domingo, 30 de abril de 2017

Apostolados menudos VI (el apostolado del número uno) - San Manuel González García

V. EJEMPLOS DE APOSTOLADOS MENUDOS


1. El apostolado del número uno




                      Cuando fueres invitado a unas bodas no te sientes en primer lugar...(Lc 14,8)


          Raro el nombre, ¿verdad? ¿Algo norteamericano? Es, sin embargo, un apostolado tan católico como útil para los que lo reciben y difícil para los que lo practican.
          Y allá va la solución de eso que más que otra cosa parece una charada.
   El número uno, que es el más chico de todos los números, tiene la ventaja de ser el más deseado de todos ellos.
          ¿Qué desea, si no, el estudiante en su clase, el obrero en su taller, el amigo entre los suyos, el elegante entre los que aspiran a serlo, la vestida a la moda y pretendiente a llamar la atención y todos los hombres y todas las mujeres con sus dineros, ciencias, habilidades, posiciones, distinciones y prendas naturales y adquiridas?
          ¡Ser el número uno!
          ¿Y qué es lo que a todos nos cuesta más trabajo?
          ¡Dejar de serlo!
          ¡Y que tenemos poco metido en el tuétano de nuestro ser y de nuestra vida el dichoso numerito!    Y, aunque sólo los locos podrán presumir de ser el uno en todo, todos más o menos, nos halagamos con llevar en propiedad algunos unos, aunque sean modestos.
          Días pasados me decía un pobre basurero con aire de emperador: «Mire usted, señor mío; usted sabrá muchas cosas y será usted lo que usted quiera, y yo en todo eso seré un cero a la izquierda; pero en cuestión de basuras y desperdicios, soy el número uno en toa esta tierra...».
          Y aquí asoma ya mi apostolado en cuestión:
           Puesto que a todos halaga tanto el ambicionado uno, ¿no haríamos una obra de muy fina caridad para con el prójimo y de muy generosa abnegación para nosotros, cediendo todos los unos de que podamos disponer, sin faltar a nuestro deber, en favor de los que nos rodean o tratan?


Casos corrientes


          ¿Vais a subir a un tranvía, tomar billete de un tren, entrar por una puerta, pasar por una acera? Dejad o convidad el primer lugar al que está junto a vosotros.
          ¿Visitáis un pueblo, un edificio, una institución, leéis un libro, oís poesías, discursos, cantos, relaciones? Dejad allí el uno que teníais para vuestro pueblo, casa, gusto, obra, etc., para lo vuestro.    Sed generosos de vuestros unos, aun a costa de que os dejen el dos, el diez, el de en medio, el último, y yo os aseguro que pasaréis por el mundo haciendo una siembra de paz, bienestar y aproximación de almas entre sí y con Dios, mucho, muchísimo más abundante que si sembrárais oro, ciencia y poder...
          A mis seminaristas les tengo enseñado y con gusto indecible les veo practicar este modo de honrar e imitar al Corazón de Jesús de su Sagrario.

Lo mejor y lo primero, para mi compañero      

     ¡Él me los convierta en sacerdotes-apóstoles del número uno...!



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