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miércoles, 15 de marzo de 2023

Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

 

Quince minutos en compañía 

de Jesús Sacramentado

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

 

¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?
Dime su nombre, bien sea el de tus padres o hijos, bien el de tus hermanos y amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.

 

Háblame así, con sencillez, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?


Y para ti, ¿necesitas alguna gracia?

Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, envidia; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente, perezoso...o tal vez juzgas muy fácilmente a los demás o hablas sin caridad de ellos; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales males.

 

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡En el cielo hay tantos justos, tantos Santos de primer orden, que en su momento tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad; y poco a poco se vieron libres de ellos. Menos aún vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, amor, amistades que te sean provechosas, paciencia, alegría, éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy libremente, y deseo que me lo pidas, siempre y cuando no se oponga, antes bien favorezca y ayude a tu santificación.

 

Hoy por hoy, ¿qué necesitas?

sábado, 14 de noviembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 227

Sábado de la 32ª semana

MODO DE ORAR


I. ¿Debe ser vocal la oración? El Profeta David dice así: Con mi voz clamé al Señor; con mi voz al Señor rogué (Sal 141, 2).

 

La oración singular, qué se ofrece por una persona particular, no es necesario que sea vocal; pero únese la palabra a tal oración por tres razones:

 

1º) Para excitar la devoción interior, por la cual el espíritu del que ora se eleva a Dios, pues el espíritu del hombre se mueve según la aprensión, y por consiguiente según el afecto, por medio de los signos externos, ya de las voces, ya también de algunos hechos. Por esto dice San Agustín que: "nosotros nos excitamos más vivamente a acrecentar el deseo santo con las palabras y otros signos"*. De modo que, en la oración singular, debe usarse de palabras y otros signos, tanto como conviene, para excitar el espíritu interiormente. Pero si con ello el espíritu se distrae o es impedido de algún modo debe desistirse de ello, lo cual acontece principalmente en aquéllos cuyo espíritu está suficientemente dispuesto a la devoción sin tales signos. Así dice el Salmista: Contigo habló mi corazón, mi rostro te ha buscado (Sal 26, 8); y de Ana se lee, que hablaba en su corazón (1 Reyes 1, 13).

 

2º) Se añade la oración vocal como para pagar una deuda, esto es, para que el hombre sirva a Dios con todo lo que de él recibe, es decir, no sólo con el alma, sino también con el cuerpo.

 

3º) También se une la oración vocal por cierta redundancia del alma sobre el cuerpo, a causa del afecto vehemente, según aquello del Salmo (15, 9): Se alegró mi corazón, y se regocijó mi lengua.

viernes, 9 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 191

 

Viernes de la 27ª semana

DEBE ORARSE SIN INTERMISIÓN

Es menester orar siempre, y no desfallecer (Lc 18, I).

 

La oración puede ser considerada en sí misma y en su causa.

 

La causa de la oración es el deseo de la caridad, del que debe proceder la oración, y que debe ser en nosotros continuo, ya en acto, ya virtualmente; porque la virtud de este deseo permanece en todo lo que hacemos por caridad; y como debemos hacer todo para gloria de Dios, por esto la oración debe ser continua. Por lo que dice San Agustín: "En la fe, la esperanza y la caridad oráis siempre con deseo continuo"1.

 

Pero la oración misma, considerada en sí, no puede ser continua, porque es necesario ocuparse en otras obras; mas como dice San Agustín: “A ciertas horas y en ciertos intervalos oramos a Dios aun con palabras, para que por aquellos signos de cosas nos percatemos de cuánto hemos .adelantado en este deseo, nos conozcamos a nosotros mismos y nos excitemos más vivamente a hacer esto”2.

 

Pero la cantidad de cada cosa debe ser proporcionada al fin, como la dosis de un medicamento a la salud. Por eso también es conveniente que la oración dure tanto cuanto es útil para excitar el fervor del deseo interior; pero cuando excede a esta medida, de tal modo que no pueda prolongarse sin tedio, la oración no debe prolongarse más.

 

Sobre esto comenta San Agustín: "Se dice que los hermanos en Egipto hacen frecuentes oraciones, pero éstas muy breves y como ciertas rápidas jaculatorias; para que la intención, vigilantemente sostenida y necesaria al que ora mucho, no se desvanezca y embote por la excesiva detención"3.

 

Así, pues, uno ora continuamente, ya por la perseverancia del deseo, ya porque no suspende el orar en horas determinadas, ya por el efecto, o en cl mismo que ora, el cual permanece, aun después de la oración más devoto, o también en otro, como cuando alguno por sus beneficios induce a otro a que ore por él, aun cuando él mismo cese de orar y descanse.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 158

 

Domingo de la 23ª semana

EFECTOS DE LA CONTEMPLACIÓN

 

Me introdujo el rey en sus cámaras (Cant 1, 3).

 

1º) Me introdujo el rey en sus cámaras, esto es, en su dulzura, dándome su gracia. Llama a la gracia cámaras, en plural, porque de ella fluyen y se derivan cada una de las virtudes espirituales que perfeccionan las diversas potencias; y según las variadas virtudes de las diversas potencias, nos alegramos y regocijarnos diversamente en el Señor, y perfeccionados con estas virtudes derivadas de la gracia, bebemos en cierto modo los vinos de la alegría espiritual de las diversas cámaras.

(In Cant., I)

 

2°) La contemplación mitiga las tristezas.

 

En la contemplación de la verdad reside la mayor delectación; y, como toda delectación mitiga el dolor, la contemplación mitiga la tristeza o el dolor; y tanto más, cuanto más perfecto amador de la sabiduría sea uno.

 

Por lo tanto, los hombres, por la contemplación de las cosas divinas y de la futura bienaventuranza, se regocijan en las tribulaciones, según aquello de Santiago: Hermanos míos, tened por sumo gozo, cuando fuereis envueltos en diversas tribulaciones (Stgo. 1, 2). Y lo que es más, aun en medio de los suplicios corporales se halla también este gozó, como lo manifestó el mártir Tiburcio, cuando con los pies desnudos sobre brasas encendidas dijo: “Paréceme que ando sobre flores de rosas en nombre de Jesucristo.”

 

Esto ocurre porque en las potencias del alma; hay redundancia de lo superior a lo inferior, y según esto, el deleite de la contemplación, que está en la parte superior, rebosa hasta mitigar también el dolor que está en los sentidos.

(1ª 2ae , q. XXXVIII, a. 4)

 

3º) La contemplación adormece el amor de las cosas temporales.

viernes, 22 de mayo de 2020

Parábola de El Amigo Inoportuno - Valivan Parábolas 4

Lucas 11, 5-13

Jesús agregó: «Supongamos que algunos de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: "Amigo, préstame tres panes,porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle", y desde adentro él le responde: "No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos". Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan».

miércoles, 20 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 39


Miércoles de la sexta semana de Pascua

POR QUÉ LAS ORACIONES
NO SON ESCUCHADAS ALGUNAS VECES


Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré (Jn 14, 13).

¿Qué es lo que dice el Señor: Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré, siendo así que vemos a muchos fieles pedir y no recibir? Según San Agustín, debe considerarse lo que aquí dice primero: en mi nombre, y lo que añade después; yo lo haré. El nombre de Cristo es nombre de salvación, como se dice en San Mateo: Le pondrás por nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados (1, 21). Luego el que pide alguna cosa que pertenece a la salvación, pide en nombre de Cristo. Mas acontece que uno pide cosas extrañas a su salvación, de dos maneras:

1º) Por mala disposición; por ejemplo, cuando pide algo a que tiene inclinación, lo cual impediría la salvación, si lo poseyera. Por lo tanto, quien así pide, no es escuchado, pues pide malamente, como dice Santiago: Pedís y no recibís; y esto es porque pedís mal (Stg 4, 3). Porque cuando alguno, por un afecto desordenado, va a usar mal de lo que quiere recibir, no lo recibe, por la misericordia del Señor, que no le escucha según su deseo, sino que obra para su bien, pues, el Señor de bondad niega muchas veces lo que pedimos, para concedernos lo que deberíamos preferir.

martes, 19 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 38


Martes de la sexta semana de Pascua

LA ORACIÓN DOMINICAL


Posee la oración dominical cinco excelencias que se requieren en la oración. Pues la oración debe ser confiada, recta, ordenada, devota y humilde.

Confiada, esto es, que lleguemos confiadamente oil trono de la gracia (Hebr 4, 16); que además no desfallezca en la fe, como dice la Escritura: Pídala con fe, sin dudar en nada (Stg 1, 6). Esta oración dominical es segurísima, pues fue compuesta por nuestro abogado, que es demandante  sapientísimo, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3). Por eso dice San Cipriano: "Teniendo a Cristo por abogado de nuestros pecados ante el Padre, empleemos las palabras de nuestro abogado, cuando pedimos por nuestros delitos" 1.

Más segura aparece, porque quien nos enseñó a orar, escucha la oración con el Padre, según aquello del Profeta: Clamará a mí, y yo le oiré (Sal 90, 15). Por eso dijo San Cipriano: "Es una oración amiga, familiar y devota la del que ruega al Señor con su oración. Por lo cual nunca nos retirarnos sin fruto de esta oración, pues por ella se perdonan las faltas veniales" 2.

lunes, 18 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 37


Lunes de la sexta semana de Pascua

BIENES DE LA ORACIÓN


Los bienes de la oración son tres.

I. Es un remedio útil y eficaz contra los males; pues libra de los pecados cometidos, como dice el Profeta: Tú perdonaste la impiedad de mi pecado. Por esta razón orará a ti todo santo en el tiempo oportuno (Sal 31, 5).

Así el ladrón oró en la cruz y obtuvo el perdón: hoy serás conmigo en el paraíso (Lc 23, 43). Así el publicano oró, y descendió justificado a su casa (Lc 18, 14).

Libra también del temor de los pecadores que asedian, de las perturbaciones y tristezas. ¿Hay alguno triste entre vosotros? Haga oración (Stg 5, 13).

domingo, 17 de mayo de 2020

Meditaciones del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 36


Sexto Domingo de Pascua

LA ORACIÓN


Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy, porque me has oído (Jn 11, 41).

Dos cosas indica el Evangelista: 1ª) El modo conveniente de orar, porque alzando los ojos a lo alto, esto es, elevó su inteligencia, llevándola al excelso Padre por la oración. Si nosotros queremos orar a ejemplo de Cristo, debernos elevar hasta él los ojos del alma, apartándolos de las cosas presentes, recuerdos, pensamientos y deseos.

También levantamos los ojos hacia Dios, cuando, desconfiando de nuestros méritos, esperamos en su sola misericordia, según aquello del Salmo 122, 1-2: Alcé mis ojos a ti, que habitas en los cielos... Como los ojos de la esclava en manos de su señora; así nuestros ojos al Señor Dios nuestro, hasta que tenga misericordia de nosotros. Y agrega Jeremías: Levantemos al Señor nuestros corazones con las manos hacia los cielos (Lam 3, 41).

domingo, 23 de febrero de 2020

Fragmentos de Verdad Católica (17) - ¿Cómo medita un cristiano? -Mons. Raffaello Martinelli


¿CÓMO MEDITA UN CRISTIANO?
 ¿Qué es la meditación para el cristiano? - ¿Sobre qué se funda la meditación cristiana? - ¿Qué dimensiones de la persona involucra la meditación? - ¿Qué importancia tiene el cuerpo en la meditación cristiana? - ¿Qué importancia tiene la técnica en la meditación cristiana? - ¿Qué ayudas puedo usar para meditar bien? - ¿Existen etapas en la vida de perfección? - ¿Cuáles son los métodos de meditación? - ¿Cómo practicar la Lectio Divina? - ¿Cuáles son los límites del método? - ¿Qué cosa son las gracias místicas? - ¿Cuánto dura la meditación cristiana? - ¿El cristiano para su meditación puede aprender de otras religiones?




¿Qué es la meditación para el cristiano?
- La meditación es:

· silencio, reverente escucha y obediente recepción de la Palabra de Dios, en vista a conformar según ella toda mi vida;

· ser y estar con Dios: “permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no está unido a la vid, así sucede con ustedes” (Jn 15,4);

· acercarse a aquel misterio de la unión con Dios, que los Padres Griegos llamaron divinización del hombre: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios” (San Atanasio) ;

· retornar a buscar la virtud y el amor de Dios, y no a encontrar saber en general o una particular disposición psicológica”. (San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, Filotea, II,V) ;

· pensar sobre alguna verdad de fe, para creer con mayor convicción, amarla como un valor concreto que me atrae, practicarla con la ayuda del Espíritu Santo. Se trata de un conocer amorosamente. Implica reflexionar, amar, y tener propósitos prácticos. Su valor está no en pensar mucho, sino en amar mucho” (CEI, Nº 996);

jueves, 4 de julio de 2019

Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación - Congregación para la Doctrina de la Fe


CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

INSTRUCCIÓN

SOBRE LAS ORACIONES
PARA OBTENER DE DIOS
LA CURACIÓN



INTRODUCCIÓN

El anhelo de felicidad, profundamente radicado en el corazón humano, ha sido acompañado desde siempre por el deseo de obtener la liberación de la enfermedad y de entender su sentido cuando se experimenta. Se trata de un fenómeno humano que, interesando de una manera u otra a toda persona, encuentra en la Iglesia una resonancia particular. En efecto, la enfermedad se entiende como medio de unión con Cristo y de purificación espiritual y, por parte de aquellos que se encuentran ante la persona enferma, como una ocasión para el ejercicio de la caridad. Pero no sólo eso, puesto que la enfermedad, como los demás sufrimientos humanos, constituye un momento privilegiado para la oración: sea para pedir la gracia de acoger la enfermedad con fe y aceptación de la voluntad divina, sea para suplicar la curación.

La oración que implora la recuperación de la salud es, por lo tanto, una experiencia presente en toda época de la Iglesia, y naturalmente lo es en el momento actual. Lo que constituye un fenómeno en cierto modo nuevo es la multiplicación de encuentros de oración, unidos a veces a celebraciones litúrgicas, cuya finalidad es obtener de Dios la curación, o mejor, las curaciones. En algunos casos, no del todo esporádicos, se proclaman curaciones realizadas, suscitándose así esperanzas de que el mismo fenómeno se repetirá en otros encuentros semejantes. En este contexto a veces se apela a un pretendido carisma de curación.

miércoles, 3 de julio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (16) - ¿Cómo orar? -Mons. Raffaello Martinelli


¿CÓMO ORAR?

¿Qué es la oración cristiana? - ¿Cómo se comporta Jesús en relación a la oración? - ¿Cuáles son la fuentes de las cuales el cristiano saca su oración? - ¿Por qué es importante utilizar los Salmos como oración? - ¿Cuáles son las principales formas de la oración cristiana? - ¿Qué relación hay entre Oración del cristiano y la Iglesia? - ¿Cuál es la unión de la Oración con la vida cotidiana? - ¿Cuándo orar? - ¿Qué decir acerca de las técnicas para orar bien? - ¿Cuáles son las principales objeciones a la oración?



¿Qué es la oración cristiana?
- La oración cristiana es:
· elevación del alma a Dios;
· don de Dios y acción del hombre;
· coloquio, relación de los hijos de Dios con su Padre, por medio del Hijo Jesús, en el Espíritu Santo: relación viviente de alianza, de comunión de amor;
· participación de todo el hombre, cualquiera sea el lenguaje (gestos o palabras) y el lugar de la oración;
· adhesión humilde y confiada a la voluntad de Dios Padre;
· necesidad vital: el cristiano, para su vida espiritual, tiene absoluta e incesante necesidad como tiene necesidad del aire y del agua para su vida biológica.
- La oración brota del Espíritu Santo: “Dios ha mandado a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que grita: Abbá, Padre” (Gal 4, 6). Es el mismo Espíritu, que ora en el cristiano y le enseña “qué sea conveniente pedir” (Rm 8, 26) en la oración.
- Exige de la persona que ora, un corazón humilde y arrepentido, rico de Fe, en el cual la persona se reconoce como creada a imagen de Dios, redimida por Cristo, santificada por el Espíritu Santo: “Todo es posible a quien cree” (Mt 9, 23).
- Dios primero llama incesantemente cada persona al misterioso encuentro de la oración.
- La oración por tanto tiene una doble dimensión:
· descendente: invitación al encuentro y al diálogo que el Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo, dirige al hombre;
· ascendente: respuesta del hombre al Padre, por medio de Cristo, en el Espíritu Santo.

¿Cómo se comporta Jesús en relación a la oración?

viernes, 26 de enero de 2018

Selección de textos de San Francisco de Sales sobre el Sagrado Corazón de Jesús y su amor para con nosotros (4) - Ascender hasta su Corazón, la oración

Las páginas más hermosas
de San Francisco de Sales
sobre el Sagrado Corazón de Jesús
Y su amor para con nosotros
(Selección de textos)

III - ASCENDER HASTA SU CORAZÓN

LA ORACIÓN


¡Pero Francisco de Sales asciende más!, después de habernos dado, como fundamento espiritual, las dos virtudes propias del Corazón de Jesús; después de habernos hecho contemplar el Manantial del que brotan estas virtudes, nos hace además aspirar a entrar en el propio Corazón de Cristo, para hacer allí nuestra morada, encontrar allí nuestro reposo/ sosiego.

El segundo motivo por el cual Nuestro Señor quiso que le abriesen el costado, se ve las palabras del Cantar de los cantares: “Ven, amada mía, ven a retirarte al hueco de la peña”, palabras por las cuales Él nos invita a ir hacia Él con toda confianza... ya que su divino Corazón está abierto para recibirnos allí con un amor y una benignidad sin igual.
Sermón

Escribe a la Madre de Chantal:

Meted, este querido corazón en el costado traspasado del Salvador, y unidlo a este Rey de los corazones, que está allí como en su trono real para recibir el homenaje y la obediencia de todos los demás corazones, y deja así su puerta abierta a fin de que cada uno lo pueda abordar y tener audiencia.
 Carta a la Santa Madre de Chantal, 1613

Leamos, para que nos anime a “entrar” en el Corazón del Señor, esta página tomada de uno de los sermones de Francisco de Sales.

“¿Dónde, en medio de mi debilidad, puedo yo” dice S. Bernardo, “encontrar la seguridad y el reposo si no es en las llagas de mi Salvador? Habito en ellas con una seguridad conforme a su poder. “No puedo nada por mí mismo, mas lo puedo todo en Aquel que me conforta.”

¡Ah! ¡puesto que encuentro tantos bienes en las llagas de mi Jesús, quiero seguir el consejo de San Buenaventura y tomo la resolución de hacer tres tiendas, no sobre el Tabor, pues Pedro no sabía lo que decía cuando hacía esta proposición a Jesús, sino en lo alto del Calvario donde el propio Señor nos ha preparado estas tres moradas en sus divinas llagas.

- La primera estará en las llagas hechas a los pies de mi Salvador. Besaré con un vivo agradecimiento estos pies atravesados por amor a mí; allí aprenderé a alejar mis pies de todos los caminos que conducen a las locas alegrías del mundo; allí comprenderé la dicha de caminar... siguiendo las huellas... de los pasos de Jesús.

- La segunda será las llagas de sus manos. Veré en ellas estas manos abiertas para recibirme, estos brazos extendidos para acogerme, sacaré de ello la fuerza y el poder que reside en estas manos adorables. “Es en estas manos donde se oculta la fuerza”, dice Habacuq.

lunes, 30 de octubre de 2017

No nos equivoquemos. La verdadera urgencia está ahí: encontrar el sentido de Dios - Card. Robert Sarah

Entrevista al Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

El Cardenal Robert Sarah concedió una entrevista a  Christophe Geffroy, director de La Nef   con motivo de la publicación de su nuevo libro con Nicolas Diat [1]. Libro magnífico, de notable altura espiritual, que nos hace entrar en el corazón del misterio de Dios: el silencio, necesario para todo encuentro con el Señor, en la vida interior y en la liturgia. Encuentro con un hombre habitado por Dios.



Este libro que usted propone a los lectores es una auténtica meditación espiritual sobre el silencio: ¿por qué se ha lanzado a una reflexión tan profunda que no se esperaría habitualmente de un Prefecto de la Congregación para el Culto divino, responsable de cuestiones muy concretas de la vida de la Iglesia?

«El primer lenguaje de Dios es el silencio». Comentando esta rica y bonita intuición de san Juan de la Cruz, Thomas Keating, en su obra Invitation to love escribe: «Todo lo demás es una pobre traducción. Para entender este lenguaje, debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios».
Es hora de encontrar el verdadero orden de las prioridades. Es hora de volver a poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, en el centro de nuestro obrar y de nuestras vidas, en el único lugar que debe ocupar. Así, nuestro camino cristiano podrá gravitar alrededor de esa Roca, estructurarse en la luz de la fe y alimentarse en la oración, que es un momento de encuentro silencioso e íntimo donde el hombre se ve cara a cara con Dios para adorarle y expresarle su amor filial.
No nos equivoquemos. La verdadera urgencia está ahí: encontrar el sentido de Dios. Donde el Padre no se deja acercar más que en el silencio. La Iglesia es la que más lo necesita hoy día: no una reforma administrativa, ni un programa pastoral más, ni un cambio estructural. El programa ya existe: es el de siempre, sacado del Evangelio y de la tradición viva. Está centrado en el mismo Cristo al que debemos conocer, amar, imitar, para vivir en Él y por Él, transformar nuestro mundo que se degrada porque los hombres viven como si Dios no existiese. Como sacerdote, como pastor, como Prefecto, como Cardenal, mi prioridad es decir que solo Dios puede colmar el corazón del hombre.
Creo que somos víctimas de la superficialidad, del egoísmo y del espíritu mundano que propaga la sociedad mediatizada. Nos perdemos en luchas de influencia, en conflictos de personas, en un activismo narcisista y vano. Nos hinchamos de orgullo, de pretensión, prisioneros de una voluntad de poder. Por títulos, cargos profesionales o eclesiásticos, aceptamos viles compromisos. Pero todo eso pasa como el humo. En mi nuevo libro, he querido invitar a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a entrar en el silencio; sin él, nos quedamos en mera ilusión. La única realidad que merece nuestra atención es Dios mismo, y Dios es silencioso. Y espera nuestro silencio para revelarse. Encontrar el sentido del silencio es, pues, una prioridad, una necesidad, una urgencia. El silencio es más importante que cualquier otra obra humana. Porque expresa a Dios. La verdadera revolución viene del silencio, que nos lleva a Dios y a los demás para ponernos humildemente a su servicio.

¿Por qué la noción de silencio es tan esencial para usted? ¿El silencio es necesario para encontrar a Dios? ¿Y en qué «es la más grande libertad del hombre» (n. 25)? En cuanto «libertad», ¿el silencio es una ascesis?

jueves, 26 de octubre de 2017

Ingravescentibus malis - Acerca del Santo Rosario de la Santísima Virgen - Pío XI

Carta Encíclica
Ingravescentibus malis
PÍO XI
Acerca del Santo Rosario de la Santísima Virgen
29 de septiembre de 1937

María y la historia de la Iglesia - Los peligros del mundo moderno - Erigir la confianza en Dios - Las plegarias a María. El Santo Rosario - El Rosario es eficaz remedio contra los males presentes - El Rosario en familia



1. Introducción
No solamente una vez hemos afirmado —como recientemente lo hemos hecho en la Carta Encíclica Divini Redemptoris—, que a los males cada vez más graves de nuestro tiempo no se puede dar otro remedio que el del retorno a Nuestro Señor Jesucristo y a sus santísimos preceptos. Sólo Él tiene palabras de vida eterna (Juan 6, 69. ); y ni los individuos ni la sociedad pueden hacer cosa alguna que pronto y miserablemente no decaiga, si dejan aparte la majestad de Dios y repudian su ley.
Mas quien estudie con diligencia los anales de la Iglesia Católica, fácilmente verá unido a todos los fastos del nombre cristiano el poderoso patrocinio de la Virgen Madre de Dios.

2. María y la historia de la Iglesia
Y en efecto, cuando los errores difundiéndose por doquiera se obstinaban en dilacerar la túnica inconsútil de la Iglesia y en perturbar el orbe católico, nuestros padres con ánimo confiado se dirigieron a aquélla que sola ha destruido todas las herejías del mundo (1), y la victoria alcanzada por medio de Ella trajo tiempos más serenos.
Y cuando el impío poder mahometano, confiando en poderosas flotas y en ejércitos aguerridos, amenazaba con la ruina y la esclavitud a los pueblos de Europa, entonces por insinuación del Sumo Pontífice se imploró fervorosamente la protección de la Madre Celestial, y los enemigos fueron derrotados y sus navíos sumergidos.
Y como en las calamidades públicas así también en sus necesidades privadas, los fieles de todas las épocas se dirigieron suplicantemente a María, para que ella, tan benigna, acudiese en su socorro, impetrando alivio y remedio para los dolores del cuerpo y del alma. Y nunca fue esperada en vano su poderosa ayuda por los que la imploraron con piadosa y confiada plegaria.

3. Los peligros del mundo moderno

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