martes, 12 de febrero de 2013

El Papa Benedicto XVI ha servido a la Iglesia con todo su ser - Mons. Demetrio Fernández

Nos ha sorprendido a todos, pero ciertamente es un gesto propio y coherente de este Papa. El anuncio de su renuncia a la Sede de Pedro concluye un pontificado lleno de frutos para la Iglesia y para la historia de la humanidad. Con plena lucidez y consciente de sus límites de salud, presenta la renuncia para que otro presida la Iglesia universal como Vicario de Cristo, principio y fundamento de la unidad de la Iglesia del Señor, sucesor del apóstol Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». Se trata de un gesto por parte de quien al ser elegido reconoció ser «un humilde obrero en la viña del Señor». A todos nos enseña, sea cual sea nuestro lugar en la Iglesia, que estamos para servir al único Señor de todos y de todo, y no estamos para instalarnos o servirnos del lugar que se nos ha encomendado.
El Papa Benedicto XVI ha servido a la Iglesia con todo su ser, y por eso le damos las gracias. Sobre todo, ha iluminado los grandes temas y preocupaciones del hombre de nuestro tiempo con palabras evangélicas que todos entienden. Me sumo a los que dicen que el papa Benedicto XVI pasará a la historia como un eminente doctor de la Iglesia. Ha demostrado ser un hombre sabio, y al mismo tiempo humilde. Ha reflexionado abundantemente sobre la necesidad de Dios para encontrar el norte y el sentido de la vida del hombre. Ha enseñado que la fe y la razón van de la mano, ensanchando el horizonte de la razón para no caer en fanatismos irracionales y abriendo el horizonte de la fe para no asfixiar el hombre en un bunker materialista y hedonista. Ha promovido la disciplina de la Iglesia para que sea santa sobre todo en sus sacerdotes.
Ha impulsado la nueva evangelización y nos ha insistido en que confiemos en los jóvenes: «La Iglesia está viva, la Iglesia es joven, la Iglesia lleva en su seno a Jesucristo, el futuro de la humanidad», exclamaba en el inicio de su pontificado, y ha encandilado a los jóvenes en las sucesivas Jornadas Mundiales de la Juventud. Ha cuidado la liturgia con delicadeza benedictina y nos ha enseñado a celebrar los misterios sagrados con espíritu de adoración. Ha explicado la Palabra de Dios con estilo de lectio divina, sacando lustre a esa Palabra. Nos ha regalado un libro sobre Jesús de Nazaret, que sólo con el prólogo y la introducción marca una nueva etapa en los estudios de cristología.
Para la diócesis de Córdoba, Benedicto XVI pasa a la historia como el Papa que ha proclamado al clericus cordubensis Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia universal. Y lo ha hecho no sólo porque le tocaba hacerlo, sino porque, enamorado de la figura de san Juan de Ávila, ha impulsado esta causa, llevándola a feliz término. Es el Papa que ha declarado Basílica la Iglesia que custodia el sepulcro del nuevo Doctor y ha concedido un Año jubilar, en el que nos encontramos, para alcanzar gracias abundantes por la intercesión de este Santo. Es el Papa que llegó a afirmar: «Pensamos que el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió sobre todo gracias a España.
Figuras como San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila y San Juan de Ávila, son figuras que finalmente han renovado el catolicismo y formado la fisonomía del mundo moderno» (6.11.2011). Buen conocedor del siglo de oro español, ha puesto a san Juan de Ávila como modelo de evangelización.
Cuando en varias ocasiones he tenido oportunidad de saludarle, al decirle que era el obispo de Córdoba, me ha repetido: «¡La diócesis de San Juan de Ávila!». Inolvidable será la audiencia privada que nos concedió el miércoles 10 de octubre de 2012, a los pocos días de la declaración del doctorado, cuando le regalamos en oro una cruz pectoral con una preciosa reliquia y una talla del nuevo Doctor. Con asombrados ojos de niño, exclamó: ¡Qué bonito!, ordenando a su secretario que lo pasara a su apartamento privado para tener cerca estos recuerdos del Doctor de la Iglesia.
Gracias, Benedicto XVI. Te vas en plena lucidez, dejándonos a todos cierto sentimiento de pena y orfandad. Pero sabemos que la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro te recordará siempre y encontrará en tu pontificado un nuevo impulso para evangelizar. Creo en la Iglesia fundada por Jesucristo, que ofrece a la humanidad personas como Benedicto XVI.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

 

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