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miércoles, 13 de mayo de 2020

La cuarentena eclesial - Mons. Héctor Aguer


Cuarentena eclesial


Estamos en cuarentena. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define: «Aislamiento preventivo a que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias a personas o animales». Todos estamos «cuarentenados», y oficialmente también la Iglesia: los templos cerrados, sin funciones litúrgicas; los fieles, sin posibilidad de recibir los sacramentos, deben contentarse con misas por internet. Muchos piensan que se ha incurrido en una exageración. En la Argentina el Estado muestra siempre una inclinación al autoritarismo, por no decir un gusto apenas reprimido por el totalitarismo, cualquiera sea el signo político del gobierno de turno. El avance actual sobre la Iglesia, justificado en la argumentación oficial -gubernativa y eclesiástica- en razón de la pandemia del Covid - 19, ha sido tolerado con una benevolencia que no pocos consideran excesiva; es una mala señal. ¿Qué pasará después?. Algunos sacerdotes, haciendo uso del sentido común y la libertad cristiana, encontraron la manera de zafar parcialmente de la encerrona con beneplácito de los fieles, y sin descuidar las precauciones necesarias para evitar los posibles contagios.
Pero la palabra cuarentena registra otro sentido, figurado este y familiar: «Suspensión del asenso a una noticia o hecho, por algún espacio de tiempo, para asegurarse de su certidumbre». De acuerdo con este significado, se podría esquivar el claro rigor de la verdad, porque se duda de ella; se la pone en cuarentena. Podemos asumir este sentido del término para interpretar algunos fenómenos eclesiales; solo que tendríamos que poner entre paréntesis, o sencillamente omitir, aquello de «por algún espacio de tiempo».

jueves, 7 de mayo de 2020

La Iglesia no es cliente del Estado, y ningún obispo tiene derecho a prohibir la Eucaristía de este modo - Card. Gerhard Müller


Entrevista telefónica al
Cardenal Gerhard Müller
realizada por la Brújula Cotidiana


Eminencia, para muchos fieles, al sufrimiento de la enfermedad se añade, ahora, el sufrimiento de la prohibición de participar en la misa, incluso la negación de celebrar los funerales y, sobre todo, la justificación de todo ello por parte de la jerarquía eclesiástica.
Es algo muy grave, es el pensamiento laicista que ha entrado en la Iglesia. Una cosa es tomar medidas cautelares para minimizar los riesgos de contagio, otra muy distinta es prohibir la liturgia. La Iglesia no es cliente del Estado, y ningún obispo tiene derecho a prohibir la Eucaristía de este modo. Incluso hemos visto a sacerdotes castigados por sus obispos por haber celebrado la misa con pocas personas: todo esto significa verse como funcionarios del Estado. Pero nuestro pastor supremo es Jesucristo, no Giuseppe Conte. El Estado tiene su tarea y la Iglesia la suya.

A muchos les parece difícil conciliar el deber hacia el Estado con la exigencia del culto público a Dios.
Hay que rezar también públicamente porque nosotros sabemos que todo depende de Dios. Dios es la causa universal; después tenemos la causa secundaria que pasa por nuestra libertad. En todo lo que sucede, nosotros, criaturas finitas, no sabemos cuánto depende de la causalidad de Dios y cuánto de la nuestra: este es el punto de la oración. Debemos rezar a Dios para superar los desafíos de nuestra vida personal y social, pero sin olvidarnos de la dimensión transcendente, la visión de la vida eterna y de la unión íntima con Dios y con Jesucristo también en nuestro sufrimiento. Estamos llamados a cargar sobre nuestros hombros, cada día, nuestra cruz, pero también tenemos que explicar a los fieles sus sufrimientos con los conceptos del Evangelio. Prohibir la participación a la liturgia va en dirección opuesta. Tomar determinadas medidas externas es tarea del Estado; la nuestra es defender la libertad e independencia de la Iglesia y su superioridad en la dimensión espiritual. No somos una agencia subordinada al Estado.

Muchos, también entre los sacerdotes y obispos, se están dando cuenta de que se corre el riesgo evidente de confundir el sentido de la liturgia con toda esta proliferación de misas televisadas y en streaming.

lunes, 4 de mayo de 2020

"La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo" - Mons. Héctor Aguer



La misión de la Iglesia es siempre anunciar a Jesucristo, procurar que sea conocido y amado por todos los hombres de todos los tiempos, y que el programa de vida formulado en su predicación sea abrazado y cumplido, en orden a la salvación universal, y a la plena realización del Reino de Dios. Así lo entendieron los Apóstoles, y así lo trasmitieron a sus sucesores.

Dos expresiones netas de ese mandato se encuentran en los últimos versículos de los Evangelios de Mateo y de Marcos. Se considera que el de Mateo fue compuesto alrededor del año 80. El encargo consiste en amaestrar (mathetéusate) a todas las naciones (pánta tà éthnē), bautizarlas (baptídzontes), y enseñarles (didáskontes) a cumplir todo lo que Él nos ha mandado. Hoy diríamos que la evangelización incluye trasmitir la moral cristiana (Mt 28, 19 s.). Según los especialistas, el Evangelio de Marcos fue escrito unos diez años antes; sería el más antiguo de los cuatro. El mandato de Jesús aparece en un apéndice, de fecha posterior, y que la Iglesia considera canónico, es decir, que forma parte de la Revelación. Dice así: «Vayan por todo el mundo, anuncien (kērýxate) el Evangelio a toda la creación (notar la totalidad, sin exclusiones: todo el mundo, toda la creación). El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará» (Mc 16, 15s.). La cruda alternativa del resultado está expresada en los términos que son habituales en el Nuevo Testamento: sothḗsetai - katakri thesetai; el versículo 16 contrapone redención cumplida y condenación en el juicio futuro: promesa y amenaza. No quiero ser suspicaz, pero me llama la atención que en algunas citas del pasaje se suprima el versículo 16.

sábado, 11 de abril de 2020

¡Ha llegado el momento de arrancar a los cristianos del relativismo, ambiente que anestesia sus corazones y adormece el amor! - Card. Robert Sarah


Entrevista al Card. Robert Sarah

Publicada en Valeurs Actuels



¿Qué le inspira la crisis del coronavirus?

Este virus ha actuado como un indicador. En pocas semanas, la gran quimera de un mundo materialista que se creía todopoderoso parece haberse hundido. Hace unos días, los políticos nos hablaban de crecimiento, pensiones, reducción del paro. Se sentían seguros de sí mismos. Y he aquí que un virus, un virus microscópico, ha puesto de rodillas a este mundo ufano, que se contemplaba a sí mismo ebrio de autosatisfacción porque se creía invulnerable. La crisis actual es una parábola, que nos revela cuán inconsistente, frágil y vacío es todo lo que nos hacían creer. Nos decían: ¡podéis consumir de manera ilimitada! Pero la economía se ha hundido y las bolsas caen en picado. Hay fracasos por doquier. Nos prometían llevar más allá de los límites la naturaleza humana por medio de una ciencia triunfalista. Nos hablaban de vientres de alquiler, procreación asistida, transhumanismo, humanidad potenciada. Nos vanagloriábamos de un hombre de síntesis y una humanidad que las biotecnologías convertirían en invencible e inmortal. Y, en cambio, henos aquí, enloquecidos, confinados por un virus del que nos sabemos casi nada. El término epidemia había sido superado, era un término medieval. De repente, se ha convertido en nuestra cotidianidad.
Creo que esta epidemia ha dispersado el humo de la quimera. El hombre autodenominado todopoderoso aparece en su cruda realidad. Aquí está, desnudo. Su debilidad y su vulnerabilidad son patentes. El hecho de estar confinados en casa nos permitirá, espero, volver de nuevo a lo esencial, redescubrir la importancia de nuestra relación con Dios y, por ende, de la centralidad de la oración en la existencia humana. Y, con la conciencia de nuestra fragilidad, en confiar en Dios y su misericordia paterna.

¿Es una crisis de civilización?

viernes, 3 de abril de 2020

El Catecismo de la Iglesia Católica comentado 4 (Por Mons. José Ignacio Munilla)


Catecismo 4 – 5

PROLOGO

Transmitir la fe: la catequesis

Mons. JOSE IGNACIO MUNILLA


II. Transmitir la fe: la catequesis 
4  Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que,creyendo ésto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

5  "La catequesis es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).


Pasamos al punto 4 del Catecismo. Los tres primeros puntos están bajo el título “La vida del hombre: conocer y amar a Dios”. En ellos nos fijamos de qué manera arranca el Catecismo; tiene su importancia, obviamente, cómo pone nuestro corazón y nuestros ojos en Dios, en el conocimiento de Dios, en el amor a Dios.

Pasados esos tres primeros puntos que quieren centrar lo que es el eje, la columna vertebral del Catecismo, pasa ahora a hablar un poco de qué es la Catequesis, lógicamente este es un Catecismo, pues antes de prodigarse en las explicaciones por partes va a hablar durante unos cuantos puntos de qué es la catequesis, qué es el Catecismo, qué pretende, qué busca la Iglesia con ello.

Punto 4:
Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios a fin de que, creyendo esto, tengan la vida en su nombre, y para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo (cf. Juan Pablo II, Catechesi tradendae [CT] 1).

Este párrafo, este punto del Catecismo está tomado literalmente de la Exhortación Apostólica “Catequesis Tradendae” este documento que es del año 1979, que fue en el segundo año de ponticado de Juan Pablo II y fue un documento que él escribió recogiendo lo que Pablo VI había convocado con el cuarto Sínodo General de los Obispos para hablar del tema de la Catequesis.

Por cierto, en aquel sínodo (estamos hablando de octubre de 1977) había partcipado Karol Wojtyla como obispo partcipante, obispo polaco, partcipante de aquel sínodo de los obispos. Y luego le tocó, una vez elegido Papa (fue elegido en el año 1978), en el año 1979 siendo Papa le tocó a Juan Pablo II escribir la Exhortación Apostólica que era como conclusiva de lo que se había hablado en el Sínodo.

Con frecuencia, cuando se convoca un sínodo general de Obispos, luego suele escribirse (no es que sea obligatorio pero tiende a hacerse) una Exhortación Apostólica concluyendo, en las que el Papa recoge las conclusiones principales a las que ha llegado el sínodo. Esta se llama “Catequesis Tradendae”, “La transmisión de la catequesis” y estos puntos del Catecismo casi todos se van a referir, son citas de la “Catequesis Tradendae”.

lunes, 28 de octubre de 2019

Superstición, idolatría, adivinación y magia en el Catecismo de la Iglesia Católica


III. “No habrá para ti otros dioses delante de mí”


2110 El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.

La superstición

2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

La idolatría

domingo, 13 de octubre de 2019

Ser creyente en una sociedad postcristiana ¿Es posible el diálogo? Mons. José Ignacio Munilla

Diálogo:
·        Medio para el encuentro con la Verdad
·        Intercambio de ideas (logos)
·        La verdad que no se expresa se va debilitando
·        Diálogo parte de una identidad profunda
·        Hace falta la convicción de sentido, la Revelación de Cristo
·         Necesita disposición para la conversión ante la verdad descubierta

Cuatro presupuestos
1.    Estar en el mundo sin ser mundanos. Ser resistentes a la mundanización. El mayor peligro no es ser minoritarios sino insignificantes
2.    Tener conciencia que tenemos una unidad de destino con quienes dialogamos.
3.    Tomar conciencia de nuestra vocación social frente a un individualismo hegemónico. Ser realmente solidarios no sólo teóricamente solidarios.
4.    Santa rebeldía en defensa del principio de subsidiariedad frente a una creciente estatización.

José Manuel de Prada - Origen de la crisis actual:
Desarraigo espiritual
Desarraigo existencial
Desarraigo intelectual
Desarraigo moral
Desarraigo familiar y social.

El mayor peligro del cristianismo en el momento presente no radica en ser minoritario, sino en ser insignificante - Mons. José Ignacio Munilla


Entrevista en el Diario La Rioja (08-10-2019), con motivo de la Conferencia de Mons Munilla «Ser creyente en una sociedad postcristiana. ¿Es posible el diálogo?», organizada por la Bitácora XXI, e impartida en el Centro Cultural de Ibercaja de Logroño (La Rioja), el mismo martes, 8 de octubre de 2019.

«EL MAYOR PELIGRO HOY PARA EL CRISTIANISMO NO ES SER MINORITARIO, SINO INSIGNIFICANTE»


1.    ¿Cuál debería ser la actitud del creyente en una sociedad laica, beligerante o conformista?
En la carta de San Pablo a los Romanos leemos: «Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente» (Rom 12, 2). Lo cual no supone que haya que estar peleándose con todo el mundo.  Lo que sí me atrevo a afirmar es que El mayor peligro del cristianismo en el momento presente no radica en ser minoritario, sino en ser insignificante. El conformismo lleva inevitablemente a la insignificancia y a la irrelevancia. Decía Chesterton que solamente el que está vivo es capaz de remar contra corriente.

2.    ¿Es posible establecer un diálogo entre la fe y la razón o hablan idiomas diferentes?

miércoles, 18 de septiembre de 2019

jueves, 18 de julio de 2019

" La Iglesia no pertenece a los pseudo-reformadores" Card. Robert Sarah


Entrevista concedida  
a Aleteia por el
Cardenal Robert Sarah,
prefecto de la Congregación
para el Culto Divino
a Aleteia


¿Qué respuesta daría a quienes pudieran considerar que su libro es pesimista o incluso alarmista?

He llegado a estas conclusiones con mucha prudencia y un gran deseo de ser preciso. Por consiguiente, me parece que el libro no se sitúa lejos de la verdad. Por supuesto, el panorama puede parecer sombrío, pero el papa Benedicto XVI dijo él mismo, justo antes de su elección para la Sede de Pedro, que Occidente atraviesa una crisis nunca vista en toda la historia. 

La realidad está ahí: no se puede decir que no hay una crisis de fe mientras se estén vaciando las iglesias. No creo que en el pasado hayamos sido testigos de unas acusaciones parecidas a las que se dirigen hoy en día contra cardenales, obispos, sacerdotes, que a veces son incluso condenados a penas de prisión…

En la sociedad, no conozco de otra civilización que haya legalizado el aborto, la eutanasia, haya roto la familia y quebrado el matrimonio hasta este punto. Sin embargo, son aspectos esenciales de la vida humana.  Estamos en una situación difícil y la crisis es profunda y grave, pero también he dedicado la última parte del libro a una larga reflexión sobre la esperanza, porque cada crisis conlleva una nueva dimensión, el comienzo de un renacimiento.

¿Qué recomienda usted para resistir y avanzar?

viernes, 5 de julio de 2019

Toda doctrina y praxis debe fundarse en la Sagrada Escritura y la Tradición Apostólica, y no debe contradecir los anteriores pronunciamientos dogmáticos del Magisterio - Card. Müller


Entrevista concedida por el
Card. Gerhard Ludwig Müller
a The Catholic World Report


Desde 2014 ha habido dentro de la Iglesia una corriente continua de conflictos y tensiones que involucra a muchos obispos alemanes. ¿Cuál es la razón de este fenómeno?. ¿Cuál es la causa de estos conflictos sobre la eclesiología, la Sagrada Comunión y otros asuntos relacionados?

Un grupo de obispos alemanes con su presidente (es decir, el de la Conferencia Episcopal Alemana) a la cabeza, se ven a sí mismos como los pioneros de la Iglesia Católica en la marcha hacia la modernidad. Ellos consideran que la secularización y la descristianización de Europa es un desarrollo irreversible. Por esta razón la Nueva Evangelización, el programa de Juan Pablo II y Benedicto XVI es, desde su punto de vista, una batalla contra el curso objetivo de la historia, que se parece a la lucha de Don Quijote contra los molinos de viento. Están buscando el sitio donde la Iglesia pueda sobrevivir en paz. Por lo tanto, todas las doctrinas de fe que se opongan a la «corriente dominante» del consenso social deben ser reformadas.

Una consecuencia derivada de esto es la demanda de la Sagrada Comunión incluso para aquella gente que no profesan la fe católica y también para aquellos católicos que no están en estado de gracia santificante. También se incluyen en la agenda: una bendición para las parejas homosexuales, la intercomunión con los protestantes, la relativización de la indisolubilidad del matrimonio sacramental, la introducción de los viri probati y, con ello, la abolición del celibato sacerdotal y la aprobación de relaciones sexuales antes y fuera del matrimonio. Estos son sus fines, y para alcanzarlos están dispuestos a aceptar incluso la división entre los obispos de la Conferencia Episcopal.

Los fieles que se toman la doctrina católica en serio son tachados de conservadores, se les está empujando fuera de la Iglesia, y son expuestos a una campaña de difamación de los medios de comunicación liberales y anticatólicos

lunes, 10 de junio de 2019

Nota explicatoria a la «Declaración de verdades relativas a algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo»


Nota explicatoria a la
«Declaración de verdades relativas a algunos de los errores más comunes en la vida de la Iglesia de nuestro tiempo»



En nuestro tiempo la Iglesia está experimentando una de las epidemias espirituales más grandes, es decir, una confusión y desorientación doctrinal casi universal, que es un peligro seriamente contagioso para la salud espiritual y la salvación eterna de muchas almas. Al mismo tiempo se debe reconocer un letargo generalizado en el ejercicio del Magisterio en los diferentes niveles de la jerarquía de la Iglesia en nuestros días. Esto se debe principalmente al incumplimiento del deber apostólico, como también manifiesta el Concilio Vaticano II, de «apartar de su grey los errores que la amenazan». (Lumen Gentium, 25).

Nuestro tiempo se caracteriza por una acusada hambre espiritual que padecen muchos fieles católicos en todo el mundo de una reafirmación de esas verdades que son confundidas, socavadas y negadas por algunos de los más peligrosos errores de nuestro tiempo. Los fieles, que también están sufriendo esta hambre espiritual, se sienten abandonados y por lo tanto se encuentran en una especie de periferia existencial. Tal situación demanda urgentemente un remedio concreto. Una declaración pública de las verdades concernientes a estos errores no puede admitir más dilación. Por lo tanto nosotros somos conscientes de las siguientes palabras atemporales dichas por el Papa San Gregorio Magno: «Que nuestra lengua no cese de exhortar, y habiendo emprendido el oficio de obispos, nuestro silencio no puede resultar en nuestra condenación ante el tribunal del Juez justo (…). El pueblo encomendado a nuestro cuidado abandona a Dios, y nosotros permanecemos en silencio. Ellos viven en pecado, y nosotros no extendemos nuestra mano para corregir». (In Ev. hom. 17, 3.14).

domingo, 9 de junio de 2019

Hay una tendencia perversa que consiste en falsear la pastoral, oponerla a la doctrina - Card. Robert Sarah



Entrevista que el cardenal Sarah ha concedido a Laurent Dandrieu, de Valeurs Actuelles sobre su último libro, “Le soir approche et déjà le jour baisse (Ya está cayendo la tarde y se termina el día)”, y que ha sido traducido al español por Elena Faccia-Serrano para Infovaticana.
- Este libro es, ante todo, un llamamiento a la lucidez y a la clarividencia. La Iglesia atraviesa una gran crisis. Los vientos son extrañamente violentos. Raros son los días sin escándalos, reales o imaginarios. Los fieles, legítimamente, se hacen preguntas. Este libro para ellos. Deseo que, tras leerlo, puedan sentirse llenos de la alegría que Cristo da: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día» (Lc 24, 29, ndt).

- La elección de este versículo sacado del Evangelio de los peregrinos de Emaús, ¿es una manera de indicar que, en la Iglesia, Cristo no es el centro?
- Creo firmemente que la situación que vivimos en el seno de la Iglesia se parece en todo a la del Viernes Santo, cuando los apóstoles abandonaron a Cristo, cuando Judas le traicionó, porque el traidor quería un Cristo preocupado por los asuntos políticos. Hoy en día, numerosos sacerdotes y obispos están literalmente hechizados por los asuntos políticos o sociales. En realidad, estas cuestiones nunca encontrarán respuesta fuera de la enseñanza de Cristo, que es la que nos hace más solidarios, más fraternales. Mientras Cristo no sea para nosotros como un hermano mayor, el primogénito de una multitud de hermanos, la caridad no será sólida, ni habrá una verdadera alteridad. Cristo es la única luz del mundo. ¿Cómo podría la Iglesia darle la espalda a esta luz?
Ciertamente, es importante ser sensible ante las personas que sufren. Pienso, en especial, en los hombres que abandonan su país. Pero, ¿por qué se alejan de su tierra? Porque poderosos sin fe, que han perdido a Dios, para los que sólo cuentan el poder y el dinero, han desestabilizado sus naciones. Estas dificultades son enormes. Pero, repito, la Iglesia tiene, ante todo, que volver a dar a los hombres la capacidad de mirar a Cristo: «Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Este libro quiere intentar volver a dar a la Iglesia el sentido de su gran misión divina.

- Usted llega incluso a denunciar a «los pastores que abandonan a su rebaño…»

viernes, 22 de junio de 2018

Santo Tomás Moro eligió servir primero a Dios -. Benedicto XVI


ENCUENTRO CON
REPRESENTANTES DE LA SOCIEDAD BRITÁNICA
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Westminster Hall - City of Westminster
Viernes 17 de septiembre de 2010


Señor Orador:
Gracias por sus palabras de bienvenida en nombre de esta distinguida asamblea. Al dirigirme a ustedes, soy consciente del gran privilegio que se me ha concedido de poder hablar al pueblo británico y a sus representantes en Westminster Hall, un edificio de significación única en la historia civil y política del pueblo de estas islas. Permítanme expresar igualmente mi estima por el Parlamento, presente en este lugar desde hace siglos y que ha tenido una profunda influencia en el desarrollo de los gobiernos democráticos entre las naciones, especialmente en la Commonwealth y en el mundo de habla inglesa en general. Vuestra tradición jurídica —“common law”— sirve de base a los sistemas legales de muchos lugares del mundo, y vuestra visión particular de los respectivos derechos y deberes del Estado y de las personas, así como de la separación de poderes, siguen inspirando a muchos en todo el mundo.

Al hablarles en este histórico lugar, pienso en los innumerables hombres y mujeres que durante siglos han participado en los memorables acontecimientos vividos entre estos muros y que han determinado las vidas de muchas generaciones de británicos y de otras muchas personas. En particular, quisiera recordar la figura de Santo Tomás Moro, el gran erudito inglés y hombre de Estado, quien es admirado por creyentes y no creyentes por la integridad con la que fue fiel a su conciencia, incluso a costa de contrariar al soberano de quien era un “buen servidor”, pues eligió servir primero a Dios. El dilema que afrontó Moro en aquellos tiempos difíciles, la perenne cuestión de la relación entre lo que se debe al César y lo que se debe a Dios, me ofrece la oportunidad de reflexionar brevemente con ustedes sobre el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político.

lunes, 4 de junio de 2018

Summi Pontifucatus - Primera encíclica del papa Pío XII


CARTA ENCÍCLICA
SUMMI PONTIFICATUS
DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR
PÍO
POR LA DIVINA PROVIDENCIA
PAPA XII
A LOS VENERABLES HERMANOS
PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y DEMÁS ORDINARIOS LOCALES
EN PAZ Y EN COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA

20 de octubre de 1939



1. Dios, en su secreto designio, nos ha confiado, sin mérito alguno nuestro, la dignidad y las graves preocupaciones del supremo pontificado precisamente en el año en que se cumple el cuadragésimo aniversario de la consagración del género humano al Sacratísimo Corazón del Redentor, que nuestro inmortal predecesor León XIII intimó a todo el orbe, al declinar el pasado siglo, en los umbrales del Año Santo.

2. Con suma alegría e íntimo gozo acogimos entonces como mensaje del cielo la encíclica Annum Sacrum , precisamente cuando recién ordenados de sacerdote, habíamos podido recitar el Introibo ad altare Dei (Sal 42,4) . Y ¡con qué ardiente entusiasmo unimos nuestro corazón a los pensamientos y a las intenciones que animaban y guiaban aquel acto, llevado a cabo, no sin una especial providencia, por un Pontífice que con tan profunda agudeza conocía las necesidades y los males manifiestos y ocultos de su tiempo! Por esto, no podemos dejar de manifestar nuestro agradecimiento a la divina Providencia, que ha querido hacer coincidir nuestro primer año de pontificado con un recuerdo tan trascendental y querido de nuestro primer año de sacerdocio. Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Señor de los señores (1Tim 6,15; Ap 19,16) sea como la plegaria introductoria de nuestro pontificado, cumpliendo así los deseos de nuestro santo predecesor. Sea este culto también el fundamento en que se apoyan y el propósito que pretenden tanto nuestra voluntad esperanzada como nuestra enseñanza y pastoral actividad, y, finalmente, el sufrimiento de los trabajos y penas, que consagramos exclusivamente a la difusión del reino de Cristo.

viernes, 25 de mayo de 2018

Si Dios no es nuestra luz, todo lo demás se vuelve inútil - Card. Robert Sarah


Homilía del Cardenal Robert Sarah
Prefecto de la Congregación para el Culto Divino
y la Disciplina de los Sacramentos
en la Peregrinación anual
a Notre-Dame de Chrétienté
en Chartres
en la Solemnidad de Pentecostés


Queridos peregrinos de Chartres, 

“La luz ha venido al mundo”, nos dice Jesús hoy en el Evangelio ( Juan 3, 16-21 ), “y los hombres han preferido la oscuridad”.

Y ustedes, queridos peregrinos, ¿han acogido la única luz que no engaña: la de Dios? Han caminado por tres días, orado, cantado, sufrido bajo el sol y bajo la lluvia: ¿Recibieron la luz en sus corazones? ¿Realmente han abandonado la oscuridad? ¿Han elegido seguir el Camino siguiendo a Jesús, que es la Luz del mundo? Queridos amigos, permítanme formularles esta pregunta radical, porque si Dios no es nuestra luz, todo lo demás se vuelve inútil. Sin Dios, ¡todo es oscuridad! 

Dios vino a nosotros, se hizo hombre. Nos ha revelado la única verdad que salva, murió para redimirnos del pecado, y en Pentecostés nos dio el Espíritu Santo, nos dio la luz de la fe … ¡pero preferimos la oscuridad!

¡Miremos a nuestro alrededor! La sociedad occidental ha elegido establecerse sin Dios. Somos testigo de cómo ahora se entrega a las llamadas y engañosas luces de la sociedad de consumo, para obtener ganancias a toda costa, desde un individualismo frenético. 

¡Un mundo sin Dios es un mundo de oscuridad, de mentiras y de egoísmo! 

miércoles, 2 de mayo de 2018

Contra los que consideran al número como prueba de la verdad - San Atanasio



Homilía de San Atanasio contra los que consideran al número como prueba de la verdad o que no juzgan de la verdad sino por el número:

De Dios debemos esperar la fuerza y las luces necesarias para combatir la mentira y el error y a Él recurriremos para obtenerlas. Él es el Dios de la Verdad, Él nos ha sacado del seno del error y de la ilusión, Él nos dice en el fondo del corazón: "Yo soy la Verdad", Él sostiene nuestra esperanza y anima nuestro celo, cuando nos dice: "Tened confianza, Yo he vencido al mundo.

Después de eso, ¿cómo no sentir compasión por los que sólo miden la fuerza y el poder de la Verdad por el gran número? ¿Han olvidado por consiguiente, que Nuestro Señor Jesucristo no eligió sino doce discípulos, gentes simples, sin letras, pobres e ignorantes, para oponerlos, con una misericordia totalmente gratuita, al mundo entero y que no les dio, como única defensa, sino la confianza en Él? ¿Ignoran acaso que les dio como instrucción a estos doce enviados, no el seguir al gran número, y a esos millones de hombres que se perdían, sino ganar a esa multitud y comprometerla a seguirlos? ¡Cuán admirable es la fuerza de la Verdad! Sí, la Verdad es siempre vencedora, aunque no esté sostenida sino por un número muy pequeño.

No tener otro recurso sino el gran número, recurrir a él como a una muralla contra todos los ataques, y como a una respuesta para todas las dificultades, es reconocer la debilidad de su causa, es convenir en la imposibilidad en que se está de defenderse, es, en una palabra, reconocerse vencido.

¿Qué pretendéis, en efecto, cuando nos objetáis vuestro gran número? ¿Queréis como en otro tiempo, levantar una segunda Torre de Babel, para tener a raya a Dios y atacarlo en caso de necesidad? ¡Qué ejemplo el de esa multitud insensata!

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