miércoles, 6 de junio de 2018

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 47 - Todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre lo haré - San Manuel González García


EL CORAZÓN DE JESÚS AL CORAZÓN DEL SACERDOTE

VI. Y TODO LO QUE PIDIEREIS AL PADRE EN MI NOMBRE LO HARÉ: PARA QUE SEA GLORIFICADO El PADRE EN El HIJO
(Jn 14,13)


No te vendrá mal
Sacerdote, que vienes a pasar este rato conmigo, que me dedique a ensanchar tu corazón y a dilatar los horizontes de tu alma.
¡Abruma y achica tanto a las almas el mundo! Y ¡están tan tentados de encogimiento y cansancio mis sacerdotes que andan por medio de él!...
Déjame que ante todo te pregunte como en otro tiempo a mis apóstoles: ¿tú quién dices que soy Yo?
Y después de esa pregunta mía y de la respuesta tuya, igual seguramente a la de Pedro, insto:
¿Y te has puesto a pensar en lo que ese Padre es para su Hijo y ese Hijo es para su Padre?
Puedo asegurarte que la mayor parte de los desmayos de fe y de esperanza que padecen mis ministros, proviene de no meditar en lo que mi Padre me quiere a Mí y en lo que Yo valgo para mi Padre.

Lo que el Padre quiere al Hijo

¡Lo que mi Padre me quiere!
Llama a tu fe, evoca tus recuerdos y nociones de teología y que te digan lo que soy Yo... Luz de la Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, sustancia de su sustancia... Hijo natural de Dios, es decir, más propia, sustancial y esencialmente hijo suyo que todos los hijos lo son de sus padres.
Y si soy tan hijo, y eso de que los padres quieran a sus hijos no es invención ni convenio de los hombres, sino ley y necesidad de la paternidad, calcula, si puedes, el amor de ese Padre eterno e infinito a su Hijo eterno e infinito como Él.
Junta en una caricia todos los cariños buenos de la tierra de padres a hijos, de hijos a padres, de hermanos a hermanos, de amigos a amigos, reúne en un beso la explosión de todos los besos que han brotado de labios de madres desde el primer día que las hubo, pon en una llama todo el fuego que ha salido de corazones amantes desde el primer momento en que se amaron los hombres, y ni aquella caricia, ni aquel beso, ni esta llama llegarán a ser una sombra del amor con que mi Padre me ama.
Hablando tu lenguaje humano tan escaso de vocablos que expresen con propiedad lo grande y lo bello, y mucho menos lo infinito, te diré que, si en Dios cupieran desatinos y locuras, mi Padre celestial me quiere hasta la locura y el desatino y tanto que su única ocupación de Señor eterno, infinitamente sabio, bueno, poderoso, es esto: recrearse y complacerse en su Hijo.

Lo que da el Padre al Hijo
Y si sigues no escandalizándote de este lenguaje humano aplicado a hablar de cosas tan subidas e inefables, te diré que la creación entera con sus ángeles, sus hombres y sus insectos, con sus soles y sus arenas, con sus aires y sus aguas y sus tierras y sus fuegos, y la redención con sus anonadamientos de Belén, Cenáculo y Calvario, con sus glorias de Tabor y Resurrección, con sus donaciones inefables de Eucaristía, de Virgen Madre y de Iglesia, no son otra cosa que explosiones de amor del Padre celestial para su Hijo.
Sí, todo lo del cielo, lo de la tierra y lo de los abismos lo puso mi Padre en mis manos y lo hizo para Mí y lo sometió a mi juicio.
Como el amor es dar, y mi Padre Dios es Amor, no se cansa de darme, primero y eternamente su sustancia y con ella su gloria y su poder, y después cuanto pueda servir a aumentar mi gloria accidental.

El porqué de todas las cosas
¡Oh! y ¡cómo te daría materia para interminables ratos de Sagrario la meditación de los modos siempre maravillosos y nuevos con que el Padre va buscando, lo mismo en la eternidad que en el tiempo, lo mismo en la Creación que en la redención, en las almas como a través de la historia, la gloria de su Hijo y cómo hace que todo, lo voluntario y lo involuntario, lo bueno y lo malo, lo grande y lo chico, lo invisible y lo que se ve, lo que pasó y lo que está por venir, todo sirva a la gloria de su Hijo!
Por eso podía Yo decir confiado a mis discípulos y a mis enemigos: Yo no busco mi gloria, hay quien la busque...
Sacerdote mío, tú que por ser hombre y por ser hijo tienes corazón blando: ¿No se te enternece al meditar y saborear esta suprema y dulcísima razón de ser de todo lo que existe?

La glorificación del Padre en su Hijo
¿No nada en placer tu alma al saber que el mundo con sus distintos reinos y jerarquías, no es otra cosa que un poema cantado y hecho cantar en honor de su Hijo por el amor de un Padre infinitamente bueno, sabio, poderoso? ¿No desaparecen de ante tus ojos medrosos todos los miedos y horrores y tenebrosidades de la vida al enterarte de que toda ella no es en definitiva sino el festín de bodas aparejado por el gran Rey a su Hijo y que toda tu misión en ella es sentarte a gozar del festín, comer de lo que te presenten y cantar?...
¿Comprendes ahora la palabra que tantas veces repetí en mi Evangelio: TODO, ¿te enteras bien? TODO lo que pidiéreis al Padre en mi nombre os lo dará para glorificar a su Hijo, o bien. Yo os lo daré para que el Padre sea glorificado en el Hijo?
Sacerdote, después de meditar lo que el Hijo vale delante de su Padre, ¿volverás a dejar entre en tu corazón el miedo o el engreimiento? ¿Tú, el dueño de la llave del Sagrario en que se quedó a vivir el Hijo? ¿Tú, el que todas las mañanas puedes tomar entre tus dedos la Hostia consagrada que es el Cuerpo, la sangre, el Alma y la Divinidad del Hijo de Dios?
Siendo tuyo el Hijo de Dios, ¿te podrá negar algo el Padre celestial?
Y si lo cuidas bien en tu Sagrario, buscándole mucha y buena compañía de almas, y en las almas preparándolas para que Él se sienta a gusto en ellas, ¿has pensado en la gratitud que te guardará su Padre?

***
Respuesta: Pídase al Espíritu santo conocimiento interno de la Vida divina humanada en la Encarnación y de nuestra vida humana divinizada por la Eucaristía...
Salmo 18: Los cielos pregonan la gloria de Dios...


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