viernes, 18 de enero de 2013

II Domingo durante el año (ciclo c) - San Alberto Hurtado

Caná de Galilea
La historia
El Señor se prepara a volver a Galilea, después de haber conquistado los primeros discípulos. Había dos caminos, uno por Perea y otro por Samaría. Viaje a pie de tres días, desde la ribera del Jordán, cerca del sitio de su bautizo. Escogió este segundo camino. Había una razón especial: pasaba por Caná y allí vería a su Madre que iba a asistir a una fiesta de matrimonio.
El viaje
Viaje de esfuerzo, a pie como todos los viajes de Cristo, por caminos áridos, pedregosos, polvorientos... Toda la vida de Cristo es un gran esfuerzo. Nada de molicie. Nacido en una cueva, su primera cama es un pesebre, luego de niño tiene que emprender en brazos de sus padres el rudo viaje a Egipto; vuelto a Nazareth, la vida de trabajo en el taller. Trabajo de esfuerzo: arados, bancos... Sale a la vida pública y lo vemos en el desierto árido, solo con las bestias salvajes, las grandes aves que cruzarían graznando sobre ese terreno muerto; pasa a vivir en una choza, o quizás al aire libre junto al río: "Los pájaros tienen nido, las zorras cuevas... el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza"(Mt 8,20). De ahí lo vemos emprender este viaje de tres días... Luego dormirse en el bote de Pedro, recostando su cabeza sobre las cuerdas; dormir en el monte, sentarse rendido de cansancio junto al pozo de Jacob, recorrer los trigales hambriento, tanto que sus discípulos frotan las espigas para comer algo... Cuando multiplicó los panes, se fue a aquel monte para poder descansar, pero siguió trabajando.

II Domingo durante el año (ciclo c) - San Agustín

Las bodas de Caná
(Jn 2, 1-11)
Vosotros sabéis, hermanos, por ser discípulos fieles de Cristo y también por encarecéroslo a menudo en nuestras pláticas, que la humildad del Señor es la medicina de la soberbia del hombre. El hombre no habría, en efecto, perecido de no haberse ensoberbecido; porque, como dice la Escritura, la soberbia es principio de todo pecado; y al principio de todo pecado fue necesidad oponer el principio de toda justicia. Siendo, por tanto, la soberbia principio de todo pecado, ¿qué medicina podría sanar la hinchazón del orgullo, si Dios no se hubiera dignado hacerse humilde? ¡Avergüéncese de ser soberbio el hombre, pues humilde se hizo Dios! Dícesele al hombre se humille, y lo tiene a menos; y ese querer los hombres vengarse cuando se los afrenta, ¿no es obra de la soberbia? Tienen a menos abajarse, y quieren vengarse, como si alguien sacara provecho del mal ajeno. El ofendido e injuriado quiere vengarse; hace del ajeno daño su medicamento, cuando lo que gana es un cruel tormento. Por eso, el Señor Cristo se dignó humillarse en todas las cosas, para mostrarnos el camino; ¿nos despreciaremos por andarlo?

II Domingo Durante el año (ciclo c) Guión Litúrgico


ENTRADA:  
Hermanos: Llegada la plenitud de los tiempos, el Verbo vino al mundo en búsqueda de su amada: la Iglesia; y se desposó con ella en las bodas más santas que jamás han habido, en el seno purísimo de Santa María; sagrario en el cual se consumó el matrimonio entre lo divino y lo humano, divorciados hasta entonces por el pecado original. Al iniciar los domingos del tiempo ordinario, dispongamos nuestro espíritu para que la Eucaristía dominical nos una cada vez mas al Señor y nos prepare para el banquete celestial. Para iniciar la Santa Misa nos ponemos de pie y cantamos…

jueves, 17 de enero de 2013

Modo breve de servir a Nuestro Señor en diez reglas

Santo Tomás de Villanueva
Modo breve de servir a
Nuestro Señor en diez reglas

Prólogo

Ante todas cosas es menester corazón muy determinado para servir a Dios, y aparejado para romper con quien lo estorbare, pensando lo que va en ello, que es la Gloria o el Infierno para siempre, y que cosa tan grande no se alcanza sin gran riesgo y trabajo; y esta determinación seguidla con mucha constancia y perseverancia, acordándose que dice Nuestro Señor Jesucristo en su Evangelio que el que pone la mano en el arado y mira atrás, no es apto para el Reino de Dios 1 . Y porque al mundo y sus seguidores es contrario esto, hase de disponer a romper con él y no curar de él, antes menospreciar lo que dijere como ciego y necio, y sufrir ser tenido por loco, por amor de Dios y por su salvación, que al fin se verá la verdad cuando pasare la oscuridad del sueño de esta vida y viniere la verdadera luz del día 2 , que para siempre durará, donde goce para siempre del fin para que fue creado.

jueves, 3 de enero de 2013

Carta a las madres de seminaristas y sacerdotes - Card. Mauro Piacenza


Carta a las madres de
sacerdotes y seminaristas
y a cuántas ejercen
con ellos la maternidad espiritual

En la solemnidad de María Santísima Madre de Dios


          "Causa nostrae Letitiae – ¡Causa de nuestra Alegría!"
          El pueblo cristiano ha venerado siempre, con profunda gratitud, a la Bienaventurada Virgen María, contemplando en Ella la Causa de toda nuestra verdadera Alegría.
          En efecto, acogiendo la Palabra Eterna en su seno inmaculado, María Santísima dio a luz al Sumo y Eterno Sacerdote, Jesucristo, único Salvador del mundo. En El, Dios mismo vino al encuentro del hombre, lo levantó del pecado y le donó la Vida eterna, es decir Su misma Vida. Adhiriéndose a la Voluntad de Dios, Dio, por tanto, María participó, de modo único e irrepetible, en el misterio de nuestra redención, convirtiéndose así en Madre de Dios, Puerta del Cielo y Causa de nuestra Alegría.
          De modo análogo, la Iglesia toda mira, con admiración y profunda gratitud, a todas las madres de los sacerdotes y de cuantos, recibida esta altísima vocación, han emprendido el camino de formación, y con profunda alegría me dirijo a ellas.

Bautismo del Señor - Guión Litúrgico

ENTRADA:
Hermanos: Celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor, que corona el tiempo de Navidad e inaugura el tiempo Ordinario, llamado también tiempo durante el Año. En este día, recordamos también con alegría, el día de nuestro propio Bautismo, con todo lo que ello significa para convertirnos en verdaderos hijos de Dios. Nos disponemos para comenzar esta Santa Misa poniéndonos de pie y cantando…

Bautismo del Señor - Benedicto XVI

FIESTA DEL
BAUTISMO DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO
PADRE BENEDICTO XVI
Domingo 10 de enero de 2010

          Queridos hermanos y hermanas:
          En la fiesta del Bautismo del Señor, también este año tengo la alegría de administrar el sacramento del Bautismo a algunos recién nacidos, cuyos padres presentan a la Iglesia. Bienvenidos, queridos padres y madres de estos niños, padrinos y madrinas, amigos y familiares que los acompañáis. Damos gracias a Dios que hoy llama a estas siete niñas y a estos siete niños a convertirse en sus hijos en Cristo. Los rodeamos con la oración y con el afecto, y los acogemos con alegría en la comunidad cristiana, que desde hoy se transforma también en su familia.
          Con la fiesta del Bautismo de Jesús continúa el ciclo de las manifestaciones del Señor, que comenzó en Navidad con el nacimiento del Verbo encarnado en Belén, contemplado por María, José y los pastores en la humildad del pesebre, y que tuvo una etapa importante en la Epifanía, cuando el Mesías, a través de los Magos, se manifestó a todos los pueblos. Hoy Jesús se revela, en la orillas del Jordán, a Juan y al pueblo de Israel. Es la primera ocasión en la que, ya hombre maduro, entra en el escenario público, después de haber dejado Nazaret. Lo encontramos junto al Bautista, a quien acude gran número de personas, en una escena insólita. En el pasaje evangélico que se acaba de proclamar, san Lucas observa ante todo que el pueblo estaba "a la espera" (Lc 3, 15). Así subraya la espera de Israel; en esas personas, que habían dejado sus casas y sus compromisos habituales, percibe el profundo deseo de un mundo diferente y de palabras nuevas, que parecen encontrar respuesta precisamente en las palabras severas, comprometedoras, pero llenas de esperanza, del Precursor. Su bautismo es un bautismo de penitencia, un signo que invita a la conversión, a cambiar de vida, pues se acerca Aquel que "bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Lc 3, 16). De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el egoísmo y en las costumbres vinculadas al pecado. También Jesús deja su casa y sus ocupaciones habituales para ir al Jordán. Llega en medio de la muchedumbre que está escuchando al Bautista y se pone en la fila, como todos, en espera de ser bautizado. Al verlo acercarse, Juan intuye que en ese Hombre hay algo único, que es el Otro misterioso que esperaba y hacia el que había orientado toda su vida. Comprende que se encuentra ante Alguien más grande que él, y que no es digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias.

Bautismo del Señor - Beato Columba Marmion

El Bautismo del Señor

En el bautismo de Jesús, por el que inicia su vida pública, oímos al Padre entronizar a Cristo, "como Hijo muy amado" (Mt 3, 17; Mc 1,11; Lc 3,22), y la enseñanza de Jesús a las almas, durante los tres años de su ministerio exterior, es como continuo comentario de aquel testimonio. Veremos a Cristo manifestarse en sus actos, y palabras, no como Hijo adoptivo de Dios, no como un sujeto escogido para especial misión ante su pueblo, cual lo habían sido los simples profetas, sino como el propio Hijo de Dios, Hijo por naturaleza; de consiguiente, con las mismas prerrogativas divinas, los mismos derechos absolutos del Ser soberano, por lo cual exige de nosotros la fe en el carácter divino de su obra y de su persona.
Quien atentamente lee el Evangelio, luego ve que Cristo habla y obra, no sólo como hombre, sino como Dios y superior a toda criatura.

Bautismo del Señor - San Ambrosio


El Bautismo del Señor

Y aconteció, al tiempo que todo el pueblo era bautizado, que, habiendo sido también bautizado y estando en oración, se abrió el cielo, y descendió el Espíritu Santo en figura corporal a manera de paloma sobre El, y una voz vino del cielo: Tú eres mi Hijo amado; en ti me agradé. El Señor ha sido, pues, bautizado: No quería El ser purificado, sino purificar las aguas, a fin de que, limpias por la carne de Cristo, que jamás conoció el pecado, tu­viesen el poder de bautizar. Así el que viene al bautismo de Cristo deja allí sus pecados. Bellamente el evangelista San Lucas se ha propuesto resumir lo que habían dicho los otros y ha dado a entender que el Señor fue bautizado por Juan, más que dejarlo expresado. En cuanto a la causa de este bautismo del Señor, el mis­mo Señor nos lo explica con estas palabras: Déjame hacer ahora, pues así nos cumple realizar plenamente toda justicia (Mt 3,15).

miércoles, 2 de enero de 2013

Epifanía del Señor - Guión Litúrgico



ENTRADA:
Hermanos: Como aquellos magos de Oriente, también nosotros, guiados por la estrella de la fe, estamos aquí para ponernos ante el Niño de Belén y reconocer que él es nuestro Señor, la luz que ilumina a todos los hombres. Celebremos con alegría la Epifanía del Señor, pues somos llamados también nosotros, a dirigir continuamente nuestra mirada a Cristo, que se manifiesta para introducirnos en el misterio de la salvación.. Damos comienzo a nuestra celebración, cantando...

Epifanía del Señor - Benedicto XVI

SOLEMNIDAD DE
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
Viernes 6 de enero de 2006

          Queridos hermanos y hermanas:
          La luz que brilló en Navidad durante la noche, iluminando la cueva de Belén, donde permanecen en silenciosa adoración María, José y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos. La Epifanía es misterio de luz, simbólicamente indicada por la estrella que guió a los Magos en su viaje. Pero el verdadero manantial luminoso, el "sol que nace de lo alto" (Lc 1, 78), es Cristo.
          En el misterio de la Navidad, la luz de Cristo se irradia sobre la tierra, difundiéndose como en círculos concéntricos. Ante todo, sobre la Sagrada Familia de Nazaret: la Virgen María y José son iluminados por la presencia divina del Niño Jesús. La luz del Redentor se manifiesta luego a los pastores de Belén, que, advertidos por el ángel, acuden enseguida a la cueva y encuentran allí la "señal" que se les había anunciado: un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre (cf. Lc 2, 12). Los pastores, junto con María y José, representan al "resto de Israel", a los pobres, los anawin, a quienes se anuncia la buena nueva. Por último, el resplandor de Cristo alcanza a los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, a donde, de forma paradójica, precisamente los Magos llevan la noticia del nacimiento del Mesías, y no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles. Misterioso designio divino: "La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eras malas" (Jn 3, 19).

Epifanía del Señor - San Ambrosio

La Epifanía del Señor

San Mateo nos ha enseñado un misterio que no podemos pasar por alto. San Lucas, al encontrarlo ya relatado extensamente, ha creído callar, juzgándose bastante rico si entre los demás reivindica para sí el pesebre de su Señor.
A este Niño pequeño que la falta de fe te hace encontrar despreciable, los Magos de Oriente lo han seguido durante un largo camino, se postran para adorarle, le llaman rey y reco­nocen que El resucitará, al ofrecerle de sus tesoros oro, incienso y mirra. ¿Qué son estos dones de una fe verdadera? El oro por el rey, el incienso por Dios y la mirra por la muerte; uno es, en efecto, el signo de la realeza, otro el sacrificio ofrecido al poder divino, otro el honor de la sepultura que, lejos de descom­poner el cuerpo del difunto, lo conserva. También nosotros, que hemos escuchado y leído estas cosas, saquemos de nuestros tesoros, hermanos míos, dones semejantes; pues nosotros tenemos un te­soro en vasos frágiles (2 Cor 4,7). Si, pues, aun en ti, no debes considerar lo que eres como procedente de ti, sino de Cristo, ¿cuánto más has de considerar en Cristo no lo que es tuyo, sino lo que es de Cristo?

Epifanía del Señor - Catena Aurea


Mateo 2,1-12
Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá en tiempo de Herodes el Rey, he aquí unos Magos vinieron del Oriente a Jerusalén diciendo: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? porque vimos su estrella en el oriente, y venimos a adorarle".
Y el Rey Herodes, cuando lo oyó, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocando todos los príncipes de los sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer Cristo. Y ellos le dijeron: "En Belén de Judá: porque así está escrito por el Profeta. Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las principales de Judá; porque de ti saldrá el caudillo que gobernará a mi pueblo Israel".
Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de ellos cuidadosamente del tiempo en que les apareció la estrella: y encaminándolos a Belén, les dijo: "Id, e informaos bien del niño, y cuando le hubiereis hallado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarle". Ellos, luego que esto oyeron del rey, se fueron.
Y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos hasta que, llegando, se paró donde estaba el niño.
Y cuando vieron la estrella se regocijaron en gran manera. Y entrando en la casa hallaron al niño con María su Madre, y postrándose, le adoraron; y abiertos sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.
Y habida respuesta en sueños, que no volviesen a Herodes, se volvieron a su tierra por otro camino.

 
San Agustín, in sermone 5 de Epiphania
Consumado el milagro del parto virginal, en que el útero lleno de la divinidad dio a luz al Dios-Hombre sin perder el sello de su integridad, entre los tenebrosos escondrijos de un establo y la estrechez de un pesebre, en los que la Majestad infinita, reduciéndose en las cortas dimensiones de un tierno cuerpecito, mora suspendido del pecho materno, y todo un Dios permite ser envuelto en viles pañales, un nuevo astro aparece de repente en el cielo iluminando la tierra. Y disipada la niebla que cubría todo el mundo, convierte la noche en día para que el día no quedase oculto entre la noche. Por eso dice el evangelista: "Pues cuando hubo nacido".

Remigio
Al principio de esta lección evangélica se precisan tres cosas: la persona, "Habiendo nacido Jesús"; el lugar, "en Belén de Judá"; el tiempo, "En los días de Herodes el Rey"; circunstancias que aduce en confirmación del hecho que va a referir.

El Santísimo nombre de Jesús explicado por Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 14 de enero de 1987
Jesús, Hijo de Dios y Salvador

1. Con la catequesis de la semana pasada, siguiendo los Símbolos más antiguos de la fe cristiana, hemos iniciado un nuevo ciclo de reflexiones sobre Jesucristo. El Símbolo Apostólico proclama: “Creo... en Jesucristo su único Hijo (de Dios)”. El Símbolo Niceno-constantinopolitano, después de haber definido con precisión aún mayor el origen divino de Jesucristo como Hijo de Dios, continúa declarando que este Hijo de Dios “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y... se encarnó”. Como vemos, el núcleo central de la fe cristiana está constituido por la doble verdad de que Jesucristo es Hijo de Dios e Hijo del hombre (la verdad cristológica) y es la realización de la salvación del hombre, que Dios Padre ha cumplido en El, Hijo suyo y Salvador del mundo (la verdad soteriológica).

San Gregorio Nacianceno sintió necesidad de acercarse a Dios para superar el cansancio de su propio yo - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 22 de agosto de 2007
San Gregorio Nacianceno (2)
Queridos hermanos y hermanas:
En los retratos de los grandes Padres y doctores de la Iglesia que estoy presentando en estas catequesis, la última vez hablé de san Gregorio Nacianceno, obispo del siglo IV, y hoy quisiera seguir completando el retrato de este gran maestro. Hoy trataremos de recoger algunas de sus enseñanzas.
Reflexionando sobre la misión que Dios le había confiado, san Gregorio Nacianceno concluía: "He sido creado para ascender hasta Dios con mis acciones" (Oratio 14, 6 de pauperum amore: PG 35, 865). De hecho, puso al servicio de Dios y de la Iglesia su talento de escritor y orador. Escribió numerosos discursos, homilías y panegíricos, muchas cartas y obras poéticas (casi 18.000 versos): una actividad verdaderamente prodigiosa. Había comprendido que esta era la misión que Dios le había confiado: "Siervo de la Palabra, desempeño el ministerio de la Palabra. Ojalá que nunca descuide este bien. Yo aprecio esta vocación, me complace y me da más alegría que todo lo demás" (Oratio 6, 5: SC 405, 134; cf. también Oratio 4, 10).

San Gregorio Nacianceno es un hombre que nos hace sentir la primacía de Dios - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 8 de agosto de 2007
San Gregorio Nacianceno (1)

Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado hablé de un gran maestro de la fe, el Padre de la Iglesia san Basilio. Hoy quiero hablar de su amigo san Gregorio Nacianceno, que, al igual que san Basilio, era originario de Capadocia. Ilustre teólogo, orador y defensor de la fe cristiana en el siglo IV, fue célebre por su elocuencia y, al ser también poeta, tuvo un alma refinada y sensible.
San Gregorio nació en el seno de una familia noble. Su madre lo consagró a Dios desde su nacimiento, que tuvo lugar alrededor del año 330. Después de la educación familiar, frecuentó las más célebres escuelas de su época: primero fue a Cesarea de Capadocia, donde entabló amistad con san Basilio, futuro obispo de esa ciudad; luego estuvo en otras metrópolis del mundo antiguo, como Alejandría de Egipto y sobre todo Atenas, donde se encontró de nuevo con san Basilio (cf. Oratio 43, 14-24: SC 384, 146-180).

martes, 1 de enero de 2013

San Basilo Magno nos habla también a nosotros y nos dice cosas importantes - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 1 de agosto de 2007
San Basilio (2)
          Queridos hermanos y hermanas:
          Después de estas tres semanas de pausa, reanudamos nuestros habituales encuentros del miércoles. Hoy quiero continuar el tema que tratamos en la última catequesis: la vida y los escritos de san Basilio, obispo en la actual Turquía, en Asia menor, durante el siglo IV. La vida de este gran santo y sus obras están llenas de puntos de reflexión y de enseñanzas que valen también para nosotros hoy.
          San Basilio habla, ante todo, del misterio de Dios, que sigue siendo el punto de referencia más significativo y vital para el hombre. El Padre es "el principio de todo y la causa del ser de lo que existe, la raíz de los seres vivos" (Hom. 15, 2 de fide: PG 31, 465c) y sobre todo es "el Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Anaphora sancti Basilii). Remontándonos a Dios a través de las criaturas, "tomamos conciencia de su bondad y de su sabiduría" (Contra Eunomium 1, 14: PG 29, 544b). El Hijo es la "imagen de la bondad del Padre y el sello de forma igual a él" (cf. Anaphora sancti Basilii). Con su obediencia y su pasión, el Verbo encarnado realizó la misión de Redentor del hombre (cf. In Psalmum 48, 8: PG 29, 452ab; De Baptismo 1, 2: SC 357, 158).

San Basilio Magno nos muestra cómo ser realmente cristianos - Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 4 de julio de 2007

San Basilio (1)
          Queridos hermanos y hermanas: 
          Hoy queremos recordar a uno de los grandes Padres de la Iglesia, san Basilio, a quien los textos litúrgicos bizantinos definen como una «lumbrera de la Iglesia». Fue un gran obispo del siglo IV, al que mira con admiración tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente por su santidad de vida, por la excelencia de su doctrina y  por la síntesis armoniosa de sus dotes especulativas y prácticas.
          Nació alrededor del año 330 en una familia de santos, «verdadera Iglesia doméstica», que vivía en un clima de profunda fe. Estudió con los mejores maestros de Atenas y Constantinopla. Insatisfecho de sus éxitos mundanos, al darse cuenta de que había perdido mucho tiempo en vanidades, él mismo confiesa:  «Un día, como si despertase de un sueño profundo, volví mis ojos a la admirable luz de la verdad del Evangelio..., y lloré por mi miserable vida» (cf. Ep. 223:  PG 32, 824 a).

Bajo tu amparo - Monsignor Frisina Sub tuum praesidium


LA THEOTOKOS EN UN PAPIRO EGIPCIO
Una oración a la Madre de Dios que los cristianos rezan desde hace más de 1760 años
Edgar Lobel, experto en papirología de la Universidad de Oxford, dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto. Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto. Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.
Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco, contenía una oración a la Virgen. Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración SUB TUUM PRAESIDIUM  

lunes, 31 de diciembre de 2012

Santa María Madre de Dios - Juan Pablo II

JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 27 de noviembre de 1996
María, Madre de Dios
(Lectura: evangelio de san Lucas 1,34-35)

          1. La contemplación del misterio del nacimiento del Salvador ha impulsado al pueblo cristiano no sólo a dirigirse a la Virgen santísima como a la Madre de Jesús, sino también a reconocerla como Madre de Dios. Esa verdad fue profundizada y percibida, ya desde los primeros siglos de la era cristiana, como parte integrante del patrimonio de la fe de la Iglesia, hasta el punto de que fue proclamada solemnemente en el año 431 por el concilio de Éfeso.
          En la primera comunidad cristiana, mientras crece entre los discípulos la conciencia de que Jesús es el Hijo de Dios, resulta cada vez más claro que María es la Theotokos, la Madre de Dios. Se trata de un título que no aparece explícitamente en los textos evangélicos, aunque en ellos se habla de la "Madre de Jesús" y se afirma que él es Dios (Jn 20, 28, cf. 5, 18; 10, 30. 33). Por lo demás, presentan a María como Madre del Emmanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Mt 1, 22­23).
          Ya en el siglo III, como se deduce de un antiguo testimonio escrito, los cristianos de Egipto se dirigían a María con esta oración: "Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita" (Liturgia de las Horas). En este antiguo testimonio aparece por primera vez de forma explícita la expresión Theotokos, "Madre de Dios".

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