Mostrando entradas con la etiqueta Creación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Creación. Mostrar todas las entradas
jueves, 3 de septiembre de 2020
lunes, 8 de junio de 2020
Meditaciones después del tiempo pascual con textos de Santo Tomás de Aquino 58
Lunes después de la Santísima Trinidad
LA IMAGEN DE DIOS EN EL HOMBRE
1. Crió Dios al hombre
a su imagen (Gen 1, 27). El hombre es en gran manera semejante a Dios en cuanto
que la naturaleza intelectual puede imitar mucho a Dios. Pero en lo que más
imita a Dios la naturaleza intelectual es en que Dios se conoce y se ama a sí
mismo. Por consiguiente podemos considerar desde tres aspectos la imagen de
Dios en el hombre:
Uno, en la aptitud
natural que el hombre tiene para conocer y amar a Dios; y esta aptitud reside
en la misma naturaleza del espíritu, que es común a todos los hombres.
Otro, en que el
hombre conoce actual o habitualmente a Dios y lo ama, aunque de un modo
imperfecto, y esta imagen surge de la conformidad que da la gracia.
lunes, 13 de abril de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
viernes, 3 de abril de 2020
lunes, 4 de noviembre de 2019
El ambientalismo se ha convertido para algunos que han abandonado la fe tradicional en un sustituto de la misma - Mons. Anthony Fisher O.P.
S.E.R. Mons. Anthony Fisher O.P.
Arzobispo de Sidney
Homilía en el
Seminario Redemptoris Mater de Sidney
27 de octubre de 2019

Muy queridos
hermanos:
Parte de la
genialidad del cristianismo a lo largo de los siglos ha sido su capacidad
de enriquecerse con ideas que provienen de fuera de él. En nuestra época
planteamientos prominentes del mundo secular como la filosofía analítica, la
política democrática, la economía capitalista, el análisis marxista, la defensa
de los derechos humanos, la crítica feminista o la conciencia psicológica, aun
cuando han sido inspirados por el cristianismo, también han sido purificados
por él, y en cierto sentido han sido 'bautizados' e incorporados a él, con
diversos grados de éxito. El discurso apocalíptico de la adolescente sueca
Greta Thunberg en las Naciones Unidas y las "huelgas climáticas"
que inspiró y que atrajeron a decenas de miles de estudiantes de escuelas en
Australia el mes pasado, o las prácticas más problemáticas del movimiento
‘rebelión contra la extinción’ y nuestro propio sínodo por la
Amazonia recientemente desarrollado, no son sino ejemplos más recientes
del planteamiento actual llamado ecologismo.
Es casi trivial
observar que este ambientalismo se ha convertido para algunos que han
abandonado la fe tradicional en un sustituto de la misma. Michael
Crichton, autor de Jurassic Park, de La amenaza de Andrómeda y
de otros clásicos, antes de morir, se refirió al ecologismo como "la
religión preferida por los ateos urbanos", una religión que
"reinterpreta" las creencias judeocristianas de una nueva manera:
"Hay un Edén inicial, un paraíso; es un estado de gracia y de armonía con
la naturaleza. Se da una caída original desde la gracia a un estado de
contaminación, como resultado de comer del árbol del conocimiento; y como
consecuencia de nuestras acciones, se acerca un día de juicio para todos
nosotros. Todos somos pecadores de la energía, y estamos condenados a morir, a
menos que busquemos la salvación, que ahora se llama sostenibilidad. La
sostenibilidad es la salvación en la iglesia del medio ambiente. Así como la
comida orgánica es su comunión, el agua libre de pesticidas es lo que
beben las personas que tienen las creencias correctas”. Los partidarios de esta
fe demuestran un dogmatismo y un celo cuasirreligioso, tienen sus sacerdotes y
sacerdotisas, sus credos e incluso rituales.
jueves, 4 de julio de 2019
martes, 18 de junio de 2019
Comunión y servicio: la persona humana creada a imagen de Dios - Comisión teológica internacional
COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL
ÍNDICE
Introducción
Capitulo I. La persona humana creada a imagen de Dios
1. La «imago Dei» en la escritura y en la Tradición
2. La crítica moderna de la teología de la «imago Dei»
3. La «imago Dei» en el Concilio Vaticano II y en la teología de hoy
2. La crítica moderna de la teología de la «imago Dei»
3. La «imago Dei» en el Concilio Vaticano II y en la teología de hoy
Capítulo II. A imagen de Dios: Personas en comunión
1. Cuerpo y alma
2. Hombre y mujer
3. Persona y comunidad
4. Pecado y salvación
5. «Imago Dei» e «imago Christi»
2. Hombre y mujer
3. Persona y comunidad
4. Pecado y salvación
5. «Imago Dei» e «imago Christi»
Capítulo III. A imagen de Dios: Administradores de la creación visible
1. La ciencia y la administración del conocimiento
2. La responsabilidad respecto al mundo creado
3. La responsabilidad respecto a la integridad biológica de los seres humanos
2. La responsabilidad respecto al mundo creado
3. La responsabilidad respecto a la integridad biológica de los seres humanos
Conclusión
INTRODUCCIÓN [*]
1. El crecimiento exponencial de los
conocimientos científicos y de la capacidad tecnológica en la época moderna ha
traído ventajas notables a la humanidad, pero plantea también retos difíciles.
A la luz de nuestros conocimientos sobre la inmensidad y antigüedad del
universo, la situación y la importancia del hombre dentro del mismo aparecen
bastante menos relevantes y menos seguras. El progreso tecnológico ha aumentado
de manera considerable nuestra capacidad de controlar y dirigir las
fuerzas de la naturaleza, pero también ha tenido un impacto imprevisto y quizá
incontrolable sobre nuestro ambiente e incluso sobre el mismo género humano.
2. La Comisión Teológica Internacional
ofrece esta reflexión teológica sobre la doctrina de la imago Dei para
orientar la reflexión sobre el significado de la existencia humana ante tales
desafíos. Al mismo tiempo deseamos presentar la visión positiva de la persona
humana dentro del universo ofrecida por este tema doctrinal que se ha vuelto a
descubrir recientemente.
Etiquetas:
antropología cristiana,
Comisión Teológica Internacional,
Creación,
Cristología,
Escatología - Novísimos,
Gracia - pecado,
Ideología de género,
Trinidad - Dios Trino
lunes, 17 de junio de 2019
Fragmentos de Verdad Católica (8) - Soy a imagen de Dios ¿Qué significa e implica? -Mons. Raffaello Martinelli
SOY A IMAGEN DE DIOS:
¿QUÉ COSA SIGNIFICA E IMPLICA?
¿QUÉ COSA SIGNIFICA E IMPLICA?
¿Dónde se fundamenta
la afirmación: "soy creado a imagen y semejanza de Dios (Imago Dei)"?
Se fundamenta en la Biblia. De hecho en las
primeras páginas leemos: “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo
creó; varón y hembra los creó” (Gn 1, 27).
¿Cuándo el hombre comienza a ser Imagen de Dios?
Inicia desde el primer momento de su concepción.
Tal dignidad está por tanto presente en cada fase de la vida humana. La Iglesia
anuncia esta verdad non sólo con la autoridad del Evangelio, sino también con
la fuerza que deriva de la razón, y por esto siente el deber de llamar la
atención a todo hombre de buena voluntad, en la certeza que la acogida de esta
verdad non puede menos que ayudar a cada individuo en la sociedad.
¿De dónde le viene al hombre el ser Imagen de Dios?
A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS: ¿SIEMPRE? LOS ENFERMOS MENTALES
A
IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS:
¿SIEMPRE?
LOS
ENFERMOS MENTALES
28 de
Noviembre de 1996
Ante el tema de este convenio internacional, emergen en mí
recuerdos inquietantes. Os ruego que me permitáis contaros, a manera de
introducción, esta experiencia personal que nos lleva al año 1941, al
tiempo de la guerra y del régimen nacionalsocialista. Una de nuestras tías, a
la que visitábamos frecuentemente, era madre de un robusto muchacho que era
algún año más joven que yo, pero mostraba progresivamente los indicios típicos
del síndrome de Down. Suscitaba simpatía por la simplicidad de su mente
ofuscada; y su madre que ya había perdido una hija por muerte prematura, le
estaba sinceramente aficionada. Pero en 1941 las autoridades del
Tercer Reich ordenaron que el chico debía ser llevado a un asilo para recibir
una mejor asistencia. Todavía no se sospechaba nada de la operación de
eliminación de los discapacitados mentales, ya iniciada. Poco tiempo después
llegó la noticia de que el niño había muerto de pulmonía y su cuerpo había sido
incinerado. Desde aquel momento se multiplicaron las noticias de este estilo.
En el pueblo en que habíamos vivido antes, visitábamos de buena gana a una
viuda que había quedado sin hijos y se alegraba por la visita de los niños del
vecindario. La pequeña propiedad que había heredado de su padre apenas podía
darle para vivir, pero tenía buen ánimo, aunque no sin algún temor por el
futuro. Más tarde supimos que la soledad en la que se hallaba cada vez más
sumergida, había nublado más y más su mente: el temor por el futuro se había
hecho patológico, de manera que apenas se atrevía a comer, porque temía siempre
por el mañana en el que tal vez quedaría sin comida que llevarse a la boca. La
clasificaron como trastornada mentalmente, fue llevada a un asilo y también en
este caso pronto llegó la noticia de que había muerto de pulmonía. Poco después
en nuestro actual pueblo sucedió la misma cosa: la pequeña finca, junto a
nuestra casa, estaba confiada a los cuidados de tres hermanos solteros, a
quienes pertenecía. Eran considerados enfermos mentales, pero estaban en
condiciones de ocuparse de su casa y de su propiedad. También ellos
desaparecieron en un asilo y poco después se nos dijo que habían muerto. A este
punto ya no cabía tener dudas de cuanto estaba sucediendo: se trataba de
una sistemática eliminación de cuantos no eran considerados como productivos. El
Estado se había arrogado el derecho de decidir quién merecía vivir y quién
debía ser privado de la existencia en beneficio de la comunidad y de sí mismo,
porque no podía ser útil a los demás ni a sí mismo.
lunes, 23 de octubre de 2017
sábado, 25 de febrero de 2017
La Providencia de Dios en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino
Suma Teológiga
Primera parte
Cuestión 22: De la providencia de Dios
Primera parte
Cuestión 22: De la providencia de Dios
Determinado ya lo que en absoluto pertenece a la voluntad divina,
es preciso que nos ocupemos ahora de lo que se refiere, a la vez, al
entendimiento y a la voluntad. Esto, en cuanto a todos los seres en general, es
la providencia, y respecto al hombre en particular es la predestinación, y la
reprobación en orden a la vida eterna y sus consecuencias. La razón de este
orden es porque en la ciencia moral, tras el estudio de las virtudes morales,
viene el de la prudencia, a la que, al parecer, pertenece la providencia.
Acerca de la providencia se han de averiguar cuatro cosas:
Primera: si la
providencia compete a Dios.
Segunda: si todas
las cosas están sujetas a la providencia divina.
Tercera: si hay
providencia divina inmediata, sobre todas las cosas.
Cuarta: si la
providencia divina hace necesarias las cosas que provee.
ARTÍCULO 1
Si la providencia
compete a Dios
Dificultades. Parece que la providencia
no es cosa que competa a Dios.
1. La providencia,
según Cicerón, es una, parte de la prudencia. Pero la prudencia, según el
Filósofo, tiene por objeto aconsejar bien, cosa inadmisible en Dios, que no,
tiene duda alguna para que necesite reflexionar. Luego la providencia no
compete a Dios.
2. Todo lo que hay
en Dios es eterno. Pero la providencia no es eterna, porque tiene por objeto
las “cosas existentes” que, según el Damasceno, no son eternas. Luego en Dios
no hay providencia.
3. Nada de lo que en
Dios hay es compuesto. Pero la providencia parece ser algo compuesto, porque
incluye en sí la voluntad y el entendimiento. Luego no la hay en Dios.
Por otra parte, dice el Sabio (Sb 14,3):
“Tú eres, Padre, el que por tu providencia gobiernas todas las cosas”
Respuesta. Es necesario que haya
providencia en Dios. Hemos demostrado (S.Th. 1, 6, 4) que todo el bien que hay
en las cosas ha sido creado por Dios. Pero en las cosas, hay bien, no sólo por
lo que se refiere a su naturaleza, sino además en cuanto al orden que dicen al
fin, y especialmente al fin último, que es la bondad divina, según hemos dicho
(S.Th. 1, 21, 4). Por tanto, el bien del orden que hay en las criaturas ha sido
creado por Dios. Pero como Dios es causa de las cosas por su entendimiento, por
lo cual ha de preexistir en Él la razón de cada uno de sus efectos, como ya
tenemos dicho (S.Th. 1, 15, 2; q.19, 4), es necesario que preexista en la mente
divina la razón del orden que hay en las cosas con respecto a sus fines. Ahora
bien, la razón del orden de las cosas al fin es precisamente la providencia,
que es, por tanto, la parte principal de la prudencia, y a la cual están
subordinadas las otras dos, o sea, la memoria de lo pasado y la clara visión de
lo presente, ya que, recordando lo pasado y entendiendo lo presente,
conjeturamos las medidas que hemos de tomar para lo por venir. Pues, según el
Filósofo, lo propio de la prudencia es ordenar las cosas a sus fines, bien sea
respecto a nosotros mismos, y por esto llamamos prudente al hombre que ordena
sus actos al fin de su propia vida, o bien respecto a los que nos están
encomendados en la familia, en la ciudad o en el Estado, que es el modo en que,
en el Evangelio, se habla del “siervo fiel y prudente a quien el Señor
constituyó sobre su familia” (Mt 24,45), y éste es precisamente el sentido en
que la prudencia o providencia puede predicarse de Dios, en quien nada hay
ordenable a un fin, puesto que el fin último es El mismo. Por consiguiente, lo
que en Dios se llama providencia es la razón del orden de las cosas a sus
fines, y por esto dice Boecio que “providencia es la misma razón divina
asentada en el príncipe supremo de todas las cosas, que todo lo dispone”, y lo
mismo se puede llamar disposición a la razón del orden de las cosas respecto al
fin, que al del orden de las partes con relación al todo.
Soluciones. 1. Según el Filósofo,
propio de la prudencia es mandar lo que la eubulia aconseja y la synexis juzga
acertado. Por lo cual, si bien no compete a Dios aconsejarse o deliberar, en
cuanto deliberación es investigación de lo que se ha de hacer en materia
dudosa, le compete, sin embargo, dar preceptos de cómo se ordenan a su fin las
cosas, de las que tiene la más perfecta idea, como se dice en un salmo (Ps
148,6): “Ha puesto precepto y no lo traspasará”; y en cuanto a esto, e, como
compete a Dios la razón de prudencia y de providencia. –Aunque también se puede
decir que el mismo concepto de las cosas que ha de hacer, se llama en Dios
“consejo”, no por le que el consejo tiene de investigación, sino por la certeza
a que investigando llegan los que deliberan, y de aquí que diga el Apóstol:
“Hace todas las cosas según el consejo de su voluntad” (Ef 1,11).
martes, 26 de julio de 2016
CARTA ENCÍCLICA HUMANI GENERIS - Pío XII
CARTA ENCÍCLICA
HUMANI GENERIS
HUMANI GENERIS
DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XII
SOBRE LAS FALSAS
OPINIONES
CONTRA LOS FUNDAMENTOS
DE LA DOCTRINA CATÓLICA
DE LA DOCTRINA CATÓLICA
Las disensiones y errores del género
humano en cuestiones religiosas y morales han sido siempre fuente y causa de
intenso dolor para todas las personas de buena voluntad, y principalmente para
los hijos fieles y sinceros de la Iglesia; pero en especial lo son hoy, cuando
vemos combatidos aun los principios mismos de la civilización cristiana.
INTRODUCCIÓN
1. Ni es de admirar que siempre haya
habido disensiones y errores fuera del redil de Cristo. Porque, aun cuando la
razón humana, hablando absolutamente, procede con sus fuerzas y su luz natural
al conocimiento verdadero y cierto de un Dios único y personal, que con su
providencia sostiene y gobierna el mundo y, asimismo, al conocimiento de la ley
natural, impresa por el Creador en nuestras almas; sin embargo, no son pocos
los obstáculos que impiden a nuestra razón cumplir eficaz y fructuosamente este
su poder natural. Porque las verdades tocantes a Dios y a las relaciones entre
los hombres y Dios se hallan por completo fuera del orden de los seres sensibles;
y, cuando se introducen en la práctica de la vida y la determinan, exigen
sacrificio y abnegación propia.
2. Ahora bien: para adquirir tales
verdades, el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los
sentidos o imaginación, ya por las malas concupiscencias derivadas del pecado
original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuadan
ser falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero. Por todo ello, ha de
defenderse que la revelación divina es moralmente necesaria, para que, aun en
el estado actual del género humano, con facilidad, con firme certeza y sin
ningún error, todos puedan conocer las verdades religiosas y morales que de por
sí no se hallan fuera del alcance de la razón[1].
Más aún; a veces la mente humana puede
encontrar dificultad hasta para formarse un juicio cierto sobre la credibilidad de
la fe católica, no obstante que Dios haya ordenado muchas y admirables señales
exteriores, por medio de las cuales, aun con la sola luz de la razón se puede
probar con certeza el origen divino de religión cristiana. De hecho, el hombre,
o guiado por prejuicios o movido por las pasiones y la mala voluntad, puede no
sólo negar la clara evidencia de esos indicios externos, sino también resistir
a las inspiraciones que Dios infunde en nuestra almas.
3. Dando una mirada al mundo moderno,
que se halla fuera del redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales
direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y
sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo
campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden
que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen
la hipótesis monista y panteísta de un mundo
sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas
para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar
de las almas toda idea de Dios.
La falsas afirmaciones de semejante
evolucionismo, por las que se rechaza todo cuanto es absoluto, firme e
inmutable, han abierto el camino a las aberraciones de una moderna filosofía ,
que, para oponerse al Idealismo, al Inmanentismo y
a lPragmatismo se ha llamado a sí misma Existencialismo,
porque rechaza las esencias inmutables de las cosas y sólo se preocupa de la existencia de
los seres singulares.
miércoles, 27 de agosto de 2014
La creación y los ángeles - La fe explicada
PARTE I: EL CREDO
CAPÍTULO IV: LA CREACION
Y LOS ANGELES
¿Cómo
empezó la creación? A veces un modista, un pastelero o un perfumista se jactan
de hacer una nueva «creación». Cuando esto ocurre, utilizan la palabra «creación»
en un sentido muy amplio.
Por nueva que sea una moda, tiene que basarse en tejido de algún
tipo. Por agradable que resulte un postre o un perfume, tiene que basarse en
alguna clase de ingredientes.
«Crear» significa «hacer de la nada». Hablando con propiedad,
sólo Dios, cuyo poder es infinito, puede crear.
Hay científicos que se afanan hoy en día en los laboratorios
tratando de «crear» vida en un tubo de ensayo. Una y otra vez, tras fracasos
repetidos, mezclan sus ingredientes químicos y combinan sus moléculas. Si lo
conseguirán algún día o no, no lo sé. Pero aunque su paciencia fuera
recompensada, no podría decirse que habían «creado» nueva vida. Todo el tiempo
habrían estado trabajando con materiales que Dios les ha proporcionado.
Cuando Dios crea, no necesita materiales o utensilios para poder
trabajar. Simplemente, QUIERE que algo sea, y es. «Hágase la luz» dijo al
principio, «y la luz fue...» «Hágase un firmamento en medio de las aguas», dijo
Dios, «y así se hizo» (Gen 1, 3-6).
La voluntad creadora de Dios no sólo ha llamado a todas las
cosas a la existencia, sino que las MANTIENE en ella. Si Dios retirara el
sostén de su voluntad a cualquier criatura, ésta dejaría de existir en aquel
mismo instante, volvería a la nada de la que salió.
Las primeras obras de la creación divina que conocemos (Dios no
tiene por qué habérnoslo dicho todo) son los ángeles. Un ángel es un espíritu,
es decir, un ser con inteligencia y voluntad, pero sin cuerpo, sin dependencia
alguna de la materia. El alma humana también es un espíritu, pero el alma
humana nunca será ángel, ni siquiera durante el tiempo en que, separada del
cuerpo por la muerte, espere la resurrección.
El alma humana ha sido hecha para estar unida a un cuerpo
físico. Decimos que tiene «afinidad» hacia un cuerpo. Una persona humana,
compuesta de alma y cuerpo, es incompleta sin éste. Hablaremos más extensamente
de ello cuando tratemos de la resurrección de la carne. Pero, por el momento,
sólo queremos subrayar el hecho de que un ángel, sin cuerpo, es una persona
completa, y que un ángel es muy superior al ser humano.
jueves, 10 de julio de 2014
El fin de la existencia del hombre - La fe explicada (1)
PARTE
I: EL CREDO
CAPÍTULO
PRIMERO:
EL
FIN DE LA EXISTENCIA DEL HOMBRE
¿Por qué estoy aquí? ¿Es el hombre un mero accidente biológico? ¿Es el
género humano una simple etapa en un proceso evolutivo, ciego y sin sentido?
¿Es esta vida humana nada más que un destello entre la larga oscuridad que
precede a la concepción y la oscuridad eterna que seguirá a la tumba? ¿Soy yo
apenas una mota insignificante en el universo, lanzada al ser por el poder
creador de un Dios indiferente, como la cáscara que se arroja sin pensar por
encima del hombro? ¿Tiene la vida alguna finalidad, algún plan, algún
propósito? ¿De dónde, en fin, vengo? ¿Y por qué estoy aquí? Estas cuestiones
son las que cualquier persona normal se plantea en cuanto alcanza edad
suficiente para pensar con cierta sensatez. El Catecismo de la Doctrina
Cristiana es, pues, sumamente lógico cuando nos propone como pregunta inicial:
«¿Quién nos ha creado?», pregunta a la que, una vez respondida, sigue
inmediatamente esta otra: «¿Quién es Dios?». Pero, por el momento, me parece
mejor retrasar el extendernos en estas dos preguntas y comenzar, más bien, con
la consideración de una tercera. Es igualmente básica, igualmente urgente, y
nos ofrece un mejor punto de partida. La pregunta es: «¿Para qué nos hizo
Dios?».
Hay dos modos de responder a esa pregunta, según la consideremos desde
el punto de vista de Dios o del nuestro. Viéndola desde el punto de vista de
Dios, la respuesta es: «Dios nos hizo para mostrar su bondad». Dado que Dios es
un Ser infinitamente perfecto, la principal razón por la que hace algo debe ser
una razón infinitamente perfecta. Pero sólo hay una razón infinitamente
perfecta para hacer algo, y es hacerlo por Dios. Por ello, sería indigno de
Dios, contrario a su infinita perfección, si hiciera alguna cosa por una razón
inferior a Sí mismo.
Quizá lo veamos mejor si nos lo aplicamos a nosotros. Aun para nosotros,
la mayor y mejor razón para hacer algo es hacerlo por Dios. Si lo hago por otro
ser humano -aun algo noble, como alimentar al hambriento-, y lo hago
especialmente por esa razón, sin referirme a Dios de alguna manera, estoy
haciendo una cosa imperfecta. No es una cosa mala, pero sí menos perfecta. Esto
sería así aun si lo hiciera por un ángel o por la Santísima Virgen misma,
prescindiendo de Dios. No hay motivo mayor para hacer algo que hacerlo por
Dios. Y esto es cierto tanto para lo que Dios hace como para lo que hacemos
nosotros.(La primera razón, pues -la gran razón por la que Dios hizo al universo
y a nosotros-, fue para su propia gloria, para mostrar su poder y bondad
infinitos. Su infinito poder se muestra por el hecho de que existimos. Su
infinita bondad por el hecho de que quiere hacernos partícipes de su amor y
felicidad. Y si nos pareciera que Dios es egoísta por hacer las cosas para su
propio honor y gloria, es porque no podemos evitar pensarle en términos
humanos. Pensamos en Dios como si fuera una criatura igual que nosotros.
Pero el hecho es que no hay nada o nadie que merezca más ser objeto del
pensamiento de Dios o de su amor que Dios mismo.
Sin embargo, cuando decimos que Dios hizo al universo (y a nosotros)
para su mayor gloria, no queremos decir, por supuesto, que Dios la necesitara
de algún modo. La gloria que dan a Dios las obras de su creación es la que
llamamos «gloria extrínseca». Es algo fuera de Dios, que no le añade nada. Es
muy parecido al artista que tiene gran talento para la pintura y la mente llena
de bellas imágenes. Si el artista pone algunas de ellas sobre un lienzo para
que la gente las vea y admire, esto no añade nada al artista mismo. No lo hace
mejor o más maravilloso de lo que era.
Así, Dios nos hizo primordialmente para su honor y gloria. De aquí que
nuestra primera respuesta a la pregunta «¿Para qué nos hizo Dios?» sea: «para
mostrar su bondad».
Pero la principal manera de demostrar la bondad de Dios se basa en el
hecho de habernos creado con un alma espiritual e inmortal, capaz de participar
de su propia felicidad. Aun en los asuntos humanos sentimos que la bondad de
una persona se muestra por la generosidad con que comparte su persona y sus
posesiones con otros.
miércoles, 2 de octubre de 2013
La caída de los ángeles rebeldes - Juan Pablo II
JUAN
PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 13 de agosto de 1986
Miércoles 13 de agosto de 1986
La
caída de los ángeles rebeldes
1. Continuando el tema de las
precedentes catequesis dedicadas al artículo de la fe referente a los ángeles,
criaturas de Dios, vamos a explorar el misterio de la libertad que
algunos de ellos utilizaron contra Dios y contra su plan de salvación respecto
a los hombres.
Como testimonia el Evangelista Lucas en
el momento, en el que los discípulos se reunían de nuevo con el Maestro llenos
de gloria por los frutos recogidos en sus primeras tareas misioneras, Jesús
pronuncia una frase que hace pensar: "veía yo a Satanás caer del cielo
como un rayo" (Lc 10, 18).
Con estas palabras el Señor afirma que el anuncio del reino de Dios es
siempre una victoria sobre el diablo, pero al mismo tiempo revela también que
la edificación del reino está continuamente expuesta a las insidias del
espíritu del mal. Interesarse por esto, como tratamos de hacer con la
catequesis de hoy, quiere decir prepararse al estado de lucha que es
propio de la vida de la Iglesia en este tiempo final de la historia de la
salvación (así como afirma el libro del Apocalipsis. cf. 12, 7). Por otra
parte, esto ayuda a aclarar la recta fe de la Iglesia frente a aquellos
que la alteran exagerando la importancia del diablo o de quienes niegan o
minimizan su poder maligno.
Las precedentes catequesis sobre los
ángeles nos han preparado para comprender la verdad, que la Sagrada Escritura
ha revelado y que la Tradición de la Iglesia ha transmitido, sobre Satanás, es
decir, sobre el ángel caído, el espíritu maligno, llamado también diablo o
demonio.
Los ángeles creados por Dios como seres libres - Juan Pablo II
JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 23 de julio de 1986
Miércoles 23 de julio de 1986
"Creador de los ángeles, seres
libres"
1.
Proseguimos hoy nuestra catequesis sobre los ángeles, cuya existencia, querida
por un acto del amor eterno de Dios, profesamos con las palabras del Símbolo
niceno-constantinopolitano: "Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador
del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles".
En
la perfección de su naturaleza espiritual, los ángeles están llamados desde el
principio, en virtud de su inteligencia, a conocer la verdad y a amar el bien
que conocen en la verdad de modo mucho más pleno y perfecto que cuanto es
posible al hombre. Este amor es el acto de una voluntad libre, por lo cual
también para los ángeles la libertad significa posibilidad de hacer una
elección en favor o en contra del Bien que ellos conocen, esto es, Dios
mismo. Hay que repetir aquí lo que ya hemos recordado a su debido tiempo a
propósito del hombre: creando a los seres libres, Dios quiere que en el mundo
se realice aquel amor verdadero que sólo es posible sobre la base de
la libertad. Él quiso, pues, que la creatura, constituida a imagen y
semejanza de su Creador, pudiera, de la forma más plena posible, volverse
semejante a Él: Dios, que "es amor" (1 Jn 4, 16). Creando a
los espíritus puros, como seres libres, Dios, en su Providencia, no podía no
prever también la posibilidad del pecado de los ángeles. Pero
precisamente porque la Providencia es eterna sabiduría que ama, Dios supo sacar
de la historia de este pecado, incomparablemente más radical, en cuanto pecado
de un espíritu puro, el definitivo bien de todo el cosmos creado.
viernes, 13 de septiembre de 2013
Cristo y la Iglesia. Problemas actuales de la teología. Consecuencias para la catequesis - Card. Joseph Ratzinger
El misterio de
Dios, creador y redentor, debe aparecer en toda su grandeza
I. PROBLEMAS
ACTUALES DE LA TEOLOGÍA. LA SEPARACIÓN ENTRE JESÚS Y CRISTO: 1. Construcción de
un «Jesús histórico» detrás del Jesús de los evangelios - 2. Incomprensión de
la doctrina cristiana de la redención - 3. Pérdida de la imagen de Dios: la
imagen deísta del mundo y sus consecuencias: a) Cambio radical en la idea de
culto y de liturgia - b) Transformación de la teología moral: dualismo entre
naturaleza e historia - II. CONSECUENCIAS PARA LA CATEQUESIS. PRIMACÍA DEL
CONTENIDO SOBRE EL MÉTODO: 1. El misterio de Dios y la fe en la creación - 2.
El Cristo de los evangelios como el verdadero Jesús - 3. Comunidades donde viva
la fe
La
situación de la fe y de la teología en Europa se caracteriza hoy, sobre todo,
por una desmoralización eclesial. La antítesis «Jesús sí, Iglesia no» parece
típica del pensamiento de una generación. No sirve de mucho el intento de
destacar los aspectos positivos de la Iglesia y su condición inseparable de
Jesús. Para entender la precariedad real de la fe en nuestro tiempo hay que
ahondar más. Porque detrás de esa difundida contraposición entre Jesús y la
Iglesia late un problema cristológico. La verdadera antítesis que hemos de
afrontar no se expresa con la fórmula «Jesús sí, Iglesia no»; habría que decir
«Jesús sí, Cristo no», o «Jesús sí, Hijo de Dios no». Asistimos a una verdadera
ola de adhesión a Jesús en las más diversas tonalidades: Jesús en el cine,
Jesús en la ópera rock, Jesús como bandera de opciones políticas... Todos estos
fenómenos expresan formas de entusiasmo o de pasión religiosa que se reclaman
de la figura misteriosa de Jesús y de su fuerza interna, pero desentendiéndose
de lo que la fe de la Iglesia y la fe de los evangelistas —que fundamenta la
primera— dicen sobre Jesús. Este aparece como uno de los «hombres decisivos»
que existieron en la humanidad, en expresión de Karl Jaspers. Lo que atrae de
él es lo humano; el reconocerlo como Hijo unigénito de Dios parece alejarlo de
nosotros, arrebatarlo hacia lo inaccesible e irreal y someterlo a la
administración del poder eclesiástico. La separación entre Jesús y Cristo es, a
la vez, separación entre Jesús e Iglesia: se deja a Cristo a cargo de la
Iglesia; parece ser obra suya. Al relegarlo, se espera rescatar a Jesús y, con
él, una nueva forma de libertad, de «redención».
I. Problemas
actuales de la teología. La separación entre Jesús y Cristo
Si
la verdadera crisis está en la cristología y no en la eclesiología, hay que
preguntar por qué ocurre esto. ¿Cuáles son las raíces de esta separación entre
Jesús y Cristo, tema ya abordado abiertamente en la primera Carta de Juan, que
denuncia a los que dicen que Jesús no es el Cristo (2, 22; 4, 3), equiparando
los títulos de «Cristo» e «Hijo de Dios» (2, 22.23; 4, 15; 5, 1). Juan tacha de
anticristos a los que niegan que Jesús es el Cristo; quizá sea este el origen y
sentido del nombre «Anticristo»: estar contra Jesús, el Cristo; negarle el
predicado de Cristo.
martes, 4 de junio de 2013
La Providencia de Dios y el hombre antes y después del pecado original
La elevación y la caída
Adán y Eva no obedecieron al Señor. Eva se dejó seducir por el demonio, quien le dijo que si comían serían como dioses, sabedores del bien y del mal. Comió, pues, del fruto, y luego se lo presentó a Adán, quien por complacerla también comió (cfr. Gen. 3).
1 LA PROVIDENCIA: LA CONSERVACIÓN Y EL GOBIERNO DIVINO DEL MUNDO
1.1 Noción de Providencia
Se llama Providencia el cuidado y gobierno que Dios tiene de todas las criaturas, a las que dirige convenientemente a su fin.
Dios tiene Providencia especial del hombre. Su sabiduría le exige que cuide con mayor solicitud de las criaturas más nobles. "Antes se olvidará la madre de su hijo que Dios de nosotros" (Is. 49,15).
1.2 Conservación y gobierno de las criaturas
La Providencia abarca dos cosas: la conservación de las criaturas y el gobierno de ellas.
lo. Dios conserva a las criaturas, haciendo que permanezcan en el ser. Como necesitaron de Dios para salir de la nada, así necesitan de El para mantenerse en el ser y no volver a la nada.
El ser contingente recibe el ser en todos los momentos de su existir, y no sólo en el primero; para él el instante que precede no es razón suficiente de su existencia en el instante que sigue; sino que depende en todo momento de quien le dio el ser, de la misma manera que el arroyo depende de la fuente que lo alimenta. En otras palabras, las criaturas no pueden seguir existiendo "por su propio impulso", porque en ese caso serían independientes de Dios, existirían por sí mismas, lo cual es imposible en los seres contingentes.
Con toda verdad, pues, se dice que la conservación es una creación continuada.
2o. Dios gobierna también los seres, dirigiéndoles a los fines para los cuales los creó. En especial dispone todas las cosas para provecho espiritual del hombre: "Todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios" dice San Pablo (Rom. 8, 18).
Pero la acción de la Providencia no destruye la libertad; de manera que, desgraciadamente, el hombre puede contrariarla y perderse eternamente.
martes, 28 de mayo de 2013
La creación - Dios Creador
La Creación
Luego de haber hablado de la vida íntima de Dios -actividad ab intra-, trataremos ahora de la primera de las actividades ad extra de Dios: la Creación.
1 TODO EL UNIVERSO HA SIDO CREADO POR DIOS
1.1 Noción: creación "ex nihilo"
Por creación se entiende la acción de Dios mediante la cual da la existencia a los seres, sacándolos de la nada.
lo. Es acción de Dios. Acción de su actividad externa, ya que tiene por objeto las criaturas, y no El mismo.
La creación es, pues, obra de las tres divinas Personas, aunque en la Sagrada Escritura suele atribuirse al Padre, porque en ella luce de modo especial el poder de Dios. Por eso decimos en el Credo: "Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra".
2o. Mediante la cual da la existencia a los seres. En efecto, todos han sido creados por El, y por eso se llaman criaturas.
En el lenguaje dela Sagrada Escritura "Creador del cielo y de la tierra" significa, pues, Creador de todos los seres, tanto espirituales corno materiales.
En el lenguaje de
3o. Sacándolos de la nada. Sacar un ser de la nada significa producir un ser que antes no existía de ninguna manera, ni como tal, ni en materia alguna anterior.
Al fabricar un escultor una estatua, no la crea, pues aunque no existía como tal, existía la materia de que la formó; por ejemplo, la madera o el mármol. Dios, por el contrario, sí crea a los seres, pues no los formó de materia alguna anterior, ya que fuera de Dios nada existía.
Es importante percatarse que la nada no es un ser positivo, como un lugar de donde Dios saca los seres. Por el contrario la palabra "nada" se opone a "algo", y denota que antes de la creación no existía algo preexistente, de donde pudiera formar los seres.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












