martes, 25 de agosto de 2020

San José de Calasanz abrió, con su genial intuición, un fértil surco en la sociedad, que luego muchos otros fundadores y fundadoras han seguido y profundizado

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE SAN JUAN PABLO II

AL PREPÓSITO GENERAL DE LOS ESCOLAPIOS

EN EL IV CENTENARIO DE LA PRIMERA ESCUELA 

POPULAR GRATUITA DE EUROPA

 

Al reverendo padre
José María BALCELLS XURIACH
prepósito general de los padres escolapios

1. En el IV centenario de la apertura en Roma de la «primera escuela pública popular gratuita de Europa» por obra de san José de Calasanz, deseo unirme a la alegría de ese instituto y de todos los que, gracias al ministerio educativo y evangelizador de los padres escolapios, han recibido una sólida formación humana y cristiana.

El encuentro, en la primavera de 1597, entre José de Calasanz y Antonio Brendani, párroco de Santa Dorotea, fue para vuestro fundador la ocasión de una conversión más total al Evangelio, que lo impulsó a abandonar legítimas aspiraciones personales para encontrar en la pequeña escuela de Trastévere un «modo mejor de servir a Dios, ayudando a estos pobres niños» (Vincenzo Berro, Annotazioni della Fondatione della Congregatione e Religione delle Scuole Pie, 1963, tomo I, p. 73). Desde esa primera experiencia educativa, convenientemente transformada y cualificada por Calasanz, nació, en el otoño siguiente, el primer núcleo de las Escuelas Pías, ejemplo de instrucción cristiana abierta a todos, que daría origen a las escuelas populares en sentido moderno.

Como recordó mi venerado predecesor Benedicto XV, con ocasión del tercer centenario de la aprobación de la obra calasancia, «él (Calasanz) fue el primero en inventar, para la caridad cristiana, también este camino: cuando, a duras penas, se ofrecía a los muchachos una instrucción primaria, él asumió la tarea de enseñar gratuitamente a los hijos de los pobres, para que no quedaran privados totalmente de instrucción a causa de su pobreza» (AAS 9 [1917], p. 105).

2. José de Calasanz, intérprete sabio de los signos de su tiempo, consideró la educación, impartida de modo «breve, sencillo y eficaz» (cf. Constitutiones [1622], n. 216), como garantía de éxito en la vida de los alumnos y levadura de renovación social y eclesial. Además, vio en la escuela una manera nueva de evangelizar y, por eso, quiso que la tarea de la educación la asumieran religiosos, y preferiblemente sacerdotes, comprometiéndolos a dar al niño una cultura global, en la que la dimensión religiosa fuera considerada y vivida profundamente. Calasanz delineó, en consecuencia, la figura del sacerdote educador de los niños y de los pobres, elevando al mismo tiempo a dignidad ministerial un oficio considerado por sus contemporáneos humilde y de poco prestigio.

Testamento espiritual de San Luis Rey de Francia a su hijo

 

Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible.

Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.

Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.

Asiste, de buena gana y con devoción, al culto divino y, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor, con oración vocal o mental.

Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.

Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 148

 

Miércoles de la 21ª semana

LA CONTRICIÓN

 

1º) Debe ser máxima.

 

En la contrición hay doble dolor. Uno en la voluntad, que es esencialmente la misma contrición, la cual no es otra cosa que displicencia del pecado pasado, y tal dolor en la contrición excede a todos los otros dolores, porque, cuanto más agrada una cosa, tanto más desagrada su contraria. Ahora bien, el fin último agrada sobre todas las cosas, ya que todas las cosas se desean por él; luego el pecado, que aparta del fin último, debe desagradar sobre todas las cosas.

 

Existe otro dolor en la parte sensitiva, y no es necesario que este dolor sea máximo. Porque mayor dolor hay en la parte sensitiva por una lesión sensible, que el que se experimenta en la razón por repercusión. Por lo que el dolor de la parte sensitiva, procedente del desagrado que en la razón produce el pecado, no es mayor que los otros dolores sensibles, ya porque el sentimiento inferior no está sometido en su voluntad al superior a tal punto, que una emoción u otra esté en la parte inferior en el grado que ordena la parte superior; ya porque las emociones que provienen de la razón en los actos virtuosos están sometidas a determinada medida; la que no siempre se guarda en el dolor no virtuoso, porque a veces excede.

 

2º) De qué modo puede ser excesiva la contrición.

 

La contrición por parte del dolor que está en la razón, esto es, de la displicencia que produce el pecado en cuanto es ofensa de Dios, no puede ser excesiva, como tampoco puede ser excesivo el amor de caridad, que inspira tal displicencia. Pero el dolor sensible puede ser excesivo, como también la aflicción exterior del cuerpo. En todo esto debe tomarse por medida la obligación de conservarse en estado de cumplir sus deberes. Por eso dice el Apóstol: (Sea) racional vuestro obsequio (Rom 12, 1).

 

3º) La contrición debe ser mayor para un pecado que para otro.

lunes, 24 de agosto de 2020

San Bartolomé Apóstol en quien no hay doblez ni engaño

 

Fiesta. San Bartolomé, Apostol

 

Bartolomé -o Natanael, como le llama a veces el Santo Evangelio- fue uno de los Doce. Era natural de Caná de Galilea y amigo del Apóstol Felipe, quien le llevó hasta Jesús en la región del Jordán. De él hizo Jesús esta gran alabanza: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. Según la Tradición, predicó la fe en Arabia y Armenia, donde murió mártir.

 

        — El encuentro con Jesús

        — El elogio del Señor. La virtud de la sinceridad.

        — Sinceridad con Dios, en la dirección espiritual, en la convivencia con los demás. La virtud de la sencillez.

 

I. Al Apóstol Bartolomé lo identifica la tradición con Natanael, aquel amigo de Felipe a quien este comunicó lleno de gozo su encuentro con Jesús, con estas palabras: Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazareth, el hijo de José1. Natanael, como todo buen israelita, sabía que el Mesías debía venir de Belén, del pueblo de David2. Así lo había anunciado el Profeta Miqueas: Y tú, Belén, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de judá; pues de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel3. Por eso quizá contesta con cierto tono despectivo: ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazareth? Y Felipe, sin confiar demasiado en sus propias explicaciones, le invitó a acercarse personalmente al Maestro: Ven y verás, le dice. Felipe sabía bien, como nosotros, que Cristo no defrauda a nadie. Jesús mismo «llamó a Natanael por medio de Felipe, como llamó a Pedro por medio de su hermano Andrés. Esta es la manera de obrar de la divina Providencia, que nos llama y nos conduce por medio de otros. Dios no quiere trabajar solo; su sabiduría y bondad quieren que también nosotros participemos en la creación y orden de las cosas»4. ¡Cuántas veces nosotros mismos vamos a ser instrumentos para que nuestros amigos o familiares reciban la llamada del Señor! ¡A cuántos, como Felipe, les hemos dicho ven y verás!

 

Natanael, hombre sincero, acompañó a Felipe hasta Jesús... y quedó deslumbrado. El Maestro ganó su fidelidad para siempre. Al verlo llegar acompañado de Felipe, le dijo: ¡He aquí un verdadero israelita en quien no hay doblez ni engaño! ¡Qué gran elogio! Natanael quedó sorprendido, y preguntó: ¿De qué me conoces? Y el Señor le responde con unas palabras misteriosas para nosotros, pero que debieron ser muy claras y luminosas para él: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi.

Al oír a Jesús, Natanael entendió con claridad. Las palabras del Señor le recordaron algún suceso íntimo, tal vez la resolución de un propósito decidido, y le hicieron pronunciar una emocionada confesión explícita de fe en Jesús como Mesías y como Hijo de Dios: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Y el Señor le dice y le promete: ¿Porque te he dicho que te vi bajo la higuera crees? Cosas mayores verás. Y evocó Jesús con cierta solemnidad un texto del Profeta Daniel5 para confirmar y dar mayor hondura a las palabras que terminaba de pronunciar el nuevo discípulo: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar en torno al Hijo del Hombre.

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 147

 

Lunes de la 21ª semana

LA MUERTE ETERNA


 

Los malos no tendrán en la muerte eterna menos dolor y pena que alegría y gloria los buenos. La pena de aquéllos se acrecienta:

 

1º) Por la separación de Dios y de todos los bienes; y ésta es la pena de daño que responde a la aversión. La pena de daño es mayor que la de sentido: Al siervo inútil echadle en las tinieblas exteriores (Mt 25, 30). Los malos, durante la vida presente, tienen tinieblas interiores, esto es, las del pecado, mas entonces las tendrán exteriores.

 

2º) Por el remordimiento de la conciencia. Te argüiré y te pondré delante de tu cara (Sal 49; 21). Gimiendo con angustia de espíritu (Sab 5, 3). Y sin embargo, esta penitencia y gemidos serán inútiles, porque no son por odio al mal, sino por el temor y enormidad de la pena.

 

3º) Por la inmensidad de la pena sensible, es decir, del fuego del infierno, que atormentará el alma y el cuerpo: Esta pena es acerbísima, como dicen los santos. Estarán como muriendo siempre y nunca han de morir; por este motivo se llama muerte eterna, porque así como el moribundo se encuentra en acerbidad de penas, del mismo modo los que están en el infierno: Como ovejas, son puestos en el infierno; ellos serán pasto de la muerte (Is 48, 15).

 

4º) Por la desesperación de salvarse. Pues si se les diese esperanza de librarse de las penas, se mitigaría su sufrimiento; pero, al substraérseles toda esperanza, la pena se hace gravísima. El gusano de ellos no morirá y el fuego de ellos no se apagará (Is 66, 24).

domingo, 23 de agosto de 2020

CELEBRAR Y ORAR EN TIEMPO DE PANDEMIA - Domingo XXI tiempo durante el año Ciclo A

 

 La siguiente es una guía para poder celebrar en nuestras casas, en este tiempo de pandemia.

Los textos que están en rojo (rúbricas) no son para leer en voz alta y tienen la función de dar algunas indicaciones sobre lo que hay que ir haciendo. De acuerdo a las posibilidades de la persona y/o grupo familiar se realizará todos o algunos de los momentos celebrativos propuestos.


 

Para preparar antes de la celebración:

- Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar.

- Un pequeño altar con los elementos que a la familia le son significativos: un mantel, una vela encendida, una cruz, la imagen de la Virgen María, etc.

- Una Biblia desde la cual se proclamará el Evangelio.

Para iniciar la celebración podemos cantar "Iglesia Peregrina " Aquí:

 

Iglesia peregrina

 

Todos unidos, formando un solo cuerpo

un cuerpo que en la Pascua nació.

Miembros de Cristo en sangre redimidos

Iglesia peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu

que el Hijo desde el Padre envió.

El nos impulsa, nos guía y alimenta

Iglesia peregrina de Dios.

 

Somos en la tierra semilla de otro reino

somos testimonio de amor.

Paz para las guerras y luz entre las sombras

Iglesia peregrina de Dios.

 

Rugen tormentas y a veces nuestra barca

parece que ha perdido el timón.

Miras con miedo, no tienes confianza

Iglesia peregrina de Dios.

Una esperanza nos llena de alegría

presencia que el Señor prometió.

Vamos cantando, El viene con nosotros,

Iglesia peregrina de Dios.

 

Todos nacidos en un solo bautismo

unidos en la misma comunión.

Todos viviendo en una misma casa

Iglesia peregrina de Dios.

Todos prendidos en una misma suerte

ligados a la misma salvación.

Somos un cuerpo y Cristo es la cabeza

Iglesia peregrina de Dios.

Iniciamos la celebración Una vez reunida la familia en torno a la Palabra de Dios, se propone comenzar con el canto «Iglesia Peregrina» Aquí

Luego el adulto que guía la celebración (G) invita a todos a hacerse la señal de la cruz, mientras dicen:

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 146

 

Domingo de la 21ª semana

MANIFESTACIÓN DE DIOS AL QUE LE AMA

 

Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14, 23).

 

I. Dos cosas hacen apto al hombre para la manifestación de Dios: la caridad y la obediencia. En cuanto a lo primero dice: Si alguno me ama. Ahora bien, tres cosas son necesarias al hombre que quiere ver a Dios. 1º) Que se acerque a Dios. 2º) Que eleve hacia él los ojos para verlo, como dice el profeta Isaías: Alzad a lo alto vuestros ojos, y ved quién creó estas cosas (40, 26). 3º) Que se dedique a la contemplación; porque sólo pueden ver las cosas espirituales aquellos que se desligan de las cosas terrenas: Gustad y ved qué bueno es el Señor. (Sal XXXIII, 9).

 

La caridad cumple estas tres condiciones porque une el alma del hombre a Dios: Quien permanece en caridad, en Dios permanece (1 Jn 4, 16); la eleva a ver a Dios, pues, como se lee en Mateo: En donde está tu tesoro, allí está también tu corazón (6, 21); por eso se dice: donde está tu amor, allí está tu ojo. Y le hace también abandonar las cosas mundanas: Si alguno ama al mundo, la caridad del Padre no está en él (1 Jn 2, 15).

 

Por el contrario, quien ama perfectamente a Dios, no tiene en sí el amor del siglo.

 

De caridad se sigue la obediencia; por eso dice: guardará mi palabra. Como explica San Gregorio: "La prueba del amor son las obras. El amor de Dios nunca está, ocioso; si es real, ejecuta grandes cosas; pero si se resiste a obrar, no es amor"*. Cuando la voluntad está fuertemente dirigida a Dios, que es su fin, mueve todas las fuerzas para obrar todo lo que lleva a él. Por la caridad nos dirigimos a Dios, luego la caridad es la que nos hace guardar los mandamientos; y por la obediencia el hombre se hace apto para ver a Dios: Por tus mandamientos (es decir, observados por mí) he tenido inteligencia (Sal 118, 104).

 

II. Tres condiciones obran la manifestación de Dios al hombre:

sábado, 22 de agosto de 2020

Lecturas del domingo y el catecismo de la Iglesia - Domingo XXI Ciclo A

 

Vigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario

CEC 551-553: las llaves del Reino

CEC 880-887: el fundamento de la unidad: el colegio episcopal y su cabeza, el sucesor de Pedro

 

CEC 551-553: las llaves del Reino

551 Desde el comienzo de su vida pública Jesús eligió unos hombres en número de doce para estar con Él y participar en su misión (cf. Mc 3, 13-19); les hizo partícipes de su autoridad "y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar" (Lc 9, 2). Ellos permanecen para siempre asociados al Reino de Cristo porque por medio de ellos dirige su Iglesia:

«Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (Lc 22, 29-30).

552 En el colegio de los Doce, Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre , Pedro había confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro, la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

553 Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 19). El poder de las llaves designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el Buen Pastor" (Jn 10, 11) confirmó este encargo después de su resurrección: "Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). El poder de "atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados, pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio de los Apóstoles (cf. Mt 18, 18) y particularmente por el de Pedro, el único a quien éÉl confió explícitamente las llaves del Reino.

 

CEC 880-887: el fundamento de la unidad: el colegio episcopal y su cabeza, el sucesor de Pedro

En la Fiesta de María Reina "Hoy queremos sobre todo renovar, como hijos de la Iglesia, nuestra devoción a Aquella que Jesús nos ha dejado como Madre y Reina" - Benedicto XVI

 

BENEDICTO XVI

ÁNGELUS

Palacio Apostólico de Castelgandolfo
Domingo 22 de agosto de 2010

 

Queridos hermanos y hermanas:

Ocho días después de la solemnidad de su Asunción al cielo, la liturgia nos invita a venerar a la santísima Virgen María con el título de «Reina». Contemplamos a la Madre de Cristo coronada por su Hijo, es decir, asociada a su realeza universal, tal como la representan muchos mosaicos y cuadros. También esta memoria cae este año en domingo, cobrando una luz mayor gracias a la Palabra de Dios y a la celebración de la Pascua semanal. En particular, el icono de la Virgen María Reina encuentra una confirmación significativa en el Evangelio de hoy, donde Jesús afirma: «Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos» (Lc 13, 30). Se trata de una típica expresión de Cristo, referida varias veces por los Evangelistas, con fórmulas parecidas, pues evidentemente refleja un tema muy arraigado en su predicación profética. La Virgen es el ejemplo perfecto de esta verdad evangélica, es decir, que Dios humilla a los soberbios y poderosos de este mundo y enaltece a los humildes (cf. Lc 1, 52).

La pequeña y sencilla muchacha de Nazaret se ha convertido en la Reina del mundo. Esta es una de las maravillas que revelan el corazón de Dios. Naturalmente la realeza de María depende totalmente de la de Cristo: él es el Señor, a quien, después de la humillación de la muerte en la cruz, el Padre ha exaltado por encima de toda criatura en los cielos, en la tierra y en los abismos (cf. Flp 2, 9-11). Por un designio de la gracia, la Madre Inmaculada ha sido plenamente asociada al misterio del Hijo: a su encarnación; a su vida terrena, primero oculta en Nazaret y después manifestada en el ministerio mesiánico; a su pasión y muerte; y por último a la gloria de la resurrección y ascensión al cielo. La Madre compartió con el Hijo no sólo los aspectos humanos de este misterio, sino también, por obra del Espíritu Santo en ella, la intención profunda, la voluntad divina, de manera que toda su existencia, pobre y humilde, fue elevada, transformada, glorificada, pasando a través de la «puerta estrecha» que es Jesús mismo (cf. Lc 13, 24). Sí, María es la primera que pasó por el «camino» abierto por Cristo para entrar en el reino de Dios, un camino accesible a los humildes, a quienes se fían de la Palabra de Dios y se comprometen a ponerla en práctica.

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 145

 

Sábado de la 20ª semana

RECUPERACIÓN DE LA CARIDAD PRIMERA

 

1º) Tengo contra ti que has dejado tu primera caridad (Apoc 2, 4).

 

Tu primera caridad, es decir, el estado de tu primer amor, de cuando eras fervoroso, has abandonado por la tibieza y te has dejado invadir del tedio excesivo. Así muchos, que deberían progresar de bien a mejor, desfallecen y caen de lo alto a lo bajo, como la estatua de Nabucodonosor (Dan 2, 32), cuya cabeza era de oro, el pecho de plata, el vientre de cobre, las piernas de hierro, una parte de los pies también de hierro y la otra de barro.

 

2º) Acuérdate, pues, de dónde has caldo (Apoc 2, 5), esto es, de qué estado y dignidad, y cómo has cedido a un ligero empuje del viento, a una pequeña tentación. Caímos todos como hoja (Is 64, 6). Todo el que peca, considere de dónde ha caído, a dónde y por qué. De dónde, es decir, del cielo donde estaba con la esperanza, el pensamiento y el mérito. Adónde, es decir, a la tierra, porque no piensa más que en cosas terrenas. Por qué, por soberbia. ¿Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, que nacías por la mañana? ¿Cómo caíste en tierra? (Is 14, 12). Por eso se dice al pecador: ¿Cómo es, Israel, que estás en tierra de enemigos? Has envejecido en tierra ajena; te has contaminado con los muertos; contado .estás con los que descienden al sepulcro (Baruc 3, 10-11).

 

3º) Arrepiéntete, y haz las obras primeras (Apoc 2, 5). Mira tus caminos en el valle, conoce lo que has hecho (Jer 2, 23), haz penitencia doliéndote de corazón, confesando con la boca, satisfaciendo con las obras; las cuales cosas son tres remedios de los penitentes que vuelven a Dios y huyen de Egipto. El Dios de los Hebreos nos ha llamado para que vayamos camino de tres días por el desierto (Ex 5, 3) Los tres sarmientos son aún tres días, al cabo de los cuales Faraón se acordará de tu ministerio, y te restituirá a tu antiguo grado (Gen 40, 12-13).

 

Se ve aquí cómo por medio de la verdadera penitencia se devuelven las cosas perdidas. Dice: Arrepiéntete y no solamente recibe. Porque muchos reciben, pero no hacen nada; son buenos prometedores, pero malos pagadores.

 

La penitencia nos acerca al reino de los cielos. Hace que los ángeles se regocijen. También es poderosa para recuperar la amistad de Dios. Así, pues, es preciso hacerla sin pérdida de tiempo; porque ni obra para merecer, ni razón para excusar, ni ciencia para conversar, ni la sabiduría para deleitar habrá en los infiernos, hacia donde te apresuras, si no con la intención, a lo menos con tus obras.

viernes, 21 de agosto de 2020

Como pastor vigilante del rebaño de Cristo, San Pío X sabe discernir el peligro que el modernismo representa para la fe de la Iglesia

 

Aquel 3 de agosto de 1903, en la capilla Paulina del Vaticano, hay un cardenal arrodillado, llorando, absorto en profunda oración. Acercándose a él, un joven prelado español, Monseñor Merry del Val, le comunica en voz baja un mensaje del deán del Sacro Colegio: ¿sigue determinado a rechazar el papado en caso de ser elegido? «Sí, sí, Monseñor –responde el cardenal Giuseppe Sarto, patriarca de Venecia–, dígale al cardenal deán que tenga la amabilidad de no pensar en mi persona». Más tarde, ese mismo día, el cardenal Sarto, trastornado, sigue resistiéndose ante las insistencias de sus compañeros; se reafirma en su indignidad como Sumo Pontífice, incapaz de sobrellevar tan abrumadora carga. «Regrese entonces a Venecia si así lo desea –le dice gravemente el cardenal Ferrari–, pero lo hará con el alma atormentada por un remordimiento que le obsesionará hasta el final de su vida».

Al día siguiente, los votos de los electores recaen, como estaba previsto, en el cardenal Sarto, quien se abandona en manos de Dios y declara: «Si no es posible que se aleje de mí este cáliz, ¡que sea la voluntad de Dios! Acepto el pontificado como una cruz. – ¿Cómo quiere que le llamen? – Ya que los papas que más sufrieron por la Iglesia durante el siglo pasado llevaron el nombre de Pío, tomaré ese nombre». Así pues, se convierte en el Papa Pío X.

De origen modesto, Giuseppe (José) Sarto había nacido el 2 de junio de 1835 en Riese, pueblecito de la diócesis de Treviso, en el Véneto (norte de Italia). Su padre, que es agente municipal, no posee más que una humilde casita y un árido campo. La única riqueza de sus padres consiste en una fe sencilla y profunda que transmiten a sus hijos, que son diez. Desde muy joven, José oye la llamada del sacerdocio, respondiendo a ella con fervor y recibiendo la ordenación sacerdotal el 18 de septiembre de 1858. La divina Providencia le lleva a servir a la Iglesia en los diferentes grados jerárquicos, llegando a ser sucesivamente: vicario, párroco, director espiritual del seminario de Treviso, obispo de Mantua y, finalmente, patriarca de Venecia, antes de ser elegido Papa, responsabilidad abrumadora que con toda razón llegaba a espantarle.

La vía de acceso hacia Jesucristo

El Papa es el sucesor del apóstol san Pedro, a quien Jesucristo dijo: A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos (Mt 16, 19). «El «poder de las llaves» designa la autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, CEC, 553). El Pontífice romano recibe de Cristo una misión universal, que consiste en anunciar el Evangelio a todo el mundo y en guiar a toda la Iglesia, pastores y fieles, en la fidelidad al Evangelio. Cuando habla y actúa no lo hace por propia autoridad, sino en virtud de la autoridad de Cristo, de quien es Vicario.

Ya a partir de su primera encíclica, E supremi apostolatus, del 4 de octubre de 1903, Pío X hace saber al mundo entero cuál será el programa de su pontificado: «Restaurarlo todo en Cristo, a fin de que Cristo sea todo en todos (cf. Ef 1, 10 y Col 3, 11)... Conducir al género humano al imperio de Cristo. Una vez se consiga, el hombre se encontrará, en consecuencia, cerca de Dios... Ahora bien, ¿dónde se encuentra la vía de acceso que nos conduce junto a Jesucristo? Se encuentra ante nosotros: es la Iglesia... Por eso fue establecida por Cristo, después de adquirirla con el precio de su sangre, por eso le confió su doctrina y los preceptos de su ley, prodigándole al mismo tiempo los tesoros de la gracia divina para la santificación y la salvación de los hombres... Se trata de conducir a las sociedades humanas, extraviadas y alejadas de la sabiduría de Cristo, a la obediencia de la Iglesia; la Iglesia, a su vez, las someterá a Cristo, y Cristo a Dios». El Concilio Vaticano II enseña en el mismo sentido lo que sigue: «Dios mismo ha manifestado al género humano el camino por el cual los hombres, sirviéndole a Él, pueden salvarse y llegar a ser felices en Cristo. Creemos que esta única verdadera religión se verifica en la Iglesia católica y apostólica, a la cual el Señor Jesús confió el encargo de hacerla llegar a todos los hombres...» (Dignitatis humanæ, 1).

Poner remedio a la ignorancia

Meditaciones del tiempo ordinario con textos de Santo Tomás de Aquino 144

 

Viernes de la 20ª semana

CONDICIONES NECESARIAS

PARA CUMPLIR EL PRECEPTO DEL AMOR DE DIOS

 

Habiéndose preguntado a Cristo, antes de la Pasión, cuál era el mayor y primer mandamiento, contestó: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con todo tu entendimiento. Éste es el mayor y el primer mandamiento (Mt 22, 37.)

 

Verdaderamente éste es el mayor mandamiento, el más notable y el más útil. En él se cumplen todos los demás; pero para cumplirlo perfectamente se requieren cuatro condiciones:

 

1ª) El recuerdo de los beneficios divinos; pues cuanto tenemos, el cuerpo, los bienes exteriores, todo lo tenemos de Dios; y por lo tanto es menester que le sirvamos con todo ello y que lo amemos con corazón perfecto. En efecto, es muy ingrato recordar los beneficios de alguno, y no amarlo. Recordando David los beneficios de Dios, manifestaba: Tuyas son todas las cosas; te hemos dado las cosas que recibimos de tu mano. Por eso en alabanza de David dice el Eclesiástico: Con todo su corazón alabó al Señor, y amó al Dios que le hizo (47, 10).

 

2ª) Consideración de la excelencia divina. Porque mayor es Dios que nuestro corazón (1 Jn 3, 20.) Por lo cual, si le servimos con todo el corazón y con todas las fuerzas, todavía nos quedarnos cortos. Glorificad al Señor cuanto más pudiereis, que aún sobrepujará... Bendecid al Señor, ensalzadle cuanto podéis; porque mayor es que toda alabanza (Eccli 43, 32.)

 

3ª) La renuncia a las cosas del mundo y de la tierra. Pues hace gran injuria a Dios el que equipara alguna cosa a él. ¿A quién, pues, habéis asemejado a Dios? (Is 40, 18.) Equiparamos las cosas con Dios cuando amamos las cosas temporales y corruptibles juntamente con Dios; pero esto es absolutamente imposible. Por lo tanto se dice: Estrecha es la cama, de modo que uno de los dos ha de caer; y una manta corta no puede cubrir al uno y al otro (Is 28, 20.)

 

En ese pasaje el corazón del hombre es comparado al lecho estrecho y a la manta corta. Pues el corazón humano es estrecho en relación con Dios; por lo cual cuando recibes otras cosas en tu corazón, lo expulsas a él. Él no permite compañeros en el alma, como tampoco el esposo a la esposa, y por eso dice el mismo Señor: Yo soy el Señor tu Dios fuerte, celoso (Ex 20, 5); porque no quiere que amemos cosa alguna como a él o fuera de él.

jueves, 20 de agosto de 2020

Mira la estrella, invoca a María: Oración de San Bernardo Abad

 

Mira la estrella, invoca a María

Oración de San Bernardo

Inmaculada Concepción - José Antolínez

¡Oh! tú, quien quiera que seas, que te sientes lejos de tierra firme,
arrastrado por las olas de este mundo, en medio de las borrascas y tempestades,
si no quieres zozobrar, no quites los ojos de la luz de esta estrella.

Si el viento de las tentaciones se levanta,
si el escollo de las tribulaciones se interpone en tu camino,
mira la estrella, invoca a María.

Si eres balanceado por las agitaciones del orgullo,
de la ambición, de la murmuración, de la envidia,
mira la estrella, invoca a María.

Si la cólera, la avaricia, los deseos impuros
sacuden la frágil embarcación de tu alma,
levanta los ojos hacia María.

Si perturbado por el recuerdo de la enormidad de tus crímenes,
confuso ante las torpezas de tu conciencia,
aterrorizado por el miedo del Juicio,
comienzas a dejarte arrastrar por el torbellino de tristeza,
a despeñarte en el abismo de la desesperación, piensa en María.

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