viernes, 24 de enero de 2014

El abandono de los Sagrarios acompañados (5) Beato Manuel González García

V. ¿Hay abandono interior de Sagrario?
Ésta, ésta es la llaga que quieren mostrar estas paginillas. Y mostrarla en toda su longitud, latitud y hondura, y con toda la sangre que mana y las lágrimas que cuesta y los bienes que impide y los males que acarrea a los que son causa de tenerla abierta...
 

¿Qué es?
Decía en el capítulo anterior que abandonan exteriormente el Sagrario los que, conociéndolo y pudiéndolo visitar, no van habitualmente a él.

Ahora añado que el abandono interior es ir al Sagrario con el cuerpo y no con el alma. Ir a él y no estar en él. Es ir con el cuerpo para que la boca se abra y trague la sagrada Forma. Los labios se muevan y balbuceen algunas palabras. La cabeza se incline. Las rodillas se doblen por un espacio de tiempo más o menos largo, pero no con el alma. Que no medita lo que hay y lo que se da y lo que se pide en el Sagrario. Que no se prepara para comer con un gran aseo y un excitado apetito, ni saborea ni agradece la Comida. Que no habla ni escucha al Huésped que la visita. Que no se presta a recoger y guardar las gracias que le trae, los avisos que le da, los ejemplos que le enseña, los deseos que le insinúa, la correspondencia de amor que le impone...

¡Cuántas, cuántas veces tendrá que repetir el Maestro, desairado en el interior de algunos comulgantes y visitantes de sus Sagrarios, de exterior humillado y devoto, la queja del Señor con su pueblo: "Éste no me honra más que con sus labios y rodillas; pero su corazón, qué lejos está de Mí!..."

 

Un ejemplo
Y para que la definición y el tipo del abandono interior entren y se graben hondamente en el alma de los que leen estos renglones. Y para que por anticipado se vea el alcance y la trascendencia de este mal, busco en el Evangelio ejemplos que lo aclaren.

Y ¡ojalá no fuera tan gráfico y expresivo el que ofrece la escena de la primera Comunión que se dio en la tierra por las manos del mismo divino Autor!

 

La primera Comunión y el primer abandono interior
Leed la descripción que de ella hace singularmente el evangelista san Lucas y, apenados, encontraréis como cortejo de esa primera Comunión, ese maltrecho abandono interior de que os vengo hablando.

Lo que el Maestro y sus Apóstoles dicen preguntándose y respondiéndose momentos antes y después de recibir aquella primera Hostia consagrada, revela muy al vivo lo que el Jesús de esta Hostia encontró en el alma de sus primeros comulgantes.

¿Qué encuentra?

En el alma de Judas, suponiendo que llegara a comulgar, encuentra la traición, y en ella los ecos de todos los aullidos del odio de los condenados; y la cara de envidia y venganza de los demonios. En el alma de los otros o de los más, en vez de la gratitud y el asombro que absorbieran todos los afectos y sentimientos, encuentra el afán mundano, la ambición rastrera y vulgar y cruelmente inoportuna, en aquel doloroso instante de separación, sobre quién de ellos sería reputado el mayor cuando se estableciera su reino en la tierra. Y, si esto aun fuera poco, al comunicarles su próxima prisión y el gran escándalo y pedirles angustiado se previnieran con los auxilios de las armas espirituales que les dejaba, principalmente en aquella Comunión, toda la respuesta que de ellos obtiene es que cuentan ya con dos espadas... Y después, como acción de gracias de la Comunión... ¡el sueño en la agonía del Huerto, la huida, la negación!...

Almas delicadas ¿no es verdad que al meditar en esa primera entrada de Jesús Sacramentado en las almas de los hombres, lo siente uno muy solo allí dentro, en el alma y en los sentimientos de sus amigos? O dicho con su palabra: ¿no es verdad que se le siente en aquella Comunión muy abandonado?

¿Qué palabra del Evangelio, qué acento de aquellas bocas, qué gestos de aquellas caras, da a entender o presumir que la ternura y la vehemencia de aquel gran Corazón, a punto de derretirse o de estallar en aquella hora augusta de la dádiva máxima y del máximo sacrificio, encontraran en los corazones de sus Apóstoles ecos y latidos de supremas correspondencias o, al menos, muestras ligeras de inteligencia?

¡Jesús solo, abandonado en el alma de sus amigos! Es decir, ¡Jesús visitando almas y viviendo en las casas de sus amigos sin ser entendido, ni secundado, ni escuchado, ni preguntado, ni tomado en cuenta!...

Ése es el abandono interior que se repite en una proporción que asusta en nuestros Sagrarios.

¿Verdad que merece ser meditado y llorado?

 

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