viernes, 9 de mayo de 2014

Domingo IV de pascua (ciclo a) - Catena Aurea

Juan 10,1-10

"En verdad, en verdad os digo: que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, aquél es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a las ovejas propias llama por su nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no le siguen, antes huyen de él, porque no conocen la voz de los extraños". Este proverbio les dijo Jesús. Mas ellos no entendieron lo que les decía.

Y Jesús les dijo otra vez: "En verdad, en verdad os digo que yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos vinieron, ladrones son y salteadores, y no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta: quien por mí entrare será salvo, y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y para matar y para destruir. Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en más abundancia".

 

Crisóstomo, in Joanem hom 58

Como el Señor había sostenido una disputa sobre la ceguedad de los judíos, a fin de que ellos no dijesen: no es por nuestra ceguedad por lo que no nos acercamos a ti, sino que nos apartamos como huyendo del error, quiere probar que El no es un impostor, sino que es el verdadero pastor, fijando las señales que distinguen al ladrón del pastor. Y en primer lugar enseña quién es el impostor y el ladrón, diciendo: "En verdad, en verdad os digo: que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, aquel es ladrón y salteador". El se refiere de una manera tácita a todos aquellos que vinieron antes que El y a los que vendrían después, al anticristo y a los falsos cristos. Llama puerta a las Escrituras, porque éstas enseñan el conocimiento de Dios; ellas son las que guardan las ovejas y no dejan que se acerquen los lobos, cerrando la entrada a los herejes. Así, pues, el que no usa de las Escrituras, sino que sube por otra parte, esto es, adopta otra vía distinta y no legítima, éste es un ladrón. Dice sube y no dice entra, a la manera del ladrón que trata de escalar el muro y hace todas las cosas rodeado de peligros. Dice por otra parte designando de una manera tácita a los escribas, que enseñaban las máximas y las doctrinas humanas, y al mismo tiempo violaban la Ley. No debe extrañarnos que El se llame a sí mismo puerta, porque se presenta a sí mismo también como pastor y como rebaño. El se llama puerta por ser el que nos conduce al Padre, y se llama pastor por ser el que nos guía.

 

San Agustín, in Joanem tract 45

O de otro modo: Hay muchos que por la manera ordinaria que tienen de obrar se llaman hombres buenos, que al parecer observan lo que en la Ley se manda; sin embargo, no son cristianos y las más de las veces se jactan como los fariseos: "Pues qué, ¿nosotros somos también ciegos?" ( Jn 9,40). Como que ignorando a qué fin dirigir sus acciones, obran inútilmente; pero el Señor, bajo la figura de rebaño y de puerta por la que se entra al redil, les dice: "En verdad, en verdad os digo: que el que no entra por la puerta", etc. Digan en hora buena los paganos, digan los judíos o los herejes, nuestra vida es buena; si no entran por la puerta ¿de qué les sirve? La buena vida debe proporcionar a cada uno la vida eterna, y no puede decirse que viven bien los que ignoran por ceguedad el fin del bien vivir, o por orgullo lo menosprecian. Nadie puede tener esperanza de vivir siempre, si no conoce la vida (que es Cristo) y entra por esta puerta en el redil. Todo aquel que quiere entrar en el redil, entre por la puerta; y no solamente predique a Cristo, sino busque su gloria y no la gloria propia. Pero Cristo es una puerta humilde; el que entra por esta puerta debe bajar su cabeza para que pueda entrar con ella sana. Mas aquel que no se humilla sino que se ensalza, ése quiere escalar el muro; por tanto, se eleva para caer. Muchas veces tales hombres pretenden persuadir a los demás a que vivan bien sin ser cristianos; éstos quieren subir por otra parte, robar y matar. Son, pues, ladrones, porque se apropian lo ajeno; son salteadores, porque matan lo que roban.

 

Crisóstomo, ut supra

Has visto cómo describe al ladrón; mira ahora la definición del pastor: "Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas".

 

San Agustín, De verb Dom. Serm 49

Entra por la puerta el que entra por Cristo, el que imita la pasión de Cristo, el que conoce la humildad de Cristo, que siendo Dios se ha hecho hombre por nosotros. Conozca el hombre que no es Dios, sino hombre, porque el que quiere parecer Dios siendo hombre, no imita a Aquel que siendo Dios se hizo hombre. Porque no se te ha dicho: seas algo menos de lo que eres; sino, reconoce lo que eres.

"A éste abre el portero".

Domingo IV de Pascua (ciclo a) - San Agustín

El buen pastor
(Jn 10,1-15)
 
1. Vuestra fe no ignora, carísimos, y sabemos que lo habéis aprendido del Maestro, que desde el cielo nos adiestra y en quien habéis colocado vosotros la esperanza, cómo nuestro Señor Jesucristo, que ya padeció por nosotros y resucitó, es Cabeza de la Iglesia, y la Iglesia, Cuerpo suyo; y que la salud de este Cuerpo es la unión de sus miembros y la trabazón dela caridad. Si se resfría la caridad, sobreviene, aun perteneciendo uno al Cuerpo de Cristo, la enfermedad. Cierto es, sin embargo, que aquel que ha exaltado a nuestra Cabeza puede sanar a sus miembros, siempre a condición de no llevarla impiedad a términos de haber de amputarlos, sino de permanecer adheridos al Cuerpo hasta lograr la salud. Porque, mientras permanece un miembro cualquiera en la unidad orgánica, que da la esperanza de salvarle; una vez amputado, no hay remedio que lo sane. Siendo él, pues, Cabeza de la Iglesia y siendo la Iglesia su Cuerpo, el Cristo total es el conjunto dela Cabeza y el Cuerpo. El ya resucitó, por tanto, ya tenemos la Cabeza en el cielo, donde aboga por nosotros. Esa nuestra Cabeza sin pecado y sin muerte está ya propiciando a Dios por nuestros pecados, para que también nosotros, resucitados al fin y transformados, sigamos a la Cabeza a la gloria celeste. A donde va, en efecto, la cabeza, van también los otros miembros. Siendo, pues, miembros suyos, no perdamos, mientras aquí estamos, la esperanza de seguir a nuestra Cabeza.
 
2. Ponderad, hermanos, a dónde llega el amor de nuestra Cabeza. Aunque ya en el cielo, sigue padeciendo aquí mientras padece la Iglesia. Aquí tiene Cristo hambre, aquí tiene sed, y está desnudo, y carece de hogar, y está enfermo y encarcelado. Cuanto padece su Cuerpo, él mismo ha dicho que lo padece él; y al fin, apartando ese su Cuerpo a la derecha y poniendo a la izquierda a los que ahora le pisan, les dirá a los de la mano derecha: Venid, benditos de mi Padre, a recibir el reino que os está apercibido desde el principio del mundo. Y esto, ¿por qué? Porque tuve hambre, y me disteis de comer; y continúa por ahí, cual si él en persona hubiera recibido la merced. Y en tal extremo es ello así, que, no entendiéndolo, han los de la derecha de responderle, diciendo: ¿Cuándo, Señor, te vimos con hambre, sin hogar o encarcelado? Él les dirá: Lo que hicisteis con uno de mis pequeñuelos, a mí me lo hicisteis. A este modo, en nuestro cuerpo está la cabeza encima, los pies en la tierra; sin embargo, cuando en algún apiñamiento y apretura de la gente alguien te da un pisotón, ¿no dice la cabeza: «Estás pisándome»? Nadie te ha pisado ni la cabeza ni la lengua; están arriba y a buen recaudo; nada malo les ha sucedido; mas, porque de la cabeza a los pies reina la unidad, fruto de la trabazón que produce la caridad, la lengua no se desentiende, antes bien dice: «Estás pisándome.» A esta manera, dijo Cristo, la Cabeza a quien nadie pisa: Tuve hambre, y me disteis de comer. ¿Cómo terminó? Entonces aquéllos irán al fuego eterno, y los justos a la vida eterna.

Las propuestas del Card. Kasper ya fueron rechazadas dos veces por el Magisterio de la Iglesia - Pbro. Juan José Pérez Soba

Entrevista concedida por el Pbro. Dr. Juan José Pérez Soba, profesor de pastoral familiar en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Latenarense a Zenit, con motivo del próximo sínodo sobre la familia.
 
¿Por qué el Santo Padre ha convocado este sínodo sobre la familia?

El papa Francisco una vez que ha visto el conjunto de lo que es su pontificado ha querido dar una prioridad ahora al tema de la familia. Se ha concretado el desafío de la familia en el contexto de la evangelización. En ese sentido se unen dos cosas: la familia como recurso para la nueva evangelización, como lo ha destacado en el sínodo de la nueva evangelización; y ahora se pone también el acento sobre los desafíos.

 

Al poner los desafíos, la secretaría del sínodo envió la encuesta sobre el tema para tener un conocimiento general

Una encuesta que ha sido recibida de maneras muy distintas porque la encuesta es muy heterogénea, no sabemos que resultados podrán salir visto que había datos muy diversos que no es fácil homologar, pero sí se ha creado una cierta expectativa, también muy diversa según los distintos lugares. 

 

¿A qué punto está la encuesta?

El material ya debería haber llegado si bien puede aún llegar algo más. Los datos se han recibido y ahora una comisión de expertos de la secretaría del sínodo va a preparar una ponencia que saldrá en mayo que será el documento básico cuyos datos utilizará el sínodo. Era una encuesta compleja ya que tomaba una perspectiva más centrada sobre los problemas que en la evangelización. Por lo tanto dependerá mucho de cómo las personas que preparan el sínodo insertar los datos dentro de la problemática de la nueva evangelización, porque contrariamente se perdería la unidad del tema.

 

¿Qué desafíos se pone el sínodo?

La Iglesia no puede pretender resolver todos los problemas de las familias, mientras evangelizar sí se puede pues es la misión que Cristo le ha confiado. No se trata de resolver todos los problemas sino de llevar luz. La primacía del evangelio de la familia sobre los problemas es necesaria. Sobre el evangelio de la familia tenemos la aportación muy importante de Juan Pablo II, la toma de conciencia del papel de familia en la Iglesia.

 

¿Antes no había esta conciencia sobre la familia?

Ciertamente no, el tema del matrimonio ahora está mucho más en el centro de la Iglesia y su valor sacramental se reconoce mucho más. Muchas veces quienes se casan no saben qué es un matrimonio y no saben por qué es un sacramento.  Ven a la Iglesia como a quien llena de leyes pero no ven cómo el matrimonio procede de la gracia. Juan Pablo II tomó un gran empeño para ello pero aún no ha sido suficientemente recibido por parte de la Iglesia y ciertamente si el sínodo ayudara a esto sería un aporte enorme.

 

El cardenal Kasper levantó una serie de problemáticas y algunos ya sacaron conclusiones

jueves, 8 de mayo de 2014

Los sacramentos y los divorciados vueltos a casar - Card. Velasio De Paolis

“Los divorciados vueltos a casar
y los sacramentos
de la Eucaristía y la Penitencia”[1]
 
Premisa
 
Hablamos de los divorciados vueltos a casar, pero el discurso sustancialmente vale para todos aquellos que viven en situaciones familiares irregulares.
La puntualización “vueltos a casar” significa que el divorciado en cuanto tal no está excluido de los sacramentos indicados en el título; pasa a estarlo solo cuando atenta un nuevo vínculo y empieza a vivir una situación conyugal irregular. Y es precisamente esta situación irregular permanente la que constituye el motivo para que sea excluido de los Sacramentos. De hecho quien convive con una persona que no es su cónyuge está en abierta violación de la ley de Dios, tal como la Iglesia la presenta. El derecho de la Iglesia por una parte precisa las condiciones para acceder a los Sacramentos, cuya verificación es confiada al mismo fiel, y por otra se dirige al ministro sagrado indicándole el caso en el cual él debe rechazar la Eucaristía al fiel, por motivos de escándalo. Nosotros limitaremos nuestro discurso a las condiciones necesarias que el fiel debe respetar para acceder lícitamente y fructuosamente a los Sacramentos.
Pensamos que el tema no se puede agotar simplemente en la presentación de la normativa de la Iglesia, por lo demás necesaria, sino que debe ser objeto de reflexión en un contexto más amplio que tenga en cuenta la situación actual que la Iglesia está viviendo.
Dividiremos nuestro discurso en dos partes. En una primera parte, que es como una introducción general, presentaremos el tema al interno de la visión del hombre y de la cultura en general; la segunda parte estará dedicada directamente al tema específico de los divorciados vueltos a casar.
 
Primera Parte: Introducción general al tema
 
1. Situación de crisis de la familia y de la sociedad
 
El matrimonio y la familia son el corazón de la vida de la sociedad y de la Iglesia, para la cual la familia es iglesia doméstica. Se trata de instituciones que están en una profunda crisis. La denuncia se remonta a tiempos lejanos, pero hoy es patente a todos. Preocupa especialmente a la Iglesia, que desde hace tiempo se mueve y se agita para contener la deriva tanto del matrimonio como de la familia. Los documentos al respecto, particularmente a partir del Vaticano II, son numerosos. La Santa Sede ha creado incluso instituciones especiales como el Pontificio Consejo para la Familia[2], y ha dado vida a muchas instituciones para la protección y promoción de la familia. No parece que ella haya recogido frutos relevantes. La situación ha ido degradándose siempre más: los divorcios han aumentado, y las situaciones de los divorciados civilmente y vueltos a casar estimulan el afán de los pastores por encontrar y dar la respuesta a las preguntas que las parejas interesadas les hacen; incluso parecería que los matrimonios tienden a desaparecer del todo, aumentando las convivencias libres y sin compromiso. Por no hablar también de las uniones homosexuales. Pero la crisis del matrimonio y de la familia son síntoma de una crisis todavía más profunda en la sociedad. Cuando se quiebran las columnas que sostienen la casa, significa que la misma casa está por colapsar. La crisis del matrimonio y de la familia, reenvían a una crisis todavía más profunda, aquella de la sociedad.
 
2. Tema de un sínodo de obispos: focalización sobre la situación de los divorciados vueltos a casar y su admisión a los sacramentos
 
El problema es tan preocupante que se creyó necesario proyectar un nuevo sínodo sobre el matrimonio y sobre la familia, haciéndolo preceder por una amplísima encuesta, en la cual todo parece ser puesto bajo signos de preguntas y en discusión. El tema ha sido de algún modo anticipado en el Consistorio de los Cardenales del 20 y 21 de febrero pasado, donde, según los medios de comunicación, se ha de inmediato focalizado la discusión sobre la condición de los divorciados vueltos a casar, y de tal modo que el Card. Barbarin de Lyon, según lo que dice la prensa, parece exclamó: “habíamos sido llamados para hablar del matrimonio y nos encontramos en cambio discutiendo sobre los divorciados vueltos a casar.
 
3. Necesidad de encontrar el camino justo, reflexionando sobre la naturaleza y la historia de la Iglesia
 
¿Qué podemos esperar de toda esta atención? Si no se toma el camino justo corremos el riesgo de extraviarnos y no recoger ningún fruto.
Urge la necesidad de individuar las causas que generan las situaciones dolorosas. El riesgo está en el hecho de que la sociedad de hoy, y en parte sucede lo mismo en la Iglesia, se agita de frente a los problemas y se mueve de inmediato para eliminar los efectos y las consecuencias más dolorosas y evidentes de estas situaciones sin antes haber examinado las causas que las han producido. De este modo no sólo no se eliminan las consecuencias sino que se corre el riesgo de agravarlas. En realidad se trata de hacer una pausa y reflexionar. Esto vale particularmente para nuestro caso. Se deben individuar primero las causas que están en el origen de la situación tan difícil en la cual se encuentran el matrimonio y la familia. Estamos en una sociedad enferma. La curación puede llegar solo si nos damos cuenta del tipo de enfermedad que sufre y si se descubren exactamente las causas. De nada vale ocuparse solo de los efectos más grandes y preocupantes. El mal puede ser eliminado sólo con la correcta medicina y si se extirpan las raíces perversas que lo producen. Para esto se exigen reflexión y ponderación.
Debería ser ya una advertencia el que nosotros hablemos de los males de la sociedad y de la Iglesia, particularmente en el sector del matrimonio y de la familia, sin resultados apreciables. Probablemente no hemos hecho aún esta obra de discernimiento. Lo mismo ha sucedido con la cuestión de la Fe, cuya crisis se encuentra ciertamente al origen de la crisis del matrimonio y de la familia. El Papa Benedicto XVI al establecer el año de la fe indicaba algunas causas, particularmente dos: 1) el hecho de que en este tiempo se haya hablado más de las consecuencias de la fe a nivel político, cultural y social que de la misma Fe y de Su Autor, Jesucristo; 2) una errada y engañadora interpretación y aplicación del Concilio, en lo concerniente a la doctrina de las realidades terrestres, el diálogo ecuménico e interreligioso, el empeño por el hombre integral, el concepto de la realización del hombre, como ya lo había denunciado la Relationi finalis del sínodo de los Obispos en el trigésimo aniversario de la celebración del Vaticano II. Se trata ciertamente de principios que tienen validez, pero cuya interpretación y aplicación no siempre han encontrado la necesaria prudencia y sabiduría. De este modo, a pesar de los innegables esfuerzos que la Iglesia está llevando a cabo generosamente para superar el momento difícil de la fe cristiana y de sus instituciones fundamentales, como el matrimonio y la familia, los resultados parecen más bien modestos.

Máximas de San Juan Bosco sobre la comunidad

COMUNIDAD
·                    No se escatime ningún sacrificio para conservar la vida de comunidad.
 
·                    Si en vuestra comunidad se presentan honestos entretenimientos, tomad parte en ellos; pero evitad las contiendas con los demás, las burlas, los apodos y el mostraros descontentos de las diversiones que se os proporcionen.
 
·                    La abundancia de los bienes temporales fue siempre la causa de perdición de Comunidades enteras.
 
·                    Una comunidad que observa con exactitud, el silencio en el tiempo establecido; es ciertamente fiel a las constituciones. En cambio, aquella comunidad donde cada cual habla según su capricho, por lo general, no observa ni las reglas ni el orden.
 
·                    No es el número de las personas sino la caridad y el fervor que constituyen en la comunidad la gloria del Señor.
 
·                    Los defectos de una comunidad deben ser siempre disimulados.

miércoles, 7 de mayo de 2014

E Supremi Apostolatus - San Pío X

"E Supremi Apostolatus"

Sobre la falta de doctrina
y el deber de darla a conocer

4 de octubre de 1903
 
 
El peso del Pontificado - Los hombres están hoy apartados de Dios - «¡Instaurar todas las cosas en Cristo!» - Los hombres contra Dios - El deseo de paz: dónde encontrarla - Que los hombres vuelvan a Dios, por la Iglesia - El deber concreto de los Pastores - Los medios: formar buenos sacerdotes - Cuidar a los sacerdotes jóvenes - La falta de doctrina: enseñar con caridad - El deber insustituible de los Obispos -
 
Venerables hermanos: Salud y bendición apostólica
El peso del Pontificado
Al dirigirnos por primera vez a vosotros desde la suprema cátedra apostólica a la que hemos sido elevados por el inescrutable designio de Dios, no es necesario recordar con cuántas lágrimas y oraciones he m o s intentado rechazar esta enorme carga del Pontificado. Podríamos, aunque Nuestro mérito es absolutamente inferior, aplicar a Nuestra situación la queja de aquel gran santo, Anselmo, cuando a pesar de su oposición, incluso de su aversión, fue obligado a aceptar el honor del episcopado. Porque Nos tenemos que recurrir a las mis mas muestras de desconsuelo que él profirió para exponer con qué ánimo, con qué actitud hemos aceptado la pesadísima carga del oficio de apacentar la grey de Cristo. Mis lágrimas son testimonio -esto dice-, así como mis quejas y los suspiros de lamento de mi corazón; cuales en ninguna ocasión y por ningún dolor recuerdo haber derramado hasta el día en que cayó sobre mí la pesada suerte del arzobispado de Canterbury. No pudieron dejar de advertirlo todos aquellos que en aquel día contemplaron mi rostro... Yo con un color más propio de un muerto que de una persona viva, palidecía con doloroso estupor. A decir verdad, hasta ese momento hice todo lo posible por rechazar lejos de mí esa elección, o por mejor decir esa extorsión. Pero ya, de grado o por fuerza, tengo que confesar que a diario los designios de Dios resisten más y más a mis planes, de modo que comprendo que es absolutamente imposible oponerme a ello. De ahí que, vencido por la fuerza no de los hombres sino de Dios, contra la que no hay defensa posible, entendí que mi deber era adoptar una única decisión: después de haber orado cuanto pude y haber intentado que, si era posible, ese cáliz pasara de mí sin beberlo... entregueme por completo al sentir ya la voluntad de Dios, dejando de lado mi propio sentir y mi voluntad(1)
 
Los hombres están hoy apartados de Dios
Y efectivamente no Nos faltaron múltiples y graves motivos para rehusar el Pontificado. Ante todo el que de ningún modo, por nuestra insignificancia, nos considerábamos dignos del honor del pontifica do; ¿a quién no le conmovería ser designado sucesor de aquel que gobernó la Iglesia con extrema prudencia durante casi veintiséis años, sobresalió en tanta agudeza de ingenio, tanto resplandor de virtudes que convirtió incluso a sus enemigos en admiradores y consagró la memoria de su nombre con hechos extraordinarios? Luego, dejando aparte otros motivos, Nos llenaba de temor sobre todo la tristísima situación en que se encuentra la humanidad. Quién ignora, efectivamente, que la sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que, agravándose por días, la devora hasta la raíz y la lleva a la muerte? Comprendéis, Venerables Hermanos, cuál es el mal; la defección y la separación de Dios: nada más unido ala muerte que esto, según lo dicho por el Profeta (2): Pues he aquí que quienes se alejan de ti, perecerán. Detrás de la misión pontificia que se me ofrecía, Nos veíamos el deber de salir al paso de tan gran mal: Nos parecía que recaía en Nos el mandato del Señor: Hoy te doy sobre pueblos y reinos poder de destruir y arrancar, de edificar y plantar (3); pero, conocedor de Nuestra propia debilidad, Nos espantaba tener que hacer frente a un problema que no admitía ninguna dilación y sí tenía muchas dificultades.
 
«¡Instaurar todas las cosas en Cristo!»
Sin embargo, puesto que agradó a la divina voluntad elevar nuestra humildad a este supremo poder, descansamos el espíritu en aquel que Nos conforta y poniendo manos a la obra, apoyados en la fuerza de Dios, manifestamos que en la gestión de Nuestro pontificado tenemos un sólo propósito, instaurarlo todo en Cristo (4), para que efectivamente todo y en todos sea Cristo (5).
Habrá indudablemente quienes, porque miden a Dios con categorías humanas, intentarán escudriñar Nuestras intenciones y achacarlas a intereses y afanes de parte.
Para salirles al paso, aseguramos con toda firmeza que Nos nada queremos ser, y con la gracia de Dios nada seremos ante la humanidad sino Ministro de Dios, de cuya autoridad somos instrumentos. Los intereses de Dios son Nuestros intereses; a ellos hemos decidido consagrar nuestras fuerzas y la vida misma. De ahí que si alguno Nos pide una frase simbólica, que exprese Nuestro propósito, siempre le daremos sólo esta: ¡instaurar todas las cosas en Cristo!

martes, 6 de mayo de 2014

Instrucción Musicam Sacram

INSTRUCCIÓN

"MUSICAM SACRAM"

DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS

Y DEL CONSILIUM

SOBRE LA MÚSICA EN LA SAGRADA LITURGIA

 

INTRODUCCIÓN

1. La música sagrada, en lo que respecta a la renovación litúrgica, fue objeto de atento estudio en el Concilio Vaticano II. Éste aclaró la función que desempeña en los divinos oficios, promulgando principios y leyes sobre la misma en la Constitución sobre la sagrada liturgia y dedicándole un capítulo entero en dicha Constitución.

2. Las decisiones del Concilio han comenzado ya a ponerse en práctica en la renovación litúrgica recientemente iniciada. Pero las nuevas normas referentes a la organización de los ritos sagrados y a la participación activa de los fieles han dado origen a algunos problemas sobre la música sagrada y sobre su función ministerial, que parece se deben resolver para lograr una mejor comprensión de algunos principios de la Constitución sobre la sagrada liturgia.

3. En consecuencia, el Consilium, instituido por el Sumo Pontífice para poner en práctica la Constitución sobre la sagrada liturgia, ha examinado cuidadosamente estos problemas y ha redactado la presente Instrucción. No pretende ésta reunir toda la legislación sobre la música sagrada, sino establecer unas normas principales, las que parecen más necesarias en el momento presente; es como la continuación y el complemento de la anterior Instrucción de esta Sagrada Congregación - preparada por este mismo Consilium - y publicada el 26 de septiembre de 1964 para regular correctamente la aplicación de la Constitución sobre la sagrada liturgia.

4. Es de esperar que pastores, músicos y fieles acojan con buen espíritu estas normas y las llevan a la práctica, y de esta manera, todos a una, se esfuercen por conseguir el verdadero fin de la música sagrada, «que es la gloria de Dios y la santificación de los fieles» 1.

a) Se entiende por música sagrada aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee las cualidades de santidad y de perfección de formas 2.

b) Con el nombre de música sagrada se designa aquí: el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna, en sus distintos géneros, la música sagrada para órgano y para otros instrumentos admitidos, y el canto sagrado popular, litúrgico y religioso 3.

septiembre de 1958, núm. 4: AAS 50 (1958), p. 633.

 

I. Algunas Normas Generales

5. La acción litúrgica adquiere una forma más noble cuando se realiza con canto: cada uno de los ministros desempeña su función propia y el pueblo participa en ella 4. De esta manera, la oración adopta una expresión más penetrante; el misterio de la sagrada liturgia y su carácter jerárquico y comunitario se manifiestan más claramente; mediante la unión de las voces, se llega a una más profunda unión de corazones; desde la belleza de lo sagrado, el espíritu se eleva más fácilmente a lo invisible; en fin, toda la celebración prefigura con más claridad la liturgia santa de la nueva Jerusalén.

Por tanto, los pastores de almas se esforzarán con diligencia por conseguir tal forma de celebración.

Incluso en las celebraciones sin canto, pero realizadas con el pueblo, se conservará de manera apropiada la distribución de ministerios y funciones que caracteriza a las acciones sagradas celebradas con canto; se procurará, sobre todo, tener los ministros necesarios y capaces, así como fomentar la participación activa del pueblo.

La preparación práctica de cada celebración litúrgica se realizará con espíritu de colaboración entre todos los que han de intervenir en ella y bajo la dirección del rector de la iglesia, tanto en lo que atañe a los ritos como a su aspecto pastoral y musical.

El abandono de los Sagrarios acompañados (final) - Beato Manuel González García

EPÍLOGO

He leído el santo Evangelio y he encontrado los verbos no recibir, no reconocer, no creer, no agradecer o abandonar, hartas veces repetidos, teniendo por sujetos de la acción a los amigos, y por término de la misma a Jesús.

Si yo pudiera abrir las puertas de oro, plata, bronce o madera de los Sagrarios más cuidados y visiblemente acompañados de todo el mundo y preguntar al Jesús que dentro de ellos vive:

¿Padeces aquí también abandono de amigos? ¿Te dan trato personal?

¿Qué respondería Jesús?

***

El primer viernes de marzo de 1910, surgió de mi Sagrario, que había padecido muchos abandonos, al eco de una respuesta muy triste de Jesús a esa pregunta, una Obra formada por almas juramentadas para declarar guerra y guerra sin cuartel a todo abandono, llámese soledad, desconocimiento, dureza, ingratitud, infidelidad, deslealtad para con Jesús en el Sagrario.

Ésa es la Obra de los Sagrarios-Calvarios.

Su lema: a mayor abandono de los demás, más compañía propia.

Su grito de guerra: aunque todos... yo no.

Su anhelo incesante: DAR Y BUSCAR organizada y permanentemente, al Corazón de Jesús Sacramentado, REPARACIÓN...

...de su ABANDONO (exterior e interior) de Misa, Comunión y presencia real...

...por la COMPAÑÍA de presencia, compasión, imitación y confianza.

En unión de María Inmaculada, del Discípulo fiel y de las Marías.

Con la fortaleza del Espíritu Santo, con las repetidas aprobaciones y estímulos del Papa y de los Obispos, con la gratitud de los enterados, el recelo de los no enterados y el odio y la guerra de los demonios del abandono, la Obra nació, vive y avanza sin cansancios ni desorientaciones.

¡Parece que Jesús va estando más contento en sus Sagrarios!...

Marías, Discípulos

El abandono de los Sagrarios acompañados (19) - Beato Manuel González García

XIX. El abandono de la compañía de confianza
Aunque en la compañía de compasión, o de unión de afectos y sentimientos con el Corazón de Jesús Sacramentado, va incluida la compañía de confianza, paréceme conveniente dedicar a ésta capítulo aparte.
Qué es la compañía de confianza
Es la misma unión con el Corazón de Jesús que produce la compañía de compasión, llevada hasta el total olvido de sí propio y el abandono total a su Corazón.
Es decir, vivir el alma tan unida y compenetrada con el Corazón de Jesús Sacramentado que no se ocupe ni preocupe de sus propios cuidados y gustos, sino de esto sólo: de que Él esté contento.
Los frutos
Vivir esta confianza es quitar de mi vida ese cúmulo de anhelos, inquietudes, angustias y pesares por lo que creo, espero o temo que voy a necesitar, a sufrir o a dejar de gozar, y sustituirlo por esta sola idea y este solo sentimiento y esta única persuasión: haga yo bien lo que Él me pide ahora y Él se cuidará de lo demás.
Vivir de esta confianza y sólo de ella, es destronar de en medio de mi corazón mi amor propio, ambicioso métome en todo, tirano desarreglador de mi vida y poder maléfico que de cada uno de mis cuidados trata de hacer un ladrón de mi paz. Y entronizar en él la Hostia de mi Comunión de cada día para que el Jesús de ella sea el único Rey y el único ordenador y arreglador y cuidador de todo lo mío y de cuanto a mí se refiere.
Sus modos
¡Qué acción de gracias tan buena para nosotros y tan gustosa para Él sería ese pasarse un día y otro día, contando con el poder, la influencia, la sombra bienhechora, la virtud y la defensa de Jesús, que cada día recibo y cada vez que quiera visito!
Sus motivos
¡Pues qué! Él, que no vacila en vivir tan cerca de mí y tan al alcance de mi mano y en venirse a vivir en la pobre casa de mi alma para que yo le pueda llamar con toda exactitud mío, mío: huésped mío, manjar mío, vida de la vida mía. El Jesús rico, generoso, espléndido, y, a fuer de amante, derrochador, que se me da entero, cuando yo le busco ¿va a regatear el darme sombra, protección y auxilios, que, aunque valgan mucho, valen siempre menos que Él?
Él que es tan rumboso en dar lo más, que es su propia carne y sangre, ¿va a ser corto en darme lo menos, que son sus auxilios a mis cuidados?
Cómo se echa de menos
No, no; el Corazón de Jesús en el Sagrario, quiere, espera, ansía la compañía de nuestra confianza sin límites ni barreras en Él.
No dársela es hacerle una de estas dos ofensas, o las dos juntas: la ofensa de la soberbia que dice no te necesito, me basto yo. O la ofensa de la incredulidad o de la fe a medias, que murmura desdeñosa: en estas menudencias mías ¿cómo se va a meter un Dios?
Si el Sagrario es la posición más próxima y la postura más asequible, que ha podido tomar Dios para ser lo más Padre posible de sus hijos los hombres, ¡cómo la desconfianza, que los pone tan lejos, pesará sobre ese Corazón tan tierno y sensible, y cómo le herirá con las espinas de la soberbia, incredulidad, tibieza de fe, dureza de corazón, ligereza de espíritu y flaqueza de memoria con que se amasa y forma!
Contar con Jesús porque es Jesús
Si todos contamos con el calor y la luz del sol de cada día, porque es sol, ¿por qué no hemos de contar sin titubeos ni vacilaciones, sino con la confianza más cierta e inconmovible, con el amor misericordioso y omnipotente del Jesús de nuestro Sagrario y de nuestra Comunión, porque es Jesús?

domingo, 4 de mayo de 2014

Domingo III de pascua (ciclo a) - Guión litúrgico

Entrada:
En este tercer domingo de Pascua, celebramos gozosamente el día del Señor, ya que sabemos que Cristo Resucitado está presente entre nosotros. Cantamos…

Domingo III de pascua (ciclo a) - Catena Aurea

Lucas 24,13-35
Y dos de ellos, aquel mismo día, iban a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios. Y ellos iban conversando entre sí de todas estas cosas, que habían acaecido. Y como fuesen hablando y conferenciando el uno con el otro, se llegó a ellos el mismo Jesús, y caminaba en su compañía. Mas los ojos de ellos estaban detenidos, para que no le conociesen, y les dijo: "¿Qué pláticas son ésas que tratáis entre vosotros caminando, y por qué estáis tristes?" Y respondiendo uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: "¿Tú sólo eres forastero en Jerusalén, y no sabes lo que allí ha pasado estos días?" El les dice: "¿Qué cosa?" Y respondieron: "De Jesús Nazareno, que fue un varón profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Y cómo le entregaron los sumos sacerdotes y nuestros príncipes a condenación de muerte, y le crucificaron; mas nosotros esperábamos que El era el que había de redimir a Israel; ahora sobre todo esto ya hoy es el tercer día, que han acontecido estas cosas. Aunque también unas mujeres de las nuestras nos han espantado, las cuales, antes de amanecer, fueron al sepulcro, y no habiendo hallado su cuerpo, volvieron, diciendo que habían visto allí visión de ángeles, los cuales dicen que El vive. Y algunos de los nuestros fueron al sepulcro, y lo hallaron así como las mujeres lo habían referido, mas a El no lo hallaron".
Y Jesús les dijo: "¡Oh necios y tardos de corazón, para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿Pues qué, no fue menester que el Cristo padeciese estas cosas, y que así entrase en su gloria?" Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, se lo declaraba en todas las Escrituras, que hablan de El. Y se acercaron al castillo a donde iban; y El dio muestras de ir más lejos. Mas lo detuvieron por la fuerza, diciendo: "Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya inclinado el día". Y entró con ellos. Y estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, y habiéndolo partido se lo daba. Y fueron abiertos los ojos de ellos, y lo conocieron; y El entonces se desapareció de su presencia. Y dijeron uno a otro: "¿Por ventura no ardía nuestro corazón dentro de nosotros cuando en el camino nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?" Y levantándose en seguida, volvieron a Jerusalén; y hallaron congregados a los once, y a los que estaban con ellos, que decían: "Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón". Y ellos contaban lo que les había sucedido en el camino, y cómo le habían conocido al partir el pan.
 
Glosa
Después de la manifestación de la resurrección de Jesucristo a las mujeres por medio de los ángeles se da a conocer la resurrección por medio del mismo Cristo. Por ello dice: "Y dos de ellos, en aquel mismo día, iban", etc.
 
Teófil
Algunos dicen que uno de éstos era San Lucas y que por ello ocultó su nombre.
 
San Ambrosio
El Señor también se había manifestado a dos de sus discípulos, aparte, en la misma tarde: a Amaón y a Cleofás.
 
San Agustín De conc. evang. lib. 3, cap. 25
No tomemos como un absurdo la palabra ciudadela, puede llamarse una villa como la titula San Marcos. Después la describe diciendo: "Que distaba de Jerusalén sesenta estadios, y se llamaba Emaús".

jueves, 1 de mayo de 2014

Mensaje a los trabajadores - Pablo VI - Vaticano II

CLAUSURA DEL
CONCILIO ECUMÉNICO
VATICANO II
PABLO VI
MENSAJE A LOS TRABAJADORES

Miércoles 8 de diciembre de 1965

A lo largo del Concilio, nosotros los Obispos católicos de los cinco continentes, hemos reflexionado conjuntamente, entre muchos temas, respecto de las graves cuestiones que plantean a la conciencia de la humanidad las condiciones económicas y sociales del mundo contemporáneo, la coexistencia de las naciones, el problema de los armamentos, de la guerra y de la paz. Y somos plenamente conscientes de la repercusión que la solución dad a estos problemas puede tener sobre la vida concreta de los trabajadores y de las trabajadoras del mundo entero. Así, Nos deseamos, al término de nuestras deliberaciones, dirigirles a todos ellos un mensaje de confianza, de paz y de amistad.
Hijos muy queridos: estad seguros, desde luego, de que la Iglesia conoce vuestros sufrimientos, vuestras luchas, vuestras esperanzas; de que aprecia altamente las virtudes que ennoblecen vuestras almas: el valor, la dedicación, la conciencia profesional, el amor de la justicia; que reconoce plenamente los inmensos servicios que cada uno en su puesto, y en los puestos frecuentemente más oscuros y menos apreciados, hacéis al conjunto de la sociedad. La Iglesia se siente muy contenta por ello, y por nuestra voz os lo agradece.
En estos últimos años, la Iglesia, no ha dejado de tener presentes en su espíritu los problemas, de complejidad creciente sin cesar, del mundo y del trabajo. Y el eco que han encontrado en vuestras filas las recientes encíclicas pontificias ha demostrado cómo el alma del trabajador de nuestro tiempo marcha de acuerdo con la que sus más altos jefes espirituales.
El que enriqueció el patrimonio de la Iglesia con esos mensajes incomparables, el Papa Juan XXIII, supo encontrar el camino hacia vuestro corazón. Mostró claramente en su persona todo el amor de la Iglesia por los trabajadores, así como también por la justicia, la libertad, la caridad, sobre las que se funda la paz en el mundo.
De este amor de la Iglesia hacia vosotros, los trabajadores, queremos, también por nuestra parte, ser testigos cerca de vosotros y os decimos con toda la convicción de nuestras almas: la Iglesia es amiga vuestra. Tened confianza en ella. Tristes equívocos en el pasado mantuvieron durante largo tiempo la desconfianza y la incomprensión entre Iglesia y la clase obrera, y sufrieron la una y la otra. Hoy ha sonado la hora de la reconciliación, y la Iglesia del Concilio os invita a celebrarla sin reservas mentales.

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