesia en unión con su Cabeza, Cristo y en nombre de todo el Cuerpo. Para empezar, es necesario recordar esta verdad. [Ello] Nos permitirá disipar mejor algunos errores.

jueves, 7 de mayo de 2020

La Iglesia no es cliente del Estado, y ningún obispo tiene derecho a prohibir la Eucaristía de este modo - Card. Gerhard Müller


Entrevista telefónica al
Cardenal Gerhard Müller
realizada por la Brújula Cotidiana


Eminencia, para muchos fieles, al sufrimiento de la enfermedad se añade, ahora, el sufrimiento de la prohibición de participar en la misa, incluso la negación de celebrar los funerales y, sobre todo, la justificación de todo ello por parte de la jerarquía eclesiástica.
Es algo muy grave, es el pensamiento laicista que ha entrado en la Iglesia. Una cosa es tomar medidas cautelares para minimizar los riesgos de contagio, otra muy distinta es prohibir la liturgia. La Iglesia no es cliente del Estado, y ningún obispo tiene derecho a prohibir la Eucaristía de este modo. Incluso hemos visto a sacerdotes castigados por sus obispos por haber celebrado la misa con pocas personas: todo esto significa verse como funcionarios del Estado. Pero nuestro pastor supremo es Jesucristo, no Giuseppe Conte. El Estado tiene su tarea y la Iglesia la suya.

A muchos les parece difícil conciliar el deber hacia el Estado con la exigencia del culto público a Dios.
Hay que rezar también públicamente porque nosotros sabemos que todo depende de Dios. Dios es la causa universal; después tenemos la causa secundaria que pasa por nuestra libertad. En todo lo que sucede, nosotros, criaturas finitas, no sabemos cuánto depende de la causalidad de Dios y cuánto de la nuestra: este es el punto de la oración. Debemos rezar a Dios para superar los desafíos de nuestra vida personal y social, pero sin olvidarnos de la dimensión transcendente, la visión de la vida eterna y de la unión íntima con Dios y con Jesucristo también en nuestro sufrimiento. Estamos llamados a cargar sobre nuestros hombros, cada día, nuestra cruz, pero también tenemos que explicar a los fieles sus sufrimientos con los conceptos del Evangelio. Prohibir la participación a la liturgia va en dirección opuesta. Tomar determinadas medidas externas es tarea del Estado; la nuestra es defender la libertad e independencia de la Iglesia y su superioridad en la dimensión espiritual. No somos una agencia subordinada al Estado.

Muchos, también entre los sacerdotes y obispos, se están dando cuenta de que se corre el riesgo evidente de confundir el sentido de la liturgia con toda esta proliferación de misas televisadas y en streaming.

lunes, 4 de mayo de 2020

"La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo" - Mons. Héctor Aguer



La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo, procurar que sea conocido y amado por todos los hombres de todos los tiempos, y que el programa de vida formulado en su predicación sea abrazado y cumplido, en orden a la salvación universal, y a la plena realización del Reino de Dios. Así lo entendieron los Apóstoles, y así lo trasmitieron a sus sucesores.

Dos expresiones netas de ese mandato se encuentran en los últimos versículos de los Evangelios de Mateo y de Marcos. Se considera que el de Mateo fue compuesto alrededor del año 80. El encargo consiste en amaestrar (mathetéusate) a todas las naciones (pánta tà éthnē), bautizarlas (baptídzontes), y enseñarles (didáskontes) a cumplir todo lo que Él nos ha mandado. Hoy diríamos que la evangelización incluye trasmitir la moral cristiana (Mt 28, 19 s.). Según los especialistas, el Evangelio de Marcos fue escrito unos diez años antes; sería el más antiguo de los cuatro. El mandato de Jesús aparece en un apéndice, de fecha posterior, y que la Iglesia considera canónico, es decir, que forma parte de la Revelación. Dice así: «Vayan por todo el mundo, anuncien (kērýxate) el Evangelio a toda la creación (notar la totalidad, sin exclusiones: todo el mundo, toda la creación). El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará» (Mc 16, 15s.). La cruda alternativa del resultado está expresada en los términos que son habituales en el Nuevo Testamento: sothḗsetai - katakri thesetai; el versículo 16 contrapone redención cumplida y condenación en el juicio futuro: promesa y amenaza. No quiero ser suspicaz, pero me llama la atención que en algunas citas del pasaje se suprima el versículo 16.

"Nadie puede impedir a un sacerdote confesar y dar la Comunión, nadie puede evitarlo" - "El corazón del problema es la crisis de fe de los sacerdotes" Card. Robert Sarah


Entrevista Telefónica al
Cardenal Robert Sarah
Publicada en la Brújula Cotidiana


En estos días también en Italia se ha hablado de una solución ya adoptada por alguien en Alemania, el «embolsamiento» (meter en bolsitas para autoservicio) del Cuerpo de Cristo: «Para consentir que los católicos italianos vuelvan a hacerla, pero evitando la contaminación —se lee en el periódico La Stampa– se está pensando en una comunión «hágalo usted mismo» con hostias «para llevar», previamente consagradas por el sacerdote, cerradas individualmente en bolsas de plástico que se colocarían en estantes de las iglesias».
«No, no, no –respondió escandalizado el cardenal Sarah por teléfono–. Es absolutamente imposible, Dios merece respeto, no se le puede meter en una bolsa. No sé quién pensó este absurdo, pero aunque la privación de la Eucaristía es ciertamente un sufrimiento, no se puede negociar sobre el modo de distribuir la comunión. Comulgamos de manera digna, dignos de Dios que viene a nosotros. La Eucaristía debe ser tratada con fe, no podemos tratarla como un objeto trivial, no estamos en el supermercado. Es totalmente una locura».

Algo así ya se ha hecho en Alemania...

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 23


Lunes de la cuarta semana de Pascua

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA


El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna (Jn 6, 55).

1. Este manjar espiritual es semejante al corporal, por cuanto sin él no puede existir la vida espiritual, lo mismo que la vida corporal no existe sin el manjar corporal; pero además posee algo más que el corporal, porque produce, en el que lo toma, vida indeficiente, lo que no hace el alimento corporal; pues el que lo toma no está seguro de vivir.

En efecto, puede ocurrir, como dice San Agustín, que los que le comen mueran, ya de vejez, ya de enfermedad u otro accidente, mientras que el que toma este manjar y bebida del cuerpo y de la sangre del Señor tiene vida eterna, y por eso es comparado al árbol de la vida. Árbol de vida es para aquéllos que la alcanzaren (Prov 3, 18). También se llama pan de vida: Lo alimentará con pan de vida y de entendimiento (Eclo 15, 3). Por eso dice: vida eterna. Lo cual significa que quien come este pan tiene en sí a Cristo, que es verdadero Dios y vida eterna.

domingo, 3 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 22


Cuarto Domingo de Pascua

POR QUE SE ADMINISTRA EN LA FRENTE
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN


En este sacramento recibe el hombre al Espíritu Santo para fortificarse en la lucha espiritual, a fin de confesar varonilmente la fe de Cristo entre los adversarios de dicha fe. Y así, es signado convenientemente con el crisma en la frente y la señal de la cruz, por dos razones:

1º) Porque el crisma se administra, ciertamente, con la señal de la Cruz, por la cual triunfó nuestro rey, como el soldado es señalado con la insignia de su capitán, la cual debe ser evidente y manifiesta. Entre todas las partes del cuerpo humano, la frente es la más visible, y generalmente, no se cubre nunca; por esto el confirmado es ungido en la frente con el crisma, para que manifieste con claridad que es cristiano, como también los Apóstoles, después de recibido el Espíritu Santo, salieron del cenáculo donde estaban ocultos y se manifestaron a todo el mundo.

sábado, 2 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 21


Sábado de la tercera semana de Pascua

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN


1º) La confirmación es un sacramento.

Donde se presenta algún efecto especial de la gracia, se ordena un sacramento especial, y por las cosas que se hacen en la vida podemos formarnos una idea de las que existen en la vida espiritual de la gracia. Es evidente que en la vida corporal hay cierta perfección especial que hace llegar al hombre a la edad perfecta y que le permite obrar acciones perfectas de hombre, por lo que dijo el Apóstol: Cuando ya fui hombre hecho, di de mano a las cosas de niño (1 Cor 13, 11). De lo que se deduce que, fuera del movimiento de la generación por el cual uno recibe la vida corporal, hay un movimiento de crecimiento, por el cual el hombre es llevado a la edad perfecta. Del mismo modo el hombre recibe la vida espiritual por medio del bautismo, que es la regeneración espiritual; mas en la confirmación el hombre recibe como cierta edad perfecta de la vida espiritual.

2º) La materia conveniente es el Crisma, es decir, aceite y bálsamo.

jueves, 30 de abril de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 19


Jueves de la tercera semana de Pascua

REGENERACIÓN ESPIRITUAL POR MEDIO DEL BAUTISMO


1º) El bautismo quita todo pecado.

Como dice el Apóstol: Todos los que hemos sido bautizados en Jesucristo, hemos sido bautizados en su muerte (Rom 6, 3); y después concluye: Y así también vosotros consideraos que estáis de cierto muertos al pecado, pero vivos para Dios en nuestro Señor Jesucristo (Ibíd., 11). De lo cual se deduce que por el bautismo muere el hombre para el antiguo pecado y comienza a vivir a la novedad de la gracia. Mas como todo pecado pertenece a la primitiva vejez, síguese que todo pecado queda borrado por el bautismo.

2º) El bautismo libra de todo reato del pecado. Porque por el bautismo el hombre es incorporado a la Pasión y Muerte. de Cristo, según .aquello: Si somos muertos con Cristo, creemos que juntamente viviremos también con Cristo (Rom 6, 8). De donde resulta que a todo bautizado se le comunica para su remedio la Pasión de Cristo, como si él mismo hubiese padecido y muerto. Pero la Pasión de Cristo es suficiente satisfacción por todos los pecados de todos los hombres, y por eso el que es bautizado se libra del reato de toda la pena debida por los pecados, como si él mismo hubiese satisfecho suficientemente por todos sus pecados.

Es imprescindible la palabra, la palabra de la verdad en el amor, es decir, tienes que llevar a Cristo, tienes que llevar a Cristo a través de la caridad fundamentada sacramentalmente en la Eucaristía - Card. Rouco Varela


Entrevista concedida por el

Cardenal Antonio María Rouco Varela
a Religión Confidencial



P.- Don Antonio, ¿cómo ha percibido en este tiempo de confinamiento la acción de la Iglesia?
R.- He percibido estos días, en algunos ambientes, un déficit de reflexión, diríamos, de interpretación teológica a fondo de este signo de los tiempos que estamos viviendo. Limitarnos solo a hacer una aplicación voluntarista de las exigencias de los mandamientos, del gran mandamiento de la caridad, del mandamiento o de la voluntad del Señor a través del mandamiento de la caridad, es insuficiente. Hay que hacerlo, pero, para poder hacerlo y vivirlo a fondo, tienes que tener la fuente de inspiración en la verdad del Espíritu, del Espíritu Santo que viene del Resucitado. Desde el punto de vista intelectual, y desde el punto de vista también diríamos más existencial. O, por decirlo de forma más eclesialmente aplicable, más pastoral. Si no, te quedas sin la fuente. Y claro, ya no correrá el agua.

Al mismo tiempo estamos viendo una actitud de tanta generosidad por tantos -para empezar, en el campo de los profesionales de la medicina- en relación con el bien social, de una forma tan entregada, tan sacrificada, a veces tan heroicamente sacrificada, que no se explica sin la gran tradición de esa forma de vivir la existencia tan característica de la multisecular experiencia histórica de España, que procede de sus hondas raíces cristianas.

P. En esta crisis hemos podido asistir a muy diferentes formas de actuar eclesial, que han puesto en evidencia que hay debates postconciliares que no han concluido.

domingo, 26 de abril de 2020

No podemos privar a los fieles, incluso en circunstancias extremas, de los dones divinos y particularmente de la Eucaristía - Mons. Reig Pla


Entrevista concedida por

Mons. Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Alcalá de Henares
A Nuova Bussola Quotidiana

Mons. Reig Pla bencidiendo su diócesis con el Santísimo Sacramento
Desde el campanario de la Catedral


Excelencia, ¿por qué ha decidido mantener abiertas las iglesias, y celebrar las misas con el pueblo?
Como obispo he decidido mantener abiertas las iglesias y también el horario habitual de las celebraciones de la Santa Misa. Con ello quiero ofrecer a los fieles un signo de que la Iglesia no abandona a nadie que requiera los auxilios divinos, especialmente los sacramentos. Para ello disponemos las celebraciones siguiendo todas las indicaciones de prevención que recomiendan las autoridades sanitarias. Además, a las 12 y a las 20.30 horas las campanas de la Catedral anuncian dos toques de oración para rezar por las necesidades que provoca esta epidemia. Entre los bienes de la persona (bienes útiles, placenteros, el bien moral, etc.), el máximo bien es el espiritual, que va unido al destino eterno del hombre. Esta es la razón por la que no podemos privar a los fieles, incluso en circunstancias extremas, de los dones divinos y particularmente de la Eucaristía.

¿Es importante mantener las distancias de seguridad, pero es aún más importante dar a los fieles el pan del Cielo?

sábado, 11 de abril de 2020

¡Ha llegado el momento de arrancar a los cristianos del relativismo, ambiente que anestesia sus corazones y adormece el amor! - Card. Robert Sarah


Entrevista al Card. Robert Sarah

Publicada en Valeurs Actuels



¿Qué le inspira la crisis del coronavirus?

Este virus ha actuado como un indicador. En pocas semanas, la gran quimera de un mundo materialista que se creía todopoderoso parece haberse hundido. Hace unos días, los políticos nos hablaban de crecimiento, pensiones, reducción del paro. Se sentían seguros de sí mismos. Y he aquí que un virus, un virus microscópico, ha puesto de rodillas a este mundo ufano, que se contemplaba a sí mismo ebrio de autosatisfacción porque se creía invulnerable. La crisis actual es una parábola, que nos revela cuán inconsistente, frágil y vacío es todo lo que nos hacían creer. Nos decían: ¡podéis consumir de manera ilimitada! Pero la economía se ha hundido y las bolsas caen en picado. Hay fracasos por doquier. Nos prometían llevar más allá de los límites la naturaleza humana por medio de una ciencia triunfalista. Nos hablaban de vientres de alquiler, procreación asistida, transhumanismo, humanidad potenciada. Nos vanagloriábamos de un hombre de síntesis y una humanidad que las biotecnologías convertirían en invencible e inmortal. Y, en cambio, henos aquí, enloquecidos, confinados por un virus del que nos sabemos casi nada. El término epidemia había sido superado, era un término medieval. De repente, se ha convertido en nuestra cotidianidad.
Creo que esta epidemia ha dispersado el humo de la quimera. El hombre autodenominado todopoderoso aparece en su cruda realidad. Aquí está, desnudo. Su debilidad y su vulnerabilidad son patentes. El hecho de estar confinados en casa nos permitirá, espero, volver de nuevo a lo esencial, redescubrir la importancia de nuestra relación con Dios y, por ende, de la centralidad de la oración en la existencia humana. Y, con la conciencia de nuestra fragilidad, en confiar en Dios y su misericordia paterna.

¿Es una crisis de civilización?

viernes, 20 de marzo de 2020

Indulgencias a los enfermos por coronavirus y a todos los que los cuidan - Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede



PENITENCIARÍA APOSTÓLICA

DECRETO

Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier razón, incluso con la oración, los cuidan.

“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”(Rom 12:12). Las palabras escritas por San Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.

El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos. Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble: ” Sobrenatural y a la vez humano. Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.” (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).

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