viernes, 21 de junio de 2019

Fragmentos de Verdad Católica (10) - ¿Por qué bautizo a mi hijo? -Mons. Raffaello Martinelli


¿POR QUÉ BAUTIZO A MI HIJO?


¿Qué es el bautismo?
- El Bautismo es:
· Uno de los siete sacramentos instituidos por Jesucristo;
· La fuente de toda la vida cristiana;
· La puerta que permite el acceso a todos los demás sacramentos;
· El fundamento de la comunión entre todos los cristianos.

- El rito esencial del Bautismo consiste en el sumergir en el agua al candidato o en el derramarle agua sobre la cabeza, mientras se pronuncia la invocación a la Santísima Trinidad, o sea del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¿Qué dificultades se plantean contra el Bautismo de los Niños?

Las dificultades que plantea el bautismo de los niños, han sido egregiamente sintetizadas en la Instrucción sobre el Bautismo de los Niños, de la Congregación para la Doctrina de la Fe:
- “Muchos padres, en efecto, están angustiados al ver a sus hijos que abandonan la fe y la práctica sacramental, a pesar de la educación cristiana que ellos se han esforzado en darles, y algunos pastores de almas se preguntan si no deberían ser más exigentes antes de bautizar a los niños. Unos juzgan preferible diferir el bautismo de los niños hasta el final de un catecumenado de más o menos duración; otros, en cambio, piden que se revise la doctrina sobre la necesidad del bautismo -al menos por lo que se refiere a los niños- y desean que la celebración del bautismo se aplace hasta una edad en que sea posible un compromiso personal o incluso hasta el umbral de la edad adulta.” (no. 2)
- “Esta praxis ( del Bautismo de los niños) sería contraindicada en las sociedades pluralistas actuales, caracterizadas por la inestabilidad de los valores y los conflictos de ideas. En esta situación, convendría esperar a que la personalidad del candidato fuera suficientemente madura” (no. 23).
- El Bautismo de los niños “...derivaría de una pastoral carente de impulso misionero, más preocupada por administrar un sacramento que por despertar la fe y promover el compromiso evangélico. Manteniéndola, la Iglesia cedería a la tentación del número y de la «institución» social y alentaría el mantenimiento de una «concepción mágica» de los sacramentos, mientras que su deber es apuntar a la actividad misionera, hacer madurar la fe de los cristianos, promover su compromiso libre y consciente, y como consecuencia admitir etapas en su pastoral sacramental.” (no. 25)

¿Cuáles son los motivos a favor del bautismo de los niños?
- Son muchos los motivos que justifican la práctica de bautizar a los niños.
· Estos motivos deben considerarse en su conjunto, esto es, complementarios y relacionados entre sí, al modo de las pequeñas piezas que dan forma a un mosaico. Sólo así se puede dar una justificación articulada a la doctrina y a la praxis de la Iglesia.
· Además, todos estos motivos están íntimamente vinculados y en profunda sintonía, sea con los contenidos fundamentales de la fe cristiana, sea con las dimensiones (valores) esenciales de la persona humana.
- Los principales motivos son los siguientes:
· la praxis antigua de la Iglesia;
· la iniciativa gratuita de Dios;
· la importancia de la santidad;
· la fe como un nuevo nacimiento-vida (con sus características liberante y comunitaria);
· la dignidad del niño;
· el rol de los padres;
· la misión de la Iglesia.

¿La praxis de Bautizar a los niños es reciente o antigua?
- En la Iglesia es antigua la praxis del bautismo, sea de los adultos, sea de los niños.
- El bautismo de los niños constituye una praxis inmemorial tanto en la tradición oriental como en la occidental.
· Orígenes, y más tarde S. Agustín, la consideraban una “tradición recibida de los Apóstoles”.
· Ya en el siglo II, el ritual más antiguo que describe la Tradición apostólica afirma: “Bautizad en primer lugar a los niños: todos aquellos que pueden hablar, hablen por aquéllos que aún no pueden, hablen los padres o alguno de su familia.”
· Esta praxis fue confirmada, sostenida y justificada en repetidas ocasiones por Papas, Concilios, Sínodos, hasta Pablo VI, quien apeló oportunamente a la antigua enseñanza sobre este punto afirmando que “el Bautismo debe ser administrado a los niños que no han podido todavía hacerse culpables de un pecado personal, a fin que ellos, habiendo nacido privados de la gracia sobrenatural, renazcan del agua y del Espíritu a la vida divina en Jesucristo”.

¿Qué características tiene la acción de Dios en el Bautismo de los niños?
La acción de Dios, en el sacramento del bautismo conferido a los niños recién nacidos, es una acción gratuita, que no presupone méritos humanos.
- Dios concede un especial regalo al niño, antes que éste lo pueda merecer de algún modo. La pura gratuidad del don de Dios se manifiesta de modo particular en el bautismo de los niños.
- Este don gratuito es una realidad riquísima que comprende:
· la remisión del pecado original y de todos los pecados personales;
· la gracia santificante, que hace que el bautizado sea capaz de creer en Dios y de vivir bajo el influjo del Espíritu Santo;
· el nacimiento a la vida nueva, mediante la cual el hombre se vuelve hijo adoptivo del Padre, miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo;
· la participación en el sacerdocio de Cristo, gracias a la cual el bautizado ofrece la propia vida como un sacrificio espiritual “agradable a Dios” (1 Pe 2,5);
· la incorporación a la Iglesia, cuerpo de Cristo, y la participación en su misión de anunciar, celebrar y testimoniar al Señor Jesús;
· el regalo de las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), y de los dones del Espíritu Santo;
· el otorgamiento en el alma de una marca espiritual indeleble, el carácter, que consagra al bautizado en el culto de la religión cristiana. Por este carácter indeleble el bautismo no puede ser repetido.
- “Quien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios “ (Jn 3,5). Estas palabras evangélicas manifiestan el amor de un Dios-Padre que invita a todos sus hijos a participar de su vida: autodonación de Dios por medio de Cristo en el Espíritu
- La vida bautismal se transforma así en “doxología”, alabanza y gloria a la Santísima Trinidad, para la salvación del mundo.
- Los niños bautizados nos recuerdan que la fecundidad misionera de la Iglesia tiene su raíz vivificante, no en medios humanos, sino en el don absolutamente gratuito de Dios.
- El mismo signo de la Cruz, que concluye el rito de recibimiento en el sacramento del bautismo, indica la toma de posesión y la gratuidad de parte del Dios-Trino, de la persona que es consagrada a Cristo.

¿Cómo el bautismo de los niños pone en evidencia la importancia de la santidad?
- La santidad es un componente esencial e inseparable de la nueva vida bautismal y, por tanto, es un elemento constitutivo de la dignidad de la persona.
- El niño bautizado testimonia su ser santo, como hijo de Dios (por don gratuito de Dios) y, al mismo tiempo, su situación de no ser todavía totalmente santo (por lo que es necesaria la conversión y la penitencia en el camino cotidiano de la persona).
- De este modo los niños, santificados por el bautismo, se vuelven capaces de una particular acción apostólica en la Iglesia; se transforman en sujetos activos, testigos y colaboradores auténticos, en la comunión de los santos, del crecimiento de la Iglesia en la santidad.
- El Señor Jesús da a los niños su amor delicado y generoso, reserva a ellos su benidición, asegurándoles el reino de los cielos (cf. Mt 19,13-15; Mc 10,14), señalándolos como modelo (cf. Mt 18,3-5: “quien se haga pequeño como este niño, será el más grande en el reino de los cielos”).
- Se reconoce así que también la edad de la infancia y de la niñez son preciosas posibilidades abiertas y operativas sea para la edificación de la Iglesia, sea para la humanización de la sociedad.
- En este contexto tiene gran importancia la afirmación que hace el Concilio Vaticano ii en la Gaudium et Spes: “Los hijos, como miembros vivos de la Iglesia, contribuyen también a su modo a la santificación de los padres”. En efecto, si es verdad que los hijos son como los educan los padres (¡los cuales son padres en virtud del ser de los hijos!) es también verdad que los padres durante todo el tiempo de su acción educativa a los hijos, se modifican, se forman, se modelan, human y sobrenaturalmente, gracias a la acción educativa de los mismos hijos.
- La invocación de los santos, en el rito del bautismo, al mismo tiempo que solicita la protección de aquellos que han llevado felizmente a cumplimiento su camino bautismal, expresa la íntima comunión entre los bautizados, que a cualquier edad hacen de la santidad su programa y modelo de vida.

¿En qué modo el Bautismo de los niños expresa la fe como un nuevo nacimiento-vida?
- San Gregorio de Nisa expresa esta realidad con las siguientes palabras: “La nueva prole es concebida por medio de la fe, es dada a luz a través de la regeneración del Bautismo, tiene como madre a la Iglesia, se amamanta de su doctrina y de sus instituciones”. San Agustín, por su parte, anima con estas palabras a los bautizados: “Alegrémonos y exultemos... nos hemos transformado no sólo en cristianos, sino en Cristo... Asombraos y alegraos: nos hemos transformado en Cristo”
- El bautismo es el inicio de este nacimiento-vida espiritual, sobrenatural del creyente en Cristo, que se refuerza en la Confirmación y se nutre con la Eucaristía.
- “Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo (cf DS 1514) para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios (cf Col1,12-14), a la que todos los hombres están llamados.” (CIC, no. 1250)
- Es necesario no infravalorar el dato antropológico, presente en todas las religiones, de celebrar de alguna manera los momentos sobresalientes y emblemáticos de la existencia–nacimiento, paso a la edad adulta, matrimonio, muerte- con los ritos cultural y socialmente determinados, que responden sea a una referencia más o menos explícita al ámbito “sagrado”, sea a una instancia de integración social.
- El agua misma, materia del sacramento del bautismo, en los textos bíblicos aparece:
· como materia prima, elemento primordial y fundamental del nacimiento-vida del mundo, principio de creación, y por ello símbolo de la nueva creación de Dios, por medio de Cristo en el Espíritu;
· símbolo de la llegada los nuevos tiempos mesiánicos, inaugurados por Cristo;
· fuente de vida y de fecundidad;
· símbolo de muerte. A través de este simbolismo el bautismo significa la comunión con la muerte de Cristo; con él el bautizado es sepultado y con él resucita: “Los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Por medio del bautismo hemos sido sepultados con él en la muerte, a fin que, como Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros podamos caminar en una nueva vida” (Rm 6,3-4).

¿Que género de vida pone en evidencia el Bautismo de los niños?
- Una vida generada: en efecto, en el bautismo de los niños resulta evidente la relación entre generación humana y la fe. La Iglesia, como una madre, genera la fe y en la fe. San Agustín escribía a propósito: “Los niños son presentados para recibir la gracia espiritual, no tanto de aquellos que los llevan en brazos (aunque también de ellos, si son buenos fieles), cuanto de la sociedad universal de los santos y de los fieles... Es toda la madre Iglesia de los santos la que actúa, en cuanto que ella los genera a todos y a cada uno”.
- Una vida de crecimiento:
· Por el hecho mismo de que el Bautismo es sacramento de iniciación cristiana, el primero y no el único, que junto con la Confirmación y la Eucaristía contribuye a edificar al cristiano, pone en evidencia el carácter dinámico de la vida cristiana, vida en crecimiento continuo, hacia la plenitud de la madurez en Cristo. De este modo, los tres sacramentos de iniciación cristiana están profundamente vinculados entre ellos y conducen a los creyentes a la madurez cristiana que les permita cumplir la misión propia del pueblo de Dios, en la Iglesia y en el mundo.
· Al mismo tiempo, el bautismo en un punto de partida dinámico. Una vez bautizados, el compromiso constante consiste en conocer y actualizar cada vez más la propia dignidad bautismal, de acuerdo a la frase de San León Magno: “ Agnosce, o christiane, dignitatem tuam” (“Reconoce, oh cristiano, tu dignidad”), así como a la invitación de San Máximo, obispo de Turín, que se dirige a aquellos que han recibido la unción bautismal con estas palabras: “Considerad el honor que se os hizo en este misterio”
· En el descubrimiento del don y de la realidad bautismal, madura progresivamente la actitud fundamental del discipulado y del testimonio, que “sumerge” cada vez más en el misterio de Cristo muerto y resucitado, y que se expresa en la plena profesión de fe y en la fraternidad sacramental de la Iglesia, según la voluntad de Cristo.
· “Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres. Ese es también el papel del padrino o de la madrina, que deben ser creyentes sólidos, capaces y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto, en su camino de la vida cristiana. Su tarea es una verdadera función eclesial. Toda la comunidad eclesial participa de la responsabilidad de desarrollar y guardar la gracia recibida en el Bautismo” (CCC, n. 1255).

¿Cuáles dimensiones de la fe aparecen en el bautismo de los niños?
En el bautismo de los niños se evidencian las dimensiones liberante y comunitaria de la fe.
- La dimensión liberadora de la fe:
· Mediante el Bautismo, se ofrece a la persona la posibilidad de ser liberada, desde los primeros días de su vida, del pecado original, participando de la vida filial divina, en manera santa e inmaculada.
· Bautizar a los niños, por tanto, confirma la fe de la Iglesia en la realidad del pecado original, con el cual todos nacemos. El Concilio de Cartago del 418 condena a “aquellos que niegan que se deba bautizar a los niños recién nacidos” y subraya que “también los más pequeños, que aún no han podido cometer personalmente ningún pecado, sean verdaderamente bautizados por la remisión de los pecados, para que mediante la regeneración sea purificado en ellos lo que han recibido en el nacimiento”.
· “El agua es aquella en la cual se sumerge la carne para que sean lavados todos sus pecados. En ella es sepultada toda vergüenza” (San Ambrosio).
· Inicia, por tanto, desde el nacimiento, la “lucha contra el mal, el morir al pecado”, que distingue la vida del bautizado y que lo llevará a participar de la Resurrección de Cristo.
- La dimensión comunitaria de la fe:
· “Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo” (1 Cor 12,13); “un solo cuerpo, un solo espíritu (...) un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo”(Ef 4,4-6).
· Es en la fe de toda la Iglesia, presente en la asamblea litúrgica, que los niños son bautizados. En los Prenotanda del rito bautismal de los niños se lee: “Los niños son bautizados en la fe de la Iglesia, profesada por sus padres, por sus padrinos y por las demás personas presentes en el rito: estos representan sea a la Iglesia local sea a la sociedad universal de los santos y de los fieles, la madre Iglesia” (no. 2).
· De ahí la recomendación de los Prenotanda de celebrar el bautismo, “puerta y fundamento de la comunión en la Iglesia”, normalmente en la Iglesia parroquial eligiendo el domingo y la hora más adecuada para tener a la comunidad, de modo que, “... aparezca claramente que el bautismo es sacramento de la fe de la Iglesia y de la incorporación al pueblo de Dios” (no. 10).
· Por tanto, el niño bautizado es educado en la fe de la Iglesia a fin de realizar plenamente la realidad del sacramento.

¿Qué dignidad del niño es manifestada en el bautismo?
El bautismo de los niños pone en evidencia la dignidad de ser niño.
- La sociedad actual concentra su atención más en el hacer, en el obrar, en los roles, en la eficiencia. De ahí el riesgo, no lejano ni circunscrito, de no valorar suficientemente al niño en su dignidad personal. Esta dignidad, en efecto, exige que la persona sea considerada no por lo que hace, sino, sobretodo, por lo que es. Con la medida de hacer, el niño corre el riesgo de ser considerado un ser inútil, incapaz, en función sólo de los demás (adultos, padres), o al máximo es apreciado por la potencialidad que encierra y que producirá en el futuro.
- El Bautismo, administrado a personas que son tales “mucho antes de ser capaces de manifestarlo mediante actos de conciencia y libertad”, pone en evidencia ante una sociedad utilitarista cual es la importancia y la dignidad del ser persona del niño.
- “El ser humano debe ser respetado y tratado como una persona desde su concepción y por tanto, de este mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, entre los cuales el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida” (Congregación para la doctrina de la Fe, Instrucción sobre el respeto de la vida humana y de la dignidad de la procreación, LEV, 1987, p. 13). El texto aquí habla de la vida humana, ciertamente; pero ¿por qué no se puede referir este derecho a la vida divina, que no disminuye ni quita nada a la vida humana, al contrario, la lleva a su plenitud y la eleva con la adopción filial sobrenatural?
- Tomando en cuenta que el “verdadero culto a Dios” consiste en ofrecerse a sí mismos, la propia vida “como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (cf. Rm 12, 1-2), se comprende como la vida misma del niño pueda constituir realmente este “culto a Dios”.
- La imposición del nombre al inicio del rito del sacramento del bautismo es expresión y signo de esta dignidad original e irrepetible de todo niño, y que se debe:
· al hecho que Dios conoce y ama a cada quien individualmente;
· al lugar único e insustituible que todo cristiano recibe de Dios, en el plan salvífico de la Iglesia y en la historia de la humanidad;
· a la invitación a responder con disponibilidad al don de comunión íntima filial de un Dios que conoce y ama individualmente.
- De aquí la importancia que el nombre que se elige para el nino sea preferiblemente el de un santo, que puede convertirse en un modelo para la vida del bautizado, además de su intercesor y protector.
- La entrega de la vestidura blanca, en el rito bautismal, es símbolo de la nueva dignidad adquirida por el bautizado, el cual, como persona nueva, ha sido revestida de Cristo, participando, de algún modo, ya desde ahora de su gloria, anticipada en la transfiguración (“sus vestiduras se hicieron blancas...”) y actuada en la resurrección, y adquiriendo el derecho de participar, con el traje de bodas exigido, en el banquete del esposo celestial (cf. Mt 17,1s).

¿Cuál es el papel de los padres en el bautismo de los niños?
Con el bautizo de los niños se valora, de modo fundamental, el rol de los padres, y más en general, de la familia (la parentela, los padrinos). En efecto:
- Los padres se involucran ya en el período que antecede al bautismo: de hecho, ellos son quienes libremente lo piden, se preparan a la celebración.... Así como también se recomienda vivamente su presencia y participación activa en el momento de la celebración. Por ello, se invita celebrar el bautismo en cuanto la madre del niño pueda participar en el rito.
- Posteriormente, en el periodo post-bautismal es indispensable la labor educativa de los padres, a fin de llevar al hijo bautizado a su madurez cristiana.
- Por su parte, la Iglesia, al no admitir al bautismo niños sin el consentimiento de los padres y sin su compromiso explícito por asegurar al bautizado una seria educación cristiana, muestra su reconocimiento y respeto sea de los derechos naturales de los padres, sea las exigencias de crecimiento en la fe del niño.
- Al mismo tiempo es reconocido y proclamado el derecho-deber de los padres de dar a sus hijos todo aquello que ellos consideran bueno, un bien para ellos; así como también es su derecho-deber educar a sus hijos del mejor modo posible. Por tanto, es una exigencia irrenunciable de los padres cristianos compartir con sus hijos, apenas nacidos, el don único y original que han recibido de Dios: la Fe, el Bautismo.
- Este derecho-deber, precisado por el Concilio Vat. II en la Declaración Dignitatis humanae, ha sido afirmado a nivel internacional en la Declaración universal de los derechos humanos (art. 26, n.3). Ahora bien, para los padres cristianos ¿qué puede haber más grande y sublime que la participación a la vida divina?; ¿cómo no transmitir este don preciosísimo a sus hijos?
- En el caso de que los hijos, una vez que han crecido, abandonen la fe cristiana, la obra educativa de los padres no es en vano: al menos ha servido para dar a conocer (esperamos que en sus contenidos genuinos y auténticos) aquella fe que los hijos ahora rechazan, y que, por tanto, los hace más conscientes y responsables de tal rechazo.

¿Cómo se expresa la misión de la Iglesia en el Bautismo de los niños?
En el bautismo de los niños, la misión de la Iglesia queda de manifiesto en varios modos:
- La fe del individuo necesita de la comunidad de los creyentes. Es solamente en la fe de la Iglesia que los individuos pueden creer.
- Cristo ha dado a su Iglesia el mandamiento: “Id y enseñad a las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Por tanto, también los niños, que han sido objeto de un amor privilegiado por parte del mismo Cristo (“Dejad que los niños vengan a mi...” -Mc 10,14-; “si no os hacéis como niños...” - Mt 18,3), son destinatarios de la misión de la Iglesia.
- Mediante su doctrina y praxis, la Iglesia ha demostrado de no reconocer otro medio, fuera del bautismo, para asegurar a los niños el acceso a la beatitud eterna.

¿Quién puede administrar el Bautismo?
- Los ministros ordinarios del bautismo son el Obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquiera puede bautizar, con la condición que intente hacer lo que hace la Iglesia y que derrame agua sobre el candidato diciendo: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
La Iglesia encuentra la motivación de esta posibilidad dada a todos en la voluntad salvífica universal de Dios y en la necesidad del bautismo para la salvación.
- Es importante también el llamado bautismo de deseo: es el bautismo que la madre cristiana, apenas consciente de estar encinta, desea para el hijo que lleva en su seno. Este bautismo conlleva los frutos del bautismo, aún antes y sin que sea celebrado el sacramento.

¿Y los niños muertos sin bautismo?
En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de la Iglesia nos invita a confiarlos a la misericordia de Dios.

El Primicerio
De la Basílica de San Carlos y San Ambrosio
Monsignor Raffaello Martinelli

Para profundizar en este argumento se pueden leer los siguientes documentos pontificios

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1213 - 1284;





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