domingo, 17 de noviembre de 2013

Domingo XXXIII (ciclo c) Guión litúrgico

Entrada:
El domingo, además de primer día, es también el « día octavo », situado, respecto a la sucesión septenaria de los días, en una posición única y trascendente, evocadora no sólo del inicio del tiempo, sino también de su final en el « siglo futuro ». El domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino. Para iniciar esta celebración cantamos…

sábado, 16 de noviembre de 2013

Domingo XXXIII (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 21, 5-19
Y dijo a algunos, que decían del templo que estaba adornado de hermosas piedras y de dones: "Estas cosas que veis, vendrán días, cuando no quedará piedra sobre piedra que no sea demolida". Y le preguntaron, y dijeron: "¿Maestro, cuando será esto? ¿y qué señal habrá cuando esto comenzare a ser?" El dijo: "Mirad, que no seáis engañados; porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy, y el tiempo está cercano. Guardaos, pues, de ir en pos de ellos".
"Y cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que esto acontezca primero, mas no será luego el fin". Entonces les decía: "Se levantará gente contra gente, y reino contra reino. Y habrá grandes terremotos por los lugares, y pestilencias, y hambres, y habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo".
"Mas antes de todo esto os prenderán y perseguirán, entregándoos a la sinagoga y a las cárceles, y os llevarán a los reyes, y a los gobernadores, por mi nombre. Y esto os acontecerá en testimonio. Tened, pues, fijo en vuestros corazones de no pensar antes cómo habéis de responder. Porque yo os daré boca y saber, al que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Y seréis entregados de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos, y harán morir a algunos de vosotros. Y os aborrecerán todos por mi nombre: mas no perecerá un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra paciencia poseeréis vuestras almas".


San Eusebio
La historia nos manifiesta la magnificencia del templo y todavía quedan restos de él que nos dan a conocer su grandeza. Pero el Señor dijo a los que admiraban la fábrica del templo, que de él no quedaría piedra sobre piedra. Dice, pues: "Y dijo a algunos, que refiriéndose al templo decían que estaba adornado de hermosas piedras, que no quedaría piedra sobre piedra", etc. Convenía, pues, que aquel lugar sufriese una devastación absoluta por la irreverencia de sus cultos.


Beda
La Providencia divina permitió que toda la ciudad y el templo fuesen destruidos con el fin de que ninguno de los que aún estaban débiles en la fe -admirado de que aún subsistían los ritos de sus sacrificios- fuera seducido por sus diversas ceremonias.


San Ambrosio
Y era muy cierto que había de ser destruido el templo construido por los hombres; porque nada hay de lo hecho por los hombres que no sea destruido por la vejez, o derribado por la fuerza, o consumido por el fuego. Sin embargo, hay otro templo, a saber, la sinagoga, cuya obra antigua se destruyó al levantarse la Iglesia. También hay templo en cada uno de nosotros, que se destruye cuando falta la fe y principalmente cuando alguno invoca en falso el nombre de Jesucristo, lo que violenta su conciencia.

Domingo XXXIII (ciclo c) San Ambrosio

Anuncio de los últimos tiempos
(Lc.21,5ss)
 
No quedará piedra sobre piedra que no sea destruida, Después de lo anterior seguía la cuestión de la viuda, pero sobre este tema ya hemos hablado bastante en el tratado que escribimos acerca de las viudas, ahora lo dejaremos a un lado. Lo dicho en el texto se aplica con verdad plena al templo que construyó Sa­lomón, igual que a su destrucción por el enemigo antes del día del juicio; pues es cierto que ninguna obra de nuestras manos puede existir sin que sea deteriorada por el tiempo, la mine la violencia o la consuma el fuego. Existe, sin embargo, otro tem­plo, construido con piedras preciosas y adornado con ofrendas, que es el que parece el Señor significar que será destruido; en otras palabras, hace referencia a la Sinagoga de los judíos, cuya vieja construcción se disolvió cuando surgió la Iglesia. En verdad, tam­bién en cada hombre existe un templo que se derrumba cuando falla la fe, y, especialmente, cuando uno lleva hipócritamente el nombre de Cristo, sin que su afecto interior corresponda a tal nombre.

Quizás sea ésta la exposición que mayores bienes me re­porte a mí. Porque ¿de qué me sirve saber el día del juicio? Y puesto que tengo conciencia de tantos pecados, ¿de qué me apro­vechará el que Dios venga si no viene a mi alma ni a mi espíritu, si no vive en mí Cristo ni El habla en mí? Por esa razón Cristo debe venir a mí, su venida tiene que llevarse a cabo en mi persona. La segunda venida del Señor tendrá lugar al fin del mundo, cuando podamos decir: El mundo está crucificado para mí y yo para el mundo (Ga 6, 14).

Domingo XXXIII (ciclo c) Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
ÁNGELUS

Domingo 18 de noviembre de 2007
 

Queridos hermanos y hermanas:

En la página evangélica de hoy, san Lucas vuelve a proponer a nuestra reflexión la visión bíblica de la historia, y refiere las palabras de Jesús que invitan a los discípulos a no tener miedo, sino a afrontar con confianza dificultades, incomprensiones e incluso persecuciones, perseverando en la fe en él:  "Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis miedo. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida" (Lc 21, 9).

La Iglesia, desde el inicio, recordando esta recomendación, vive en espera orante del regreso de su Señor, escrutando los signos de los tiempos y poniendo en guardia a los fieles contra los mesianismos recurrentes, que de vez en cuando anuncian como inminente el fin del mundo. En realidad, la historia debe seguir su curso, que implica también dramas humanos y calamidades naturales. En ella se desarrolla un designio de salvación, que Cristo ya cumplió en su encarnación, muerte y resurrección. La Iglesia sigue anunciando y actuando este misterio con la predicación, la celebración de los sacramentos y el testimonio de la caridad.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Comentario a la "Sacrosanctum Concilium" - Mons. Piero Marini

40° aniversario
de la constitución conciliar
“Sacrosanctum Concilium” 1


  Introducción

           Con ocasión del 40° aniversario de la promulgación de la constitución Sacrosanctum Concilium del concilio Vaticano II, en casi toda la Iglesia católica se han organizado encuentros y congresos, y se han publicado nuevas ediciones del documento conciliar para conmemorar el acontecimiento.

El significado de la conmemoración

           Esas iniciativas tienen un significado que va mucho más allá del simple hecho formal de la conmemoración. A mi juicio, más bien, se trata de una invitación a recordar los principios fundamentales de la constitución y a verificar su acogida y actuación en las diversas Iglesias particulares. El Magisterio indicó claramente las directrices: se encuentran bien delineadas en la carta apostólica Vicesimus quintus annus y en otros documentos e intervenciones del Sumo Pontífice y de la Santa Sede. Por tanto, la conmemoración del 40° aniversario de la Sacrosanctum Concilium debe considerarse ante todo como una invitación al pueblo santo de Dios a no perder la memoria del pasado, a ser consciente del presente y a tener el espíritu abierto al futuro. En efecto, el Espíritu Santo, que suscitó el movimiento litúrgico, inspiró a los padres conciliares y ha acompañado la aplicación de la reforma litúrgica, sigue actuando en la Iglesia a través de la palabra y los signos sacramentales para sostener su camino hacia el Reino.

Una alegría que se debe revivir

           La constitución Sacrosanctum Concilium fue aprobada el 4 de diciembre de 1963, al final de la segunda sesión del Concilio, presidida por el Papa Pablo VI, con una votación prácticamente unánime de los padres conciliares (2.147 votos favorables y 4 contrarios). Sucedió entonces algo que no había acontecido nunca en la historia de la Iglesia: ningún concilio había dedicado a la liturgia todo un documento. En efecto, era la primera vez que una asamblea ecuménica trataba sobre la liturgia en su totalidad, sobre sus principios bíblico-teológicos, así como sobre sus aspectos celebrativos y pastorales concretos.

           Además, es preciso reconocer que fue muy elocuente la decisión de poner en primer lugar la liturgia, haciendo que la Sacrosanctum Concilium fuera el primer documento promulgado por el Concilio. El Papa Pablo VI, plenamente consciente del valor y del significado de esta circunstancia, se hizo intérprete de la alegría de toda la Iglesia: «Nuestro espíritu exulta de gozo ante este resultado. Nos rendimos en esto el homenaje conforme a la escala de valores y deberes: Dios, en el primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual, el primer don que podemos hacer al pueblo cristiano, que con nosotros cree y ora, y la primera invitación al mundo para que desate en oración dichosa y veraz su lengua muda y sienta el inefable poder regenerador de cantar con nosotros las alabanzas divinas y las esperanzas humanas, por Cristo Señor en el Espíritu Santo» (Discurso de clausura de la segunda sesión del Concilio, 4 de diciembre de 1963, n. 12: Concilio Vaticano II, BAC, 1966, p. 974).

           A cuarenta años de distancia de la promulgación de la Sacrosanctum Concilium, conviene recordar la profunda conciencia con la que el padre Yves Congar acogió ese acontecimiento: «Ha sucedido y se ha consolidado en la Iglesia algo irreversible» (Informations Catholiques Internationales 183). Estoy profundamente convencido de que esa «irreversibilidad» radica enteramente en lo que el Espíritu Santo ha querido decir a las Iglesias (cf. Ap 2, 7) a través de la constitución conciliar sobre la liturgia. Aquí reside el núcleo profundo, permanente y, en cuanto obra del Espíritu en la Iglesia, el núcleo evangélico de nuestro texto.

           Por esto, el 40 aniversario de la Sacrosanctum Concilium no es más que una invitación a renovar la escucha de aquella palabra y  a revivir la alegría y el júbilo del alma por el don del Espíritu a su Iglesia.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

La resurrección de los muertos y la vida eterna

1 LA RESURRECCION DE LOS MUERTOS

1.1 El hecho de la Resurrección

El artículo del Credo: "... espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro", nos enseña que al fin del mundo los hombres resucitarán, esto es, que el alma de cada hombre volverá a juntarse con el cuerpo que tuvo en la tierra, para no separarse ya de él. Enseña también la existencia de una vida futura distinta a la presente.

Se trata de una resurrección de la carne, porque son los cuerpos los que vuelven a la vida, ya que el alma ni ha muerto, ni puede morir.

Es posible que se junten los átomos dispersos de los cuerpos por la virtud omnipotente de Dios. Dios, en efecto, no tendrá más dificultad en reunirlos, que la que tuvo en sacarlos de la nada.

 
Que los muertos resucitarán es una verdad de fe, no alcanzable con el sólo esfuerzo racional. Consta:

a)                   Por el testimonio de la Escritura. Así, dice San Juan: "Todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios, y resucitarán, los que obraron el bien para la vida eterna; y los que obraron el mal para ser condenados" (5, 28, 29).

b)                   Por la enseñanza de la Iglesia en los Concilios y en los Símbolos (cfr. Dz. 1 ss, 40, 287, 464, 531,etc.).

Dios ha dispuesto la resurrección de la carne para que el cuerpo participe del premio o castigo del alma, como participante que fue de su virtud o de sus pecados.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Era imán musulmán y se convirtió al catolicismo arriesgando su vida

Mario Joseph era imán con 18 años, se hizo cristiano y su padre intentó asesinarle. Hoy es predicador católico en la India. Es un caso único en el mundo. Es el clérigo musulmán más joven que ha abrazado al cristianismo, lo que le ha supuesto una sentencia de muerte. En el cementerio de su pueblo indio hay una lápida con su nombre y debajo un ataúd con una escultura de barro de su tamaño. Su padre le dijo: “Si deseas ser cristiano tengo que matarte”. Este hombre está vivo y Lartaún de Azumendi en “La Noche de COPE” lo ha podido entrevistar:
 Mario Joseph, buenas noches. Usted tenía 18 años y era un clérigo musulmán. ¿Qué paso para que su mirada cambiara?
 Yo era el tercero de seis hermanos y con ochos años, mi padre me envío a una escuela coránica para convertirme en imán. Después de diez años de estudio, con 18 años me hice imán. Un día estaba predicando en la mezquita que Jesucristo no era Dios y entonces una persona desde el público me dijo que no dijera eso y me preguntó que quién era Jesucristo. Como no tenía respuesta para dar, me puse a leer todo el Corán y allí descubrí que en el capítulo 3 habla de Jesús y se le nombra muchas veces como Jesucristo y en el capítulo 19 se habla de María.

En el Corán, María es el único nombre de mujer que se nombra y se dice que Jesús es la Palabra de Dios.
 ¿La zona en la que vivía en la India era zona musulmana?
Sí. Es de mayoría musulmana e hindú y prácticamente no hay cristianos
 
Y a partir de esa duda que le surge cuando está predicando. ¿Cómo empieza el proceso de conversión?
En el Corán se dice que Mahoma está muerto pero que Jesucristo esta todavía vivo. Entonces cuando yo leí eso pensé, entonces… ¿A quién tengo que aceptar, al que está muerto o al que está vivo?
 
Le pregunté a Alá que a quién debería aceptar y me puse a rezar para que me ayudara en esta cuestión y cuando me puse a orar, abrí el Corán y el Corán, en el capítulo 10 versículo 94 (10:94) 1, dice que aquellos que tengan una duda así sobre el Corán vayan a leer la Biblia. Por eso yo decidí comenzar a estudiar la Biblia. Entonces me di cuenta de quién es el Dios verdadero y a partir de eso abracé el cristianismo.
 Lo cuenta de forma natural sabiendo la situación que podía vivir por aceptar eso. ¿Cómo reacciona ante su comunidad?

domingo, 10 de noviembre de 2013

Domingo XXXII (ciclo c) Guión Litúrgico

Entrada:
Celebramos el domingo por la venerable resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, no sólo en Pascua, sino cada semana; el santo domingo, honrado por la resurrección del Señor, es primicia de todos los demás días y  sacramento de la Pascua. Cada domingo es el día de la resurrección, y precisamente por ello es el centro de todo el culto. Para iniciar esta celebración cantamos…

sábado, 9 de noviembre de 2013

Domingo XXXII (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 20, 27-38
Además se llegaron algunos de los saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron. Diciendo: "Maestro: Moisés nos dejó escrito: si muriese el hermano de alguno teniendo mujer, y sin dejar hijos, que se case con ella el hermano y levante linaje a su hermano. Pues eran siete hermanos, y tomó mujer el mayor y murió sin hijos; y la tomó el segundo, y murió también sin hijos; y la tomó el tercero. Y así sucesivamente todos siete, los cuales murieron sin dejar sucesión. Y a la postre de todos murió también la mujer. ¿Pues en la resurrección, de cuál de ellos será la mujer? pues todos siete la tuvieron por mujer". Y Jesús les dijo: "Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento; mas los que serán juzgados dignos de aquel siglo, y de la resurrección de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento. Porque no podrán ya más morir, por cuanto son iguales a los ángeles, e hijos son de Dios cuando son hijos de la resurrección. Y que los muertos hayan de resucitar lo mostró también Moisés cuando junto a la zarza llamó al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y no es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven en El".
Beda, ut sup
Había dos clases de herejías entre los judíos: la de los fariseos, que preferían la rectitud de las tradiciones -y por esto el pueblo los llamaba divididos-; y la otra de los saduceos, que quiere decir justos, atribuyéndose lo que no eran. Cuando se marcharon los primeros, vinieron los segundos a tentarle; por esto sigue: "Además se llegaron algunos de los saduceos", etc.
Orígenes
La herejía de los saduceos no sólo niega la resurrección de los muertos, sino que además dice que el alma muere con el cuerpo. Estos, poniendo asechanzas al Salvador, le propusieron esta cuestión precisamente en el tiempo en que le oyeron hablar a sus discípulos acerca de la resurrección. Por esto sigue: "Y le preguntaron diciendo: Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si muriese el hermano de alguno teniendo mujer, pero sin dejar hijos", etc.
San Ambrosio
Según la letra de la ley, era obligada a casarse la viuda, aun contra su voluntad, para que el hermano del difunto suscitase su descendencia; pero el espíritu de la ley enseña la castidad.

Domingo XXXII (ciclo c) San Ambrosio

La mujer de los siete maridos
(Lc 20, 27-37) 

Si el hermano de alguno viene a morir… Los saduceos, que eran la parte más detestable de los judíos, tientan al Señor con esta cuestión. Abiertamente les reprende su malicia y, en sentido místico, retuerce su posición, precisamente con la doctrina de una castidad ejemplar, tomando pie del problema que ellos le propu­sieron; ya que, según la letra, una mujer debería casarse aún contra su voluntad para que el hermano del difunto le diese un heredero. De aquí ese dicho de la letra mata (2 Co 3, 6), como una propagadora de vicios, mientras que el Espíritu es el maestro de la castidad.

Por tanto, miremos a ver si esta mujer no representa a la Sinagoga. También ésta tuvo siete maridos, como dijo a la Sa­maritana: Tuviste cinco maridos (Jn 4, 18); y es que la Samari­tana no seguía más que a los cinco libros de Moisés, mientras que la Sinagoga seguía principalmente siete, y, a causa de su mala fe, no recibió de ninguno descendencia, posteridad ni herederos. Y por eso, en el día de la resurrección no podrá tener consorcio con sus esposos, puesto que ella ha cambiado un mandamiento espiri­tual dándole un contenido enteramente carnal; pues no se trata de que sea un hermano según la carne quien suscite la descen­dencia del hermano difunto, sino aquel Hermano que recibió del pueblo muerto de los judíos el conocimiento del culto divino, como para una esposa, con el fin de tener de ella una descendencia en la persona de los apóstoles, los cuales, como restos del todo dis­tintos de los judíos difuntos, permaneciendo todavía en el seno de la Sinagoga, merecieron ser conservados, por una gracia de elección, en la unión con la nueva semilla.

viernes, 8 de noviembre de 2013

La belleza del rito litúrgico

OFICINA PARA LAS
CELEBRACIONES LITÚRGICAS
DEL SUMO PONTÍFICE

La belleza del rito litúrgico 

         Hans Urs von Balthasar, en la “Introducción” al primer volumen de su monumental Herrlichkeit (Gloria), en la que desarrolló una teología sistemática centrada en la trascendencia de lo bello, escribe:

“La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede atreverse a pronunciar, porque ésta no hace otra cosa que coronar, como aureola de esplendor inaprensible, el doble astro de la verdad y del bien y su relación indisoluble. Esta es la belleza desinteresada sin la cual el viejo mundo era incapaz de comprenderse, pero la que se ha ido de puntillas del moderno mundo de los intereses, para abandonarlo a su codicia y a su tristeza. Esta es la belleza que ya no es amada ni custodiada ni siquiera por la religión, sino que, como máscara arrancada de su rostro, pone al descubierto rasgos que amenazan resultar incomprensibles a los hombres. Esta es la belleza en la que ya no nos atrevemos a creer y de la que hemos hecho una apariencia para podernos liberar de ella sin remordimientos. Esta es la belleza, en fin, que exige (como hoy está demostrado), por lo menos otro tanto valor y fuerza de decisión de la verdad y de la bondad, y que no se deja reducir al ostracismo y separar de estas dos hermanas suyas sin arrastrarlas consigo en una misteriosa venganza” (Gloria. Una estetica teologica, Jaca book, Milán 1994 [II rist.], pp. 10-11).

jueves, 7 de noviembre de 2013

La Mediación de María. Card. Joseph Ratzinger


Ante todo quisiera aclarar brevemente los conceptos con los que el Papa Juan Pablo II delimita teológicamente la idea de la Mediación y previene contra malentendidos; sólo entonces se podrá comprender también convenientemente su intención positiva.

El Santo Padre subraya con mucha insistencia la Mediación de Jesucristo, pero esta unicidad no es exclusiva, sino inclusiva, es decir, posibilita formas de participación. Dicho de otro modo: la unicidad de Cristo no borra el «ser para los demás» y «con los demás de los hombres ante Dios»; en la comunión con Jesucristo, todos ellos pueden ser, de múltiples maneras, mediadores de Dios unos para otros. Éstos son hechos simples de nuestra experiencia cotidiana, pues nadie cree solo, todos vivimos, también en nuestra fe, de mediaciones humanas. Ninguna de ellas bastaría por sí misma para tender el puente hasta Dios, porque ningún ser humano puede asumir por su cuenta una garantía absoluta de la existencia de Dios y de su cercanía. Pero, en la comunión con aquel que es en persona dicha cercanía, los hombres pueden ser mediadores los unos para los otros, y de hecho lo son.

Con ello, primeramente, la posibilidad y frontera de la mediación queda delimitada de forma universal en la coordinación con Cristo. A partir de allí desarrolla el Papa su terminología. La Mediación de María se funda sobre la participación en la función Mediadora de Cristo; comparada con ésta, es un servicio en subordinación (n°. 38). Estos conceptos están tomados del Concilio, lo mismo que la siguiente frase: esta tarea fluye «de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su Mediación, depende completamente de ella y de ella toma toda su eficacia» (n° 22; LG 60). La Mediación de María se realiza, por consiguiente, en forma de intercesión (n° 21).

Todo lo dicho hasta aquí vale para María lo mismo que para toda colaboración humana en la Mediación de Cristo. En todo ello, por tanto, la Mediación de María no se diferencia de la de otros seres humanos. Pero el Papa no se queda allí. Aun cuando la Mediación de María está en la línea de la colaboración creatural con la obra del redentor, es portadora, no obstante, del carácter de lo «extraordinario»; llega de manera singular más allá de la forma de mediación fundamentalmente posible para todo ser humano en la comunión de los santos. La Encíclica desarrolla también esta idea en estrecha conexión con el texto bíblico.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Documento preparatorio Asamblea Extraordinaria Sínodo de los Obispos: Desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización

SÍNODO DE LOS OBISPOS
III ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA
LOS DESAFÍO PASTORALES SOBRE LA FAMILIA
EN EL CONTEXTO DE LA EVANGELIZACIÓN
Documento preparatorio
Ciudad del Vaticano
2013
 

I – El Sínodo: familia y evangelización

La misión de predicar el Evangelio a toda la humanidad ha sido confiada directamente por el Señor a sus discípulos y es la Iglesia quien lleva adelante tal misión en la historia. En el tiempo que estamos viviendo, la evidente crisis social y espiritual llega a ser un desafío pastoral, que interpela la misión evangelizadora de la Iglesia para la familia, núcleo vital de la sociedad y de la comunidad eclesial. La propuesta del Evangelio sobre la familia en este contexto resulta particularmente urgente y necesaria. La importancia del tema surge del hecho que el Santo Padre ha decidido establecer para el Sínodo de los Obispos un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General Extraordinaria del 2014, ordenada a delinear el “status quaestionis” y a recoger testimonios y propuestas de los Obispos para anunciar y vivir de manera creíble el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea General Ordinaria del 2015, para buscar líneas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia.

Hoy se presentan problemáticas inéditas hasta hace unos pocos años, desde la difusión de parejas de hecho, que no acceden al matrimonio y a veces excluyen la idea del mismo, a las uniones entre personas del mismo sexo, a las cuales a menudo es consentida la adopción de hijos. Entre las numerosas nuevas situaciones, que exigen la atención y el compromiso pastoral de la Iglesia, bastará recordar: los matrimonios mixtos o interreligiosos; la familia monoparental; la poligamia, difundida todavía en no pocas partes del mundo; los matrimonios concordados con la consiguiente problemática de la dote, a veces entendida como precio para adquirir la mujer; el sistema de las castas; la cultura de la falta de compromiso y de la presupuesta inestabilidad del vínculo; formas de feminismo hostil a la Iglesia; fenómenos migratorios y reformulación de la idea de familia; pluralismo relativista en la concepción del matrimonio; influencia de los medios de comunicación sobre la cultura popular en la comprensión de la celebración del casamiento y de la vida familiar; tendencias de pensamiento subyacentes en la propuestas legislativas que desprecian la estabilidad y la fidelidad del pacto matrimonial; la difusión del fenómeno de la maternidad subrogada (alquiler de úteros); nuevas interpretaciones de los derechos humanos. Pero, sobre todo, en ámbito más estrictamente eclesial, la debilitación o el abandono de fe en la sacramentalidad del matrimonio y en el poder terapéutico de la penitencia sacramental.

martes, 5 de noviembre de 2013

La pastoral del matrimonio debe fundarse en la verdad - Card. Joseph Ratzinger

L´Osservatore Romano
A propósito de algunas objeciones contra la doctrina de la Iglesia sobre la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar
En 1998 el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, introdujo el volumen titulado “Sulla pastorale dei divorziati risposati” (“Sobre la pastoral de los divorciados y vueltos a casar”), publicado por la Libreria Editrice Vaticana en una colección del dicasterio (“Documenti e Studi”, 17).
Por la actualidad y la amplitud de miras de este escrito poco conocido, proponemos su tercera parte, con el añadido de tres notas. El texto está disponible en la web de nuestro periódico (www.osservatoreromano.va) en lengua italiana, así como en español, inglés, francés, portugués y alemán[1].
      La Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre de la recepción de la Comunión eucarística por parte de los files divorciados y vueltos a casar, del 14 de septiembre de 1994, ha tenido eco vivaz en diversos lugares de la Iglesia. Junto a muchas reacciones positivas también se han oído no pocas voces críticas. Las objeciones esenciales contra la doctrina y la praxis de la Iglesia se presentan a continuación en modo simplificado.
      Algunas objeciones más significativas —sobre todo las que se refieren a la praxis considerada más flexible de los Padres de la Iglesia, que sería la inspiración de la praxis de las Iglesias orientales separadas de Roma, así como la referencia a los principios tradicionales de la epicheia y de la aequitas canonica— han sido estudiadas profundamente por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los artículos de los Profesores Pelland, Marcuzzi y Rodríguez Luño[2] han sido elaborados en el curso de este estudio. Los principales resultados de esa investigación, que indican la dirección de la respuesta a las objeciones, también serán aquí resumidos brevemente.
1. Muchos sostienen, aduciendo algunos pasajes del Nuevo Testamento, que la palabra de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio permita una aplicación flexible y no pueda ser encasillada en una categoría rígidamente jurídica.
      Algunos exegetas ponen de relieve críticamente que el Magisterio, en relación a la indisolubilidad del Matrimonio, citaría casi exclusivamente una sola perícopa, o sea Mc 10,11-12, sin considerar otros pasajes del Evangelio de Mateo y de la Primera Carta a los Corintios. Estos pasaje bíblicos indicarían una cierta “excepción” a la palabra del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio, o sea en el caso de porneia (Cfr. Mt 5,32; 19,9) y en el caso de de separación por causa de la fe (Cfr. 1Cor 7,12-16). Estos textos serían indicaciones de que los cristianos, en situaciones difíciles, habrían conocido, ya en los tiempos apostólicos, una aplicación flexible de la palabra de Jesús.
      A esta objeción se debe responder que los documentos magisteriales no pretenden presentar de modo completo y exhaustivo los fundamentos bíblicos de la doctrina sobre el matrimonio. Dejan esta importante tarea a los expertos competentes. El Magisterio subraya, sin embargo, que la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio deriva de la fidelidad a la palabra de Jesús. Jesús define claramente la praxis veterotestamentaria del divorcio como una consecuencia de la dureza del corazón del hombre. Yendo más allá de la ley, Cristo se remonta al inicio de la creación, a la voluntad del Creador, y resume su enseñanza con las palabras: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,9). Con la llegada del Redentor, se vuelve a instaurar el matrimonio en su forma original a partir de la creación y se sustrae al arbitrio humano, sobre todo al del marido, pues la mujer no tenía posibilidad de divorciarse. La palabra de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio constituye la superación del antiguo orden de la ley en el nuevo orden de la fe y de la gracia. Sólo así el matrimonio puede hacer plena justicia tanto a la vocación de Dios al amor como a la dignidad humana, y constituirse en signo de la alianza de amor incondicionado de Dios, es decir, en un «Sacramento» (Cfr. Ef 5,32).

lunes, 4 de noviembre de 2013

San Carlos Borromeo realizó su misión de modo heroico con la entrega total de sus fuerzas - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 4 de noviembre de 1981

1. Hoy, 4 de noviembre, la Iglesia recuerda, como todos los años, la figura de San Carlos Borromeo, obispo y confesor. Puesto que he recibido en el bautismo precisamente el nombre de este Santo, deseo dedicarle la reflexión de la audiencia general de hoy, haciendo referencia a todas las precedentes reflexiones del mes de octubre. En ellas he tratado —tras unos meses de intervalo, a causa de la estancia en el hospital— de compartir con vosotros, queridos hermanos y hermanas, los pensamientos que nacieron en mí bajo el influjo del evento del 13 de mayo. La reflexión de hoy se inserta también en esta trama principal. A todos aquellos que en el día de mi Santo Patrono se unen a mí en la oración, deseo repetir una vez más las palabras de la Carta a los Efesios, que ya cité el miércoles pasado: Orad "por todos los santos, y por mí, a fin de que cuando hable me sean dadas palabras con que dar a conocer con libertad el misterio del Evangelio, del que soy embajador..." (Ef 6, 18-20).
2. San Carlos es precisamente uno de esos Santos, a quien le fue dada la palabra "para dar a conocer el Evangelio", del cual era "embajador", habiendo heredado su misión de los Apóstoles. El realizó esta misión de modo heroico con la entrega total de sus fuerzas. La Iglesia le miraba y, al mirarle, se edificaba: en una primera época, en el período del Concilio Tridentino, en cuyos trabajos participó activamente desde Roma, soportando el peso de una correspondencia nutrida, colaborando para llevar a feliz éxito la fatiga colegial de los padres conciliares, según las necesidades del Pueblo de Dios de entonces. Y se trataba de necesidades apremiantes. Luego, el mismo cardenal, como arzobispo de Milán, sucesor de San Ambrosio, se convierte en el incansable realizador de las resoluciones del Concilio. traduciéndolas a la práctica mediante diversos Sínodos diocesanos.
La Iglesia —y no sólo la de Milán— le debe una radical renovación del clero, a la cual contribuyó la institución de los seminarios, cuyo origen se remonta precisamente al Concilio de Trento. Y otras muchas obras, entre las cuales la institución de las cofradías, de las pías asociaciones, de los oblatos-laicos, que prefiguraban ya a la Acción Católica, los colegios, los hospitales para pobres, y finalmente la fundación de la Universidad de Brera en 1572. Los volúmenes de las "Acta Ecclesiae Mediolanensis" y los documentos que se refieren a las visitas pastorales, atestiguan esta intensa y clarividente actividad de San Carlos, cuya vida se podría sintetizar en tres expresiones magníficas: fue un Pastor santo, un maestro iluminado, un prudente y sagaz legislador.
Cuando, algunas veces en mi vida, he tenido ocasión de celebrar el Santísimo Sacrificio en la cripta de la catedral de Milán, donde descansa el cuerpo de San Carlos, se me presentaba ante los ojos toda su actividad pastoral dedicada hasta el fin al pueblo al que había sido enviado. Concluyó esta vida el año 1584, a la edad de 46 años, después de haber prestado un heroico servicio pastoral a las víctimas de la peste que habla afligido a Milán.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Domingo XXXI (ciclo c) Guión Litúrgico


Entrada:
Hermanos: reunidos para celebrar la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna; lo hacemos con espíritu abierto, dispuestos a imitar al Cristo que nos recibe y reúne siendo todos pecadores. Cantamos…

Lecturas:
Las Sagradas Escrituras nos recuerdan que el Dios que nos llamó a la vida nunca dejará de amarnos y ofrecernos su perdón. Escuchemos y recibamos con gozo la Palabra que nos anuncia la salvación.

Domingo XXXI (ciclo c) Catena Aurea

Lucas 19,1-10
Y habiendo entrado Jesús, paseaba por Jericó. Y he aquí un hombre, llamado Zaqueo; y éste era uno de los principales entre los publicanos, y rico. Y procuraba ver a Jesús quién fuese; y no podía por la mucha gente, porque era pequeño de estatura. Y corriendo delante, se subió en un árbol cabrahigo para verle, porque por allí había de pasar. Y cuando llegó Jesús a aquel lugar, alzando los ojos le vio, y le dijo: "Zaqueo, desciende presto, porque es menester hoy hospedarme en tu casa". Y él descendió apresurado y le recibió gozoso. Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había ido a posar a casa de un pecador. Mas Zaqueo, presentándose al Señor, le dijo: "Señor, la mitad de cuanto tengo doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, le vuelvo cuatro tantos más". Y Jesús le dijo: "Hoy ha venido la salud a esta casa; porque él también es hijo de Abraham. Pues el Hijo del hombre vino a buscar, y a salvar lo que había perecido".

San Ambrosio
Zaqueo se encuentra sobre un sicómoro y el ciego en el camino; el Señor espera a uno de ellos para curarle y honra al otro penetrando en su casa. Acerca de esto se dice: "Y habiendo entrado Jesús, pasaba por Jericó", etc. Y con razón elige a un jefe de los publicanos, porque ¿quién desesperará de sí cuando éste alcanzó la gracia, siendo así que recaudaba los tributos con engaño? Y en verdad que era rico, para que conozcas que no todos los ricos son avaros.
San Cirilo
Pero Zaqueo no se detuvo por este obstáculo (su riqueza), por lo que se hizo acreedor a la gracia de Dios que ilumina a los ciegos y llama a los que están lejos.
Tito Bostrense
Había germinado en él la semilla de la salvación, porque deseaba ver al Salvador. Por esto sigue: "Y procuraba ver a Jesús, quien quiera que fuese" a pesar de que nunca le había visto, porque si le hubiera visto sin duda se hubiese apartado de la mala vida de publicano. Por tanto, si alguno ve a Jesús ya no puede continuar con mala vida. Dos obstáculos le habían impedido verle: la muchedumbre, no tanto de los hombres como de sus pecados (o crímenes) y el ser pequeño de estatura; por eso sigue: "Y no podía por la mucha gente, porque era pequeño de estatura".
San Ambrosio
¿Qué significa que no se hable de la estatura de ningún otro? Véase si es que era pequeño por su malicia, o pequeño por su fe, porque aún no estaba dispuesto cuando subió al árbol y todavía no había visto al Salvador.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Domingo XXXI (ciclo c) Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
ÁNGELUS
Domingo 31 de octubre de 2010 

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelista san Lucas presta una atención particular al tema de la misericordia de Jesús. De hecho, en su narración encontramos algunos episodios que ponen de relieve el amor misericordioso de Dios y de Cristo, el cual afirma que no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores (cf. Lc 5, 32). Entre los relatos típicos de san Lucas se encuentra el de la conversión de Zaqueo, que se lee en la liturgia de este domingo. Zaqueo es un «publicano», más aún, el jefe de los publicanos de Jericó, importante ciudad situada junto al río Jordán. Los publicanos eran los recaudadores de los impuestos que los judíos debían pagar al emperador romano y, por este motivo, ya eran considerados pecadores públicos. Además, aprovechaban con frecuencia su posición para sacar dinero a la gente mediante chantaje. Por eso Zaqueo era muy rico, pero sus conciudadanos lo despreciaban. Así, cuando Jesús, al atravesar Jericó, se detuvo precisamente en casa de Zaqueo, suscitó un escándalo general, pero el Señor sabía muy bien lo que hacía. Por decirlo así, quiso arriesgar y ganó la apuesta: Zaqueo, profundamente impresionado por la visita de Jesús, decide cambiar de vida, y promete restituir el cuádruplo de lo que ha robado. «Hoy ha llegado la salvación a esta casa», dice Jesús y concluye: «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Domingo XXXI (ciclo c) Juan Pablo II

DE LA HOMILÍA
DEL SANTO PADRE
JUAN PABLO II
Domingo XXXI del tiempo ordinario
2 de noviembre de 1980
 

El fragmento del Evangelio de San Lucas, que la liturgia de hoy propone para meditar en el trigésimo primer domingo durante el año, recuerda el episodio que tuvo lugar, mientras Jesús estaba atravesando la ciudad de Jericó. Fue un acontecimiento tan significativo que, aunque ya lo sabemos de memoria, es preciso meditar otra vez con atención en cada uno de sus elementos. Zaqueo era no sólo un publicano (igual que lo había sido Leví, después el Apóstol Mateo), sino un "jefe de publícanos", y era muy "rico". Cuando Jesús pasaba cerca de su casa. Zaqueo, a toda costa, "hacía por ver a Jesús" (Lc 19, 3), y para ello —por ser pequeño de estatura— ese día se subió a un árbol (el Evangelista dice "a un sicómoro"), "para verle" (Lc 19, 4).

Cristo vio de este modo a Zaqueo y se dirigió a él con las palabras que nos hacen pensar tanto. Efectivamente, Cristo no sólo le dio a entender que le había visto (a él, jefe de publicanos, por lo tanto, hombre de una cierta posición) sobre el árbol, sino que además manifestó ante todos que quería "hospedarse en su casa" (cf. Lc 19, 5). Lo que suscitó alegría en Zaqueo y, a la vez, murmuraciones entre aquellos a quienes evidentemente no agradaban estas manifestaciones de las relaciones del Maestro de Nazaret con "los publícanos y pecadores".

Esta es la primera parte de la perícopa, que merece una reflexión. Sobre todo, es necesario detenerse en la afirmación de que Zaqueo "hacía por ver a Jesús" (Lc 19, 3). Se trata de una frase muy importante que debemos referir a cada uno de nosotros aquí presentes, más aún. indirectamente, a cada uno de los hombres. ¿Quiero yo "ver a Cristo"? ¿Hago todo para "poder verlo"? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y los poblados de su tierra. Es el problema actual para cada uno de nosotros personalmente: ¿Quiero?, ¿quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿evito el encuentro con El? ¿Prefiero no verlo o prefiero que El no me vea (al menos a mi modo de pensar y de sentir)? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de El, de Cristo?

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