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martes, 11 de junio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (6) - Ecumenismo, Relación entre la Iglesia Católica con las Iglesia Ortodoxas y otras comunidades cristianas-Mons. Raffaello Martinelli


ECUMENISMO: ¿QUÉ RELACIÓN TIENE LA IGLESIA CATÓLICA CON LAS IGLESIAS ORTODOXAS Y LAS COMUNIDADES CRISTIANAS NO-CATÓLICAS?


¿Qué es el Ecumenismo?
- Es el movimiento que tiende a la unidad de los cristianos y que comprende "las actividades e iniciativas que, según las variadas necesidades de la Iglesia y las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos" (UR 4).
- La búsqueda de la unidad de los cristianos es una tarea cada vez más urgente de la Iglesia católica. El Santo Padre Benedicto XVI ha subrayado muchas veces "la irreversibilidad de la elección ecuménica". En esta tarea, el criterio prioritario es la unidad de la fe.
- El dialogo ecuménico está basado sobre el derecho-deber de expresar cada uno, con serenidad y objetividad, la propia identidad, evidenciando lo que se es, lo que une y lo que divide. Exponer con claridad las propias posiciones no limita el dialogo ecuménico sino que lo favorece.

¿Por qué existe el ecumenismo?
Porque existen, entre los cristianos, divisiones que son contrarias a la voluntad de Cristo, el cual ha orado «para que todos sean uno»(Jn17,21), y así llegar a la unidad de todos los cristianos en "un solo rebaño y un solo pastor"(Jn 10,16), a fin que "el pueblo de Dios llegue gozoso a la entera plenitud de la gloria eterna en la Jerusalén celestial" (UR 3).

¿Qué tipos de males causan las divisiones entre los cristianos?

martes, 5 de junio de 2018

Carta del Card. Ladaria al Card. Marx sobre la comunión eucarística a los protestantes



Ciudad del Vaticano
Palacio del Santo Oficio
25 de mayo de 2018
A Su Eminencia Reverendísima
Señor Cardenal Reinhard Marx
Arzobispo de Múnich y Freising
Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana
Kardinal-Faulhaber Str. 7
D-80333 München
República Federal de Alemania
¡Eminencia, llustrísimo señor presidente!

Al término de nuestra fraterna conversación del 3 de mayo del 2018, sobre el documento “Mit Christus gehen…” [“Caminar con Cristo. Sobre el camino de la unidad. Matrimonios interconfesionales y participación común en la Eucaristía. Un subsidio pastoral de la Conferencia Episcopal Alemana”] hemos establecido juntos que yo informaría al Santo Padre respecto al encuentro.

Ya en la audiencia del 11 de mayo de 2018 hablé con el papa Francisco sobre nuestro encuentro y le entregué una síntesis de lo conversado. El 24 de mayo de 2018 discutí nuevamente la cuestión con el Santo Padre. Inmediatamente después de estos encuentros me gustaría darle a conocer los siguientes puntos, con el explícito consenso del Papa.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La Dominus Iesus y las religiones - Card. Angelo Amato S.D.B.

La «Dominus Iesus» y las Religiones
Card. Angelo Amato S.D.B.
  
Artículo aparecido originalmente
en la edición italiana de “L’Osservatore Romano” 
en el año 2008.
  
Introducción del año Académico 2007-2008 
del Instituto Teológico de Asís
cuyo título fue “La Dominus Iesus y las Religiones”.
Pronunciada el 23 de Noviembre del 2007 por el entonces
Monseñor Angelo Amato S.D.B.
Arzobispo Secretario de la 
Congregación para la Doctrina de la Fe
hoy Cardenal y Prefecto de la Congregación 
para las Causas de los Santos


  
Introducción

En 1990 el Siervo de Dios Juan Pablo II, en su Encíclica misionera «Redemptoris missio», afirmaba que la misión de Cristo redentor confiada a la Iglesia estaba bastante lejos de su realización y que, más bien, se encontraba todavía en sus inicios.
     
Asimismo, recordando las palabras de San Pablo —«Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Corintios 9, 16)— había destacado que, en sus numerosos viajes hasta los extremos confines de la tierra, el contacto directo con los pueblos que ignoran a Cristo lo habían siempre convencido de la urgencia de la misión, que pertenece a la identidad profunda de la Iglesia, fundada dinámicamente en la misma misión trinitaria. Finalmente, considerando que la fe se fortalece donándola, consideraba la misión como el primer servicio que la Iglesia podía ofrecer a cada hombre y a la humanidad toda, desde el momento en que el anuncio de la redención obrada por Cristo mediante la cruz había dado de nuevo al hombre la dignidad y el verdadero sentido de su existencia en el mundo.
     
      
La «missio ad gentes»
     
Sin embargo, el Pontífice no podía ocultar «una tendencia negativa», a saber, que la misión específica «ad gentes» parecía en fase de disminución: «Dificultades internas y externas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo» («Redemptoris missio», 2).
     
Para hacer frente a esta preocupación, él proponía de nuevo en los primeros capítulos de la encíclica tres sólidos pilares doctrinales: 

1. el anuncio de Jesucristo como único salvador de toda la humanidad, y de su Iglesia como signo e instrumento de salvación; 

2. el cumplimiento y la realización del Reino de Dios en Cristo resucitado; 

3. la presencia del Espíritu de Jesucristo como protagonista de la misión.

viernes, 17 de noviembre de 2017

La verdad molesta siempre y jamás es cómoda - Card. Joseph Ratzinger

Sobre las principales objeciones
que han surgido contra la Declaración 
Dominus Iesus

La pluralidad de las confesiones
no relativiza las exigencias de la verdad

El cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha mantenido en el año 2000 esta larga entrevista con Christian Geyer, del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, titulada Me parece absurdo lo que quieren ahora nuestros amigos luteranos. El cardenal fue invitado por el periódico a responder a las principales objeciones que han sido hechas a la citada



La más reciente Declaración de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe ha desencadenado una controversia mundial. En el centro de la discusión sobre el Documento «Dominus Iesus» no están menudencias de política eclesial, sino cuestiones sustanciales de la fe cristiana: su pretensión de verdad y la relación entre las Iglesias que se remiten a ella. En Alemania causó agitación especialmente la afirmación de que la Iglesia evangélica (n. del t.: quiere decir las Iglesias nacidas de la Reforma) no es Iglesia en sentido propio. El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, bajo cuya dirección se ha redactado la polémica Declaración, explica detalladamente en este periódico las discrepancias con sus críticos. A la parte evangélica dice que lleva la actual polémica «de modo sencillamente erróneo». Pues reivindicar el concepto de Iglesia del mismo modo para todas las comunidades eclesiales existentes iría ya contra su propia autocomprensión: «De modo que no ofendemos a nadie al decir que las Iglesias evangélicas reales no son Iglesia en el mismo sentido que lo quiere ser la Iglesia Católica; ellos mismos no quieren serlo en absoluto». También a propósito del diálogo interreligioso pone el cardenal un acento provocador, sugiriendo la conversión al cristianismo: la pretensión de la verdad no se relativiza por la pluralidad de las confesiones.

Señor cardenal, ¿dirige usted un departamento en el que existen tendencias a la ideologización y a la infiltración fundamentalista de la fe? Esta crítica está contenida en una comunicación difundida recientemente por la sección alemana de la Sociedad Europea para la Teología Católica.
Debo confesar que declaraciones como ésa a la que usted alude me aburren cada vez más. Conozco de memoria desde hace mucho tiempo ese vocabulario, en el cual nunca faltan los conceptos de fundamentalismo, centralismo romano y absolutismo, vuelta atrás con respecto al Vaticano II. No necesito esperar a las Noticias, yo mismo podría formular tales declaraciones al instante, porque se repiten una y otra vez, independientemente del argumento de que se trate. Me pregunto por qué no se les ocurre realmente a estos señores ya nada nuevo.

¿Piensa usted que las críticas ya son falsas, sólo porque se repiten tan a menudo?
No, sino porque en lo estereotipado de esta crítica echo en falta un análisis diferenciado de los asuntos. Algunos plantean críticas con tanta facilidad porque probablemente consideran todo lo que llega de Roma, inmediatamente, desde un punto de vista político, en la perspectiva del reparto del poder, en lugar de hablar seriamente de los contenidos.

Desde luego, los contenidos son bastante explosivos. ¿Se sorprende verdaderamente de que encuentre tanta oposición un Documento en el que se monopoliza la pretensión de verdad del cristianismo, y en el que a los anglicanos y a los protestantes no les es reconocido el status de Iglesia?

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Declaración Dominus Iesus - Congregación para la doctrina de la Fe

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
DECLARACIÓN
DOMINUS IESUS

SOBRE LA UNICIDAD Y LA UNIVERSALIDAD SALVÍFICA
DE JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA



I. PLENITUD Y DEFINITIVIDAD DE LA REVELACIÓN DE JESUCRISTO - II. EL LOGOS ENCARNADO Y EL ESPÍRITU SANTO EN LA OBRA DE LA SALVACIÓN - III. UNICIDAD Y UNIVERSALIDAD DEL MISTERIO SALVÍFICO DE JESUCRISTO - IV. UNICIDAD Y UNIDAD DE LA IGLESIA - V. IGLESIA, REINO DE DIOS Y REINO DE CRISTO - VI. LA IGLESIA Y LAS RELIGIONES EN RELACIÓN CON LA SALVACIÓN

INTRODUCCIÓN

1. El Señor Jesús, antes de ascender al cielo, confió a sus discípulos el mandato de anunciar el Evangelio al mundo entero y de bautizar a todas las naciones: « Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado » (Mc 16,15-16); « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28,18-20; cf. también Lc 24,46-48; Jn 17,18; 20,21; Hch 1,8).
La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana: « Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra [...]. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro ».1

lunes, 23 de enero de 2017

La intolerancia doctrinal - Cardenal Pie

LA INTOLERANCIA DOCTRINAL

(Sermón predicado por el Cardenal Pie en la Catedral de Chartres, publicado en “Obras Sacerdotales del Cardenal Pie”, editorial religiosa H. Oudin, 1901, Tomo I pág. 356-377)
“Unus Dominus, una fides, unum baptista” "No hay más que un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (San Pablo a los Efesios, IV, 5)
 Un sabio ha dicho que las acciones del hombre son las hijas de su pensamiento, y nosotros mismos hemos comprobado que tanto los bienes como los males de una sociedad son fruto de los principios buenos o malos que ella profesa. La verdad en el espíritu y la virtud en el corazón son dos cosas que se corresponden casi puntualmente: cuando el espíritu se ha entregado al demonio de la mentira, el corazón — no obstante que el desorden no haya comenzado por él — está muy cerca de abandonarse al demonio del vicio. La inteligencia y la voluntad son dos hermanas, entre las cuales la seducción es contagiosa: si ven que la primera se ha abandonado al error, corren un velo sobre la honra de la segunda.
Y porque esto es así, mis hermanos, porque no existe ningún daño, ninguna lesión en el orden intelectual que no tenga consecuencias funestas en el orden moral y aún en el orden material, es que concedemos importancia a combatir el mal en su origen, a secarlo en su fuente, esto es, en sus ideas. Mil prejuicios se han popularizado entre nosotros: el sofisma, asombrado de sentirse atacar, invoca la prescripción; la paradoja se vanagloria de haber adquirido carta de nacionalidad y derechos de ciudadanía. Los mismos cristianos, viviendo en medio de esta atmósfera impura, no han evitado totalmente su contagio: aceptan demasiado fácilmente muchos de los errores.
Fatigados de resistir en los puntos esenciales, a menudo cansados de luchar, ceden en otros puntos que les parecen menos importantes, y no advierten nunca — a veces porque no quieren percatarse — hasta dónde podrán ser llevados por su imprudente debilidad. Entre esta confusión de ideas y de falsas opiniones nos toca a nosotros, sacerdotes de la incorruptible verdad, salir al paso y censurar con la acción y la palabra, satisfechos si la rígida inflexibilidad de nuestra enseñanza puede detener el desborde de la mentira, destronar principios erróneos que reinan orgullosamente en las inteligencias, corregir axiomas funestos admitidos ya por la convalidación del tiempo, esclarecer finalmente y purificar una sociedad que amenaza hundirse, que envejece en un caos de tinieblas y de desórdenes, donde no será ya posible distinguir la índole y, menos aún, el remedio de sus males.
 Nuestra época grita: “¡Tolerancia! ¡Tolerancia!" Se admite que un sacerdote debe ser tolerante, que la religión debe ser tolerante. Mis hermanos: en primer lugar, nada iguala a la franqueza, y yo vengo a decirles sin rodeos que no existe en el mundo más que una sola sociedad que posee la verdad, y que esta sociedad debe ser necesariamente intolerante. Pero antes de entrar en materia, y para entendernos bien, distingamos las cosas, determinemos el sentido de las palabras y no confundamos nada.

domingo, 25 de mayo de 2014

Declaración conjunta del Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé I

ENCUENTRO PRIVADO CON
EL PATRIARCA ECUMÉNICO
DE CONSTANTINOPLA
Firma de una declaración conjunta
Delegación Apostólica en Jerusalén
Domingo 25 de mayo de 2014
 
1. Como nuestros venerables predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, que se encontraron aquí en Jerusalén hace cincuenta años, también nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, hemos querido reunirnos en Tierra Santa, “donde nuestro común Redentor, Cristo nuestro Señor, vivió, enseñó, murió, resucitó y ascendió a los cielos, desde donde envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente” (Comunicado común del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, publicado tras su encuentro del 6 de enero de 1964). Nuestra reunión –un nuevo encuentro de los Obispos de las Iglesias de Roma y Constantinopla, fundadas a su vez por dos hermanos, los Apóstoles Pedro y Andrés– es fuente de profunda alegría espiritual para nosotros. Representa una ocasión providencial para reflexionar sobre la profundidad y la autenticidad de nuestros vínculos, fruto de un camino lleno de gracia por el que el Señor nos ha llevado desde aquel día bendito de hace cincuenta años.
2. Nuestro encuentro fraterno de hoy es un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que sólo el Espíritu Santo puede conducirnos, la de la comunión dentro de la legítima diversidad. Recordamos con profunda gratitud los pasos que el Señor nos ha permitido avanzar. El abrazo que se dieron el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras aquí en Jerusalén, después de muchos siglos de silencio, preparó el camino para un gesto de enorme importancia: remover de la memoria y de la mente de las Iglesias las sentencias de mutua excomunión de 1054. Este gesto dio paso a un intercambio de visitas entre las respectivas Sedes de Roma y Constantinopla, a una correspondencia continua y, más tarde, a la decisión tomada por el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Dimitrios, de feliz memoria, de iniciar un diálogo teológico sobre la verdad entre Católicos y Ortodoxos. A lo largo de estos años, Dios, fuente de toda paz y amor, nos ha enseñado a considerarnos miembros de la misma familia cristiana, bajo un solo Señor y Salvador, Jesucristo, y a amarnos mutuamente, de modo que podamos confesar nuestra fe en el mismo Evangelio de Cristo, tal como lo recibimos de los Apóstoles y fue expresado y transmitido hasta nosotros por los Concilios Ecuménicos y los Padres de la Iglesia. Aun siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado la meta de la plena comunión, confirmamos hoy nuestro compromiso de avanzar juntos hacia aquella unidad por la que Cristo nuestro Señor oró al Padre para que “todos sean uno” (Jn 17,21).

martes, 20 de mayo de 2014

Hermanos pero separados - Card. Joseph Ratzinger

HERMANOS PERO SEPARADOS
 
¿Un cristianismo más "moderno"? - Hay quien dice... - Un largo camino - «Pero la Biblia es católica» - Iglesias en la tempestad


¿Un cristianismo más "moderno"?


          Pasamos ahora al tema del ecumenismo, a las relaciones entre las diversas confesiones cristianas.  Como ciudadano de un país multiconfesional como Alemania, Joseph Ratzinger escribió importantes contribuciones sobre este tema.  Ahora, en su nueva misión, no tiene menos presente el problema ecuménico.

Dice: «El empeño ecuménico, en este período de la historia de la Iglesia, es parte integrante del desarrollo de la fe».  Y de nuevo, en este tema —y tanto más cuanto más importantes son los asuntos—, se advierte en él una necesidad de precisión.  Ya en otra ocasión observaba: «Cuando se corre por un camino equivocado, se aleja uno de la meta».  En cuanto está de su parte, vigila, ejerce su "función crítica", convencido de que, al igual que en cualquier otro asunto, «también en el ecumenismo los equívocos, las impaciencias, la superficialidad, nos alejan de la meta en vez de acercarnos a ella».  Se muestra convencido de que «las definiciones claras de la propia fe sirven a todos, incluso al interlocutor», y de que «el diálogo puede profundizar y purificar la fe católica, pero no puede cambiarla».

Empiezo con una "provocación": Eminencia, hay quien dice que se está dando un proceso de "protestantización" del catolicismo.

La respuesta, como siempre, apunta al núcleo de la cuestión sin agazaparse en distinciones evasivas: «Depende de cómo se defina el "protestantismo". Quien hable hoy de la "protestantización" de la Iglesia católica, se referirá sin duda, en términos generales, a un cambio de eclesiología, a una concepción diferente de las relaciones entre la Iglesia y el Evangelio. Existe, de hecho, el peligro de semejante cambio: no es un mero espantapájaros montado por algunos círculos integristas».

Pero, ¿por qué precisamente el protestantismo —cuya crisis no es ciertamente menor que la del catolicismo— debería atraer hoy a teólogos y laicos que hasta el Concilio permanecían fieles a la Iglesia de Roma?

«Desde luego, no es fácil explicarlo.  Me viene a las mientes la siguiente consideración.  El protestantismo surgió en los comienzos de la Edad Moderna y, por lo mismo, está más ligado que el catolicismo a las fuerzas profundas que produjeron la era moderna.  Su configuración actual se debe en gran medida al contacto con las grandes corrientes filosóficas del siglo XIX.  Su suerte y su peligro están en su apertura a la mentalidad contemporánea. No es extraño que teólogos católicos, que no saben qué hacer con la teología tradicional, lleguen a opinar que hay en el protestantismo caminos adecuados y abiertos de antemano para una fusión de fe y modernidad».

¿Qué principios entrarían en juego en esa opinión?

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