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lunes, 22 de mayo de 2023

Carta a los Jóvenes Card. Norberto Rivera Carrera (5) Preguntas con respuestas

 

PREGUNTAS CON RESPUESTAS



·        Aunque lo evite, continuamente el hombre se encuentra con el problema de sus orígenes y el angustioso enigma de la muerte.

·        Toda la vida del hombre, desde el inicio de su presencia sobre la tierra, ha sido un preguntarse constantemente sobre todas las cosas, desde las que lo rodean en la naturaleza hasta las más profundas que tocan sustancialmente su existencia.

 

Muchos de sus discípulos, al oírle dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escurarlo?» Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: « ¿Esto os escandaliza? ¿Cuándo veáis al hijo del hombre subir adonde estaba antes?...Es espíritu es el que da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían y quien era el que lo iba a entregar. Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mi si no se lo concede el Padre». Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús dijo entonces a los Doce: « ¿También vosotros queréis marcharos?» Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿A dónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». (JUAN 6, 60-69)

 

QUERIDO JOVEN:

En una ocasión, cuando estudiaba en Europa, viaje en tren desde Roma hasta una pequeña ciudad del norte de Italia. En un tramo del viaje se acercó a mí un señor inglés que me preguntó dónde estábamos. Le contesté con un mapa delante y entablamos conversación. Le pregunté dónde había tomado el tren y me respondió que no sabía. Le interrogué también sobre su destino y su respuesta fue la misma: no sabía. Me explicó que a él lo que le gustaba era disfrutar del viaje en tren, que en lugar de comprar un boleto hacia un destino concreto, adquiría vales por un número determinado de kilómetros y que le daba igual subir o bajar del tren en un sitio u otro. Para él, su felicidad estaba en gozar del viajar en tren. Creo que al hombre de hoy le pasa un poco lo mismo con su vida; no se pregunta de dónde viene o a dónde va, simplemente le gusta disfrutar del viaje de la vida y de todas las satisfacciones que le ofrece. ¿En qué estación abordó? ¿Dónde se va a bajar? ¿Qué le espera después del viaje? No le importa. Y, sin embargo, es un hecho que este viaje no dura para siempre, que tuvo un inicio y tendrá un fin tarde o temprano, lo queramos o no. Muchas preguntas quedan entonces sin respuesta.

Aunque lo evite, continuamente el hombre se encuentra con el problema de sus orígenes y el angustioso enigma de la muerte. Igual que evita las preguntas, hay algunas respuestas que solo buscan eludir los problemas, dejar la solución para después: algo muy típico del hombre que ante las dificultades que percibe como insuperables, simplemente las deja de lado esperando que el tiempo por sí solo las resuelva. En este campo, por ejemplo, encontramos la poco convincente teoría de la reencarnación que simplemente pospone el problema ofreciendo la falsa solución de una prorroga sin gol de oro y en la que, además, no quedan muy claras la individualidad e irrepetibilidad de cada persona; cada ser humano es único. En este fin de siglo, han aparecido muchas sectas religiosas que se han convertido en vendedores de esperanzas, muchas veces vanas. Algunos simplemente buscan hacerte más placentero el viaje en el tren de la vida, otros pretenden prolongarlo indefinidamente presentándote paraísos que simplemente recrean las comodidades y consuelos con los que vivimos aquí. Son muy pocos los que responden a todas las preguntas que llevas en la mente: « ¿De dónde vengo?», « ¿adónde voy?», « ¿Por qué el dolor?», « ¿Por qué la muerte?», « ¿Qué sentido tiene sufrir?», « ¿Cuánto vale la vida del hombre?», etcétera. Son preguntas que en muchas de estas nuevas sectas quedan sin respuesta, pero eso parece no preocuparle al hombre de hoy que, como te decía más arriba, solo se contenta con un agradable viaje en tren. Pero no basta con esto para afrontar los graves problemas que representa la vida humana. El hombre no es sólo un cuerpo que muere, también un alma creada por Dios que permanece después de la muerte. Esta alma es la base de la inteligencia humana, de la libertad, de la responsabilidad que tiene el hombre sobre sus actos, y todo esto nos diferencia de los demás animales que pueblan nuestro planeta. Esta alma es el origen de todas las preguntas y es la que descubre en la revelación de Cristo las respuestas.

miércoles, 15 de marzo de 2023

Quince minutos en compañía de Jesús Sacramentado

 

Quince minutos en compañía 

de Jesús Sacramentado

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

 

¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera?
Dime su nombre, bien sea el de tus padres o hijos, bien el de tus hermanos y amigos; dime enseguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas.

 

Háblame así, con sencillez, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?


Y para ti, ¿necesitas alguna gracia?

Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes soberbia, amor a la sensualidad, envidia; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente, perezoso...o tal vez juzgas muy fácilmente a los demás o hablas sin caridad de ellos; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales males.

 

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡En el cielo hay tantos justos, tantos Santos de primer orden, que en su momento tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad; y poco a poco se vieron libres de ellos. Menos aún vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, amor, amistades que te sean provechosas, paciencia, alegría, éxito en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy libremente, y deseo que me lo pidas, siempre y cuando no se oponga, antes bien favorezca y ayude a tu santificación.

 

Hoy por hoy, ¿qué necesitas?

lunes, 6 de junio de 2022

Carta a los Jóvenes Card. Norberto Rivera Carrera (4) La realidad del pecado

 

LA REALIDAD DEL PECADO

 

·        El pecado no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de felicidad.

·        Esta es la verdadera dimensión del pecado: preferimos el amor a nosotros mismos por encima del amor a Dios, construimos nuestro proyecto de vida al margen del proyecto de Dios.

 

Tenme piedad. Oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame. Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar esta ante mí, contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Porque aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas. Mira que en culpa yo nací, pecador me concibió mi madre. Mas tu amas la verdad en lo intimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría. Rocíame con el hisopo, y seré limpio, láveme, y quedare más blanco que la nieve. Devéleme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos que machacaste tú. Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro; un espíritu firme dentro de mí renueva. (SALMO 50, 3-12)

 

QUERIDO JOVEN: Seguramente, cuando ves las noticias en la televisión te preguntas muchas veces que pasa, porque hay tanto mal en este mundo, porque hay tanta gente que hace sufrir a los demás, que mata, que fabrica armas destructivas, que no respeta la dignidad de la mujer y la usa como simple objeto de placer, que no respeta el misterio de la infancia, que abusa de su poder. La respuesta a esos porqués la encontramos en un problema de fondo: la crueldad del hombre contra el hombre es consecuencia de una ruptura del hombre con dios. El pecado no es un problema más de la humanidad, sino «el problema», el verdadero problema de fondo que altera el plan de Dios para el hombre, proyecto de felicidad. Y la raíz de ese pecado es la rebelión del hombre ante Dios. «Exclusión de Dios, ruptura con dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es, bajo formas diversas, el pecado que puede llegar hasta la negación de dios y de su existencia; es el fenómeno llamado ateísmo. Desobediencia del hombre que no reconoce, mediante un acto de su libertad, el dominio de dios sobre la vida, al menos en aquel determinado momento en que viola su ley» (Reconciliatorio et poenitentia, n. 15)

jueves, 9 de septiembre de 2021

Homilía Cardenal Villalba Misa Beatificación de Fray Mamerto Esquiú


Ceremonia de Beatificación de Mamerto Esquiú

 

Homilía proclamada por el enviado papal,

Cardenal Luis Héctor Villalba

En la Misa celebrada el 4 de septiembre de 2021

en la localidad de Piedra Blanca, Provincia de Catamarca.

 

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11- 16- Sal. 22, 1-3.4.5.6- 1 Cor. 9, 16- 19.22-23- Lc. 22, 24-30

 

Queridos hermanos y hermanas:

Los saludo a todos con afecto, en particular al Pastor de esta Diócesis Mons. Luis Urbanc, a Mons. Carlos Ñañez, Arzobispo de Córdoba, al Nuncio Apostólico Mons. Miroslaw Adamczyk, a todos mis hermanos en el Episcopado, así como el Padre Provincial de la Orden Franciscana de Hermanos Menores. Mi afectuoso saludo, también, a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, consagradas, a las autoridades presentes y a todo el Pueblo de Dios.

 

Doy gracias al Señor, porque en nombre del Santo Padre Francisco, cuyo saludo afectuoso y cuya bendición les traigo, tengo la alegría de presidir esta celebración eucarística y proclamar beato a Mamerto Esquiú.

 

1. ¡Alegrémonos en el Señor!

 Hoy es un día de fiesta

Hoy es un día de gozo.

 

Grande es la alegría en el Cielo y en la tierra por la beatificación de Mamerto Esquiú.

 

 Alegría para la orden de los franciscanos, a la que pertenecía Esquiú, alegría para la Iglesia de Catamarca, en donde nació, vivió y murió, alegría para la Iglesia de Córdoba, de la que fue Obispo durante dos años, alegría para la Iglesia de Argentina, alegría para la Iglesia Católica entera que celebra en Esquiú una nueva esperanza.

 

El gozo proviene del hecho de que un miembro de la Iglesia, un hombre de nuestra patria, un hermano nuestro, es reconocido beato, honrado e invocado como tal.

 

Mamerto Esquiú Beato, ¿qué significa? Significa que la Iglesia reconoce en él una figura excepcional, un hombre en el que se dieron cita la gracia de Dios y el alma de Esquiú para alumbrar una vida estupenda hasta alcanzar esa grandeza moral y espiritual que llamamos santidad.

 

Beato quiere decir salvado y glorioso. Quiere decir ciudadano del cielo.

viernes, 2 de octubre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 184

 

Viernes de la 26ª semana

LA IMPRUDENCIA

 

Hay tesoro apetecible, y aceite en la morada del justo; mas el hombre imprudente lo disipará (Prov 21, 20).

 

I. El tesoro espiritual de la gracia no se quita sino por el pecado, mas se quita por la imprudencia; luego la imprudencia es pecado.

 

Se llama imprudencia que comete alguno cuando carece de la prudencia que naturalmente debe tener, y según esto la imprudencia es pecado por razón de la negligencia, por la que uno no pone empeño en adquirir la prudencia. También se dice que hay imprudencia cuando la razón se mueve u obra de un modo contrario a la prudencia; por consiguiente si esto tiene lugar por el apartamiento de las reglas divinas, es pecado mortal; por ejemplo, si alguno, como despreciando y rechazando las advertencias divinas, obra precipitadamente; pero, si obra fuera de ellas sin desprecio ni detrimento de lo necesario para la salvación, entonces es pecado venial.

 

II. La imprudencia es un pecado general por participación; porque así como la prudencia es participada en cierto modo por todas las virtudes, en cuanto es directiva de ellas, así también la imprudencia lo es por todos los vicios y pecados; porque ningún pecado puede tener lugar si no existe defecto en algún acto de la razón directiva, lo cual pertenece a la imprudencia.

 

También es un pecado general la imprudencia si contiene bajo sí diversas especies, y esto de tres modos:

domingo, 6 de septiembre de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 158

 

Domingo de la 23ª semana

EFECTOS DE LA CONTEMPLACIÓN

 

Me introdujo el rey en sus cámaras (Cant 1, 3).

 

1º) Me introdujo el rey en sus cámaras, esto es, en su dulzura, dándome su gracia. Llama a la gracia cámaras, en plural, porque de ella fluyen y se derivan cada una de las virtudes espirituales que perfeccionan las diversas potencias; y según las variadas virtudes de las diversas potencias, nos alegramos y regocijarnos diversamente en el Señor, y perfeccionados con estas virtudes derivadas de la gracia, bebemos en cierto modo los vinos de la alegría espiritual de las diversas cámaras.

(In Cant., I)

 

2°) La contemplación mitiga las tristezas.

 

En la contemplación de la verdad reside la mayor delectación; y, como toda delectación mitiga el dolor, la contemplación mitiga la tristeza o el dolor; y tanto más, cuanto más perfecto amador de la sabiduría sea uno.

 

Por lo tanto, los hombres, por la contemplación de las cosas divinas y de la futura bienaventuranza, se regocijan en las tribulaciones, según aquello de Santiago: Hermanos míos, tened por sumo gozo, cuando fuereis envueltos en diversas tribulaciones (Stgo. 1, 2). Y lo que es más, aun en medio de los suplicios corporales se halla también este gozó, como lo manifestó el mártir Tiburcio, cuando con los pies desnudos sobre brasas encendidas dijo: “Paréceme que ando sobre flores de rosas en nombre de Jesucristo.”

 

Esto ocurre porque en las potencias del alma; hay redundancia de lo superior a lo inferior, y según esto, el deleite de la contemplación, que está en la parte superior, rebosa hasta mitigar también el dolor que está en los sentidos.

(1ª 2ae , q. XXXVIII, a. 4)

 

3º) La contemplación adormece el amor de las cosas temporales.

martes, 1 de septiembre de 2020

Espiritualidad Bíblica 18 - Da gloria a Dios - Mons. Dr. Juan Straubinger

 

ESPIRITUALIDAD BÍBLICA

2. HACIA EL PADRE

2.5. “DA GLORIA A DIOS”

(Juan IX, 24)

 

I

He aquí un ejemplo de claro pecado contra el Espíritu Santo, un detalle asombroso de la apostasía de los directores espirituales de todo un pueblo. El Evangelio nos lo presenta con la elocuencia divina de su sobriedad única sin parangón en escrito alguno de los hombres.

Lo leemos en el capítulo IX de S. Juan, que está dedicado todo entero a la curación del ciego de nacimiento. Tiene más juego de pasiones, más psicología intima, que mil dramas, pero es psicología espiritual, que hay que desentrañar con amor. El que no tiene su corazón puesto en los sucesos de una narración, la escucha fríamente aunque ella se refiera a una acción de guerra con millares de muertos. En esto, el Evangelio está hecho para poner a prueba la profundidad del amor, que se mide por la profundidad de la atención prestada al relato: porque no hay en él una sola gota de sentimentalismo que ayude a nuestra emoción con elementos de elocuencia no espiritual. Por ejemplo, cuando llegan los Evangelistas a la escena de la Crucifixión de Jesús, no solamente no la describen, ni ponderan aquellos detalles inenarrables, que María presenció uno por uno; ni siquiera la presentan, sino que saltan por encima, dejando la referencia marginal indispensable para la afirmación del hecho. Dos de ellas dicen simplemente: Y llegaron al Calvario donde lo crucificaron (Luc. XXIII, 55; Juan XIX, 18). Los otros dicen menos aún: Y habiéndolo crucificado, dividieron sus vestidos (Mat. XXVII, 35; Marc. XV, 24). ¡Y cuidado con pensar que hubo indiferencia en el narrador! Porque no sólo eran apóstoles o discípulos que dieron todos la vida por Cristo, sino que es el mismo Espíritu Santo quien por ellos habla.

Pues bien, en la curación de este ciego los fariseos han puesto en juego primero, “honradamente”, todo cuanto era posible para persuadirse de que no hay tal milagro. Cuidadosa indagación ante el público, interrogatorio especial a los padres del ciego, y por fin a éste mismo, el cual afirma el hecho con una insistencia tan terminante, que desconcierta la insistencia con que ellos, los fariseos, deseaban poder negarlo. Queda así establecida la clase de rectitud de los fariseos: Ellos no deseaban pecar, ni querían mentir gratuitamente: tenían un solo inocente deseo: que Jesús no fuera el Mesías. Si se les hubiera concedido esto, no se habrían empeñado en hacer daño a Jesús ni al pobre ciego. Pero admitir la posibilidad de que aquel advenedizo carpintero viniese a despojarlos de su situación y a burlarse de su teología formulista: ¡eso, jamás! esto era para ellos su propia gloria, es decir, su interés supremo, el único dogma que no podía admitir ni sombra de prueba en contrario.

 

II

Vemos aquí el estrago que produce en un alma la pasión que domina. Ellos empezaron por admitirla, y luego concluyeron por justificarla. Entonces esa pasión del odio contra Cristo se convirtió para ellos en una virtud, compatible con sus demás creencias y vida de piedad. Porque no hemos de olvidar que los fariseos eran considerados como “justos” y “santos”. No sólo ayunaban y pagaban el diezmo, como el Fariseo del Templo (Luc. XVIII, 12), sino que conservaban con mucho celo sus “prácticas religiosas”, como hoy se suele decir, y una gran dignidad exterior. Recuérdese, por ejemplo, cuando rechazaron la devolución de las monedas que habían dado a Judas: sinceramente no habrían querido, por ningún interés mezquino, manchar el Templo con aquel precio de Sangre. Que esa Sangre hubiese sido comprada por ellos mismos, eso era otra cuestión: era cuestión de aquella pasión dominadora, ante la cual todo se acalla.

viernes, 31 de julio de 2020

Encíclica Mens Nostra sobre los ejercicios espirituales - Pío XI


CARTA ENCÍCLICA

MENS NOSTRA

DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XI

SOBRE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES


INTRODUCCIÓN

1. A ninguno de vosotros, venerables hermanos, se le oculta cuál fue nuestra intención o nuestro ánimo cuando, al comenzar este año, anunciamos al orbe católico un jubileo extraordinario para celebrar el quincuagésimo aniversario de aquel día en que, recibida la ordenación sacerdotal, ofrecimos por vez primera el santo sacrificio del altar.

Porque, como solemnemente declaramos en la constitución apostólica Auspicantibus Nobis, promulgada el día 6 de enero de 1929 1, con dicha celebración no sólo queríamos que nuestros queridos hijos, la gran familia cristiana confiada a nuestro corazón por el benignísimo Corazón Divino, participasen en la alegría de su Padre común, y unidos con él diesen gracias al Supremo Dador de todo bien, sino que, además y sobre todo, abrigábamos la dulce esperanza de que, franqueados con paternal liberalidad los tesoros celestiales de que el Señor nos ha hecho dispensadores, tendrían los fieles dichosa oportunidad para fortalecerse en la fe, crecer en la piedad y perfección cristiana y ajustar fielmente a las normas del Evangelio las costumbres públicas y privadas; con lo cual, y como fruto hermosísimo de la total pacificación de cada uno consigo mismo y con Dios, se podría esperar la mutua pacificación de las almas y de los pueblos.

2. No fue vana nuestra esperanza. Porque aquel encendido ardor de devoción, con que fue acogida la promulgación del jubileo, lejos de menguar con el transcurso del tiempo, ha ido creciendo cada vez más, ayudando a ello el Señor con memorables acontecimientos que harán imperecedera la memoria de este año, verdaderamente de salud.

Con indecible consuelo hemos podido ver, en gran parte con nuestros propios ojos, este magnífico aumento de fe y de piedad, y entrañablemente nos hemos complacido en contemplar tan gran muchedumbre de hijos queridísimos, a los cuales pudimos recibir en nuestra casa y, por decirlo así, estrechar con paternal afecto contra nuestro corazón.

Hoy, mientras desde lo más íntimo del alma elevamos al Padre de la misericordia un ardiente himno de gratitud por tantos y tan señalados frutos como El se dignó producir, madurar y cosechar en su viña durante este Año Jubilar, nuestra pastoral solicitud nos mueve e impulsa a procurar que de tan prósperos comienzos resulten en lo sucesivo grandes y permanentes beneficios para la felicidad y salvación de los individuos, y, por tanto, de toda la sociedad.

3. Y meditando Nos cómo podría esto conseguirse, recordamos que nuestro predecesor, de f. m., León XIII, al promulgar en otra ocasión el santo jubileo, con palabras gravísimas, que hacíamos nuestras en la citada constitución Auspicantibus Nobis2, exhortaba a todos los fieles a recogerse algún tiempo para poner en cosas mejores sus pensamientos apegados a la tierra3, y recordamos también cómo nuestro predecesor, de s. m., Pío X, tan celoso promotor y ejemplo vivo de santidad sacerdotal, al promulgar en el año jubilar de su sacerdocio una piadosísima y memorable exhortación al clero católico4, daba enseñanzas preciosas y escogidas para elevar a mucha altura el edificio de la vida espiritual.

4. Siguiendo, pues, las huellas de estos Pontífices, hemos juzgado oportuno hacer también Nos algo, aconsejando una práctica excelente, de la cual esperamos que el pueblo cristiano sacará muchísimo y extraordinario provecho. Nos referimos a la práctica de los Ejercicios espirituales, que deseamos ardientemente se promueva y difunda más y más cada día, no sólo en ambos cleros, sino también entre las agrupaciones de seglares católicos, y que nos complacemos en dejar a nuestros amados hijos como recuerdo de nuestro Año Jubilar.

Lo cual hacemos con tanto mayor gusto, al declinar ya el año del quincuagésimo aniversario de nuestra primera Misa, cuanto que nada nos puede ser más grato que recordar las celestiales gracias e inefables consolaciones que muchas veces hemos experimentado al hacer los Ejercicios espirituales, con cuya práctica asidua hemos marcado como con otros tantos jalones las distintas etapas de nuestra vida sacerdotal, y hemos sacado luz y alientos para conocer y cumplir el divino beneplácito. Nada nos es más grato, finalmente, que recordar cuanto en todo el transcurso de nuestro ministerio sacerdotal trabajamos por instruir al prójimo en las cosas del cielo por medio de los mismos Ejercicios, con tanto fruto y tan increíble provecho de las almas, que con razón juzgamos que los Ejercicios espirituales son y constituyen un especial medio para alcanzar la eterna salvación.

I. IMPORTANCIA, OPORTUNIDAD
Y UTILIDAD DE LOS EJERCICIOS

Su valor en nuestro tiempo

lunes, 27 de julio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 119


Lunes de la 17ª semana

PERMANENCIA EN CRISTO


1. Como el sarmiento no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid; así vosotros, si no estuviereis en mí (Jn 15, 4).

Se demuestra en este lugar que la permanencia en Cristo es necesaria para fructificar. Como si dijere: Debéis permanecer en mí para que fructifiquéis, porque así como el sarmiento, el sarmiento material, no puede de sí mismo llevar fruto, si no estuviere en la vid, desde cuya raíz sube la savia para vivificar los sarmientos, así también vosotros no podéis llevar fruto, si no estuviereis en mí. Luego la permanencia en Cristo es la condición de la fructificación. Por eso se dice de los que no permanecen en Cristo: ¿Y qué fruto tuvisteis entonces en aquellas cosas de que ahora os avergonzáis? (Rom 6, 21); y Job: Será estéril la congregación del hipócrita (15, 34).

Esta semejanza es conveniente, porque yo soy la vid, y vosotros los sarmientos. Como si dijese: Vosotros estáis con relación a mí, como los sarmientos con respecto a la vid. Se dice de estos sarmientos: Extendió sus sarmientos hasta el mar (Sal 79, 12).

II. El que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto.

Aquí se demuestra que la permanencia en Cristo es eficaz; pues no sólo es necesaria la permanencia del hombre en mí para que fructifique, sino que también es eficaz; porque el que está en mí, creyendo, obedeciendo, perseverando, y yo en él, ilustrándolo, socorriéndolo, dándole perseverancia, éste, no otro, lleva mucho fruto. Lleva triple fruto en esta vida. El primero de ellos es abstenerse de los pecados; el segundo, dedicarse a obras de santidad; el tercero, vacar a la edificación de los otros: Del fruto de tus obras se saciará la tierra (Sal 103, 13). Lleva, además, un cuarto fruto en la vida eterna. Éste es el fruto último y perfecto de nuestros trabajos.

martes, 7 de julio de 2020

Carta a los Jóvenes Card. Norberto Rivera Carrera (1) Huellas en la arena


Huellas en la arena



Primera Carta del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, a los jóvenes de la Arquidiócesis de México como preparación para el Jubileo del Año 2000.

Querido joven:

Yo tenía un amigo que era experto en conocer las huellas de los animales. Pasear con él por una playa era descubrir infinidad de criaturas que antes uno nunca hubiera podido imaginar que existieran en aquel mundo de sal y de arena. Reconocía con facilidad las huellas de una tortuga, de un martín pescador, de una gaviota, de un cangrejo ermitaño, etc. Partiendo de una simple impronta llegaba hasta los nidos o escondrijos de seres que se ocultaban de la mirada del hombre. Para mí, aquello era sorprendente pues yo sólo era capaz de apreciar la presencia de un ser humano a través de una lata de refresco abandonada o de un descolorido paquete de papitas. Pero, poco a poco, fui aprendiendo a distinguir la presencia de aves, crustáceos o pequeños roedores que no eran visibles pero dejaban un rastro inconfundible.

Creo que con Dios pasa lo mismo. Necesitamos de un amigo que nos enseñe a descubrir sus huellas, alguien que sepa reconocer su presencia en nuestras vidas y en nuestro mundo. Ese amigo es Jesucristo. Él, Dios y hombre a la vez, se presenta como el camino, y en su predicación nos enseña a conocer la presencia de Dios en la creación. A Dios no podemos verlo, pero, gracias a Cristo, sabemos que está ahí. En su Evangelio nos muestra la cercanía de Dios al hombre, nos enseña cómo se preocupa por cada oveja descarriada (Lc 15), cómo nos guía con su providencia (Mt 6, Lc 12) y cómo podemos relacionarnos con Él por medio de la oración (Mt 6).

Al ver una choza o una casa sabemos que fue construida por alguien con la suficiente inteligencia para conseguir materiales y agruparlos de forma ordenada. La complejidad del trabajo necesario para construirla nos habla del hombre y no de otro animal que no tiene esa capacidad. Al contemplar el mundo, el orden de los planetas, la maravilla del microcosmos, la belleza de un amanecer o de una montaña nevada, la inmensidad del mar, o la gran complejidad de los seres vivos, sólo podemos pensar en una inteligencia perfecta que al mismo tiempo es amor, que crea todo por amor. Al mirar a nuestro alrededor y contemplar la creación, con su orden, con su sabiduría, con su bondad y belleza, nos encontramos con Dios, suma sabiduría, infinita bondad e infinito amor. Y lo más importante, ése no es un Dios lejano y etéreo, sino personal y cercano que es también nuestro Creador, que está preocupado por nosotros, que nos quiere conducir por un camino de felicidad.

domingo, 28 de junio de 2020

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 90


Domingo de la 13ª semana

ESTADO DE PERFECCIÓN


I. La vida religiosa es estado de perfección. Lo que comúnmente conviene a muchos, se atribuye por antonomasia a aquél a quien conviene por excelencia; así, la virtud que consiste en conservar la firmeza del alma ante las situaciones más difíciles reivindica para sí el nombre de "fortaleza"; y la virtud que atempera los mayores deleites, el de templanza. La religión es una virtud por la que uno hace algo en servicio y culto de Dios; y así se dicen religiosos por antonomasia los que se dedican totalmente al servicio divino, como ofreciéndose a Dios en holocausto. Por eso dice San Gregorio: "Hay algunos que nada reservan para sí mismos, sino que inmolan al Dios omnipotente sus sentidos, su lengua, su vida y todos los bienes que han recibido" *. La perfección del hombre consiste en unirse totalmente a Dios, y según esto la religión designa un estado de perfección. Ofrecer alguna cosa al culto de Dios es de necesidad para la salvación; pero el que alguno se dedique totalmente a sí mismo y sus cosas al culto divino pertenece a la perfección.

Y ha de saberse que no solamente corresponden a la religión las oblaciones de los sacrificios y otras cosas análogas, propias de la religión, sino también los actos de todas las virtudes, los que cuando se refieren al servicio y honor de Dios, se convierten en actos de religión. Así, pues, si alguno consagra toda su vida al servicio divino, toda su vida pertenece a la religión; y en tal concepto, por la vida religiosa que llevan, se llaman religiosos los que se hallan en estado de perfección.

jueves, 11 de junio de 2020

¿Cómo mira Jesús? - Meditación de San Manuel González García


                                            

Y viéndola Jesús, le dijo: Hija, ten confianza.
(Mt 9,22)

El Corazón de jesús en el Sagrario me mira.
Me mira siempre.
Me mira en todas partes...
Me mira como si no tuviera que mirar a nadie más que a mí.
¿Por qué?
Porque me quiere, y los que se quieren ansían mirarse.
A la madre que se lleva las horas muertas sin hablar y casi sin respirar, junto a su hijito que duerme, preguntadle qué hace y os responderá: miro a mi hijo...
¿Por qué? Porque lo quiere con todo su corazón y su cariño le impide hartarse de mirarlo.
Y su pena, ¿sabéis cuál es?: no poder seguir al niño de su corazón con su mirada, siempre, ahora de niño y después de hombre. Si ella pudiera no perderlo de vista, ¡cómo gozaría, cómo defendería, cómo acompañaría a su hijo...!
¡Cómo sienten las madres no tener un cariño omnipotente!
Pero el Corazón de Jesús nos quiere, digo más, me quiere a mí y a cada cual con un cariño tan grande como su poder, y su poder ¡no tiene límites! ¡Un cariño omnipotente!
¡Sí, Él me sigue con su mirada, como me seguiría mi madre, si pudiera!
Alma, detente un momento en saborear esta palabra: El Corazón de Jesús está siempre mirándome.
¿Cómo me mira a mí?
Hay miradas de espanto, de persecución, de vigilancia, de amor.
¿Cómo me mira a mí el Corazón de Jesús desde su Eucaristía?
Ante todo te prevengo que su mirada no es la del ojo justiciero que perseguía a Caín, el mal hermano.
No es aquella mirada de espanto, de remordimiento sin esperanza, de justicia siempre amenazante. No, así no me mira ahora a mí.
¿Cómo? Vuelvo a preguntar.
El Evangelio me responde:

Las tres miradas del Corazón de Jesús

martes, 9 de junio de 2020

Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 59


Martes después de la Santísima Trinidad

EL AMOR Y CULTO DE LATRIA DEBIDOS A DIOS,
SOBERANO E INFINITAMENTE BUENO


1. Amemos nosotros a Dios, porque Dios nos amó primero (1 Jn 4, 19).

Debemos amar a Dios de tres maneras:

1º) Que llenemos todo nuestro corazón con su amor. Amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazón (Deut 6, 5).

2º) Que no amemos cosa alguna sino por él. San Agustín dice: "Menos te ama quien contigo ama alguna cosa a la que no ama por ti."

sábado, 30 de mayo de 2020

Decenario al Espíritu Santo Día 10º


Secuencia de Pentecostés

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
Don, en tus dones espléndido.
Luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, Dulce Huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo.
Lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y
danos tu gozo eterno.

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