miércoles, 5 de abril de 2017

Apostolados menudos - I - Introducción - San Manuel González García

APOSTOLADOS MENUDOS

Comulgantes de Jesús de cada mañana,
¡Sed los apóstoles de Jesús de cada hora!

INTRODUCCIÓN

PESENTACIÓN

¡Apóstol!

   ¡Apóstol! Bella palabra, quizá la más bella con que se puede calificar a un hombre noble, a un cristiano bueno.
   ¡Ser apóstol! Aspiración de almas grandes, generosas, heroicas. ¡Ser apóstol! Es llenarse hasta rebosar, de Jesucristo, de su doctrina, de su amor, de su virtud, de su vida y mojar hasta empapar a todo el que nos toque o se nos acerque del agua que nos rebosa. Es hartarse hasta embriagarse del vino del conocimiento y amor intensos de Jesucristo y salir por las calles y plazas ebrios... Es hacerse loco de un solo tema que sea: Jesús crucificado y sacramentado está y no debe estar abandonado...
   Abandonado, porque no se le conoce, no se le ama, no se le come, no se le imita...

    ¡Ser siempre apóstol! ¿Puede haber corazón sinceramente piadoso que no tenga por aspiración constante la realización de este deseo? Estar siempre haciendo algo con la palabra o la intención para que Jesús, el Jesús-Rey de nuestro corazón y centro de nuestra vida, sea un poquito más conocido, amado, servido, imitado y glorificado, ¿qué alma sinceramente cristiana no lo desea y procura?
   Pero yo, pobre clérigo o seminarista, sin dinero, sin influencia, sin brillo social. Yo, pobre obrero, sirvienta, atareado hombre de negocios, juguetón niño, estudioso joven, débil jovencita, ocupada madre de familia, ¿puedo yo ejercer ese constante apostolado? ¿Cómo puedo yo ser siempre apóstol?
   A contestar esas preguntas vienen estas paginillas enseñando modos de apostolados fáciles y compatibles con todas las clases de personas y situaciones. Apostolado menudo llamo a esos modos y plegue al Amo que la facilidad y suavidad de su ejecución multiplique los apóstoles y los apostolados y con unos y otros la vida del Sagrario en las almas y en los pueblos.


Por qué apostolado menudo


    Y llamo menudos a estos apostolados por razón:
   1º De la misión que no es misión oficial y solemne como la de los obispos, sucesores por misión divina de los apóstoles.
   2º De las personas, que no han de ser siempre personajes, como grandes escritores, doctores, predicadores, sino que los pueden ejercitar a más de esos señores, si quieren, hasta los niños y viejecitas y gente sin letras ni grados.
   3º De los lugares, que no han de ser grandes escenarios de púlpitos, cátedras, templos, numerosos auditorios, sino en cualquier ocasión o coyuntura favorable.
   4º De la materia, que no han de ser sabias epístolas, profundas encíclicas, elocuentes sermones, sino ratillos de conversación, cartas de amigos, servicios insignificantes, hasta sonrisas y gestos.    Y 5º Del tiempo, porque estos apostolados no lo tienen señalado, sino que han de menudearse, mientras más, mejor, hasta el punto de que a cada hora y en cada ocupación y en cada palabra y en cada mirada nuestra, los que nos rodean puedan sentir algo de Jesús, presente y vivo en nuestra alma, como el que pasa junto a un nardo o una violeta, huele el aroma, aunque no vea la flor.


La gran razón y el gran impulsor de estos apostolados menudos


Yo no conozco mejor y más decorosa acción de gracias de la misa celebrada y de la comunión recibida cada mañana, que el celo por hacer sentir a los que nos rodeen la presencia de Jesús Inmolado, ¡el Cordero de Dios! en nosotros.
   Comulgantes de Jesús de cada mañana, ¡sed los apóstoles de Jesús de cada hora!

Apóstoles de la presencia de Jesús, salid en su nombre por todas partes enseñando más con vuestras obras que con vuestras palabras, y de todos los modos que os sugiera el Espíritu Santo esta grande y consoladora verdad: Que Jesús, no sólo está realmente en los Sagrarios, sino en las almas y en la vida de los buenos comulgantes...


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