HOMILÍA DEL CARDENAL
SARAIVA MARTINS
ENLA MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS
PORLA BEATIFICACIÓN DE
EN
POR
Sahuayo (Michoacán, México)
Lunes 21 de noviembre de 2005
Queridos señores obispos;
hermanos sacerdotes, religiosas y religiosos;
fieles cristianos laicos:
1. "Tú, que vives al amparo del Altísimo y descansas a la sombra del Todopoderoso, dile al Señor: Tú eres mi refugio y fortaleza" (Sal 90, 1). Con el corazón lleno de emociones por la beatificación, el día de ayer, de Anacleto González Flores y sus compañeros mártires, hemos venido hoy para dar gracias a Dios por la beatificación de uno de ellos, el beato
Venimos al lugar mismo de los hechos, y parece que el espacio y el tiempo se vuelven sagrados, cargados de gracia, preñados del misterio de Dios: hemos recorrido procesionalmente, con las reliquias del beato, la distancia que él mismo tuvo que recorrer con los pies sangrantes para llegar al lugar de su martirio. En lo profundo de nuestra alma resonaban sus gritos juveniles: ¡Viva Cristo Rey !, ¡Viva la Virgen de Guadalupe! En un recorrido triunfal, hemos llegado a este templo parroquial del Apóstol Santiago, donde él estuvo preso hasta los últimos días, y donde el celo por la casa de Dios le devoró las entrañas y le inflamó el corazón para defender la dignidad del santuario, despedirse de sus familiares, caminar con pie firme y decidido al encuentro de Jesús.

2. La lectura del libro de la Sabiduría nos ofrece una admirable descripción del alma de un justo, de un santo, de un bienaventurado: la convicción de que la vida del hombre está en las manos de Dios, la absoluta confianza en el juicio de Dios y no en el de los hombres, la fidelidad a toda prueba, la certeza del triunfo definitivo y la fecundidad de una vida que se creía perdida. ¡Qué maravillosa imagen nos diseña la Sabiduría y cómo se transforma cuando vemos cumplido todo esto en Jesús, el justo perseguido, el Hijo que nos revela al Padre en el momento del dolor y del sufrimiento, el Señor triunfador del pecado y de la muerte!
Es verdad que, a lo largo de los siglos, hombres y mujeres de toda condición han alcanzado una perfección muy grande, una imitación admirable del único modelo, una madurez espiritual que ha irradiado su santidad a todos los tiempos y lugares; pero lo admirable aquí es que esto se ha cumplido en un adolescente, casi un niño todavía. Como otros jóvenes a lo largo de la historia, este jovencito, nacido aquí mismo, bautizado aquí mismo, martirizado aquí mismo, nos muestra el camino de la santidad y nos invita a recorrerlo en el seguimiento de Jesús.
Es verdad que, a lo largo de los siglos, hombres y mujeres de toda condición han alcanzado una perfección muy grande, una imitación admirable del único modelo, una madurez espiritual que ha irradiado su santidad a todos los tiempos y lugares; pero lo admirable aquí es que esto se ha cumplido en un adolescente, casi un niño todavía. Como otros jóvenes a lo largo de la historia, este jovencito, nacido aquí mismo, bautizado aquí mismo, martirizado aquí mismo, nos muestra el camino de la santidad y nos invita a recorrerlo en el seguimiento de Jesús.

3. Todos conocemos las difíciles circunstancias históricas que rodearon el martirio del beato José. Una violenta persecución se desató contra la Iglesia, despiadada y cruel, que tenía como claro objetivo acabar con la fe cristiana del pueblo, con el amor a la Virgen Morena , con todos los sacerdotes que fuera posible pasar por las armas. El fruto de estos tiempos calamitosos está ya a la vista, con los santos canonizados por el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, y con los beatos del día de ayer, beatificados por mandato del Papa Benedicto XVI. La Iglesia de hoy en México es fruto del testimonio de muchos mártires, confesores, sacerdotes, religiosas y cristianos a carta cabal que defendieron y difundieron su fe con valentía.
Los tiempos actuales son exactamente los mismos, pero la exigencia de vivir coherentemente la fe en todos los ámbitos de la vida es la misma ayer que hoy. En este sentido, la beatificación del niño de Sahuayo nos recuerda los primeros tiempos de la Iglesia, en los que los cristianos eran perseguidos por invocar el nombre de Cristo: "Si los injurian por el nombre de Cristo, ténganse por dichosos —dice san Pedro en la segunda lectura—; quien sufre por ser cristiano, que le dé gracias a Dios por llevar ese nombre". Cristiano, en los primeros tiempos, era signo de perseguido, proscrito. No a todos nos llama el Señor a derramar la sangre por él, pero sí nos llama a todos a ser sus testigos, a confesar su nombre, a amar a todos sin discriminación, y a obedecer a Dios antes que a los hombres.

4. El Papa Pío XI no desconocía estas dolorosas situaciones ni la historia de estos gloriosos mártires mexicanos. Emocionado escribía: "Venerables hermanos, entre aquellos adolescentes y jóvenes hay algunos —y no puedo contener las lágrimas al recordarlos— que, llevando en las manos el rosario y aclamando a Cristo Rey , sufrieron espontáneamente la muerte". Pensaba, sin duda, el recordado Pontífice en personas como nuestro joven beato, quien supo poner en práctica la palabra de Jesús: "El que quiera ser mi discípulo, que me siga, para que donde yo esté, esté también mi servidor".
La inscripción en la lista de los mártires de Cristo Rey del primer beato de la Iglesia de Dios que peregrina en Zamora es un don y una gracia ante todo para toda la diócesis. Los santos son signos visibles de la presencia del Señor Jesús hasta el fin de los tiempos, y una respuesta viva al deseo de los hombres de ver a Jesús. El beato José deberá ser para todos un ejemplo del camino de Jesús y de la lógica de su seguimiento: el que se ama a sí mismo, se pierde; y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna; y, al mismo tiempo, una fuente de esperanza y una garantía de frutos de vida eterna para todos los fieles: la sangre de los mártires, en efecto, sigue siendo semilla de cristianos.

5. Continuemos nuestra celebración de acción de gracias inspirados en la exclamación jubilosa de Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla". Gracias por la santidad y sabiduría del adolescente, por la confesión del nombre de Jesús de un cristiano tan joven, y por el martirio tan glorioso de un hijo de esta parroquia de Santiago Apóstol y de esta diócesis de Zamora, el beato José Sánchez del Río. Que él interceda por nosotros en el cielo y que muy pronto lo podamos ver canonizado aquí en la tierra. Así sea.
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