lunes, 30 de septiembre de 2013

No me asusta para nada que “hagan lío” en mi diócesis, antes bien me alegra - Mons. Antonio Marino

“Vayan y hagan discípulos
en todas las naciones”
(Mt 28,19)

Homilía en la
45ª Invasión de Pueblos
Lobería
28 de septiembre de 2013

Queridos jóvenes, chicos y chicas de todas las parroquias de los nueve partidos de nuestra diócesis:

I. Una sola familia
Como les decía en el mensaje que les he dirigido para preparar esta “Invasión de pueblos” nº 45, éste es para mí “uno de los momentos más esperados. La visión de tantos jóvenes juntos, de tantos centenares de chicos y chicas que tienen ganas de ser mejores discípulos y misioneros de Jesucristo, me alegra el corazón y me abre a la esperanza”.
Según el registro de inscripciones, estoy delante de 944 jóvenes participantes. Aquí están presentes las parroquias de Pinamar, Villa Gesell y Madariaga; las de Mar Chiquita y Balcarce; las de Gral. Pueyrredón, Gral. Alvarado, Lobería y Necochea. Ésta debe ser para ustedes una experiencia inolvidable, no sólo por el número, sino ante todo por la calidad de su encuentro con Cristo dentro de su Iglesia.
¡Qué hermoso es sentir la unidad en la fraternidad! Como dice el Salmo 133: “¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!” (Sal 133,1). Hoy sentimos que se fortalecen nuestros vínculos fraternos. Hoy tomamos mayor conciencia de formar una sola familia. Porque aunque los cristianos católicos pertenecemos a distintas parroquias que tienen sus párrocos, no hay una Iglesia distinta en cada lugar, pues todos pertenecemos a la Iglesia Católica que es una y la misma en cada parroquia y en cada diócesis, que está presidida por un obispo que vive en comunión con el Papa y con los demás obispos del mundo.
Hace pocos días, recordando lo vivido en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, nos decía el Papa Francisco unas palabras que debemos aplicar a esta ocasión: “En aquella inmensa multitud de jóvenes sobre las playas de Copacabana, se sentía hablar tantas lenguas, se veían rostros de rasgos muy diversos entre ellos, se encontraban culturas diversas. Y sin embargo había una profunda unidad, se formaba una única Iglesia, estábamos unidos y esto se sentía. Preguntémonos todos: ¿siento esta unidad, o quizá no me interesa porque estoy encerrado en mi pequeño grupo o en mi mismo? ¿Soy de aquellos que privatizan la Iglesia para el propio grupo, la propia Nación, los propios amigos? Cuándo siento que tantos cristianos en el mundo sufren ¿soy indiferente o es como si sufriese uno de mi familia? ¿Rezamos los unos por los otros? ¡Es importante mirar fuera del propio recinto, sentirse Iglesia, única familia de Dios!” (Audiencia general del 25 de septiembre).

II. Iglesia misionera
Para esta Invasión hemos elegido como lema inspirador el mismo que animó la reciente Jornada Mundial de la Juventud: “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones” (Mt 28,19). Son las palabras de Jesús antes de subir al cielo. Por eso, estamos celebrando la Misa por la evangelización de los pueblos.
El “Año de la Fe” nos recuerda que por el Bautismo hemos recibido un tesoro inmenso: creemos en Jesucristo como Salvador de los hombres, y esta certeza llena de luz nuestra vida. Él está siempre al lado nuestro. El sacramento de la Confirmación nos ha comprometido a proponer a otros esa riqueza, y a contagiarles nuestro entusiasmo.

Los textos de la Palabra de Dios que hemos proclamado, tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo. El profeta Zacarías anunciaba que “pueblos y habitantes de muchas ciudades” (Zac 8,20) y “hombres de todas las lenguas” (8,23) acudirían a la ciudad de Jerusalén para adorar al verdadero Dios. Y San Pablo le decía a su discípulo Timoteo que Dios “quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). Nosotros estamos reunidos como Iglesia, que es la verdadera Jerusalén. Somos la casa donde hay mucho lugar para que entren “pueblos y habitantes de muchas ciudades”, “hombres de todas las lenguas”. Aquí estamos reunidos rezando por los jóvenes que aún están lejos, pues deseamos la salvación de todos.
Jesús en el Evangelio envía a sus discípulos a una misión universal: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19). Los creyentes serían bautizados en el nombre de la Trinidad y adoctrinados en el camino moral. La fe en el Salvador es inseparable de una conducta que muestra en las obras la verdad de nuestra fe. Y por eso, Jesús añade: “y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt 28,20). Nosotros somos el perfume del Evangelio, si vivimos como Cristo nos enseñó. De este modo, el primer anuncio de Jesucristo es el buen ejemplo que dará respaldo a nuestras palabras. Hablemos con nuestra vida y vivamos según nuestras palabras.
El Evangelio de San Mateo se cierra con una de las promesas más hermosas salidas de sus labios: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Sí, queridos jóvenes, alegrémonos mucho con estas palabras. Jesús no nos deja solos. Está aquí con nosotros, a través de la gracia del Espíritu Santo, y nos da la fuerza necesaria para nuestra misión de evangelizar.

III . Lo que espero de ustedes
En el mensaje previo que les he dirigido y que ustedes tienen en sus manuales, les decía: “Quiero que me ayuden a renovar la Iglesia en su impulso misionero”. Ahora que los veo a todos juntos en torno al altar de la Eucaristía vuelvo a insistir. Para que podamos cumplir con el mandato de Jesús, hay condiciones previas. Por eso, como obispo de esta diócesis siento la necesidad de hacerles un pedido y como padre quiero recordarles algunas exigencias.
El pedido que les hago es que se planteen algunas preguntas básicas: ¿me preocupo por conocer mejor mi fe? ¿frecuento los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía? ¿voy siempre a Misa los domingos? ¿rezo todos los días? ¿tengo capacidad de conmoverme ante las necesidades del prójimo? ¿cómo puedo yo colaborar en la misión que Cristo confía a la Iglesia? ¿a qué grupo apostólico pertenezco? ¿soy capaz de cumplir con mis compromisos?  ¿soy capaz de perseverar en mis propósitos?
Estas y otras preguntas podrán ayudarlos a crecer en su calidad de discípulos del Señor para ser así mejores misioneros.
Nuestro Papa Francisco los ha invitado repetidas veces a ir contra la corriente, a “hacer lío”. Literalmente les ha dicho: “Hagan lío. Quiero lío en sus diócesis. No se queden encerrados en sus comunidades”. Este “ir contra la corriente” y  este “hacer lío” sólo será posible si ustedes primero dejan de ser flojos y se vuelven fuertes, dejándose fortalecer por la gracia del Espíritu Santo que les quiere regalar Jesucristo, como se la regaló a sus apóstoles en Pentecostés.
Con algo de humor les digo que, si entienden así las palabras de nuestro Papa, no me asusta para nada que “hagan lío” en mi diócesis, antes bien me alegra. Necesitamos jóvenes de fuertes convicciones y capacidad de compromiso con su fe cristiana. Capaces de luchar contra ciertas mentiras de la cultura que los envuelve. Por eso, junto con el Papa Francisco, también yo les digo: “Háganse valer, luchen por sus valores. No se dejen excluir”.
Los pongo a todos en el corazón de la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján.
Los quiero a todos como padre, los invito a todos como obispo, y a todos les doy la riqueza de mi bendición.
        
+ Antonio Marino
Obispo de Mar del Plata

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