sábado, 21 de abril de 2018

Domingo IV de pascua (ciclo b) Catena Aurea



Juan 10,11-18
"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. Mas el asalariado y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata y esparce las ovejas. Y el asalariado huye, porque es asalariado y porque no tiene parte en las ovejas".
"Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre, y pongo mi alma por mis ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco: es necesario que yo las traiga y oirán mi voz y será hecho un solo aprisco y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma para volverla a tomar. No me la quita ninguno, mas yo la pongo por mí mismo: poder tengo para ponerla, y poder tengo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre".

San Agustín, in Joanem tract 46 et 47
El Señor nos descubre dos cosas, que nos había propuesto en cierto modo encubiertas. Nosotros sabemos desde un principio que El mismo es la puerta; ahora nos enseña que es pastor, por estas palabras: "Yo soy el buen pastor". Más arriba nos había dicho que el pastor entraba por la puerta. Si, pues, El mismo es la puerta, ¿cómo entra por sí mismo? Así como El por sí mismo conoce al Padre y nosotros le conocemos por El, de la misma manera El entra en el redil por sí mismo y nosotros entramos allí por El. Nosotros, porque predicamos a Cristo entramos por la puerta. Pero Cristo se predica a sí mismo; porque su predicación le muestra a El mismo, muestra la luz y otras muchas cosas. Si aquellos que presiden la Iglesia, que son sus hijos, son pastores, ¿cómo es que no hay más que un solo pastor sino porque todos aquellos son miembros de un solo pastor? Y en verdad el ser pastor lo concedió a sus miembros; pues Pedro es pastor, y los demás Apóstoles son pastores, y todos los buenos obispos son pastores. Pero la prerrogativa de ser puerta no la concedió a ninguno de nosotros; la reservó para sí solo. No habría añadido a la palabra pastor la cualidad de bueno, si no hubiera pastores malos; ellos son ladrones y salteadores, o por lo menos mercenarios.

San Gregorio, in Evang hom 14
El añade la manera de ser del pastor bueno, para que nosotros le imitemos. "El buen pastor da su vida por sus ovejas". Hizo lo que aconsejó, manifestó lo que mandó, dio su vida por sus ovejas, para hacer de su cuerpo y de su sangre un sacramento para nosotros y para poder saciar con el alimento de su carne a las ovejas que había rescatado. Se nos puso delante el camino del desprecio de la muerte, que debemos seguir, y la forma divina a la que debemos adaptarnos. Lo primero que debemos hacer es repartir generosamente nuestros bienes entre sus ovejas, y lo último dar, si fuera necesario, hasta nuestra misma vida por estas ovejas. Pero el que no da sus bienes por las ovejas, ¿cómo ha de dar por ellas su propia vida? 

San Agustín, in Joanem tract 47
Mas esto no lo hizo sólo Cristo; y sin embargo, si aquellos que lo hicieron son miembros de su redil, El fue el único que hizo estas cosas, porque El lo pudo hacer sin ellos, pero ellos no pudieron hacerlo sin El. 


San Agustín, De verb dom. Serm 50
Sin embargo, todos los pastores fueron buenos, no solamente porque derramaron su sangre, sino porque la derramaron por las ovejas; pues no la derramaron por orgullo, sino por caridad. Los mismos herejes que por sus iniquidades y sus errores sufrieron algunos trabajos, se jactan con el nombre del martirio, cubriéndose con esta capa para robar más fácilmente, porque son lobos. No de todos aquellos que entregaron sus cuerpos al martirio debe decirse que derramaron su sangre por las ovejas, sino más bien contra las ovejas, pues dice el Apóstol: "Si entregare mi cuerpo para ser quemado y no tuviere caridad, nada me aprovecha" ( 1Cor 13,3). ¿Cómo ha de tener siquiera sea una centella de caridad, aquel que formando parte de la comunión cristiana no ama la unidad? Recomendando el Señor esta unidad, no quiso nombrar muchos pastores, sino uno solo, diciendo: "Yo soy el buen Pastor".
 
Crisóstomo, in Joanem hom 59
Hablaba además el Señor de su pasión, enseñando que había venido al mundo por la salvación del hombre y no contra su voluntad. Después vuelve a indicar las señales que distinguen al pastor del mercenario: "Mas el asalariado y que no es el pastor, del que no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye".

San Gregorio, ut supra
Hay muchos que con razón no merecen el nombre de pastor, porque prefieren la recompensa terrestre a las ovejas. No puede llamarse pastor, sino mercenario, aquel que apacienta las ovejas del Señor por una recompensa pasajera y no por un amor íntimo; es mercenario el que ocupa el lugar del pastor, pero no busca el bien de las almas, desea con ansia las comodidades de la tierra, y se alegra con los honores de la prelacía.

San Agustín, De verb Dom. Serm 49
Busca otra cosa en la Iglesia, no busca a Dios; pues si buscase a Dios sería casto, porque el esposo legítimo del alma es Dios. El que busca en Dios otra cosa fuera de Dios, no busca a Dios castamente.

San Gregorio, ut supra
Si es pastor o mercenario, no puede conocerse con verdad si falta ocasión; porque en tiempo de tranquilidad, lo mismo el verdadero pastor que el mercenario están solícitos vigilando su rebaño; pero cuando viene el lobo demuestra cada uno con qué espíritu velaba sobre el rebaño.

San Agustín, ut supra
El lobo es el diablo y los que le siguen; porque dicho está ( Mt 7,15) que vestidos de piel de ovejas, son por dentro lobos rapaces.

San Agustín, in Joanem tract 46
He aquí que el lobo coge a la oveja por la garganta; el diablo induce al adulterio al alma fiel; debe rechazársele, pero rechazado, será enemigo, pondrá asechanzas, hará tanto mal cuanto pudiere. Te callas, no le increpas; has visto venir al lobo y has huido; permaneciste con el cuerpo, huiste con el ánimo, porque el alma se mueve por los sentimientos, ensanchándose con la alegría, constriñéndose por la tristeza, marchando por el deseo y huyendo por el temor.

San Gregorio, ut supra
El lobo se arroja también sobre las ovejas cuando un hombre injusto y ladrón oprime a los fieles y humildes; pero el que parecía pastor y no lo era, abandona las ovejas y huye, no atreviéndose a resistir a la injusticia en el momento en que ve el peligro, y huye, no mudando de lugar, sino dejando de acudir con el socorro. El mercenario no presta su auxilio en ninguno de estos peligros, y mientras busca sus comodidades exteriores, deja que por abandono el rebaño sufra pérdidas interiores. "Pero el mercenario huye", etc. Una sola razón hay para que el asalariado huya: porque es asalariado; como si dijera: no puede mantenerse firme cuando están en peligro las ovejas el que gobierna las ovejas, no por amor a ellas, sino por una ganancia terrenal, y por tanto, tiembla si se expone al peligro de perder lo único que ama. 

San Agustín, ut supra
Si los Apóstoles fueron pastores y no mercenarios, ¿cómo es que huían cuando se veían perseguidos? Siguiendo el consejo del Señor ( Mt 10,23): "Si os persiguieren, huid". Llamemos, que no faltará quien abra. 

San Agustín, Ad Honoratum epist 180
Huyan, pues, de ciudad en ciudad, todos los siervos de Cristo, los ministros de su palabra y de su sacramento, cuando alguno de ellos en particular es buscado por sus perseguidores, a fin de que la Iglesia no sea abandonada por los que no son perseguidos del mismo modo. Pero cuando el peligro es común a todos, a obispos, a clérigos y seglares, los que están necesitados del auxilio de otros no sean abandonados por aquellos cuyos auxilios necesitan, o que todos pasen a sitios seguros, o que aquellos que tienen el deber de permanecer no sean abandonados por los que tienen el sagrado ministerio de la Iglesia. Entonces es cuando los ministros de Cristo, a la vista de la persecución, deben huir de los lugares en donde no han dejado un pueblo que tenga necesidad de un ministerio, o cuando ese mismo ministerio, tan necesario, puede ser desempeñado por otros que no tienen el mismo motivo para huir. Pero cuando el pueblo permanece y los ministros huyen, ¿no es ésta una huida inexcusable de pastores mercenarios que no tienen cuidado alguno de las ovejas? 

San Agustín, in Joanem tract 46
Los pastores buenos se llaman puerta, portero, pastor y ovejas; y los malos, ladrones y salteadores, asalariados, lobo.

San Agustín, De verb Dom. serm. 49
Debemos amar al pastor, precavernos del ladrón y tolerar al mercenario. El mercenario es útil en tanto no vea al lobo, al ladrón o al salteador, pues apenas le ve, huye.

San Agustín, in Joanem tract 46
Ni se llamaría mercenario si no recibiese la paga de aquel a quien sirve. Los hijos esperan con paciencia la herencia del padre; el mercenario desea con ansia y con presteza la retribución temporal de su trabajo. Y sin embargo, por sus palabras unos y otros difaman la divina gloria de Cristo; su palabra es dañosa haciendo el mal, no predicando el bien. Coged el racimo, huid de las espinas; porque a veces el racimo que nace de la vid está pendiente de las espinas. Así, muchos buscando en la Iglesia bienes temporales, predican a Cristo y por ellos es oída la voz de Cristo, y la siguen las ovejas, pero no al mercenario, sino a la voz del pastor por medio del mercenario.

"Yo soy el buen Pastor, y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre, y pongo mi alma por mis ovejas. Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco: es necesario que yo las traiga y oirán mi voz y será hecho un solo aprisco y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma para volverla a tomar. No me la quita ninguno, mas yo la pongo por mí mismo: poder tengo para ponerla, y poder tengo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre". (vv. 14-18) 
 
Crisóstomo, in Joanem hom 59
Más arriba el Señor dio a conocer dos clases de amos malos: uno que roba, mata y saquea; otro que no impide el mal, dando a conocer en el uno a los sediciosos, y confundiendo con el otro a los maestros de los judíos, que no tenían celo alguno por las ovejas que les estaban encomendadas. Pero Cristo se distingue de unos y de otros; de los que habían venido para hacer daño, se distingue por estas palabras ( Jn 10,10): "Yo he venido para que tengan vida", y de los que desprecian las rapiñas de los lobos se diferencia diciendo, "que da su vida por sus ovejas". Y como conclusión de todo, añade ( Jn 10,11): "Yo soy el buen Pastor", pero como que ya había dicho que las ovejas oyen la voz del pastor y le siguen, para que nadie pueda preguntarle: ¿Qué dices, pues, de los que no creen en ti? El añade: "Y conozco a mis ovejas", etc. Que es lo mismo que San Pablo dijo por estas palabras ( Rom 11,2): "El Señor no rechazó a su pueblo, que había predestinado".

San Gregorio, in Evang. Hom 14
Como si dijera claramente: Yo amo a mis ovejas, y ellas, obedeciéndome, me aman, porque el que no ama la verdad, todavía no conoce. 

Teófilacto
De aquí puedes deducir y conocer la diferencia entre el asalariado y el pastor; pues el asalariado no conoce a las ovejas porque las visita raras veces; mas el pastor conoce sus propias ovejas por la solicitud y cuidado que tiene por ellas.
 
Crisóstomo, ut supra
Por otra parte, para que no creas que es igual el conocimiento de Cristo y el de las ovejas, añade en seguida: "Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre", como si dijera: le conozco tan íntimamente como El me conoce a mí. Aquí hay paridad de conocimiento; allí no. Y añade: "Y pongo mi vida por mis ovejas". 

San Gregorio, ut supra
Como si dijera claramente: Esta es prueba de que conozco al Padre y de que soy conocido por el Padre; que pongo mi vida por mis ovejas, esto es, esa misma caridad con que muero por mis ovejas es un testimonio del amor con que amo al Padre.

Crisóstomo, ut supra
Dice esto también para enseñarnos que no es un impostor, porque también el Apóstol cuando quiso probar contra los falsos apóstoles que él era el verdadero maestro, sacó argumentos de los mismos peligros y de las muertes que le habían amenazado. 

Teófilacto
Los seductores, en efecto, no expusieron su vida por las ovejas, sino que, como mercenarios, abandonaron a aquellas que les seguían. Mas el Señor, para que no fueran presos, dijo ( Jn 18,8): "Dejad ir a éstos".

San Gregorio, ut supra
Como que El había venido no solamente para rescatar a Judea, sino también a la gentilidad, añade: "Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco".
 
San Agustín, De verb Dom. serm. 50
Se dirigía al primer rebaño, que era, por la sangre, de la raza de Israel, pero había otros rebaños que pertenecían por la fe a ese mismo Israel. Estaban fuera, diseminados en medio de las naciones; estaban predestinados, pero aún no estaban congregados. No son, pues, de este rebaño, porque no son por la sangre de la raza de Israel. Pero más tarde pertenecerán a este redil: "Es necesario que yo las traiga", etc.

Crisóstomo, ut supra
El muestra dispersos a los unos y a los otros y sin tener pastor: "Y oirán mi voz". ¿Por qué os admiráis cuando digo que éstos han de seguirme y han de oír mi voz cuando veis que otros me siguen y la oyen? Después predice la unión futura de unos y otros, diciendo: "Y será hecho un solo aprisco", etc.

San Gregorio, ut supra
El ha hecho de dos rebaños un solo redil, reuniendo en su fe al pueblo judío y al gentil. 

Teófilacto
Porque todos tienen una misma señal, el bautismo; un solo pastor, el Verbo de Dios. Sépanlo los maniqueos: que el Nuevo y el Antiguo Testamento no tienen más que un solo pastor y un solo redil.

San Agustín, in Joanem tract 47
¿Qué significan, pues, las palabras "Yo no he sido enviado sino a las ovejas que perecieron de la casa de Israel" ( Mt 15,24), sino que no manifestó su presencia corporal más que al pueblo de Israel, no habiendo ido El mismo a los gentiles, sino que envió?

Crisóstomo, ut supra
Esta palabra es necesario 1 no está puesta aquí como signo de fatalidad; expresa lo que ha de suceder. Mas como ellos decían que El era distinto del Padre, añade: "Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma para volverla a tomar".

San Agustín, in Joanem tract 37
Esto es: porque muero para resucitar. Gran importancia se da a estas palabras: Yo pongo. Que los judíos no se gloríen. Ellos han podido enfurecerse; si yo no hubiera querido poner mi alma, ¿qué habían de haber hecho enfureciéndose?

Teófilacto
El Padre ama al Hijo, no con un amor que será como el precio de la muerte que debe sufrir por nosotros, sino porque contempla en este Hijo, engendrado por El, su propia naturaleza, en virtud de la cual quiso morir por nosotros. 

Crisóstomo, in Joanem hom 59
O es palabra de condescendencia, como queriendo decir: aun cuando no hubiese otro motivo, lo que me llevó a amaros es que vosotros de tal manera sois amados por mi Padre, que El me amaría porque doy mi vida por vosotros. Sin embargo, no es cierto que El no fuese antes amado por su Padre, ni que nosotros seamos la causa de este amor. El quiere demostrar que no subió al calvario contra su voluntad. Por eso añade: "No me la quita ninguno, mas yo la pongo por mí mismo".

San Agustín, De Trin. 3, 38
En lo cual demostró que no fue ningún pecado el que lo llevó a la muerte, sino que fue porque quiso, cuando quiso y de la manera que quiso: "Poder tengo para ponerla", etc.

Crisóstomo, ut supra
Como que ellos habían confabulado muchas veces para matarle, les dice que sin su voluntad todos sus esfuerzos serían estériles. Yo, les dice, tengo tal poder de librar mi alma, que nadie puede quitármela contra mi voluntad. Este poder no existe en los hombres, porque nosotros no tenemos poder de poner nuestra alma, sino matándonos a nosotros mismos, y sólo el Señor es quien tiene el poder de ponerla. De todo esto podemos deducir que cuando El quiere puede tomarla, y esto es lo que nos da a entender por estas palabras: "Y poder tengo para volverla a tomar"; demostración irrecusable de su resurrección. Pero para que al verlo sucumbir no pensasen que su Padre lo había abandonado, añade: "Este mandamiento recibí de mi Padre"; esto es, de poner mi alma y volverla a tomar. De donde podemos deducir que El no esperó esta orden ni tuvo necesidad de saberla, sino que manifestó su marcha voluntaria, y destruyó toda clase de sospecha de oposición por parte de su Padre. 

Teófilacto
Este precepto no dice otra cosa que su concordia con su Padre.

Alcuino
No es por la palabra por donde la Palabra recibe este mandamiento; pero todo mandamiento está en la Palabra unigénita del Padre. Cuando se dice que el Hijo recibe todo lo que tiene de su naturaleza, no se disminuye el poder sino se muestra su generación. El Padre ha dado todo a su Hijo engendrándolo, porque el Padre lo engendró perfecto.

Teófilacto
Después de haber hablado de sí mismo cosas sublimes, manifestando la supremacía que tiene sobre la muerte y sobre la vida, desciende luego a cosas humildes, uniéndolo todo en admirable consorcio, a fin de que no se le considere ni como menor que su Padre e inferior a El, ni como su adversario; sino participando de su mismo poder y de sus mismas determinaciones.

San Agustín, in Joanem tract 47
Por lo que nos dice de su alma, se nos previene contra los apolinaristas, que dicen que Cristo no tuvo alma humana, esto es, racional. Examinemos, pues, cómo el Señor pone su alma. Cristo es a la vez Verbo y hombre, es decir, Verbo y alma y carne. ¿Es, pues, como Verbo como pone el alma y la vuelve a tomar? ¿Es el alma humana que como tal se pone y se vuelve a tomar? O, por último, ¿es la carne que como carne pone el alma y la vuelve a tomar? En el primer caso, el alma habría estado separada algún tiempo del Verbo de Dios, porque la muerte separó el cuerpo del alma; mas yo no digo que el alma estuviese separada del Verbo. Si decimos que el alma misma se puso, este sentido es muy absurdo, porque si no estaba separada del Verbo, ¿cómo había de separarse de sí misma? La carne fue la que puso su alma y otra vez la volvió a tomar, no por su poder, sino por el poder del Verbo que habitaba en ella.

Nota
1.    En latín oportet; en griego, dei. Verbo que indica deber, necesidad.


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