jueves, 2 de octubre de 2014

Santos Ángeles Custodios - Himnos de la Liturgia


 
oficio de lectura 1

Ángeles de la mañana,
ángeles del mediodía,
de la tarde y de la noche
son tu presencia divina.

Llenos de gozo, Señor,
te damos nuestra alegría,
peregrinos de la tierra,
huéspedes ya de tu vida.

¡Que nunca nos abandone,
en el sueño o la vigilia,
el ángel que nos pusiste
como compañero y guía!. Amén.


oficio de lectura 2

Hacedor de los múltiples seres,
tú gobiernas la tierra y el mar,
y conduces al cielo los justos
y les donas corona inmortal.

Al diabólico espíritu lo atas
y condenas al fuego eternal;
y a los ángeles fieles ordenas
alabar tu grandeza inmortal.

Te rogamos, confiados, nos oigas,
nos envíes el fiel escuadrón
que nos traiga los dones copiosos
de la eterna sin par salvación.

Hoy el fiel batallón nos custodie
con su afecto, su luz y su paz,
y a los bienes eternos nos guíe,
triunfadores del líder del mal.

Haz que al ángel sigamos seguros,
oh Jesús, de los cielos fulgor;
que nos lleve en feliz compañía
a gozar de tu clara visión.

Entonemos al Dios de los ángeles,
jubilosos, un himno triunfal:
a los ángeles y hombres concede
la corona de luz celestial. Amén.



Laudes

Cantemos hoy a los ángeles,
custodios nuestros y hermanos,
que velan por los humanos
y van de su bien en pos.
Ven siempre la faz del Padre,
él los ampara benigno,
y luchan contra el maligno
en las batallas de Dios.

¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
sois su vital letanía,
su enamorada legión.
Por vuestro medio nos llegan
dones y gracias del cielo,
la fe, la luz, el consuelo,
la paz y la inspiración.

Terribles como un ejército
bien ordenado en batalla,
vuestra asistencia no falla
contra la insidia infernal.
Silentes guardas y amigos,
de nuestra noche luceros,
seréis nuestros compañeros
en la patria celestial.

La gloria a Dios que ha creado
ejército tan prolijo:
que adore sumiso al Hijo,
su rey y su plenitud,
y que al Espíritu Santo,
terrenos y celestiales,
le rindan universales
tributos de gratitud. Amén.


Vísperas


Ángeles de la gloria y del servicio,
que vivís junto a la fuente de la vida,
la santidad de Dios es vuestra estancia
y su divina faz es vuestra dicha.

Ángeles servidores de la paz
en Belén junto al Hijo de María,
ángeles que rendís adoración
en el desierto al vencedor Mesías,

jóvenes de celestes vestiduras
para anunciar en Pascua la noticia,
la Iglesia reconoce vuestros pasos
y da gracias al Padre que os envía.

Ángeles invisibles y callados,
vuestra gracia supera fantasía;
sois gozo de la excelsa Trinidad
y ayuda de la Iglesia peregrina.

Honor y majestad a Jesucristo,
cuyo rostro los ángeles ansían;
honor y gratitud al Unigénito,
al que nos dio su honor con su venida. Amén.

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