lunes, 27 de noviembre de 2017

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 34 - Y vosotros, ¿Quién decís que soy Yo? - San Manuel González García

Y VOSOTROS, ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?
(Mt 16,15)



Él
«Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?».
Hace veinte siglos que tus labios, Maestro santo, se abrieron para dar paso a esa pregunta y durante esos veinte siglos no ha alumbrado el sol ningún día en que no hayas repetido tu pregunta.
¿Quién decís que soy? sacerdotes que servís a mi altar, cristianos los que me coméis en Comunión, y los que nunca pasáis por delante de mis Sagrarios... ¿quién soy?, ¿quién soy?
Y ¿por qué tanto preguntar lo mismo, Señor?
Y ¿por qué precisamente a los que mejor deben saberlo?
¿No te vienen respondiendo los hombres llamándote Padre nuestro, Cristo Hijo de Dios vivo, Salvador del mundo, Maestro de toda la verdad, Corazón santo, Dios con nosotros, santísimo Sacramento, Buena Gracia o Eucaristía?
¿No te responden cada día los coros de las catedrales y de los monasterios y las bocas de tus sacerdotes y vírgenes con las alabanzas y confesiones de sus Misas y de sus Oficios?
¿Por qué a pesar de esas respuestas sigues preguntando?
¡Ah!, no me lo digas, que ya mi corazón lo adivina y lo siente.
Es nuestro comportamiento contigo la causa de tu insistencia.
Es la discrepancia, que diría infinita, entre la respuesta de nuestros labios y la de nuestras obras la que te hace, ¡qué vergüenza para nosotros!, no creernos, ni fiarte de nuestra palabra.
Porque si te decimos Padre, ¿por qué no quererte como hijos? Si te decimos Hijo de Dios vivo ¿por qué no adorarte sobre todo y por qué tratarte como muerto? Si te proclamamos Salvador y Maestro del mundo, ¿por qué buscar nuestro bien y nuestra verdad fuera de Ti? Sí Corazón Santo, ¿por qué no te rendimos el nuestro pecador? Si Dios con nosotros y Eucaristía, ¿por qué abandonamos el Sagrario y dejamos a Dios con las telarañas y los ratones?
¡Qué razón tienes, Señor, para no dejar de preguntar: pero, por fin, ¿quién decís que soy Yo?!

Nosotros

El Evangelio dice que la primera vez que se hizo esta pregunta fue respondida con gallarda y bellísima confesión: Tú eres Cristo Hijo de Dios vivo (Mt 16,16; Mc 8,29; Lc 9,20), pero que la segunda vez que se volvió a hacer obtuvo esta otra tan triste como injusta y falsa: No conozco a ese hombre (Mt 26,72; Mc 14,68; Lc 22,57)
Y cuenta que fueron los mismos labios los que dieron las dos respuestas.
Y esa frase ¡ha tenido tanto eco!, ¡se ha dicho y se dice tantas veces por los cristianos de boca y paganos de obras y de corazón!
¡Son tantos los discípulos en los que no se conoce nada del Maestro y que dan muestras de no conocerlo!
De verdad, Jesús querido, que tienes motivos para seguir, como en el Evangelio, no fiándote de nosotros (Jn 7,5)  y que todavía tiene que seguir siendo cierta, en una proporción que asombra, la queja de tu Evangelio. ¡Ni aun tus discípulos creen en Ti!
¡Dios mío, Dios mío! ¿que a los veinte siglos de Sagrario no se te conozca ni se te crea?

Marías, Discípulos de san Juan
Os duele , os azota la cara y el alma esa queja, ¿verdad?
¿Verdad también que es menester suavizarla, desagraviarla y si pudierais, quitarle sus motivos?
¿Vamos?

Corazón de Jesús Sacramentado
¡Qué alegría para el que escribe estos renglones poderte obsequiar con este mensaje!:
Muchos miles de Marías y Discípulos de san Juan de España y muchos miles aun no contados de América y del mundo están respondiendo más que con sus bocas, con sus obras y sus sacrificios a la pregunta que desde tus Sagrarios abandonados les haces, «¿quién soy Yo?», con la gallarda y bellísima de Simón: «Tú eres Cristo Hijo de Dios vivo».
¡Siempre!
Para que al menos de ellas y de ellos ¡te puedas fiar!


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