jueves, 23 de enero de 2014

Investigar el Concilio Vaticano II

Artículo de
José Carlos Martín de la Hoz
En Revista Palabra
 

La historia reciente de la Iglesia necesita, al igual que la historia civil, perspectiva y documentos. A la vez, son muy importantes los guías para adentrarse en el exceso de información y poder interpretarla. De ahí, que los primeros resultados de la investigación histórica sobre el Concilio Vaticano II, deban tomarse con precaución, pues todavía faltan muchos de los elementos señalados.

    Evidentemente, como el resto de los Concilios Ecuménicos, fue llevado por el Espíritu Santo. La riqueza doctrinal que encierra y la frescura de sus análisis han soportado el paso de los años. Todavía puede leerse con gran intensidad.

    La historia de los textos es una prueba del milagro operado, pues el método de trabajo sorprende que haya producido esos textos finales y en tiempos tan cortos. Para entender la temática hay que subrayar la palabra diálogo con el mundo. Se dan respuesta a los grandes problemas del momento, con tal hondura que su análisis y aportaciones son todavía muy útiles

      Como es bien conocido el Concilio Vaticano I fue interrumpido en 1870 sine die por la irrupción de las tropas de Garibaldi en la Ciudad Eterna. El Santo Padre se consideró secuestrado por el nuevo estado Italiano hasta que los Pactos de Letrán de 1917 dieron por concluida la difícil situación diplomática y jurídica.

      Al comienzo del siglo XX, el Concilio continuaba aplazado y, además, se desencadenó la crisis modernista que terminó, aparentemente, con la rápida intervención del Papa San Pío X en 1907 mediante la publicación de la Encíclica Pascendi y el Decreto Lamentabili. Con estas medidas se desautorizaba una determinada línea de investigación, sobre todo en la exégesis bíblica y en la crítica histórica, que hasta ese momento estaba sólo comenzando: el modernismo. Como ha señalado el Prof. Saranyana:

      “El modernismo teológico no fue un intento de abrir vías de diálogo a la Iglesia con la edad moderna (es decir, con la vida política y con el progreso científico), sino, por el contrario, un intento de transformación de la Iglesia para que ésta se adecuase al mundo moderno”.

      Como reconoció Loaysi, uno de los pensadores que provocaron la Encíclica Pascendi, treinta años después:

      “Mis propuestas no eran compatibles con la concepción escolástica de los dogmas. Con la divinidad absoluta de Jesús. No eran sostenibles sino en una teoría relativista de la creencia religiosa y de la inmanencia de Dios en la humanidad”.

      Las corrientes modernistas fueron repetidamente observadas y estudiadas por la Santa Sede en los siguientes años. No es infrecuente encontrar el apodo de modernista o neomodernista atribuido a teólogos totalmente ortodoxos de la primera mitad del siglo XX.

      En el siglo XIX y XX surgieron las ideologías o sistemas cerrados de pensamiento para explicar la realidad. El liberalismo, marxismo, etc. También desde el siglo XIX y su eclosión en el XX se produjeron muchas construcciones teológicas que se apoyaban en filosofías herederas de Descartes, de las que da cuenta Rosini Gibellini en la historia de la Teología del siglo XX. Asimismo en el campo católico, la llamada Novelle Theologie constituyó puntos de avance aunque no pasaba de ser trabajos redactados en algunos lugares de Francia o de Europa, todavía sin dar una visión completa y renovada de la Teología Católica. El gran hito del Magisterio de la Iglesia en el período preconciliar fue la Encíclica Humani generis de Pío XII, todavía en un tono negativo, más defensivo que constructivo.

      La llegada al Solio Pontificio del Papa Juan XXIII en 1957 devolvió la esperanza a sectores de la Iglesia. En enero de 1958, planteó en el Consistorio de Cardenales tres cuestiones capitales: la celebración del primer Sínodo de Roma, la convocatoria de un Concilio Ecuménico y la reforma del Código de Derecho Canónico.

miércoles, 22 de enero de 2014

El abandono de los Sagrarios acompañados (4) - Beato Manuel González García

IV. ¿Hay abandono de Sagrario?

Para responder con rigor lógico, distingo dos clases de abandono de Sagrario: uno que pudiera llamarse exterior y otro interior o espiritual.

Llamo abandono exterior a la ausencia habitual y voluntaria del Sagrario por parte de los católicos que lo conocen y pueden ir a visitarlo.

De modo que aquí no hablo de los judíos, herejes o impíos, o católicos sin catecismo; que entre éstos se sentirá perseguido, odiado, calumniado o desconocido, Jesús Sacramentado, pero no abandonado.

Hablo de católicos que creen y saben que nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, está real y vivo en el santísimo Sacramento, y, viviendo cerca de Él y sobrados de tiempo y fuerzas para el quehacer, el recreo, el casino, la taberna, no van nunca ni a recibirlo ni a visitarlo, ni guardan con Él relación de amistad o gratitud ninguna.
 

¿Hay abandono exterior de Sagrario?

Los niños ayudan a los niños - Card. Rouco Varela

Mensaje del
Card. Antonio
 Rouco Varela
A los niños

26 de enero de 2014 
 

“Los niños ayudan a los niños”
 

Mis queridos niños y niñas:

Infancia Misionera es una de las cuatro grandes obras que la Iglesia tiene para ayudar a los misioneros, y para mí, que soy el arzobispo de la Iglesia en Madrid, la celebración de la Jornada Mundial de la Infancia Misionera, el próximo domingo 26 de enero, es una preciosa oportunidad para dirigirme a todos vosotros, los niños de nuestra archidiócesis, y recordaros que no dejéis de rezar por los niños que viven en tierras de misión, en países lejanos, y también por tantos niños que están cerca de vosotros y que no conocen a Jesús, o se han olvidado de Él, para que todos le conozcan, cada día más y mejor, y sobre todo le quieran.

Sé que, en muchos colegios y parroquias, se os explica bien que hay todavía muchos niños en el mundo que no saben nada de Jesús, de la Virgen María, o de la Iglesia. Y muchos de los que lo conocen no tienen la posibilidad de ir a Misa cada semana, o no tienen Catecismos o Biblias para poder ir a catequesis y aprender bien a ser cristianos. Infancia Misionera tiene el encargo del Papa de ayudar a todos esos niños, a través de los misioneros, para que ellos también puedan amar a Jesús y seguirle con alegría. Esta Obra Pontificia sabe que vosotros, los niños y niñas cristianos que tenéis facilidad para vivir vuestra fe en las familias, los colegios y las parroquias, podéis hacer mucho por todos ellos, lo cual está muy bien resumido en el lema elegido por Infancia Misionera para la Jornada de este año 2014: “Los niños ayudan a los niños”. Sí, todos vosotros podéis ser una grandísima ayuda para todos esos niños que no conocen todavía a Jesús, o tienen dificultades para vivir como buenos cristianos. Y podéis empezar por algo muy sencillo, y muy eficaz, como es la oración. Si cada uno de vosotros se compromete a rezar un Avemaría o un Padrenuestro cada día por ellos, estaréis siendo un gran apoyo para los misioneros que están extendidos por todo el mundo para llevarles a Jesús. Más aún, estaréis siendo ya vosotros mismos verdaderos misioneros. ¡Fíjate qué fácil! Una breve y sencilla oración, hecha con perseverancia, puede ser una gran ayuda.

martes, 21 de enero de 2014

¡Confesar toda la fe! no una parte. ¡Toda!. Custodiarla por entero como llegó a nosotros por el camino de la tradición. – Papa Francisco

PAPA FRANCISCO 

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTAHE
 

El credo de los loros

Viernes 10 de enero de 2014 

 
El cristiano no repite el Credo de memoria como un loro y no vive como un eterno «derrotado», sino que confiesa toda su fe y tiene la capacidad de adorar a Dios, llevando así hacia lo alto el termómetro de la vida de la Iglesia. Para el Papa Francisco «confesar y confiarse» son las dos palabras clave que alimentan y refuerzan la actitud de quien cree, porque «nuestra fe es la victoria que venció al mundo» como escribe el apóstol Juan en su primera carta. El Pontífice lo reafirmó en la misa celebrada el viernes 10 de enero, por la mañana, en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Papa Francisco retomó de este modo el hilo conductor de la meditación del día anterior, presentando su reflexión centrada en la primera carta de Juan. Quien, explicó, «insiste, subraya mucho esa palabra que para él es como la expresión de la vida cristiana: permanecer, permanecer en el Señor». Y «en estos días —continuó— hemos visto cómo» Juan «piensa este permanecer: nosotros en el Señor y el Señor en nosotros. Esto significa permanecer en el amor, porque los dos mandamientos principales son los del amor a Dios y al prójimo».
Para Juan, por lo tanto, el centro de la vida cristiana es el «permanecer en el Señor, permanecer el Señor en nosotros, permanecer en el amor. Y por esto, dice, nos dio el Espíritu. Es precisamente el Espíritu Santo quien hace esta obra del permanecer». En el pasaje de la primera lectura (4, 19 – 5, 4) proclamado en la liturgia, el apóstol —indicó el Papa— da la respuesta a una pregunta que nos surge naturalmente: por nuestra parte, ¿qué debemos hacer para vivir el estilo del «permanecer»? Escribe Juan: quien permanece en Dios, quienquiera que sea engendrado por Dios, quien permanece en el amor vence el mundo. «Y la victoria es nuestra fe», explicó el Pontífice repitiendo las palabras del apóstol. Para vivir «este permanecer», afirmó, «por parte nuestra» está precisamente la fe, mientras que «por parte de Dios está el Espíritu Santo, que hace esta obra de gracia».
«¡Es fuerte!», exclamó el Papa, porque «la victoria que venció el mundo es nuestra fe. Nuestra fe lo puede todo: ¡es victoria!». Se trata de una verdad que «sería hermoso» repetirnos con frecuencia, «porque muchas veces somos cristianos derrotados. La Iglesia —afirmó el Pontífice— está llena de cristianos derrotados, que no creen que la fe es victoria, que no viven esta fe. Y si no se vive esta fe está la derrota, y vence el mundo, el príncipe del mundo».

El abandono de los sagrarios acompañados (3) Beato Manuel González García

III. Una digresión necesaria

 

Antes de introduciros en ese mar amargo y obscuro de abandonos de Sagrarios y para prevenir dificultades, debo declarar:

 

Lo que no pretendo

La descripción del abandono interior que padece o puede padecer el Corazón de Jesús en el alma de sus amigos que lo reciben y en medio de grupos y aun muchedumbres de visitantes y comulgantes suyos, quizá sugiera a alguno el miedo de que estas consideraciones más puedan servir para acobardar y retraer a los que van al Sagrario que para enardecerlos a que vayan mejor dispuestos.

Y, a la verdad, nada más opuesto al fin de estas líneas.

Es un mal éste del abandono interior tan sutil como complejo y tan hondo como largo. Como que empezando por la indelicadeza leve para con Jesús y pasando por la negligencia, la rutina, la tibieza, la frialdad, la promiscuación, la inconsecuencia, el poco y distraído trato, la incomunicación afectuosa y la dureza de corazón, llega hasta la monstruosidad de la traición sacrílega.

Lejos, muy lejos de mi ánimo, al apuntar estos defectos y peligros junto con sus funestas consecuencias, hacer concebir de las disposiciones del alma para recibir y tratar a Jesús Sacramentado, idea tan excelsa e inaccesible, que más engendre miedo que deseo.

Cierto, muy cierto que, a pesar de todos esos abandonos más o menos voluntarios, Jesús quiere ser recibido en Comunión y estar en el Sagrario. Y cierto que, a pesar de nuestra flaqueza e ingrata corrrespondencia, ¿qué digo a pesar?, precisamente por eso, debemos y nos tiene mucha cuenta comulgar más y rozarnos más con Él.

 

Lo que pretendo

Yo quisiera, y bien pido al Amo que me lo conceda, pintar con tales colores esos abandonos interiores de Jesús Sacramentado, que a todos encendiera en ganas de afinar y adelgazar su trato con Él, sin que a nadie excitara miedo de no llegar a dar la compañía interior debida a tan alto Huésped.

El martirio de Santa Inés - San Ambrosio

Del Tratado de san Ambrosio
Sobre las vírgenes

NO TENIA AÚN EDAD
DE SER CONDENADA
PERO ESTABA YA MADURA
PARA LA VICTORIA


    Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

    ¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Yeso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pican con una aguja se ponen a llorar como si se tratara de una herida.
    Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.

lunes, 20 de enero de 2014

Ejercicios Espirituales S.Ignacio 2/28 - FUNDAMENTO 1 - Dios - P. Alfredo Sáenz S.J.

Justicia y prudencia son virtudes que deber ser vividas por quienes gobiernan - Mons. José Ignacio Munilla Aguirre

San Sebastián
el justo y prudente

Homilía de
Mons. José Ignacio Munilla Aguirre
Obispo de
San Sebastián
20 de enero de 2014
 

Queridos hermanos sacerdotes concelebrantes, queridos donostiarras y visitantes, devotos de nuestro Patrono San Sebastián, queridas autoridades aquí presentes:

Esta hermosísima basílica de Santa María del Coro acoge un año más la celebración de la fiesta de nuestro Santo Patrono. Desde nuestra infancia, los donostiarras hemos sido educados en la memoria de este mártir romano, militar de profesión —miembro de la guardia pretoriana del emperador Diocleciano, según parece—, que dio su vida por Cristo en el siglo tercero. Por aquello de los vaivenes y los entrecruces que se producen en la historia, ha resultado que la celebración popular de esta fiesta en nuestros días se engalana con uniformes militares que corresponden a los siglos XVIII y XIX. Aquel militar romano que vivió y murió en la Roma imperial hace mil setecientos años, y los militares que hicieron a la ciudad de San Sebastián testigo de una masacre hace 200 años, tenían en común, ciertamente, la misma profesión. Sin embargo, no es difícil intuir y deducir por sus hechos, que estaban guiados por “estrellas” muy diferentes.

En efecto, con mayor o menor consciencia de ello, en esta vida todos tenemos que optar entre dos metas: o el bien común de la sociedad, o nuestro exclusivo interés. Quienes persiguen el bien común por encima de todo, necesitan ejercitarse en las virtudes de la justicia y de la prudencia, para conjugar los intereses personales, en el contexto de una perspectiva social. Por el contrario, quienes no persiguen otra cosa que su propio interés, suelen hacer gala de imprudencia, obstinación y hasta de crueldad.

Desde la perspectiva cristiana, cabe añadir una lectura teológica a esta reflexión que hemos hecho sobre la doble meta de la historia humana. Es lo que San Agustín describió en su conocida obra La Ciudad de Dios, bajo la figura de las ‘dos ciudades’. En un pasaje inolvidable de la literatura y de la espiritualidad, dice así San Agustín: «Dos amores fundaron, pues, dos ciudades, a saber: el amor propio hasta el desprecio de Dios, fundó la ciudad terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí, fundó la ciudad celestial. La primera se gloría en sí misma, y la segunda, en Dios, porque aquélla (la ciudad terrena) busca la gloria de los hombres, y ésta (la ciudad celestial) tiene por máxima gloria a Dios, testigo de nuestra conciencia».

Domingo II durante el año (ciclo a) Guión Litúrgico

Entrada:
Hermanos al iniciar los domingos del tiempo ordinario en esta primare parte que llega hasta la iniciación de la cuaresma , iremos contemplando los distintos misterios  de la persona, la vida y la doctrina de Jesús al celebrar la pascua semanal en el día del Señor. Nos disponemos a celebrar la Santa Misa poniéndonos de pie y cantando…

domingo, 19 de enero de 2014

Domingo II Tiempo ordinario (ciclo a) Mons. Domingo Castagna

Juan 1, 29-34
Es quien quita el pecado del mundo. Juan Bautista identifica a Jesús ante el pueblo y ante sí mismo. Describe su misión sintetizando las profecías mesiánicas referidas al Señor. Lo hace con enorme simplicidad, lenguaje adecuado y humilde reconocimiento: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: `Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo`” (Juan 1, 29-30). El evangelista Juan había sido discípulo del Bautista, antes de conocer a Jesús; lo que narra procede de su observación de los mínimos movimientos de aquel gran hombre. Lo que relata en este texto proviene de la ocasión de haberlo visto y escuchado personalmente. No disponemos de un testigo más acreditado. En un mundo donde todos desconfían de todos ¡qué difícil resulta el acceso a la verdad! No existe otro sendero que la presencia de auténticos testigos. Al referirnos a la Verdad que escapa a nuestra humana comprensión es preciso atender a los llamados “testigos acreditados por Dios”. El principal es el mismo Cristo. Así se presenta ante aquellos que serán sus legítimos testigos en el mundo: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Juan 20, 21). El Apóstol y evangelista Juan manifiesta poseer una clara conciencia de su misión de testigo acreditado de la Resurrección de Jesús.

Domingo II Tiempo Ordinario (ciclo a) - P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Juan 1, 29-34:
«¡He ahí el Cordero de Dios!»
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap 


 Isaías 49, 3.5-6; I Corintios 1, 1-3; Juan 1, 29-34 
«¡He ahí el Cordero de Dios!»

En el Evangelio escuchamos a Juan el Bautista que, presentando a Jesús al mundo, exclama: «¡He ahí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo!». El cordero, en la Biblia, y en otras culturas, es el símbolo del ser inocente, que no puede hacer daño a nadie, sino sólo recibirlo. Siguiendo este simbolismo, la primera carta de Pedro llama a Cristo «el cordero sin mancha», que, «ultrajado, no respondía con ultrajes, y sufriendo no amenazaba con venganza». En otras palabras, Jesús es, por excelencia, el Inocente que sufre.

Se ha escrito que el dolor de los inocentes «es la roca del ateísmo». Después de Auschwitz, el problema se ha planteado de manera más aguda todavía. Son incontables los libros escritos en torno a este tema. Parece como si hubiera un proceso en marcha y se escuchara la voz del juez que ordena al imputado a levantarse. El imputado en este caso es Dios, la fe.

¿Qué tiene que responder la fe a todo esto? Ante todo es necesario que todos, creyentes o no, nos pongamos en una actitud de humildad, porque si la fe no es capaz de «explicar» el dolor, menos aún lo es la razón. El dolor de los inocentes es algo demasiado puro y misterioso como para poderlo encerrar en nuestras pobres «explicaciones». Jesús, que ciertamente tenía muchas más explicaciones para dar que nosotros, ante el dolor de la viuda de Naím y de las hermanas de Lázaro no supo hacer nada mejor que conmoverse y llorar.

sábado, 18 de enero de 2014

Domingo II Tiempo ordinario (Ciclo a) - Catena Aurea

Juan 1,29-34
Vio Juan a Jesús venir a él, y dijo: "He aquí el Cordero de Dios; he aquí el que quita los pecados del mundo. Este es Aquél de quien yo dije: En pos de mí viene un varón, que fue engendrado antes de mí, porque primero era que yo. Y yo no le conocía; mas para que sea manifestado en Israel, por eso vine yo a bautizar en agua".
Y Juan dio testimonio diciendo: "Que vi el Espíritu Santo que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre El. Y yo no le conocía: mas Aquél que me envió a bautizar en agua, me dijo: Sobre Aquél que tú vieres descender el Espíritu y reposar sobre El, Este es el que bautiza en Espíritu Santo. Y yo le vi, y di testimonio que Este es el Hijo de Dios".
Orígenes
Después del testimonio de San Juan ya se ve a Jesús viniendo hacia él, que no sólo ha perseverado hasta entonces, sino que refuerza aun más su testimonio, lo cual se designa por el día segundo. Por esto dice: "El día siguiente vio Juan a Jesús". Ya antes de ahora, cuando la Madre de Jesús estaba embarazada y al poco tiempo de haberle concebido, había pasado a visitar a la madre del Bautista, que a su vez le encerraba en su seno. Y tan luego la voz de María llegó a los oídos de Isabel, con sólo la salutación de María, salta Juan, encerrado en el vientre de su madre. Y Este es visto por San Juan, quien ha dado testimonio de El, viniendo y dirigiéndose hacia El. Primero sucede que uno es instruido por lo que oye a otro, y después confirma ocularmente lo que ha oído. Por cuanto María vino a visitar a Santa Isabel como a persona inferior, y el Hijo de Dios al Bautista, se nos enseña el auxilio que debemos a los menores y el ejercicio de la modestia. Mas no se dice aquí de dónde venía el Salvador cuando se dirigía a donde estaba el Bautista, sino que lo deducimos de las palabras de San Mateo, que dice: "Entonces vino Jesús desde Galilea al Jordán, a ser bautizado por Juan" ( Mt 2,13).
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 16
San Mateo habla propiamente de la venida del Salvador al bautismo, mas San Juan parece indicar que Jesús fue por segunda vez a ver al Bautista después del bautismo. Y esto lo prueba por lo que sigue: "Porque he visto al Espíritu Santo que bajaba", etc. Parece que los evangelistas se distribuyeron el tiempo de esta narración. Porque San Mateo, pasando en silencio lo que sucedió antes que el Bautista fuese aprehendido, pasa a ocuparse de lo que sucedió después; mas San Juan se detiene especialmente en los tiempos que precedieron a la prisión del Bautista. Por esto dice: "Al día siguiente, vio", etc. Por qué vino a ver al Bautista una segunda vez después del bautismo se conoce porque lo había bautizado entre muchos, para que no se creyese que el Salvador había venido como los demás, que acudían ora para confesar los pecados, ora para purificarse en el río por medio de la penitencia. Por esto sucedió que, dando ocasión a San Juan de destruir esta sospecha, San Juan se anticipó con estas palabras. Por esto sigue: "Y dice, he aquí el Cordero de Dios", etc. El que era tan puro que podría borrar los pecados de otros, manifiesta desde luego que no venía a confesar sus pecados sino a dar ocasión a San Juan para que hablase de El. Vino también por segunda vez para que aquellos que ya habían oído las cosas anteriores vean confirmado lo que se les había dicho y oigan otra vez cosas nuevas. Por esto dice: "He aquí el Cordero de Dios", manifestando que Este es Aquél que era esperado en otro tiempo y recordando la profecía de Isaías según la que, aquellas sombras que existían en la ley de Moisés, los condujeran más fácilmente de la figura a la realidad.

viernes, 17 de enero de 2014

Teología y Magisterio - Card. Joseph Ratzinger


TEOLOGÍA Y MAGISTERIO
 
Presentación de la
“Historia de la teología”
del P. Battista Mondin
(Pontificia Universidad Urbaniana,
29 de octubre de 1997)

CARD. JOSEPH RATZINGER

 
Quisiera antes que nada expresar mi admiración por la “opus magnum” del prof. Mondin, que tenemos el honor de presentar al gran público. El significado de la propia historia es fundamentalmente distinto en las ciencias empíricas por una parte y en la Filosofía y en la Teología por otra. Uno puede ser un físico de talla mundial sin conocer la historia de su disciplina, pero uno no puede ser un gran teólogo o un gran filósofo sin familiaridad con la historia de la Teología y de la Filosofía. La historia de la Filosofía es Filosofía, la historia de la Teología es Teología, no en el pasado, sino en el presente. La misma cosa no es válida en las ciencias empíricas. ¿Por qué? En las ciencias empíricas el proceso histórico, en el cual se han hallado determinados resultados, corresponde al pasado e interesa solamente en la manera, en la cual nos interesa el pasado.


1. SINCRONÍA Y DIACRONÍA EN LAS CIENCIAS, EN LA FILOSOFÍA Y EN LA TEOLOGÍA.

En la investigación física y en su progreso histórico se llega a un conocimiento bien circunscrito en relación a una cuestión limitada; este conocimiento abre la puerta a otro y así sucesivamente. En este camino de un progreso más o menos lineal crece la suma de los problemas resueltos y aunque la cadena de los problemas se alarga con los conocimientos obtenidos y se manifiesta más extensa, esta suma de reglas halladas y aplicadas -suma en aumento permanente- constituye la física como ciencia, y no importa, cómo y cuando las respuestas han sido halladas. En filosofía y en teología tal proceso lineal de progreso y de aumento numerable de la realidad conocida es impensable. En filosofía y en teología -si prescindimos de aspectos marginales- está siempre en juego la totalidad del ser, la realidad como tal, hasta el fondo. Queremos saber: ¿por qué vivo?, ¿qué cosa es esto?, ¿la vida y la muerte?, ¿existe Dios?, ¿Quién es Dios?, ¿Cuál es su relación conmigo, con el mundo, con el bien y con el mal?. Las cuestiones relativas a la totalidad del ser no permiten respuestas demasiado pormenorizadas, de una en unión a la otra, exigen sobretodo visión de conjunto, racionalmente reflexionada y estructurada. Estas visiones pueden entrar en un diálogo recíproco, pueden corregirse, complementarse, pueden ser ahondadas o ampliadas, se puede excluir paulatinamente elementos ciertamente errados, pero no es posible unir una a la otra de un modo aditivo. No existe un progreso lineal de un número creciente de reglas acertadas, sin embargo existe una presencia y complementariedad de las grandes intuiciones. La sub-división en conocimientos individuales numerables no es posible a causa de la extensión y radicalidad de la cuestión; la presencia permanente de la historia, que no cae en el pasado, resulta de la identidad y de la presencia transtemporal de la persona humana, la cual se explica por si misma, su presencia a través de la historia, en las preguntas y en las grandes tentativas de conocerse a sí mismo, de penetrar aquel abismo, que es el hombre.

Hasta ahora he analizado esta presencia de la historia, que no se convierte en pasado, característica de la filosofía y de la teología, esencialmente en clave filosófica, consciente que el modo fundamental del ser de la ciencia, es substancialmente igual en filosofía y en teología. Ahora debemos observar lo específico del método teológico en su investigación de las respuestas a las grandes cuestiones de todo ser humano. La congruencia entre sincronía y diacronía inmanente en el discurso de la fe resulta de la figura del sujeto proclama el acto de fe. Si yo tomo sobre mis labios las palabras del símbolo y digo “yo creo”, este yo expresa sin duda la profunda convicción de esta persona, que soy yo, pero con la recitación convencida del símbolo este yo se inserta en el sujeto más grande de la Iglesia de Cristo; no hablo solo con mi yo aislado, individual; mi yo participa del gran yo de la Iglesia de todos los tiempos; este yo mío viene ampliado, profundizado, mejor dicho, regenerado en la comunión de la esposa de Cristo, en su unión con el mismo Cristo. En este sujeto está presente el pasado, el presente y también el futuro, anticipando y substancialmente ya realizado en la resurrección del Señor. La sincronía con los creyentes de hoy y también la comunión diacrónica con los creyentes de todos los tiempos: Las fronteras entre pasado, presente y futuro son abiertas; también las palabras de los grandes creyentes del pasado son palabras en el presente. Esta discordia tiene naturalmente niveles distintos. La presen-cia más densa del pasado la encontramos en la Sagrada Escritura. La Escritura habla siempre en el presente, es siempre una voz en mi hoy, más bien, me precede, porque es siempre también una palabra del futuro, una palabra que del futuro viene hacia mí. El Señor no solo ha dicho en el pasado, pues hoy me dice a mí: Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios (Mt 5,8) y diciendo esto determina también mi camino futuro. Lo mismo vale para toda la Sagrada Escritura, naturalmente de un modo distinto, por los diversos “géneros literarios”. Es un grave error historicista, si se cita la pala-bra del Señor o de la Escritura sólo como realidad del pasado, como palabra de una literatura clásica, lo específico de la Escritura es así olvidada.

El abandono de los sagrarios acompañados (2) - Beato Manuel González García

II. Por qué se habla tan poco del abandono de los Sagrarios acompañados

Horror del nombre
Puesto a escribir sobre esta especie de paradoja de abandono en la compañía de los Sagrarios, quiero comenzar por la explicación de los términos que empleo, que en buena dialéctica debe ser el comienzo de toda cuestión.

¡El abandono del Sagrario! He aquí el "es duro este lenguaje" 1 que le ha quitado a la acción de las Marías, reparadoras de toda clase de abandonos de Sagrario, más de una simpatía y les ha acarreado no pocas murmuraciones, recelos y protestas.

Cierto que quien dice abandono de una persona o cosa buena, dice desprecio, ingratitud, dureza de corazón, deslealtad y otras cosas tan feas como ésas. Y que decir que todas esas fealdades cuelgan de un Sagrario como jirones de telarañas polvorientas, es harto doloroso y vergonzoso. Pero ¿son razón bastante ese dolor y vergüenza para suprimir del vocabulario cristiano la reunión de esas dos palabras: Sagrario abandonado?

¡Pluguiera a Dios que antes se hubieran encontrado unos con otros los astros y saltado en millones de pedazos, que haberse encontrado y marchado juntas en uno de ellos esas dos palabras!

Pero, repito, el dolor y la vergüenza y hasta el escándalo que a los pequeñuelos pudiera producir el pronunciar reunidas esas dos palabras, ¿impiden el pronunciarlas?

Cuando se demuestre que las enfermedades no se curan con medicinas, sino disimulándolas y callándolas, entonces diré que el mal del abandono del Sagrario se remedia no haciendo mención de él.

 
Nombre evangélico

Aparte de esta razón, y sin negar lo desagradable del nombre, me movió a usarlo tan tenazmente el ejemplo del Evangelio. Son los evangelistas los que me han enseñado y decidido a usar el verbo abandonar, para expresar, no el odio, ni la persecución, ni la envidia de los enemigos de Jesús, que esto lo llaman con sus propios nombres, sino la deslealtad, la frialdad, la ingratitud, la inconsecuencia, la insensibilidad e indelicadeza, la cobardía de los amigos suyos, de los que le conocían, trataban y recibían sus distinciones y confidencias.

Este irse de su lado los que debieron estar siempre con Él. Ese no asistirlo con su presencia y con su adhesión incondicional cuando más lo hubo menester es llamado por los evangelistas abandono y huida... "Y abandonándole, huyeron todos..." 2.

¿Por qué siempre que se vuelve a ver o sentir a Jesús en su vida de Sagrario pasar por el mismo trance, no podrá decirse con justicia y sin exageración ni escándalo que está abandonado o que padece abandono?

jueves, 16 de enero de 2014

Ejercicios Espirituales S.Ignacio 1/28 - P. Alfredo Sáenz S.J. - Objetivo de los Ejercicios


El abandono de los sagrarios acompañados (1) - Beato Manuel González García

I. Contra qué y para qué se escribe este libro

Se escribe contra un mal tan grave como poco conocido y reparado. ¡El abandono de los Sagrarios acompañados!

Ved aquí un tema de conversación que, sin acertar a explicarme enteramente el por qué, vengo ha tiempo rehusando y deseando tratar.

Quizá el temor de que mis palabras den ocasión o pongan en peligro de disminuir la compañía que ya se da al Sagrario, sin conseguir disminuir los abandonos con que a las veces, ¡y ojalá no fueran tantas!, van mezcladas esas compañías, me haya tenido en este estado de perplejidad entre hablar o callar.
 
Idea obsesionante
Os confieso que es idea que me ocupa y me llena, que se me comprueba con harta frecuencia, y de hartos modos, y que llega hasta a punzarme y ponerme triste, sin que haya podido evitar que alguna vez al correr de la pluma, se hayan escapado por los puntos de ésta algunas gotas de la amargura que aquella idea levanta en mi corazón.

¡Tengo tan clavada en él la mirada angustiada de Jesús solo en medio de muchedumbres cristianas!

¡Se va metiendo tanto y tan hondamente en mi alma la persuasión y la compasión de esa soledad!

Mas, por otra parte, he podido comprobar que eso de hablar de Sagrarios abandonados es lenguaje tan duro para muchos oídos cristianos, que, antes de reconocer la dolorosa, es verdad, pero indiscutible realidad de ellos, hay muchos, muchos de éstos que rotundamente lo niegan, temerosamente lo limitan, torcidamente lo explican o airadamente exigen que se deje de hablar y de escribir de eso como de cosa que escandaliza.

Y si esto ocurre con hechos de una actualidad y de un relieve y de una repetición tales que bastan los ojos de la cara para enterarse de ellos, ¿qué acontecería con hechos, más sentidos que presenciados, más adivinados que vistos a plena luz, más echados de menos que de más?

Y ése es el hecho del abandono del Sagrario acompañado: hecho tan cierto, no pocas veces, como merecedor de todas las lágrimas de desagravio de los ojos amantes y de todos los corazones buenos...

Lo que me decide a hablar
En estas vacilaciones me hallaba cuando llega a mi mesa de trabajo esa carta, que vais a leer. El ser un sacerdote, un Párroco que son entre los sacerdotes los que llevan las preferencias de mi cariño, quien la escribe, sin conocerme y sin que yo le conozca, y el acento de sincera curiosidad, de cariñosa e inquieta solicitud al para que dé deferente afecto, han sido como la gota de agua que ha hecho rebosar el vaso de mis deseos de hablar y... voy a hacerlo.

miércoles, 15 de enero de 2014

Máximas sobre el alma de San Juan Bosco

 
·      Tus pensamientos, palabras y obras, todo ha de convertirse en beneficio de tu alma.
·      ¡Hijo! tienes una sola alma; es preciso que la salves.
·       Si yo sintiese tanta solicitud por el bien de mi alma como la tengo por el bien del alma de otros, estaría seguro de salvarme. Con gusto sacrificaría todo, con tal de poder ganar el corazón de los jóvenes y ofrecérselos al Señor.
·       No pienses que vives en el mundo únicamente para divertirte, enriquecerte, comer, beber y dormir, como los animales privados de razón; pues el fin para el que has sido creado es infinitamente superior y más sublime; esto es: amar y servir a Dios en esta vida y salvar tu alma en la otra.
·        Tengo una alma sola: si la pierdo, ¿de qué me servirá haber vivido?
·       La mejor obra que se puede hacer en este mundo es atraer las almas perdidas al buen sendero, a la virtud.

miércoles, 1 de enero de 2014

La Virgen María es Madre de Dios y Oración a la Virgen - Santo Tomás de Aquino

La Bienaventurada Virgen María
es Madre de Cristo
Santo Tomás de Aquino
Compendio de teología
      
Lo dicho antes basta para refutar el error de Nestorio, que rehusaba confesar que la Virgen María era Madre de Dios. En ambos Símbolos se dice "que el Hijo de Dios nació de la Virgen María, o que encarnó en ella". Es así que se llama madre a una mujer de la que nace un hombre, por lo mismo que suministra la materia de la concepción humana; luego la bienaventurada Virgen que suministró la materia de la concepción del Hijo de Dios, debe ser llamada su verdadera Madre. Importa poco a la cualidad de madre la virtud, sea la que fuere, que forma la materia suministrada por ella; por consiguiente, la mujer que suministró una materia que debió recibir su forma por la operación del Espíritu Santo, no es menos madre que la que suministra la materia a la acción del semen viril. Si hubiera alguno que se atreviera a decir que la bienaventurada Virgen no debe ser llamada Madre de Dios porque de ella se tomó solamente la carne, y no la divinidad, como afirmaba Nestorio, el que tal diga no sabe lo que dice. En efecto: una mujer no es llamada madre de alguno porque todo lo que esté en él esté tomado de ella. El hombre consta de alma y cuerpo, y es más hombre en virtud del alma que en virtud del cuerpo. El alma no procede de la madre; porque, o es creada inmediatamente por Dios, y así es la verdad, o procede por traducción, como algunos han creído; y en este caso no procedería de la madre, procedería más bien del padre; porque en la generación de los demás animales, según la doctrina de los filósofos, el macho da el alma y la hembra el cuerpo. Por consiguiente, así como una mujeres, llamada madre de un individuo porque suministró la materia de su cuerpo, así también, y por la misma razón, la bienaventurada Virgen María debe ser llamada Madre de Dios, supuesto que suministró la materia del cuerpo de Dios. Necesario es decir que este cuerpo es verdaderamente el cuerpo de Dios, si llega a estar unido a la persona que es realmente Dios. Los que reconocen que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana y se personificó con ella, obligados están a decir que la bienaventurada Virgen María es Madre de Dios. Como Nestorio decía que la persona de Dios y la persona de Jesucristo no eran una sola y misma persona, negaba, por consiguiente, a la Virgen María la cualidad de Madre de Dios.

 

Oración a la Virgen María
compuesta por Santo Tomás de Aquino

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