Cuarentena eclesial
Estamos en cuarentena.
El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define: «Aislamiento
preventivo a que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias
a personas o animales». Todos estamos «cuarentenados», y oficialmente también
la Iglesia: los templos cerrados, sin funciones litúrgicas; los fieles, sin
posibilidad de recibir los sacramentos, deben contentarse con misas por
internet. Muchos piensan que se ha incurrido en una exageración. En la
Argentina el Estado muestra siempre una inclinación al autoritarismo, por no
decir un gusto apenas reprimido por el totalitarismo, cualquiera sea el signo
político del gobierno de turno. El avance actual sobre la Iglesia, justificado
en la argumentación oficial -gubernativa y eclesiástica- en razón de la
pandemia del Covid - 19, ha sido tolerado con una benevolencia que no pocos
consideran excesiva; es una mala señal. ¿Qué pasará después?. Algunos
sacerdotes, haciendo uso del sentido común y la libertad cristiana, encontraron
la manera de zafar parcialmente de la encerrona con beneplácito de los fieles,
y sin descuidar las precauciones necesarias para evitar los posibles contagios.
Pero la palabra cuarentena registra
otro sentido, figurado este y familiar: «Suspensión del asenso a una noticia o
hecho, por algún espacio de tiempo, para asegurarse de su certidumbre». De
acuerdo con este significado, se podría esquivar el claro rigor de la verdad,
porque se duda de ella; se la pone en cuarentena. Podemos asumir este sentido
del término para interpretar algunos fenómenos eclesiales; solo que tendríamos
que poner entre paréntesis, o sencillamente omitir, aquello de «por algún
espacio de tiempo».














